La distancia entre un sueño y una pesadilla

Posted On 10 marzo 2015

Filed under catársis, sueños

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En un parque de diversiones desierto y oculto entre neblina se yergue una montaña rusa, desvencijada, pero a tecnicolor, brillante y aguda.

Tú y yo ocupamos un carrito, estrecho y cómodo. Compartimos el espacio justo con un rencor profundo que yo siento que emana de mí y tú con una frialdad pétrea; de ti no siento nada más.

En una curva del recorrido veo que los rieles están rotos y digo en voz alta: Esto va mal, va a terminar mal. Vamos a bajarnos.

No, dices tú, baja tú.

Te pido, te ruego que bajes, por favor. Baja.

No.

Mi sueño me arroja al piso, a la tierra, y levanto polvo al caer. Me quedo ahí, sola, observando desde lejos como el carrito se aleja continuando su recorrido suicida.

¿Por qué no bajas?, me pregunto sin que tú puedas oírme porque ya vas lejos allá, en lo alto de la montaña rusa, allá, tocando el cielo.

¿Por qué no bajas, mi amor?

Me levanto, me sacudo el polvo y camino a esperar no sé qué, a esperar adentro de mi corazón o en una banca, al aire libre, porque los carros de la montaña rusa pasan por mí dejando un aironazo, el viento que me revuelve el cabello y me desacomoda la mente.

No entiendo mucho cuando Villarreal se asoma por la puerta de una habitación que flota, ella dice: Lo tienen en aquella sala, está muy mal, el tren de la montaña rusa volcó y cayó desde el pico más alto. Si lo amas, ve con Dios y haz oración.

Confundida y extrañada me dirijo hacia la sala donde Torres me espera enojada, y ella dice: No vale la pena, él no iba solo en esa montaña rusa. No vale la pena que entres ahí, está muy grave.

Asustada me abro camino entre mujeres, muchas mujeres que no conozco y que te llenan te atenciones.

Tú estás en una cama de hospital, entero, pero pálido, vomitando litros y galones de comida podrida, aguada. Tu rostro cambia de colores y vomitas más, a espasmos, y  te detienes para tomar aire como si nadaras en el mar, sólo para volver a vomitar.

La habitación está inundándose de vómito y todas estas mujeres te asisten, te ayudan, pero no hacen nada concreto y van pisando charcos de agua biliosa, pedazos de carne semidigerida, pedazos de pollo crudo que devolviste, trozos sanguinolientos que expulsaste y que todavía se mueven en sus jugos gástricos.

Rápido, pienso, rápido, tú, dame esa cubeta.

Me cuido de no llenarme las botas de vómito y me acerco con la cubeta en la mano.

Aquí, vomita aquí, te digo. ¿Qué pasó? ¿Qué pasó, mi amor? ¿Por qué así? ¿Qué es todo esto? ¿Por qué nos haces esto?

No tengo idea, contestas con restos de comida podrida en la comisura de los labios, no tengo idea.

El vómito no se detiene, yo sé que en cualquier momento vas a devolver las entrañas y retrocedo esperando una erupción, un caudal de podredumbre.

Atrás, atrás, para atrás, vade retro.

.

Sigo sin ver el día en que por fin termine de dolerme.

Consejos de una bruja para ‘jugar’ a la Ouija

Soy bruja.

Sin una pizca de vergüenza lo sostengo, pero a veces tengo cuidado para mencionar la palabra “bruja” y voy por “pagana”. Una no es sin la otra y la otra sí puede ser sin la una, porque todo tiene un precio.

Disertar sobre el hecho de que alguien se pueda dar el taco de llamarse “bruja” sería una discusión sin bases firmes, sin embargo la historia, el Universo, el karma y el destino nos develaron una definición más o menos común:

Una bruja es una mujer que tiene control sobre su mente pero se guía por el corazón, porque sabe que el balance de ambas resulta en sabiduría.

Una bruja respeta a la Madre Naturaleza y no sólo confía en sus ciclos de nacimiento y de muerte, inicio-final, sino que también tiene fe en que ellos trabajarán a su favor.

Una bruja sabe que existe el poder, sabe cómo acceder a él y sin embargo no abusa de su conocimiento. Una bruja es responsable de su voluntad y respeta la de los demás.

Una bruja invoca, convoca y nunca jamás duda de la magia que ya existía antes, existe hoy y existirá siempre.

Todo esto no tiene nada que ver con Satanás, ni con ofrendas a Belzebú, ni con sacrificios sangrientos, ni con vender almas, pero sí tengo que especificar que hay mujeres que se hacen llamar “brujas” y sólo son pedazos de ser humano esclavizado, enviciadas o borrachas de poder, abusonas y malas. Ellas no son brujas, son la versión pirata de Tepito, charoleras que sacan una placa que no les pertenece para ganar dinero, amor u otras cosas pasajeras que no valen ni un pito… y vaya que el precio que hay que pagar por ser charolera es muy alto.

Quería dejar estos conceptos más o menos claros porque quiero hablar de un tema polémico: La ouija.

En este post sólo puedo hablar por mí y por mi práctica, estoy segura de que hay muchas brujas, católicos y ateos leyendo esto y siéntanse libres de discrepar, así que voy a apegarme a lo que yo sé, partiendo de que este es mi blog, mi espacio y mi manera de explicar las cosas.

Mi calidad de bruja me lleva a creer en muchas cosas que otros prefieren ignorar: vibras, fantasmas, entes, posesiones, magia, viento, electricidad, los astros, la tierra, el pensamiento, la voluntad, el destino, los elementos, Dioses, ofrendas, velas, altares, hechizos, brujería, plantas, minerales, mantras, y una cosa que está de moda porque ya es Octubre y el Día de las Brujas… la ouija.

Ouija board

La ouija es una tabla de ‘adivinación’ o conductor de energía.

La energía es lo que a nosotras las brujas nos gusta llamar ‘magia’; la magia es esa fuerza invisible que trabaja sobre las cosas y las personas: Enamorarse es magia porque trabajan fuerzas ajenas a nosotros para unirnos; orar es magia porque ponemos nuestra fuerza mental en un objetivo que creemos imposible; soñar con alguien es invocar a alguien en sueños a través de magia, de energía.

Las coincidencias no existen, todo está regido por magia (según mi creencia religiosa, la brujería, el paganismo), todo se mueve por energía: mala o buena.

Así como ponemos nuestra ‘energía buena’ en soñar, en orar y en enamorarnos, también podríamos manejar nuestra energía de manera ‘mala’, obvio, para hacer el mal.

A veces decimos “Esa persona me da mala espina”, “Siento una mala corazonada”, “Siento mala vibra en este lugar”, todo es energía. Hay personas que son más sensibles a sentirla y otras que siempre están muy distraídas como para sentirla, pero la energía está ahí: La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

La ouija es un conductor de energía.

La bronca cuando jugamos a la ouija (bueno, yo tengo que admitir que nunca la he jugado, le tengo demasiado respeto o miedo, whatever) es que accedemos a energía y no sabemos si esa energía con la que vamos a tener contacto es buena o mala.

La ouija ‘capta’ espíritus (o energía) de dos tipos: humana e inhumana.

Using Ouija Board

Por espíritus humanos podemos decir que son personas que vivieron y ya murieron, muchas de ellas en paz, muchas de ellas en situaciones no pacíficas (como asesinatos, por ejemplo) y son espíritus que traen mucha ira, rencor y ‘mala onda’… incluso muchos de estos espíritus humanos no tienen idea siquiera de que están muertos.

Por espíritus inhumanos podemos decir que son ‘cosas’ que nunca han caminado la tierra en forma de humano, llámese demonios.

Ahora, aquí entramos a un parteaguas de la discusión, porque si usted cree en Jesucristo, en Dios y en el Espíritu Santo, (vamos a ponerle nombre a las cosas sin tapujos ni tabúes) su religión le dice que también existe ‘El Diablo’, así que asumo por inferencia que si usted cree en Dios, también cree en Satanás y en sus demonios, así que no se me persigne tanto y no se me vuelva agnóstico, ni incrédulo, ni smart ass: en su religión existen ambos.

Lo digo porque conozco muchas personas que son católicas o cristianas que creen profundamente en Dios, pero prefieren meter a Satanás debajo de la alfombra, lo ignoran, no hablan de él y se burlan de conceptos como “exorcismos” y “posesiones”, afirman que todo lo que es de Satanás es charlatanería. Sorry, amigos, así como existe Dios, existe Satanás, e ignorarlo no va hacer que desaparezca y burlarse de él, menos.

Yo, según mi creencia, creo en el mal. Creo en el mal tan fervientemente como creo en el bien y no desacredito nada. Quizá como pagana yo le ponga otro nombre a ‘Satanás’, pero el mal es el mal y estoy convencida de que existe.

Jugar a la ouija nos pone en contacto con estos espíritus y la tabla es una ruleta, no un teléfono.

A seance

No podemos decir “Déjame le marco al espíritu de mi agüelito, a ver qué me cuenta”; invocar a través de la ouija nos va a traer un espíritu ‘random’ que esté cerca, alguien que quiera venir, alguien que necesite comunicar algo, quizá bueno, quizá malo. Nos puede tocar un espíritu inhumano y ¿qué tanto sabe usted de espíritus inhumanos, seriously?, ¿qué va a hacer si su espíritu habla en otra lengua, en otro idioma?, ¿cómo se va a deshacer de él cuando usted decida que ya no quiere jugar?, ¿usted cree que es muy fácil decirle “Sobres, bye”?

No estoy diciendo “No juegues a la ouija”, este post es para decir “La ouija no se juega. La ouija se usa”, y aún así creo que las personas que saben cómo usarla no la usarían a menos que fuera absolutamente necesario.

No puedo hacer un instructivo de cómo jugar a la ouija, porque nunca lo he hecho, pero reuní algunas recomendaciones de expertos para protegerse en caso de que quiera usar una. Créame que no le hará daño tomar algunas medidas de precaución.

– Siempre respete a los espíritus, agradezca, pida ‘por favor’ y sea humilde. Trátelos como un invitado, incluso si se portan mal o intenten asustarlo.

– No use la ouija bajo los efectos del alcohol o alguna droga, mucho menos la use si se siente enfermo, débil o deprimido. Los espíritus inhumanos se aprovechan de las vulnerabilidades.

– No use la ouija en su casa. Muchas veces los espíritus que vienen se sienten demasiado cómodos en tal o cual lugar y deciden quedarse.

– Tampoco use la ouija en un cementerio o un lugar donde haya sucedido algo feíto o terrible. Ahí agüevo que hay energía mala y la ouija ‘captará’ manifestaciones no tan placenteras.

– Usar la ouija sin compañía, o sea ‘jugar’ solo, sólo es un paso a la posesión. Evítelo. SIEMPRE.

– No asuma que todos los espíritus son buenos, muchos espíritus humanos pueden mentir o ‘jugar tosco’.

– Si alguien que va a ‘jugarla’ tiene miedo, es mejor que no lo haga, los espíritus se aprovechan de estas personas para ‘bromear’ con ellas.

– Dicen que poner un pedacito de plata encima de la tabla, dígase un anillo o una moneda, es protectora contra espíritus inhumanos.

A seance

Todo esto viene a que hace pocos días, un grupo de amigos decidió ‘jugar’ a la ouija; me preguntaron si jugaría o si al menos estaría presente y yo la neta prefiero quedarme fuera de este rollo. Les comenté algunos de estos puntos y pues ahora sí que ‘cada quien’.

Yo siempre he dicho que me considero una persona que cree y que quiere ver para creer más. Esto me ha llevado a investigar, leer y presenciar muchas cosas que no tienen explicación, a soñar muchos episodios, a ‘comunicarme’, a tenerle respeto. Nací así, tengo curiosidad de otras cosas que no son terrenales y estoy convencida de que leer y estar preparada en estos tópicos desarrolla mis sentidos.

Mi casa, por ejemplo, está cargada de cosas que no se imaginan;  la construcción es vieja y han pasado muchas personas por estas paredes, todos (toda mi familia) hemos tenido experiencias raras aquí. Yo ni de pedo me atrevería a traer una ouija a esta casa.

Hace unos meses, mi hermana empezó un curso de fotografía, le prestaron una cámara digital y anduvo por la casa haciendo pruebas con el obturador, la luz y la velocidad. Hago hincapié en que es una cámara digital, no tiene espacio siquiera para meter un filme o rollo fotográfico, así que no pueden traslaparse imágenes de una toma anterior o posterior.

Estaba haciendo unas pruebas en la recámara de mis papás y una de las fotografías arrojó esta imagen:

la foto 2 (4)

Es increíble para mí cómo esos pedazos de luz en el lente se asemejan al rostro de una persona, un hombre, en la zona del umbral de la puerta.

No podemos explicar cómo las siluetas juegan tanto con nuestros ojos y nos hacen ver una persona en donde no había nadie.

Obvio esta anécdota está abierta a discusión: puede ser el reflejo mismo de mi hermana en el vidrio del lente, un rebote de imagen de otra persona (¿Qué otra persona? No sé, porque no había nadie más en la habitación), pueden ser muchas cosas… que yo no puedo explicar, ni mi hermana, ni mi familia.

Nosotros, en casa, nomás dijimos “Qué miedo” y esto lo apilamos con las demás cosas raras que pasan aquí, que son muchas, por cierto.

Mientras que son peras o son manzanas, es mejor no arriesgarse, porque uno nunca sabe. Que cada quien se agarre de lo que cree y que no se quiebre su fe, es todo lo que podría decir para quedarme como Suiza en este tema tan debatible.

Happy October everybody!

Abran su mente, honren a sus espíritus y no tengan miedo.

Desdoblarse es el quehacer del tiempo y el espacio en la habitación de Satanás

Adentro del corazón de una ciudad, detrás de la iglesia con una sola torre, en el rincón de una casa, sobre una cama escondida se desdobla el tiempo. Ahí las sábanas son de piel y en la piel un mapa tatuado indica el camino hacia ninguna parte.

Respetando el ritmo de cada minuto de la media noche, la bestia cierra los ojos y se arroja al vacío que es sus entrañas, se vuelve hacia adentro intentando perderse, pero sus movimientos lo traen de vuelta a su cuerpo.

El tiempo no se detiene, se desdobla en intervalos de dos horas que duran quince minutos, una habitación contiene a la otra igual que mi cuerpo contiene al suyo, no existe el espacio que se llama ‘afuera’ porque ahí es otro ‘adentro’ que sucede en el interior de otro espacio más grande, una espiral espacial que es una pesadilla.

En su privacidad que es frente a mis ojos, primero se quita la camisa, acariciando los botones que le queman los dedos, ojal tras ojal despega la tela de su espalda y ya su torso libre, sacude su pelaje al aire de la noche que conoce bien.

Sabe que lo observo pero me ignora a propósito y finge con maestría su soltura; sus movimientos son calculados por milímetros pero actúa descuidos, prepara la escena perfecta para anticipar su desnudez porque en ese plan radica su naturaleza depredadora.

A veces me regala su mirada y sus pupilas brillantes le fluorescen en lo profundo de la recámara, cuando esto pasa mi mente se inventa sonidos de junglas, de viento que acaricia precipicios lejanos, de monstruos deambulando en cavernas negras, de puras cosas de final horrible.

El sonido de la espiral me mantiene en el momento y ya sé que va a continuar quitándose el pantalón, desplazando sus ojos lento y mojándose los labios.  Ya falta poco para su libertad absoluta. El tiempo sigue desdoblándose en la última habitación de la última casa, detrás de la iglesia que sostiene una sola torre, en el vértice de la ciudad sin corazón.

Apenas ahora comienza el espectáculo de su cuerpo desnudo, dando vueltas adentro de esta jaula que es una habitación dentro de otra. Los músculos de sus extremidades se contraen con cada paso, el sudor se acumula en lugares donde alcanza el vaho de su resoplido, los tiempos desdoblados se acumulan y mis ojos se imprimen de su imagen hermosa y letal, como todo lo que es salvaje y está abandonado al curso de la intemperie.

Alta y soberbia la bestia desnuda me mira por encima de todo lo que es suyo y me llama.

Soy cordero.

Un sueño de Enrique Morente

Posted On 1 febrero 2014

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Esta era una habitación pintada de azul eléctrico con algunas ventanas amplias y sin cortinas que dan a una playa que no se ve desde aquí adentro. Hay un piano viejo que emite algunas notas en el silencio ronco de la frecuencia de las olas del mar, y sentado frente al piano está Enrique Morente.

En cuanto lo veo se me encienden los ojos, siento un fuego incontenible de querer ir a abrazarlo con las llamas, de preguntarle cómo, por qué, dónde, cuándo, todo. Y voy, porque así son las oportunidades, un caminito invisible que nos lleva a actuar por impulso, pero ya ciegos, seguros de que el resultado va a ser bueno.

Le digo que qué hace aquí, que por qué no hay nadie conversando con él, que ‘mucho gusto, soy mexicana’. Él dice que qué bonito acento tengo, que no suena a mexicano. Entonces con más orgullo golpeo mis frases, porque soy regia, “Soy del norte, Señor Morente”.

‘Ah’s y ‘Oh’s, y ‘fíjate, qué interesante’.

Sí.

Me pide que me siente a su lado, que vamos a cantar. Se pone frente al piano, empieza a tocar algo que le dictan sus dedos, algo que no está inventado todavía. Me dice “Toma esto, te va a ayudar”, y en mi mano pone un mango, una fruta amarilla y negra, porque el mango está cubierto por cabello, pedazos de cabello como de una peluca mal hecha o un animal de rincones.

En mi mente me muero de asco porque los mangos me dan repulsión, y éste con cabellos largos púbicos me causa una arcada instantánea.

Pero Morente se arranca tocando el piano como los grandes, aplastando las teclas fuerte y su sonido ya rebasa a las olas del mar; poseído por el arte cierra los ojos y yo me doy cuenta de que estoy frente a un semidios, una leyenda viviente. El alma se me llena de lágrimas porque hasta en mis sueños yo ya sé que éste está muerto, que estoy sentada al piano junto a un fantasma, un holograma romántico que canta jondo.

 

Morente toca un fandango y pronuncia fuerte y rajado:

“Se estudia y se aprende bien lo más difícil del mundo,

se estudia y se aprende bien.

Me puse a estudiar tu cariño y no lo pude comprender

por eso sufro y lloro como un niño”.

 

Quise tirarme al suelo y echarme a llorar en su regazo, pero pronto era mi turno de cantar, me lo dijo con los ojos.

El mango en la mano, con todo y sus pelos, se suponía que era el amuleto para cantar bonito, para invocar un fandango sentido que acompañara al del maestro.

Muchas coplas desfilaron por mi mente y elegí la mía, pero cuando abrí la boca el mango se comenzó a mover en mi mano. Se movía y sus cabellos espantosos me hacían cosquillas repulsivas en la palma, volteé a verlo y el mango estaba en plena mutación, se movía como si tuviera un feto dentro y entonces se le formaron unos brazos y unas piernas.

Solté la fruta-hombre en plena transformación y cayó al suelo haciendo el ruido seco y viscoso de la fruta cuando se cae del árbol. El sonido de su caída retumbó sobre el piano y el mar y yo lo hice inmenso en mi mente, como de carne golpeada, como de suicida, como de puerco muerto, como de nalga. Horrible.

En el suelo seguí con horror la deformación del mango, su cambio hormonal de fruta a monstruillo, mientras Enrique me veía como si fuera una asesina.

‘Lo siento, Enrique, es que el mango está vivo, ¿qué hago?, perdóname’.

Al mango le crecieron pies, manos y una cabeza, su piel amarilla se magulló con la caída, pero eso no impidió que siguiera moviéndose, como naciendo. La criatura se quedó en el piso, revolcándose, intentando crearse un rostro, pero no lo logró. Sus pelos se convirtieron en raíces secas y el olor era insoportable. Las moscas lo llenaron y Enrique y yo sólo nos quedamos mirando.

 

El mar en la cajuela, un sueño

Posted On 7 diciembre 2011

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En el momento de mayor adrenalina abrí la cajuela del auto de un golpe rápido, pum. Se acabó la música que andaba en mis orejas y el viento de los precipicios me atrajo, burlándose de mi firmeza.

Ahí, adentro de la cajuela del auto estaba el mar, un océano profundísimo e imposible debido al tamaño del vehículo sedán, cuatro puertas, seis caballos de fuerza.

El mar en el maletero de un auto, el mar otra vez como en todos los sueños, el mar  apaciguado, azul claro en las olas de la superficie, azul rey más al fondo y negrísimo detrás de todo.

Flotando en la cajuela estaba su cadáver, traía puesto el traje con el que lo enterraron y flotaba dormido, arrullado por cientos de sirenas con los torsos desnudos, senos rebosantes, otras con senos adolescentes, duros, aguados y todos los senos flotaban, sus pieles blancas y verdes brillantes daban colores de lentejuela en el océano pacífico de aquel Volkswagen.

Sus colas de pescado le acariciaban las bastillas del pantalón, se enredaban en sus brazos inertes, le sobaban los cabellos que le flotaban como algas, todo moviéndose a un ritmo de vals, como sólo las olas saben bailar.

Qué hermoso entre olas, sirenas y el universo estrellado, todo ahí empacado en el maletero del auto, una tumba móvil, un ataúd natural a 120 kilómetros por hora.

 

World of Wisdom

Nos gusta ir a Expo esotérica, placer culposo, sí, nomás que nosotros le decimos “Expo tu bruja” y no vamos por las razones convencionales (existen razones convencionales por las que algunas personas asistan?)

A mi me gusta oler el incienso en cantidades descomunales, buscar piedras y amuletos a precios baratos, a viborear a los travestis que tienen superpoderes, leen la mano y se visten como Shakira, a las gordas que te dicen “Mija” y te venden hierba santa pa la garganta.Total, que nos gusta ir a pasear.

Nunca dejamos que nos lean las cartas o nos apliquen sus poderes extraterrestriales y tratamos de no tocar nada.

Generalmente es un fiasco pero otras veces salimos con uno que otro tesoro hecho de huesos de ave o de piedras de Río de Janeiro.

El caso es que esta última vez nos inscribimos en una especie de tombola o promoción donde ponías tus datos (nombre, lugar, fecha y hora exacta de tu nacimiento) y te mandaban tu carta astral, después de meses la carta llegó a mi correo electrónico con una disculpa por la tardanza (a Raúl todavía no le llega).

La recibí con sorpresa porque pensé que era puro pedo y noté que se parecía mucho a la carta astral que yo misma me confeccioné hace unos años.

Chequen la diferencia:

Esta es la carta que me enviaron, hecha por Adran Ross Duncan, en World of Wisdom, ubicados en Londres (juran).

 

La que yo me hice es esta:

Yo sé que les parecerá puros números, signos y rayitas, pero es muy parecida, los planetas están aspectados de manera parecida, lo que significa que, bueno, quizá no me equivoqué tanto al armar mi carta astral.

Ellos ya lo hacen automáticamente, hay una máquina que te aspecta los planetas dependiendo la fecha que ingreses, entonces podría ser muy confiable la exactitud, sin embargo no confío mucho porque las explicaciones de cada planeta ya están hechas y evitan meterse en pedos de progresiones, lo que es “poder ver el futuro” a través de la carta astral.

Total que comparé mis aspectaciones con las de ellos y sí, hay algunas que coinciden, por ejemplo: Difícil relación con los padres, cero sentido de competitividad, instintos desarrollados para introducirse en el manejo del inconscient, etc.

Ambas cartas coinciden en que batallaré mucho para casarme, que sufriré una enfermedad o sufrimiento muy grande que cambiará mi manera de ver la vida y que después de eso estaré tomando trabajos voluntarios o de ayuda al prójimo. Esto me da un poco de miedo porque no es la primera vez que lo escucho, las cartas dicen que no moriré de eso, sino que mi muerte será causada por otro evento, pero igual, cada vez que voy a leer algo de eso, tengo miedo.

Nosotros mismos podemos ser piedra inmóvil ante los planetas, podemos cambiar el futuro, pero igual, tengo miedo.

Esta carta nueva asegura que voy a ser engañada por mi pareja, un engaño que durará mucho tiempo, años quizá… miedo again.

Dice que eventualmente (y ya un poco grande) me casaré con un extranjero. Esto es muy chistoso porque siempre siempre siempre me dicen algo de extranjeros, de vivir fuera del país, de tener hijos en otro país… eso me gusta.

Varias veces nombran una herencia, dinero no alcanzado por mis propios medios, una riqueza modesta, mucha generosidad… Es difícil… Es difícil porque si crees una cosa, tienes que creen en el resto de las cosas, así es la magia. Y no me refiero a la magia misteriosa, no, sino a la magia del futuro, del tiempo, de mis inclinaciones hacia cosas que harán que eventualmente me pongan el cuerno (por ejemplo) o que harán que yo reciba una herencia o tenga hijos en otro país.

No digo que tenga que creer en las cartas astrales, digo que hay que creer en que cualquier cosa puede pasar y en base a estas pautas poner atención para no dejar que mi pareja me engañe (por ejemplo).

Últimamente las cosas no van bien, en ninguna parte y para ninguno de nosotros, todos estamos preocupados y en alerta, pero hay que confiar en que estas cosas pasarán. Stay together and be strong, I guess…

Les recomiendo mandarse a hacer una carta astral, no con un charlatán, eh, con un buen astrólogo, es divertido… y si van a tener un bebé, regálenle una, conocerán mucho de su personalidad conforme vaya creciendo.

Sigh.

Los dejo con esto:

“No necesitamos enviar al hombre al espacio sideral, ni sacarlo de su país o de su casa para someterle a las influencias cósmicas. El hombre está siempre en el centro del Universo, ya que el Universo está en todas partes”, Giorgio Piccardi

No voy en tren ni voy en avión

En mi viaje a Raulandia la Sabana se confunde con sábana de leopardo falso y verdadero, cincuenta horas se traducen en tiempo Hollywood y no hay mañana, tarde o noche.

Yo no necesito pasaporte y no hay millas ni aeropuertos de por medio.

Los eventos suceden en base a un tiempo local que cada cosa tiene, por ejemplo, una tarde de ver la tele dura lo que la televisión quiere y uno no tiene control sobre la decisión televisiva porque uno se ve afectado por una especie de jet lag del que no tenemos control. Los desayunos deciden por sí mismos lo que habremos de desayunar, las ventanas deciden lo que habrán de enmarcar, las camas se destienden solas y así sucesivamente.

No existe el clima, ni las noticias, ni los celulares, ni los mañanas. En Raulandia hay serenatas a las 4 de la mañana y helado para cenar, no hay zapatos, sólo chanclitas y los baños de espuma duran una eternidad.

Me fui de vacaciones este fin de semana y no quería volver jamás.

 

Una chica muy guapa llamada Adela

Posted On 21 febrero 2011

Filed under sueños, witchcraft

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Con la helada y tó, el jardín entero se murió y bien tarde me acordé que había que proteger a una muchacha muy guapa llamada Adela.

De niña:

De adulta:

De vampira-muerta:

Mala madre soy. Las cosas se pusieron tensas entre nosotras y la olvidé (God, forgive me).

Una cosa se cumplió de Maiden-Mother-Crone, un ciclo muy brujeril… tan pronto se apareció el Brujo mayor vino a poner orden en el jardín. Mi novio sugirió cortar las hojitas para hacer un té; mi deseo particular es hacer una almohada con ellas, un cojín pequeño que quepa entre las sábanas para tener sueños tan bizarros como claros.

Como teníamos alguna experiencilla liando, todo salió muy bien y completamos una bolsita ziploc que está en proceso de ser ampliamente aprovechada por los respectivos brujos.

Me siento un poco mal aprovechándonos de sus hojas muertas, pero ya ven cómo es esto… el Queqs dice que volverá a retoñar, el tronco no se ve muy marchito, entonces confiamos en que los poderes curativos de la primavera le acaricien sus ramitas y ojalá tengamos más lavanda por el resto de la eternidad. We pray Jesus, Santa Claus and Hare Krishna.

Amén.

The calm on the valley

Yo soy una persona de lo más maricona que existe cuando me doy cuenta hasta donde puede llegar mi ñoñez.

Sí, aquí es donde deben dejar de leer y mandar al carajo el post, porque lo que sigue es un disparate de pendejadas ñoñas que tengo que escribir antes de que se acabe la mañana.

Tomen en cuenta que estoy despierta desde las 5 de la mañana, me levanté porque me desespera estar dando vueltas en la cama pensando cosas y mejor me vine a escuchar música. La madrugada-mañana daba para Iron and Wine y asi se convirtieron las siguientes horas en un desmadre psicológico emocional sobre mis últimos meses de vida.

Este post es sobre una canción: Calm on the valley. Como no la encontraba en youtube, armé un video rápido que servirá como gráfica explicativa de lo que siento por ella.

Ecce:

Calm on the valley, by Iron and Wine

There’s a rooster, a hen, a black dog
By my kid in the yard
And I’ve tattooed the head
Of the woman I’ve wed on my arm

We sit on the lawn
And she winks and she yawns
At the sound that the setting sun makes
As it lights up the lake and goes down

And you ease my troubles with your hands
Like the night puts a calm on the valley
Moved my shaking castle from the sand
When you gave me your soul for to marry

The cicadas in tune ain’t too noisy for you
But too fast, as the night eases in
Like dark wine on our skin and the grass

Now the moon’s high above
You’re the woman I’ve loved for so long
It’s the last goodnight kiss and
These moments I miss when you’re gone

.

In-va-ria-ble-men-te esta canción me pone a llorar. Además de que opino que Sam Beam es un poeta de nuestros días y que me encanta su voz y su cotorreo southern-american folk y todas las mamadas que se pueden dar a un ídolo, esta canción me mueve tantas cosas que me hace llorar.

Sé que en mi boda, al parir o al morir (porque para mí no existe otro evento más visceral y significativo que estos) esta rola tiene que estar de backsound: Por encima de todas las canciones que vienen en el soundtrack de la película que es mi vida (aburrídisimo, me imagino).

Y lloro porque soy una marica, porque me da miedo lo vulnerable que me pone esta canción, porque me causa horror el tamaño de ñoña que soy y me da mucho pendiente enamorarme así. Uno no puede ya andar por la calle regalando pedazos de su corazón a estas alturas de la vida y con la inseguridad que se vive en esta Ciudad… Y traen pistola!

La cosa con esta canción es que toda ella es la imagen más cercana de lo que yo creo que es el amor (les dije, que dejaran de leer, pero ándele, mijito, quería seguir…).

Busco que mi buena suerte me lleve un día a ese momento, no a “estar sentados en un pasto viendo que cae la noche y tal y tal”, no, sino a ese momento de lucidez en que la realidad me golpee en la cara y me encuentre plena, amada y contenta.

No me importa nada en este mundo, ni el dinero, ni el trabajo, ni una vida regia con pose y sociedad, nada me importa tanto como obtener esa lucidez pesada y consciente de que he hecho todas las cosas correctas para poder decir por fin: “…you ease my troubles with your hands like the night puts a calm on the valley”.

Tú me pinche quitas todos los problemas que tengo cada vez que me abrazas… qué cabrón!

El miedo radica en las altas probabilidades de equivocarse, en cometer errores inconscientemente y terminar muy lejos de esta canción; Miedo de dejar pasar la oportunidad de enamorarse así o de ignorar pendejamente todas las señales que llevan a esta canción.

La razón me incapacita muchas veces de escuchar a mi corazón y mi corazón a veces hace un desmadre que la razón no aprueba. Así me la paso siempre, buscando un equilibrio y haciendo malabares circenses para elegir, amar, confiar, desconfiar, ceder e imponer. Yo no sé si para todos es igual de difícil que para mí, o si otros han descubierto una fórmula o ecuación matemática para seguir su intuición… pero para mí esto es una perra desgraciada!

Esta canción me recuerda que eso que busco sí existe y como me parece bien imposible de alcanzar, me da un miedo terrible estar haciendo las cosas mal.

Y lloro porque me he equivocado antes, porque ya he sentido eso de “…you ease my troubles with your hands like the night puts a calm on the valley” y he estado equivocada, me he mentido o me han mentido y resulta que todo se vuelve nada.

Esta canción no es de alguien, es mía, es mi parámetro personal para medir intensidades y profundidades. Un verdugo, un poster en la pared para inspiración, un depredador, una imagen a través del aparador, un deseo privado, un sueño íntimo que solito se compartirá a la hora de la hora en que llegue la calma al valle (right?).

Me caga llorar.

The nature of the Glass House

Posted On 11 noviembre 2010

Filed under cotidianeidad, locuras, sueños

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Are you stupid?… It’s the nature of The Glass House.

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