Defensa de un corrido norteño o “Que chinguen a su madre los cabrones de este mundo”

Hace un par de semanas me obsesioné… otra vez, para variar. Esta vez, mi obsesión se llama Los Cadetes de Linares… o más bien, un corrido, en particular, de Los Cadetes de Linares.

Los Cadetes de Linares

Ningún regiomontano puede negar, con todo su hocico retacado de carne asada y su panza atascada de Tecate roja, que no ha escuchado en su vida un corrido de Los Cadetes de Linares.

A estas alturas, que ninguno venga a persignarse con que sólo escucha la música que escucha porque la letra de un corrido de los Cadetes viene tatuada en la nalga de la vaca que nos tragamos cada pinche reunión familiar y borrachera en Nuevo León. Sí, señor.

Los corridos a todos nos los metieron a la fuerza por las orejas y la verdad es que no podemos no ponerles atención: ahí está la sabiduría de nuestro pueblo norteño, en ellos se contienen la vergüenza y el orgullo de los nuevoleoneses.

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De aquí somos, ni modo, esta es la cruz de tu parroquia, así que vamos por partes y vamos a quitarnos los prejuicios musicales, vamos a deshacernos de las capas de esta cebolla que juzgaba a los botudos y asombrerados que llegaban en una Lobo Ford al Rodeo Zuazua o a los rancheros que en las cantinas nomás están en el duroydale con el Viejo Paulino.

Vamos a ubicarnos y a asumirnos como lo que somos: habitantes del norte de México.

Después vamos discernir individualmente para nuestros adentros (cada quién su propio ‘adentro’) qué es lo que hace bueno o malo a un corrido.

Los Cadetes de Linares

Desde aquí todos coincidiremos en que Los Cadetes de Linares son la crema y nata de la música norteña, para donde le busques, ellos son la crème de la crème del corrido. A su voz principal, el Señor Homero Guerrero, un día le salió está voz aguardentosa, se dispuso a arrastrar un poquito las palabras y a entonarse en idioma norteño, y valió madre porque cambió nuestras niñeceseses (sic), qué digo, nuestra puta vida, porque que tire la primera piedra el que nunca se ha echado unas cheves escuchando a los Cadetes… Y si realmente nunca te has puesto pedo escuchando a los Cadetes, entonces discúlpate y vete, eres una deshonra para el Cerro de la Silla.

Alomejor se va a escuchar bien mamón, pero es que yo viajando me di cuenta de lo ricos que somos en tradiciones y cotorreos culturales; desde París me hice fan de Ramón Ayala, en España supe apreciar a José Alfredo… son esas cosas que comprendes cuando ves a tu país desde afuera.

Pero, bueno, volviendo a lo que nos truje, aquí vengo a apelar por el corrido de Las Tres Mujeres.

 

 

Para empezar, el corrido no está en Spotify, supongo que es demasiado underground; Spotify tampoco tiene ni una rola de Nargaroth, ni de Ordo Funebris, así que queridos amigos puristas musicales, amantes de lo true y lo beautiful, y compañeros hipsters: este corrido es una absoluta joya.

Si lo analizamos literariamente, tiene de todo: terror, intriga, engaño, arrepentimiento… musicalmente, el acordeón tiene un sello distintivo, y además cumple con los parámetros del género: desarrolla una anécdota, rima y cada verso mide ocho sílabas.

 

Por ahí dice una leyenda que en el rancho de Canales

se aparecen tres mujeres que en vida fueron rivales

se dieron de puñaladas, allá entre los mezquitales.

 

A mí, la neta, es que se me hace bien pendejo el plot de que tres mujeres, cegadas por celos, se agarren a filerazos por un cabrón… habiendo tantos en este mundo, muchachas!

Pero bueno, vamos a poner que este corrido fue compuesto en los años 40’s por un señor que se llama Ramiro Cavazos, quien nació en Los Ramones, Nuevo León, y quien trae un background ranchero. Ahí dices, okey, en ese entonces (y en la actualidad) no hay mucho con qué distraerse en Los Ramones, por eso la raza se daba vuelo con casi cualquier cosa.

 

El causante de sus muertes Santos Valdez se llamaba

a las tres, por separado,  les decía que las amaba,

pero a ninguna quería, nada más las engañaba.

 

En este punto quiero apuntar cómo ha evolucionado el papel del hombre cabrón en nuestra sociedad mexicana.

El vato, casual, se cotorreaba con tres morras al mismo tiempo, todo el mundo lo sabía (este es el génesis del corrido) y no había pedo. Aquí me cala mucho (y muy personalmente) la exaltación de la esencia del cabrón. Vato, felicidades, bravo (aplausos), eres un cabrón, un pinche cuasi-hombre, una pinche basura humana, una lacra de género, una mierda de persona: ¡Vamos a componerte un corrido! Vamos a inmortalizar a Santos Valdez con el rostro de cientos y cientos de hombres que tienen un pene en el hueco donde debería ir un cerebro. ¡Bravo!

 

Lucita era de La Posta; de Charco Azul, María Inés;

Esthela era de Reynosa, la más brava de las tres,

decía: “Yo pierdo la vida, antes que a Santos Valdez”.

 

Mi investigación exhaustiva me llevó a descubrir que existe un ejido en Juárez, Nuevo León, que se llama La Posta (con nueve habitantes, un hecho verídico) y otro de nombre Charco Azul (este con 200 habitantes). Sin embargo, el hecho de que Esthela era de Reynosa me hizo investigar más para el lado de Tamaulipas y, en efecto, ambos lugares también existen en el vecino Estado. Resulta que el compositor, Ramiro Cavazos, nació en Nuevo León, pero vivió en la frontera de Reynosa (de hecho, creo que vive o vivía en Mc Allen), entonces yo creo que estamos hablando de tres mujeres tamaulipecas aquí.

Esta estrofa se lleva el verso más bonito del corrido “Esthela era de Reynosa, la más brava de las tres, decía: “Yo pierdo la vida, antes que a Santos Valdez”.

Creo que el machismo con el que crecí me hace pensar en Esthela como una amazona, una viejota con más huevos que Santos Valdez, enamorada, feroz, una morra de convicción que pensaba (esto quizá pueda ser una proyección, me deslindo de mi inconsciente) que hay que ponerse la camiseta del amor y decir: “Este es mi vato, en el amor por él me defino”. Una chulada de mujer.

Sin embargo, es una verdadera lástima que Esthela haya apostado su vida por un pendejo. Aplique aquí el concepto popular que dice “Te quedó grande la yegua y a mi me faltó jinete”.

Pero sobre todas las cosas del corrido, hay que señalar algo: Ni Lucita, ni María Inés, ni Esthela tienen apellidos, pero Santos es EL SEÑOR SANTOS VALDEZ. O sea, no nos importa quién vergas sea Lucita, quien para colmo ni siquiera le pudieron dejar el orgullo de ser Luz o Lucía… vaya, es una Lucita cualquiera, una morra más de las que el pendejo de Santos Valdez se cotorreó, vale madre. Aquí estamos hablando de las hazañas grandiosas del Señor Santos Valdez, compermisito, vamos a aplaudirle su cabronez.

 

Dicen que en Laguna Seca cuando la gente pasaba

se oían gritos de mujeres cuando ya el sol se ocultaba

eran aquellas valientes que ya de muertas penaban.

 

La versatilidad del corrido nos ofrece terror. Qué chulada.

 

Santos Valdez fue a sus tumbas para pedirles perdón,

rezaba sus oraciones con todo su corazón

y quién había de pensarlo que allá murió en el panteón.

 

En disertar sobre el arrepentimiento de un cabrón se me va el post entero, así que aquí le voy a parar.

 

Quiero cerrar este análisis con mi pronunciamiento a favor de toda la música popular y con una propuesta para reivindicar el corrido norteño.

Yo sé que los tiempos definen a la música, pero ahorita se habla de puras pendejadas en los corridos. Hay muchos corridos ‘de los de antes’, de los Montañeces del Álamo, de Ramón Ayala, de Carlos y José, de Luis y Julián, de los Invasores, que son joyas norestenses.

Sí, antes también había narcos, celos, asesinos e invictos, pero siento que antes había una raíz que no se soltaba del pueblo y el pueblo significaba familia, honor y tradición. Supongo que con la urbanización hoy es más difícil componer algo sustancioso y tradicional. Es triste, pero pasa en todos los géneros musicales.

En fin… brindo por Los Cadetes de Linares, que a todos los regios nos dieron identidad musical!

Brindo por Lucita, María Inés y Esthela, que su compromiso con su corazón sea eterno a través de este corrido y que chingue a su madre Santos Valdez!

Ojalá que en el más allá las tres mujeres le estén poniendo una madriza.

¡Salú!

The calm on the valley

Yo soy una persona de lo más maricona que existe cuando me doy cuenta hasta donde puede llegar mi ñoñez.

Sí, aquí es donde deben dejar de leer y mandar al carajo el post, porque lo que sigue es un disparate de pendejadas ñoñas que tengo que escribir antes de que se acabe la mañana.

Tomen en cuenta que estoy despierta desde las 5 de la mañana, me levanté porque me desespera estar dando vueltas en la cama pensando cosas y mejor me vine a escuchar música. La madrugada-mañana daba para Iron and Wine y asi se convirtieron las siguientes horas en un desmadre psicológico emocional sobre mis últimos meses de vida.

Este post es sobre una canción: Calm on the valley. Como no la encontraba en youtube, armé un video rápido que servirá como gráfica explicativa de lo que siento por ella.

Ecce:

Calm on the valley, by Iron and Wine

There’s a rooster, a hen, a black dog
By my kid in the yard
And I’ve tattooed the head
Of the woman I’ve wed on my arm

We sit on the lawn
And she winks and she yawns
At the sound that the setting sun makes
As it lights up the lake and goes down

And you ease my troubles with your hands
Like the night puts a calm on the valley
Moved my shaking castle from the sand
When you gave me your soul for to marry

The cicadas in tune ain’t too noisy for you
But too fast, as the night eases in
Like dark wine on our skin and the grass

Now the moon’s high above
You’re the woman I’ve loved for so long
It’s the last goodnight kiss and
These moments I miss when you’re gone

.

In-va-ria-ble-men-te esta canción me pone a llorar. Además de que opino que Sam Beam es un poeta de nuestros días y que me encanta su voz y su cotorreo southern-american folk y todas las mamadas que se pueden dar a un ídolo, esta canción me mueve tantas cosas que me hace llorar.

Sé que en mi boda, al parir o al morir (porque para mí no existe otro evento más visceral y significativo que estos) esta rola tiene que estar de backsound: Por encima de todas las canciones que vienen en el soundtrack de la película que es mi vida (aburrídisimo, me imagino).

Y lloro porque soy una marica, porque me da miedo lo vulnerable que me pone esta canción, porque me causa horror el tamaño de ñoña que soy y me da mucho pendiente enamorarme así. Uno no puede ya andar por la calle regalando pedazos de su corazón a estas alturas de la vida y con la inseguridad que se vive en esta Ciudad… Y traen pistola!

La cosa con esta canción es que toda ella es la imagen más cercana de lo que yo creo que es el amor (les dije, que dejaran de leer, pero ándele, mijito, quería seguir…).

Busco que mi buena suerte me lleve un día a ese momento, no a “estar sentados en un pasto viendo que cae la noche y tal y tal”, no, sino a ese momento de lucidez en que la realidad me golpee en la cara y me encuentre plena, amada y contenta.

No me importa nada en este mundo, ni el dinero, ni el trabajo, ni una vida regia con pose y sociedad, nada me importa tanto como obtener esa lucidez pesada y consciente de que he hecho todas las cosas correctas para poder decir por fin: “…you ease my troubles with your hands like the night puts a calm on the valley”.

Tú me pinche quitas todos los problemas que tengo cada vez que me abrazas… qué cabrón!

El miedo radica en las altas probabilidades de equivocarse, en cometer errores inconscientemente y terminar muy lejos de esta canción; Miedo de dejar pasar la oportunidad de enamorarse así o de ignorar pendejamente todas las señales que llevan a esta canción.

La razón me incapacita muchas veces de escuchar a mi corazón y mi corazón a veces hace un desmadre que la razón no aprueba. Así me la paso siempre, buscando un equilibrio y haciendo malabares circenses para elegir, amar, confiar, desconfiar, ceder e imponer. Yo no sé si para todos es igual de difícil que para mí, o si otros han descubierto una fórmula o ecuación matemática para seguir su intuición… pero para mí esto es una perra desgraciada!

Esta canción me recuerda que eso que busco sí existe y como me parece bien imposible de alcanzar, me da un miedo terrible estar haciendo las cosas mal.

Y lloro porque me he equivocado antes, porque ya he sentido eso de “…you ease my troubles with your hands like the night puts a calm on the valley” y he estado equivocada, me he mentido o me han mentido y resulta que todo se vuelve nada.

Esta canción no es de alguien, es mía, es mi parámetro personal para medir intensidades y profundidades. Un verdugo, un poster en la pared para inspiración, un depredador, una imagen a través del aparador, un deseo privado, un sueño íntimo que solito se compartirá a la hora de la hora en que llegue la calma al valle (right?).

Me caga llorar.

Oda a los varones (también conocido como “Olé los guapos”)

Me declaro fan de los hombres (don’t get me wrong, its the nature of my gender).

Mi naturaleza observista (sic) me hace amar cosas, personas y tiempos… instantes del día que de pronto siento que van en slow motion, pero no, sólo soy yo observando con amor (suena ñoño, pero sólo así se puede describir mi manera “pasional” de ver las cosas): La manera de caminar en cuatro patitas de Güero, el fondo de la taza de mi café cuando me lo he terminado, las flores que hacen unas niñas en la clase de flamenco, un pedazo de cabellera cana de mi agüela… y así, tonterías…

De esta manera suelo enamorarme casi todos los días. Me enamoro y me desenamoro para enamorarme de otra cosa y volverme a desenamorar y así sucesivamente hasta el fin del mundo.

Para expresar mi “amor” escribo (la misma cantaleta/pantaleta de siempre) pero recientemente y con la cámara a la mano, tomo fotos.

Trato de atrapar en una foto eso de lo que me enamoro fugazmente, pero me he dado cuenta que la cámara es inservible, yo ya estoy en otro nivel de enfermedad porque quiero que la cámara capte EXACTAMENTE lo que ve mi ojo y es imposible (porque mi ojo está conectado al corazón y por eso me enamoro, claro!)

Pensando y pensando, he planeado inventar una cámara que se conecte al corazón ycon un plug in se conecte al cerebro para que todos sientan la misma adrenalina que siento yo cuando veo algo “enamorante”.

Partiendo del hecho de que un hombre o una mujer son objetos fotografiables, puedo decir que me declaro fan de los hombres.

Las mujeres son fáciles de fotografiar, con tantas curvas y colores, y pedazos de piel lozana, cabellos cepillados y dientes blanquitos, todas ellas se cuidan, se miman, se mantienen, se preocupan por ellas (hablo de ellas como si yo no fuera mujer, porque en estos momentos no soy mujer, sino fotógrafa), entonces es fácil de captarles algo lindo: SIEMPRE!

Pero los hombres… con los hombres es otra historia. La belleza de ellos radica en otra cosa, no estoy muy segura en qué… tiene que ver con una fuerza invisible, la hermosidad en lo tosco, una gloria bonita en el ceño, algo masculino y viril detrás de las pupilas, es como querer suavizar algo rudo, como querer pulir una piedra… Sus bellezas están en las imaginaciones que tienen sobre sí mismos: Ellos son hombres, pero se imaginan siendo más hombres y su verdadero ser, es el imaginario… y tu foto tiene que retratar a ese hombre imaginario que ellos mismos crean para sí. Captarlo será el éxito de una sesión.

Chale, no sé si me explico, pero son tan complicados para fotografiar que ahí radica el truco, ahí está lo interesante, lo difícil de retratar.

Tomarle fotos a un hombre es un pinche reto, por eso soy su fan.

Entonces a veces me veo abrumada de tanta guapura fotografil, tanto material en la vida diaria que podría ser documentado… lo intento, pero muchas veces no tengo a la mano una cámara.

Como dije antes, en este viaje me dediqué a observar y dado que los hombres captan naturalmente mi atención fotografié algunos. Luego recordé que en otros viajes he retratado vatos y también les hice una selección.

Aquí van unos guapos.

Italia es el País de los guapos, mi hermana no estaba equivocada cuando me dijo que hasta los güeyes de la basura eran celestiales: es verídico. Me enamoraba a cada esquina y juro que estaba lista para casarme en cada semáforo. Las mujeres son muy bellas también, pero los vatos tienen un algo italianissimo que seduce. Seducir es la palabra.

Además que son guapos de nacimiento y voluntad divina, son coquetos y si una no es fuerte en sus convicciones y debil ante la carne, puede caer en la tentación. Cuidado.

Constantemente me preguntaba si el dicho “Italians do it better” era cierto… No lo comprobé (lo huro por Dió) pero descubrí que tiene bases científicas, porque la guapura de los italianos es proporcional a su encanto y a su manera de tratar a las mujeres. Con estos ingredientes un hombre puede obtener lo que quiera.

Los italianos poseen una cosa invisible que sin embargo se divisa a lo lejos, me debatía que se trel porte, la manera de usar la ropa, su visión del mundo, el lugar en que crecieron (creo que yo debí ser antropóloga), no sé… Yo es que me pasaba horas fascinada en las escaleras de una piazza observando a hombres pasar.

¿Tú has visto qué espalda? Ay, Dió mío, qué estilo para hablar por teléfono, carajo!

Con tanto guapo recordé que en India también me enamoré de los Sikhs. La verdad es que con los cabellos largos, las barbas y esos ojos profundos de asesino, yo tengo debilidad.

Estos niños se nos acercaron a mi hermana y a mi en un templo y nos sacaron cotorreo. Se sentía como un ligue colectivo muy gracioso dado sus edades.

Todo este post es en parte una excusa para publicar las siguientes dos fotografías que fueron tomadas al salir de Amber Fort, en Jaipur, India.

Mi hermana me había dejado atrás, harta de esperarme cada vez que yo quería fotografiar me dijo “ahi te ves”. Caminando sola fui a dar a una especie de “base de taxis”, donde había desde jeeps, camionetas, camellos, elefantes y caballos, todos disupuestos a trasladar a los turistas a sus hoteles.

A lo lejos vi a un vato que estaba sentado en su “taxi” de esta manera.

Me detuve porque no podía con tanta guapura. De plano.

 El vato estaba sentado así, esperando a no sé quién, con esa cara y esa sonrisa y ese ” je ne sais quoi” hindú. Madre Santa, me estaba dando un ataque al miocardio, me tembalaba el dedo del disparador de la cámara!!!

Nomás me detuve, no me quise acercar por temor a que se me escapara el momento y se me fuera la fotografía como un pajarito espantado. Nomás me detuve y a lo lejos le grité: “Can I take your picture?”.

El guapo no contestó, pero me sonrió GLORIOSAMENTE y a como pude saqué unas cinco fotografías. Dios bendito de mi vida, tengo sueños húmedos nada más al recordar la manera de ese hombre de decirme sin palabras “toma lo que quieras de mí”.

El vato no se movió!!! me coqueteó durante los cinco o seis disparos que hice y yo agradecidísima sólo dije: You are quite handsome, thank you so much, y me fui. Ni siquiera me acerqué, no quería estropear la escena, ni el momento, ni la fotografía… quería que la anécdota se quedara nada más en una foto.

Más que la foto, mantengo en mi memoria lo que sentí como artista al hacer una fotografía natural, él no era modelo, ni estaba posando para una sesión, esto es producto de la cotidianidad hermosa dejo pasar por no tener una cámara cerca.

Ese día todo estaba mandado a hacer para mí, para esta foto que amo por encima de mis otras chorrocientasmil fotos feas que he tomado en mi vida.

Esto no es más que un pequeño tributo que hago humildemente a todos los hombres guapos de este mundo que están seguros de su guapura sin presumir el ego, a todos los que se dejan fotografiar sin vergüenzas y a todos los que se han dejado fotografiar por mí. Gracias, ustedes estimulan mi creatividad y le dan paz a mi sentido inquieto de la belleza.

Ole los guapos!

Reading is sexy

Posted On 15 noviembre 2010

Filed under Literatura, obsesiones, stalker, vatos

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Primer trabajo de stalkeo, stalkación, stalkamiento, también conocido como stalkismo: Un chico con pinta de regio en el DFW.

Leía muy interesado un libro que no alcancé a ver y cambiaba de posición cada vez que daba vuelta a la página.

Reading is sexy.

Back to the front

Posted On 20 agosto 2010

Filed under admiradora, obsesiones, vatos

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Okey, lo confieso, tengo debilidad por los hombres, pero aún más grave es que tengo debilidad por las espaldas de los hombres. Ufff!!!

Desgraciadamente soy débil, me distraen y me ponen grave.

Realmente nunca veo el trasero de un vato, me vale madre pretty much… las manos tiendo a verlas con atención, son muy importantes. Me clavo en la manera de observar, no en los ojos, sino la manera de ver, una puede conocer tanto de un hombre con su manera de observar que estamos hablando de ahorrarnos citas, horas invertidas, cervezas malgastadas, llantos, todo, con sólo la manera de observar de un hombre. Observo claro, la manera de caminar, los labios, los brazos, bueno, es que una viborea de todo…

Pero volvamos a lo que nos interesa: La espalda.

Hoy detuvieron a gente en un banco, un arresto casi de rutina, eeeequis, no nos interesa… pero de entre todas las fotos, una llamó mi atención.

Isn’t this the sexiest thing you’ve ever seen?! OMG!!!

Okey, el güey cometió unos delitillos, se metió en unas bronquillas que podríamos pasar por alto… Es que, hombre, vamos, ¿ya vieron esa espalda?

Lo más sexy de todo es que nunca le vimos la cara. En todas las fotos sale con el rostro cubierto y eso agranda más nuestro placer.

Claro! esta es la hora feliz en Lix’ Bar… I’m sorry you guys that read this pinche blog. This is girl talk time. So go away, or watch this “Now in Jail Adonis”.

Y no, no estoy horny.

La venganza póstuma

Posted On 20 agosto 2010

Filed under admiradora, soledades, vatos

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Caleidoscopio. Verde sobre celeste. Su sonrisa en slow motion. Muso a la fuerza. Candyland de Cocorosie.

La venganza póstuma: Un filme silente y eterno. Por Lucrecia.

Calm on the valley

Posted On 2 agosto 2010

Filed under admiradora, bigotes, música, vatos

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Dear Sam Beam:

I fell in  love with you.

I think you are like the perfect man on earth for me and I want you to know I’d marry you and I’d make you breakfast every morning and I’d kiss you even if you haven’t brush your teeth.

Cause you ease my troubles with your voice, like the night puts a calm in the valley…

A Single Malt Whisky hidden in the bottom drawer

Posted On 16 julio 2010

Filed under cotidianeidad, soledades, vatos

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Este es el momento en que una broma se vuelve pesadilla.

Justamente ese día, recuerdo particularmente que estaba en una mesa, olvidada del mundo, como muy seguido hago para evadir, tomando un whiskey y conversando con mi colega Palomino Molero (uff! por favor lean este texto escrito por él como primera impresión).

Hablábamos de la vida, los planes, los viajes, el futuro, el “qué dirán”, cosas que no se pueden asir, y entre cigarro y cigarro, Palomiau dijo que imaginaba que era muy difícil para las mujeres vivir bajo la presión de casarse y hacer algo con su vida, evitando a toda costa ser unas quedadas.

Di un rápido vistazo mental a mi situación y pensé: hombre, bueno sí, es difícil, vamos, pero una se concentra en otras cosas y con una personalidad de Teflón como la mía, no hay tanto pedo.

No sabía yo que más tarde, esa despreocupación me llevó a un estado de pánico.

La hermana de mi sangre por decreto divino, vino y dijo: “Te manda la Tía Lupita al Sagrado Corazón”. Y envuelto en papel celeste (como el cielo y las nubes, el lugar donde seguramente vive Cristo del Sagrado Corazón) estaba esta figurita.

Zaz!

La Tía Lupita, siempre preocupada por mi reivindicación al camino del bien, me mandó el Sagrado Corazón para conseguir marido. Como te lo digo!

Según las historias urbanas, la Tia Lupita es devotísima y cada chica soltera que le ha regalado la figurita consigue casarse bien. ¿Qué es “casarse bien”? No lo sé.

La broma comienza cuando yo dije que ya, que ya no quiero estar sola, que quiero un novio guapo, rico e inteligente, pero vamos que no se puede tener todo en la vida, entonces me conformaba con un muchacho inteligente, porque la inteligencia hace a los hombres atractivos y aunque no sean ricos, la inteligencia nos sacará de pobres. Clávate, yo sí sé qué quiero, eh.

Cada tropiezo amoroso que dolía como el primero, era “Tía Lupita, póngame al San Antonio de cabeza, me urge un novio”. Cada que me daban ganas de coger, era “Tía Lupita, póngame al San Antonio de cabeza, me urge un novio”. Cada que no quería ir al cine sola, que necesitaba una pareja para una boda, que asistía a cenas de parejas de mis amigas, cada bebé bonito que les nacía, era “Tía Lupita, póngame al San Antonio de cabeza, me urge un novio”.

Sé que al principio era una broma que yo comencé, pero quizá era un reflejo de mi subconsciente futuro, mi reloj biológico y esas cosas que piensan las mujeres sin quéhacer.  Oye, pero yo no soy así, yo estoy ocupadísima con mi trabajo y mis planes de Maestría, de viajar, de las piedras rodando se encuentran! pero sé que el background de mi mal tiene que ver con mis grupos de amigas.

He aquí una rápida descripción.

Las Gazapas, circa 1999.- Eramos nueve errores, nos conocemos desde la primaria. Te encargo la de peleas, pedas, desmadre y chismes que hemos tenido.

Sí, soy yo en mi etapa punk-goth con cabello rojo. Leave me alone.



De todas, quedamos sólo 6, asiduas cada semana a una juntación, claro, con alcohol de por medio. Todas están casadas y con hijos. Sólo dos solteras: yo y Ojos, pero esa cuenta como casada porque ya tiene fecha, salón y banquete.



He compartido tantas cosas con estas mujeres. Sus hijos son mis hijos, sus desmadres son míos, es demasiado amor durante tantos años que yo he vivido sus bodas, sus partos y sus separaciones como si fueran míos. Disfruto ser la Tía Liz, aprenderles cosas de maridos, de lavar la ropa, las escuelas de los niños, de la economía del hogar,  de las crisis matrimoniales, el sexo con amor de los casados… Envidio un poco y sin malicia sus vidas hechas, sus certidumbres, sus estabilidades. Sin duda las admiro, mi vida es diferente con ellas.

Sus estados de casadas no afecta mi estado de soltera, al contrario, enriquece mi visión sobre el matrimonio y la familia, pero creo que ser testigo constantemente de esta “completitud” aumenta mi añoranza, una nostalgita chiquita de alcanzar ese nivel del ser humano.

Los Beibis, circa 2000.- Un grupo de 6 periodistas, nos conocimos en la Universidad. Aquí falta el BabyBaby mayor que ese sí anda por la vida a lo grande en World Tour Suecia-Barcelona-Toronto, y a excepción de su servidora (qué novedad) todas casadas, con hijos, arrejuntadas, felices o infelices, bien crecidas y adultas.


Yo las veo y digo: ¿Qué tengo de malo? ¿En qué momento elegí mal o bien? ¿Por qué somos tan diferentes? A veces siento que elegí mal al preferir trabajar en vez de darme un tiempo para embarazarme y atender a mi marido, luego digo: Lizbeth, estás diciendo una grandísima pendejada, tú no eres así, face it and live with it.

¿Pero quién me dice que estuvo bien o mal renunciar a las propuestas de matrimonio? ¿Quién me dice que ser tan intensa me está llevando lejos o cerca de lo que quiero? Me frustra la incertidumbre del futuro, me causa conflictos el no saber lo de mañana.

Las Peludas, circa 2005.- Las conocí en una oficina, todas super distintas, no tenemos un común denominador, más que tener antecedentes de chingonas, de tener dos güevos enormes para enfrentar a la vida cuando se pone pesada y tirar chingazos para ver si uno pega.

Todas casadas y/o con hijos, a excepción de López, que esa también ya está más allá que pa’cá. Mujeronas enormes que admiro, porque siento que la admiración es el motor del amor. Peleamos mucho, todas tenemos un carácter muy fuerte y explosivo, pero en el fondo sabemos que no hay mejores hermanas. Las mimo cuando están embarazadas, nos procuramos y siempre siempre todos los días tengo un correo de ellas, uno o sesenta y siete.

Son jóvenes sabias que me han sabido aconsejar, tenemos la misma edad pero las escucho como si fueran mis gurús, aprendo de sus errores con sus parejas y estoy en constante aprendizaje a la hora de lidiar con niños y familias.

Soy también “La Tía Liz” (: y me gusta mi título nobiliario, realmente me doy cuenta que me gustan los niños y parece que les gusto también.

Antes nunca quería tener hijos porque temo no ser buena, temo ser demasiado valemadre como para ser madre (jajajaja) No tengo la menor idea si sería buena educando. Sé que tengo muchas cosas que enseñar, me encanta ser niña cuando estoy con ellos, platicar cosas de bebés, regañarlos y luego contentarlos con dulces, escuchar lo que es importante para ellos… Uno como “adulto” se reconoce en ellos y las prioridades cambian, me vuelvo más sensible, evito preocuparme por pendejadas… Es increíble…

¿Cómo sería yo siendo una esposa abnegada y madre de tres? De verdad que no tengo la menor idea.

Antes nunca quería tener hijos, pero ya quiero. Algun día tendré uno porque es importante experimentarlo todo para luego saberlo en carne propia a la hora de escribir. Quizá sea tonto, pero hay que experimentar, echar a perder y enmendar. Tener una buena vida nunca fue tan crucial para ser escritor.

Estoy rodeada de todo esto, nada me cala ni me duele, pero me influye y me hace cuestionar cosas cuando estoy sola.

Estoy creciendo, ¿verdad? No quiero crecer.

No quiero llegar al punto en el que necesite tener un esposo… y tengo miedo.

El Sagrado Corazón está en mi escritorio, lo tengo a la vista y en un lugar privilegiado, la Tía Lupita me lo mandó con una hojita que paso a paso te indica cómo consagrarte al Doloroso en Inmaculado Corazón de María, cómo orar por protección a los Apóstoles y a San Miguel. Dijo que hay que platicarle cosas, que no era necesario ponerlo de cabeza como a San Antonio y que había que prenderle una velita de vez en cuando.

Yo es que cada que lo veo, siento que estoy viendo al baterista de Dead Meadow, Stephen Mc Carty, un hombre guapísimo y con una barba y un bigote que UFFFF!!!!! (perdón, sí tengo debilidad). Con este sí me caso.

Lo que trato de decir, Tía Lupita, es que no tengo prisa, si me ve suspirando es que me hace falta amorts, pero ese vacío amoroso se llena con otros amores en casa, en mis sueños y en mis spells para atraerlos.

Sí, lo acepto, tengo un poco de miedo de quedarme sola por siempre, de vivir en París en el último piso de un edificio, entre gatos y libros, con el síndrome de artista, enfisema pulmonar y principios de alcoholismo… pero quién sabe, alomejor incluso en ese estado seguiré recibiendo a mis amigos con un vaso de whiskey y noticias de Latinoamérica.

No sé si parezca que ya se me está yendo el tren, pero no me da vergüenza quedarme sentada en las bodas, ni que me digan “Señora” cuando ando con mis amigas y toda la bola de güercos.

Verás, Sagrado Corazón, me abrazo a la almohada y el día termina sin más problema, hay tiempo para todo, no me presiones. Ni tú, ni tu mirada sexy de Stephen McCarty, ni la presión social, ni mi reloj biológico podrán contra lo que ya está escrito. So, fuck off, thank you.

Ah, y gracias a la Tía Lupita por el amor incondicional y la preocupación sincera, eso no tengo con qué pagarlo… aunque ella dijo que sí había con qué: haciéndola madrina e invitada de honor a mi boda en Tromso, Noruega.

Por lo pronto este es el amor de mi vida, el dueño de mis quincenas, el que me trae cacheteando las banquetas, el sístole y diástole de mi corazón.

Ni modo, pretendientes, ninguno de ustedes supera a este guapetón.


Long live the King

Posted On 27 agosto 2009

Filed under oficina, vatos

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Este hombre tiene la maestría de soltar un halago de la manera más sutil que sólo los años y la experiencia en el difícil empleo de ser un caballero, pueden dar.
Sus elogios son tan imperceptibles que las mujeres tontas y las que no estamos acostumbradas a la buena vida, a veces no sabemos reconocer (me pregunto cuántas mujeres tuvo que halagar para perfeccionar este arte que redime hasta el hombre más cabrón del planeta…).
Siento que viene con sus ojos y sus manos firmes a poner a prueba conocimientos milenarios, a darse el lujo de un cliché, a recrearse con mi estupidez, a tentar. Sin embargo, soy tan tonta, que caigo en cuenta de esto, casi siempre, cuando ya se ha ido.
Sospecho que me distrae su olor y me canso, porque gasto demasiada energía en seguirle los ojos para enterarme de qué es lo que ve, qué es lo que viene a buscar y por qué finge que es tan fascinante.
Su presencia ante mí consiste en demostrar lo que es un verdadero hombre, y esa demostración gratis se convierte en una constante presunción que supongo que proviene de algun estúpido instinto de superioridad, Freud seguramente diría que tiene que ver con penes y animalización (¿existe esta palabra?).
Pero este comportamiento tan brutalmente cavernícola, me despierta una profunda curiosidad por el género masculino; le profeso entonces una admiración de colegas y me dedico a la observación externa de la situación.
Pienso: “Este hombre quiere agradar, pero ¿por qué busca mi aprobación?”.