Sobre cerámica y la miserabilidad de adultecer

Posted On 29 marzo 2016

Filed under cerámica, crafts, obsesiones, proyectos

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Hace algunas semanas a mi brazo derecho se le ocurrió que la inmovilidad era la nueva moda en París.

Me comenzó un dolor por la nuca mientras estaba acostada, sunday night, viendo Netflix. Al rato de haberlo detectado me bajó por la espalda y a los pocos minutos el dolor fue insoportable: no sentía el brazo, sentía un hormigueo por los dedos y no podía mover nada. Desde los headquarters de mi cuerpo mandaba la orden de movimiento y nada se movía.

Sobra recalcar enérgicamente que estuvo de la verga.

Al principio todo lo manejé con sobriedad, clase y distinción: Querida madre, ¿serías tan amable de llevarme al hospital más cercano? No quisiera molestarte, pero no puedo conducir, no puedo cargar mi bolso, vaya, que no puedo ni limpiarme la cola si hay que cagar, para que me entiendas.

Después un doctor dice palabras como: hernia cervical, incapacidad, inmovilidad.

Por un momento mi pensamiento fue “Neeeeeh, ni de pedo”, pero al poco tiempo pierdes la razón, te pasan millones de cosas por la mente, posibilidades fatales, pesimismo, porque el miedo es así, lo consume todo; el miedo tiene un poder colosal sobre todas las cosas que hacemos y nomás nos rendimos ante él porque es fácil.

Tercer acto: La morra llorando porque nunca va a volver a hacer yoga, porque se requiere una operación, porque estaba tejiendo unas calcetas y ya las va a dejar a la mitad, porque no tiene dinero, porque tenía otros planes para la vida, porque chingado…

Total, después de exámenes médicos y de rayos equis, el encore de esta obra de la dramaturgia clásica culmina en que la morra sólo tenía estrés.

Estudios arrojaron que nada, que “ándele, quién le manda”, que “a ver si empiezas a comer mejor”, que “es que te duermes muy tarde” y que “guaraguara”.

Digo guaraguara porque ya estoy bien, recobré la movilidad a los pocos días y ya todo muy mejor… lo importante es que tenemos salud perritos.

However, comencé a poner atención y no te imaginas en las cosas en las que me he estado clavando últimamente: me di cuenta de que no estoy envejeciendo, estoy adulteciendo.

Por primera vez real estoy preocupándome por el futuro (ponga atención aquí que la mujer tiene 33 años, eh, y apenas le va cayendo el veinte), dinero, compromisos, arreglos, negocios… y aquí es donde le paro porque el Universo me mandó un distractor físico, sustancioso y que además es desestresante: estoy haciendo cerámica.

Estoy a nada de ser esa mujer loca, soltera, pobre, con ideas new age, que anda con overoles de mezclilla llenos de arcilla y pintura diciendo por la vida “Deja que fluya”… no me da asco, sólo que no tenía ese plan para mí.

Y la verdad estoy dejando que fluya.

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Descubrí que es más difícil de lo que parece y que hacer cerámica es como existir. Hay que poner intención en las manos para moldear un deseo, no forzarlo, pero guiarlo. Dejar que la pieza tome la forma que le fue encomendada, darle oportunidad de que se asiente y al final aceptar el resultado: una taza media cucha, un plato astillado, un tazón feo.

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Mover un dedo cambia la forma de tu pieza; la presión que pones y en qué parte de la mano la pones cambian la forma de tu pieza; la velocidad del torno cambia la forma de tu pieza; el movimiento de tu manos cambia la forma de tu pieza.

Es fascinante.

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Pintar es otro poco de philosophical bullshit: Nunca sabes de qué color te va a quedar la pieza hasta después de hornear.

Suspenso, intriga y misterio absoluto.

La cerámica se colorea con pigmentos u óxidos, y ninguno se ve en la mesa igual a como se ve sobre una pieza horneada. Un amarillo que ven tus ojos, sobre la cerámica puede verse azul, o un negro que ven tus ojos, después de hornear puede verse del rosa mexicano más brillante.

En resumen: hagas lo que hagas, nunca sabrás cómo va a terminar una pieza.

De aquí viene el respeto por los artesanos, porque no hay libros, sólo la experiencia, sólo equivocándote miles de veces va a hacerte crear algo hermoso.

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Yo no aspiro a tanto, llámame mediocre, porque pienso que al final todo te sirve, todo es funcional, todo está en la casa conteniendo un líquido, adornando un escritorio… y con la práctica te vas haciendo un mejor artesano, poco o poco creando cosas mejores, perfeccionando.

Quise hacer dos joyeros, un diablito y un gatito.

Así se veían recién pintados y antes de hornear.

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Este es el terrorífico resultado:

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Life, yo’all.

Pero hubo éxitos también, cómodequeno.

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Al momento me encuentro obsesionada con materiales, hornos, pinturas y piezas por hacer; algunos los ven idiota, íntimamente yo sigo soñando el sueño de que algo creativo, y no una oficina, me permita sobrevivir el resto de mis días. Intentar no hace daño.

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Defensa de un corrido norteño o “Que chinguen a su madre los cabrones de este mundo”

Hace un par de semanas me obsesioné… otra vez, para variar. Esta vez, mi obsesión se llama Los Cadetes de Linares… o más bien, un corrido, en particular, de Los Cadetes de Linares.

Los Cadetes de Linares

Ningún regiomontano puede negar, con todo su hocico retacado de carne asada y su panza atascada de Tecate roja, que no ha escuchado en su vida un corrido de Los Cadetes de Linares.

A estas alturas, que ninguno venga a persignarse con que sólo escucha la música que escucha porque la letra de un corrido de los Cadetes viene tatuada en la nalga de la vaca que nos tragamos cada pinche reunión familiar y borrachera en Nuevo León. Sí, señor.

Los corridos a todos nos los metieron a la fuerza por las orejas y la verdad es que no podemos no ponerles atención: ahí está la sabiduría de nuestro pueblo norteño, en ellos se contienen la vergüenza y el orgullo de los nuevoleoneses.

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De aquí somos, ni modo, esta es la cruz de tu parroquia, así que vamos por partes y vamos a quitarnos los prejuicios musicales, vamos a deshacernos de las capas de esta cebolla que juzgaba a los botudos y asombrerados que llegaban en una Lobo Ford al Rodeo Zuazua o a los rancheros que en las cantinas nomás están en el duroydale con el Viejo Paulino.

Vamos a ubicarnos y a asumirnos como lo que somos: habitantes del norte de México.

Después vamos discernir individualmente para nuestros adentros (cada quién su propio ‘adentro’) qué es lo que hace bueno o malo a un corrido.

Los Cadetes de Linares

Desde aquí todos coincidiremos en que Los Cadetes de Linares son la crema y nata de la música norteña, para donde le busques, ellos son la crème de la crème del corrido. A su voz principal, el Señor Homero Guerrero, un día le salió está voz aguardentosa, se dispuso a arrastrar un poquito las palabras y a entonarse en idioma norteño, y valió madre porque cambió nuestras niñeceseses (sic), qué digo, nuestra puta vida, porque que tire la primera piedra el que nunca se ha echado unas cheves escuchando a los Cadetes… Y si realmente nunca te has puesto pedo escuchando a los Cadetes, entonces discúlpate y vete, eres una deshonra para el Cerro de la Silla.

Alomejor se va a escuchar bien mamón, pero es que yo viajando me di cuenta de lo ricos que somos en tradiciones y cotorreos culturales; desde París me hice fan de Ramón Ayala, en España supe apreciar a José Alfredo… son esas cosas que comprendes cuando ves a tu país desde afuera.

Pero, bueno, volviendo a lo que nos truje, aquí vengo a apelar por el corrido de Las Tres Mujeres.

 

 

Para empezar, el corrido no está en Spotify, supongo que es demasiado underground; Spotify tampoco tiene ni una rola de Nargaroth, ni de Ordo Funebris, así que queridos amigos puristas musicales, amantes de lo true y lo beautiful, y compañeros hipsters: este corrido es una absoluta joya.

Si lo analizamos literariamente, tiene de todo: terror, intriga, engaño, arrepentimiento… musicalmente, el acordeón tiene un sello distintivo, y además cumple con los parámetros del género: desarrolla una anécdota, rima y cada verso mide ocho sílabas.

 

Por ahí dice una leyenda que en el rancho de Canales

se aparecen tres mujeres que en vida fueron rivales

se dieron de puñaladas, allá entre los mezquitales.

 

A mí, la neta, es que se me hace bien pendejo el plot de que tres mujeres, cegadas por celos, se agarren a filerazos por un cabrón… habiendo tantos en este mundo, muchachas!

Pero bueno, vamos a poner que este corrido fue compuesto en los años 40’s por un señor que se llama Ramiro Cavazos, quien nació en Los Ramones, Nuevo León, y quien trae un background ranchero. Ahí dices, okey, en ese entonces (y en la actualidad) no hay mucho con qué distraerse en Los Ramones, por eso la raza se daba vuelo con casi cualquier cosa.

 

El causante de sus muertes Santos Valdez se llamaba

a las tres, por separado,  les decía que las amaba,

pero a ninguna quería, nada más las engañaba.

 

En este punto quiero apuntar cómo ha evolucionado el papel del hombre cabrón en nuestra sociedad mexicana.

El vato, casual, se cotorreaba con tres morras al mismo tiempo, todo el mundo lo sabía (este es el génesis del corrido) y no había pedo. Aquí me cala mucho (y muy personalmente) la exaltación de la esencia del cabrón. Vato, felicidades, bravo (aplausos), eres un cabrón, un pinche cuasi-hombre, una pinche basura humana, una lacra de género, una mierda de persona: ¡Vamos a componerte un corrido! Vamos a inmortalizar a Santos Valdez con el rostro de cientos y cientos de hombres que tienen un pene en el hueco donde debería ir un cerebro. ¡Bravo!

 

Lucita era de La Posta; de Charco Azul, María Inés;

Esthela era de Reynosa, la más brava de las tres,

decía: “Yo pierdo la vida, antes que a Santos Valdez”.

 

Mi investigación exhaustiva me llevó a descubrir que existe un ejido en Juárez, Nuevo León, que se llama La Posta (con nueve habitantes, un hecho verídico) y otro de nombre Charco Azul (este con 200 habitantes). Sin embargo, el hecho de que Esthela era de Reynosa me hizo investigar más para el lado de Tamaulipas y, en efecto, ambos lugares también existen en el vecino Estado. Resulta que el compositor, Ramiro Cavazos, nació en Nuevo León, pero vivió en la frontera de Reynosa (de hecho, creo que vive o vivía en Mc Allen), entonces yo creo que estamos hablando de tres mujeres tamaulipecas aquí.

Esta estrofa se lleva el verso más bonito del corrido “Esthela era de Reynosa, la más brava de las tres, decía: “Yo pierdo la vida, antes que a Santos Valdez”.

Creo que el machismo con el que crecí me hace pensar en Esthela como una amazona, una viejota con más huevos que Santos Valdez, enamorada, feroz, una morra de convicción que pensaba (esto quizá pueda ser una proyección, me deslindo de mi inconsciente) que hay que ponerse la camiseta del amor y decir: “Este es mi vato, en el amor por él me defino”. Una chulada de mujer.

Sin embargo, es una verdadera lástima que Esthela haya apostado su vida por un pendejo. Aplique aquí el concepto popular que dice “Te quedó grande la yegua y a mi me faltó jinete”.

Pero sobre todas las cosas del corrido, hay que señalar algo: Ni Lucita, ni María Inés, ni Esthela tienen apellidos, pero Santos es EL SEÑOR SANTOS VALDEZ. O sea, no nos importa quién vergas sea Lucita, quien para colmo ni siquiera le pudieron dejar el orgullo de ser Luz o Lucía… vaya, es una Lucita cualquiera, una morra más de las que el pendejo de Santos Valdez se cotorreó, vale madre. Aquí estamos hablando de las hazañas grandiosas del Señor Santos Valdez, compermisito, vamos a aplaudirle su cabronez.

 

Dicen que en Laguna Seca cuando la gente pasaba

se oían gritos de mujeres cuando ya el sol se ocultaba

eran aquellas valientes que ya de muertas penaban.

 

La versatilidad del corrido nos ofrece terror. Qué chulada.

 

Santos Valdez fue a sus tumbas para pedirles perdón,

rezaba sus oraciones con todo su corazón

y quién había de pensarlo que allá murió en el panteón.

 

En disertar sobre el arrepentimiento de un cabrón se me va el post entero, así que aquí le voy a parar.

 

Quiero cerrar este análisis con mi pronunciamiento a favor de toda la música popular y con una propuesta para reivindicar el corrido norteño.

Yo sé que los tiempos definen a la música, pero ahorita se habla de puras pendejadas en los corridos. Hay muchos corridos ‘de los de antes’, de los Montañeces del Álamo, de Ramón Ayala, de Carlos y José, de Luis y Julián, de los Invasores, que son joyas norestenses.

Sí, antes también había narcos, celos, asesinos e invictos, pero siento que antes había una raíz que no se soltaba del pueblo y el pueblo significaba familia, honor y tradición. Supongo que con la urbanización hoy es más difícil componer algo sustancioso y tradicional. Es triste, pero pasa en todos los géneros musicales.

En fin… brindo por Los Cadetes de Linares, que a todos los regios nos dieron identidad musical!

Brindo por Lucita, María Inés y Esthela, que su compromiso con su corazón sea eterno a través de este corrido y que chingue a su madre Santos Valdez!

Ojalá que en el más allá las tres mujeres le estén poniendo una madriza.

¡Salú!

Lo más bonito del mundo: el son jarocho y huasteco

Las cosas bonitas de la vida no se pueden negar. Son gigantes, perennes, humildes pero brillantes, no podemos no verlas ni aunque quisieramos porque nos llenan tanto el corazón que son reconocibles de inmediato.

Así existen los ocasos, Jason Momoa, el olor del café, el pelaje de un animal, el aguacate untado sobre el pan, las catedrales, los besos…  y el son jarocho.

La música existe para eso nomás, para enaltecer las cosas bonitas de la vida, y Dios bendice al son por hermoso, sencillo, por acomedido.

Yo anduve mucho tiempo de mi vida oyendo música muy complicada por creerme intelectualosa, por orgullo, por pegarle a la mamada, vaya.  La música y yo manteníamos una relación enfermiza (que para eso me pinto sola):  Entre menos le entendía a cierto género, más me obsesionaba saber en qué consistía. Comportamientos autodestructivos, diría mi psicóloga.

De todas maneras, no fueron en vano esos años porque aprendí a chingazos.

Por ejemplo el jazz, hasta la fecha no lo comprendo, supongo que es de esos géneros en los que ocupas un chamán para entrar en ellos, alguien que te guíe, que te lleve por aquí o por acá y que te explique el significado detrás de esa maraña de notas.

Lo digo porque el flamenco lo conozco bien y es un género que yo llamo chamánico, ocupas que alguien te lleve de la mano.

Así aprendí a probar, a entender, a comprender y a vivir una vida musical de libertad y sin encasillamientos.

Me gusta Ramón Ayala tanto como Michael Jackson, Arvo Pärt, Camarón, Morten Veland o Al Cisneros: La buena música es buena. Sea el género que sea.

Recientemente, y después de mi relación enfermiza con la música complicada, descubrí la música sencilla. Me refiero a la música que te lleva a lo primigenio del ser humano, desde su contenido hasta su sonido.

Para saber sobre Black Metal tienes que investigar que en Noruega, en 1989, hubo un movimiento que estaba basado en blablabla…  Para saber sobre el rock and roll tienes que saber que emergió del blues en mil novecientos cuarenta y tantos y mutó para convertirse en blablabla…

Le llamo género sencillo a la música que un día, un hombre tomó un instrumento y compuso una canción de lo que veía: el mar, su vecina, su perro, un mosco, un sueño, la oscuridad, cosas que no necesitan un background para ser explicado.

El son jarocho es una cosa así, bonita, profunda en su sencillez, poética, dolorosa, mística y franca como una bofetada. Es un honor que su sonido sea mexicano.

Me obsesioné hace unos meses y me documenté con un compañero de trabajo que es veracruzano, me puso en la carretera del conocimiento y de ahí agarré pa’l real.

El son, jarocho o huasteco, es una preciosidad; si usted es mexicano lo felicito, dése cuenta que tiene al son como patrimonio, como currículum, como sangre. Felicidades.

Aquí le dejo una lista de mis sones favoritos con algunas notas de mi cosecha. No importan los géneros que le gusten o le disgusten, pruebe aquí, usté nomás déjese llevar, que al cabo ya trae a México en las venas.

De nada.

 

 

Cuando el marinero mira la  borrasca por el cielo

Se queja, llora y suspira, le dice a su compañero:

Si Dios me presta la vida no vuelvo a ser marinero

 

 

Como que te va, te vas, como que te viene, vienes

Como que en tus lindos brazos arrulladito me tienes

 

 

Xihualacan compañeros ti paxalo ce María

timiyehualotzan ipan tonantzin Santa María Guadalupe

 

 

A un Santo la encomendé porque todavía la quiero

Porque todavía la quiero, la lloro y la lloraré

 

Quisiera volverme planta para no morir de viejo

Para no morir de viejo porque la muerte me espanta

 

 

¿Cómo te llamas, morena? Me llamo Juana María

Si te corren de tu casa te vendrás para la mía

 

Cuando escucho La Morena ganas me dan de llorar

Me recuerda a la sirena, que la canta por la mar.

Ella canta por el mar para formar un encanto

Como ella no puede amar su cantar más bien es llanto

Por eso cuando la canto me dan ganas de llorar.

 

Si en el mar se escuchan voces, son voces de la sirena

Y sólo la reconoces si de amores tienes pena.

Quien de amor no tiene pena no se puede imaginar

Cuánto sufre la sirena que tiene prohibido amar

Purgando así una condena.

 

 

No me manden a lo oscuro a morir como un traidor

Yo soy bueno y como bueno moriré de cara al sol

 

Adiós, adiós, madre del río, madre del río

La lluvia negra, la lluvia negra en el caserío.

Adiós, adiós, madre del monte, madre del monte

La lluvia negra, la lluvia negra en el horizonte.

Consejos de una bruja para ‘jugar’ a la Ouija

Soy bruja.

Sin una pizca de vergüenza lo sostengo, pero a veces tengo cuidado para mencionar la palabra “bruja” y voy por “pagana”. Una no es sin la otra y la otra sí puede ser sin la una, porque todo tiene un precio.

Disertar sobre el hecho de que alguien se pueda dar el taco de llamarse “bruja” sería una discusión sin bases firmes, sin embargo la historia, el Universo, el karma y el destino nos develaron una definición más o menos común:

Una bruja es una mujer que tiene control sobre su mente pero se guía por el corazón, porque sabe que el balance de ambas resulta en sabiduría.

Una bruja respeta a la Madre Naturaleza y no sólo confía en sus ciclos de nacimiento y de muerte, inicio-final, sino que también tiene fe en que ellos trabajarán a su favor.

Una bruja sabe que existe el poder, sabe cómo acceder a él y sin embargo no abusa de su conocimiento. Una bruja es responsable de su voluntad y respeta la de los demás.

Una bruja invoca, convoca y nunca jamás duda de la magia que ya existía antes, existe hoy y existirá siempre.

Todo esto no tiene nada que ver con Satanás, ni con ofrendas a Belzebú, ni con sacrificios sangrientos, ni con vender almas, pero sí tengo que especificar que hay mujeres que se hacen llamar “brujas” y sólo son pedazos de ser humano esclavizado, enviciadas o borrachas de poder, abusonas y malas. Ellas no son brujas, son la versión pirata de Tepito, charoleras que sacan una placa que no les pertenece para ganar dinero, amor u otras cosas pasajeras que no valen ni un pito… y vaya que el precio que hay que pagar por ser charolera es muy alto.

Quería dejar estos conceptos más o menos claros porque quiero hablar de un tema polémico: La ouija.

En este post sólo puedo hablar por mí y por mi práctica, estoy segura de que hay muchas brujas, católicos y ateos leyendo esto y siéntanse libres de discrepar, así que voy a apegarme a lo que yo sé, partiendo de que este es mi blog, mi espacio y mi manera de explicar las cosas.

Mi calidad de bruja me lleva a creer en muchas cosas que otros prefieren ignorar: vibras, fantasmas, entes, posesiones, magia, viento, electricidad, los astros, la tierra, el pensamiento, la voluntad, el destino, los elementos, Dioses, ofrendas, velas, altares, hechizos, brujería, plantas, minerales, mantras, y una cosa que está de moda porque ya es Octubre y el Día de las Brujas… la ouija.

Ouija board

La ouija es una tabla de ‘adivinación’ o conductor de energía.

La energía es lo que a nosotras las brujas nos gusta llamar ‘magia’; la magia es esa fuerza invisible que trabaja sobre las cosas y las personas: Enamorarse es magia porque trabajan fuerzas ajenas a nosotros para unirnos; orar es magia porque ponemos nuestra fuerza mental en un objetivo que creemos imposible; soñar con alguien es invocar a alguien en sueños a través de magia, de energía.

Las coincidencias no existen, todo está regido por magia (según mi creencia religiosa, la brujería, el paganismo), todo se mueve por energía: mala o buena.

Así como ponemos nuestra ‘energía buena’ en soñar, en orar y en enamorarnos, también podríamos manejar nuestra energía de manera ‘mala’, obvio, para hacer el mal.

A veces decimos “Esa persona me da mala espina”, “Siento una mala corazonada”, “Siento mala vibra en este lugar”, todo es energía. Hay personas que son más sensibles a sentirla y otras que siempre están muy distraídas como para sentirla, pero la energía está ahí: La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

La ouija es un conductor de energía.

La bronca cuando jugamos a la ouija (bueno, yo tengo que admitir que nunca la he jugado, le tengo demasiado respeto o miedo, whatever) es que accedemos a energía y no sabemos si esa energía con la que vamos a tener contacto es buena o mala.

La ouija ‘capta’ espíritus (o energía) de dos tipos: humana e inhumana.

Using Ouija Board

Por espíritus humanos podemos decir que son personas que vivieron y ya murieron, muchas de ellas en paz, muchas de ellas en situaciones no pacíficas (como asesinatos, por ejemplo) y son espíritus que traen mucha ira, rencor y ‘mala onda’… incluso muchos de estos espíritus humanos no tienen idea siquiera de que están muertos.

Por espíritus inhumanos podemos decir que son ‘cosas’ que nunca han caminado la tierra en forma de humano, llámese demonios.

Ahora, aquí entramos a un parteaguas de la discusión, porque si usted cree en Jesucristo, en Dios y en el Espíritu Santo, (vamos a ponerle nombre a las cosas sin tapujos ni tabúes) su religión le dice que también existe ‘El Diablo’, así que asumo por inferencia que si usted cree en Dios, también cree en Satanás y en sus demonios, así que no se me persigne tanto y no se me vuelva agnóstico, ni incrédulo, ni smart ass: en su religión existen ambos.

Lo digo porque conozco muchas personas que son católicas o cristianas que creen profundamente en Dios, pero prefieren meter a Satanás debajo de la alfombra, lo ignoran, no hablan de él y se burlan de conceptos como “exorcismos” y “posesiones”, afirman que todo lo que es de Satanás es charlatanería. Sorry, amigos, así como existe Dios, existe Satanás, e ignorarlo no va hacer que desaparezca y burlarse de él, menos.

Yo, según mi creencia, creo en el mal. Creo en el mal tan fervientemente como creo en el bien y no desacredito nada. Quizá como pagana yo le ponga otro nombre a ‘Satanás’, pero el mal es el mal y estoy convencida de que existe.

Jugar a la ouija nos pone en contacto con estos espíritus y la tabla es una ruleta, no un teléfono.

A seance

No podemos decir “Déjame le marco al espíritu de mi agüelito, a ver qué me cuenta”; invocar a través de la ouija nos va a traer un espíritu ‘random’ que esté cerca, alguien que quiera venir, alguien que necesite comunicar algo, quizá bueno, quizá malo. Nos puede tocar un espíritu inhumano y ¿qué tanto sabe usted de espíritus inhumanos, seriously?, ¿qué va a hacer si su espíritu habla en otra lengua, en otro idioma?, ¿cómo se va a deshacer de él cuando usted decida que ya no quiere jugar?, ¿usted cree que es muy fácil decirle “Sobres, bye”?

No estoy diciendo “No juegues a la ouija”, este post es para decir “La ouija no se juega. La ouija se usa”, y aún así creo que las personas que saben cómo usarla no la usarían a menos que fuera absolutamente necesario.

No puedo hacer un instructivo de cómo jugar a la ouija, porque nunca lo he hecho, pero reuní algunas recomendaciones de expertos para protegerse en caso de que quiera usar una. Créame que no le hará daño tomar algunas medidas de precaución.

– Siempre respete a los espíritus, agradezca, pida ‘por favor’ y sea humilde. Trátelos como un invitado, incluso si se portan mal o intenten asustarlo.

– No use la ouija bajo los efectos del alcohol o alguna droga, mucho menos la use si se siente enfermo, débil o deprimido. Los espíritus inhumanos se aprovechan de las vulnerabilidades.

– No use la ouija en su casa. Muchas veces los espíritus que vienen se sienten demasiado cómodos en tal o cual lugar y deciden quedarse.

– Tampoco use la ouija en un cementerio o un lugar donde haya sucedido algo feíto o terrible. Ahí agüevo que hay energía mala y la ouija ‘captará’ manifestaciones no tan placenteras.

– Usar la ouija sin compañía, o sea ‘jugar’ solo, sólo es un paso a la posesión. Evítelo. SIEMPRE.

– No asuma que todos los espíritus son buenos, muchos espíritus humanos pueden mentir o ‘jugar tosco’.

– Si alguien que va a ‘jugarla’ tiene miedo, es mejor que no lo haga, los espíritus se aprovechan de estas personas para ‘bromear’ con ellas.

– Dicen que poner un pedacito de plata encima de la tabla, dígase un anillo o una moneda, es protectora contra espíritus inhumanos.

A seance

Todo esto viene a que hace pocos días, un grupo de amigos decidió ‘jugar’ a la ouija; me preguntaron si jugaría o si al menos estaría presente y yo la neta prefiero quedarme fuera de este rollo. Les comenté algunos de estos puntos y pues ahora sí que ‘cada quien’.

Yo siempre he dicho que me considero una persona que cree y que quiere ver para creer más. Esto me ha llevado a investigar, leer y presenciar muchas cosas que no tienen explicación, a soñar muchos episodios, a ‘comunicarme’, a tenerle respeto. Nací así, tengo curiosidad de otras cosas que no son terrenales y estoy convencida de que leer y estar preparada en estos tópicos desarrolla mis sentidos.

Mi casa, por ejemplo, está cargada de cosas que no se imaginan;  la construcción es vieja y han pasado muchas personas por estas paredes, todos (toda mi familia) hemos tenido experiencias raras aquí. Yo ni de pedo me atrevería a traer una ouija a esta casa.

Hace unos meses, mi hermana empezó un curso de fotografía, le prestaron una cámara digital y anduvo por la casa haciendo pruebas con el obturador, la luz y la velocidad. Hago hincapié en que es una cámara digital, no tiene espacio siquiera para meter un filme o rollo fotográfico, así que no pueden traslaparse imágenes de una toma anterior o posterior.

Estaba haciendo unas pruebas en la recámara de mis papás y una de las fotografías arrojó esta imagen:

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Es increíble para mí cómo esos pedazos de luz en el lente se asemejan al rostro de una persona, un hombre, en la zona del umbral de la puerta.

No podemos explicar cómo las siluetas juegan tanto con nuestros ojos y nos hacen ver una persona en donde no había nadie.

Obvio esta anécdota está abierta a discusión: puede ser el reflejo mismo de mi hermana en el vidrio del lente, un rebote de imagen de otra persona (¿Qué otra persona? No sé, porque no había nadie más en la habitación), pueden ser muchas cosas… que yo no puedo explicar, ni mi hermana, ni mi familia.

Nosotros, en casa, nomás dijimos “Qué miedo” y esto lo apilamos con las demás cosas raras que pasan aquí, que son muchas, por cierto.

Mientras que son peras o son manzanas, es mejor no arriesgarse, porque uno nunca sabe. Que cada quien se agarre de lo que cree y que no se quiebre su fe, es todo lo que podría decir para quedarme como Suiza en este tema tan debatible.

Happy October everybody!

Abran su mente, honren a sus espíritus y no tengan miedo.

Embroidery ist Krieg

Dicen que bordar es de “señoras que no saben cómo matar el tiempo porque los hijos se han ido”, que tejer es de abuelas, que me estoy convirtiendo en una treintona quedada con hobbies del siglo pasado… lo cierto es que todo esto es falso.

Señores, tejer, bordar y realizar cualquier otro handcraft no tiene edad, ni género, ni significa que soy una morra sin quehacer. Ya crezcan tantito.

Hilazas

Estamos en un siglo donde los homosexuales ya pueden contraer matrimonio y estos son reconocidos legalmente, las mujeres votamos desde hace más de 50 años, México se independizó, hay democracias, libertades, cambios de mentalidad y ustedes todavía con el chíngale y dale que “tejer es de abuelas”. Losen up, tight bitches.

Pero bueno, si “tejer es de ñoras”, ¿bordar es de qué?

¡De badasses, culeros!

Hace unas semanas me dispuse a llevar el embroidery a un nivel más CVLT. Mi hermano Frank me ayudó a dibujar una imagen clásica del Black Metal: Una foto emblemática de Gorgoroth.

Gorgoroth

Agüevo tenía que existir una ilustración que me hiciera más fácil el dibujo sobre la manta en la que iba a bordar y de ahí agarramos monte.

Gorgoroth Embroidery I

Como era mi primer proyecto de bordado, quise que fuera algo fácil y que no involucrara muchos colores, por aquello de tener que cambiar de hilaza y tal y tal.

Gorgoroth Embroidery II

Gorgoroth Embroidery III

Hacer algo con puro color negro fue perfecto y me ayudó a calarme para ver si tenía mano para este handcraft, para el cual déjenme decirles que hasta tengo talento, porque aunque es bien fácil, pos tiene su chiste, verdá, básicamente.

Gorgoroth Embroidery IV

Repito, se trata de mi primer proyecto ever y como no conocía la lógica del bordado, la cagué varias veces; por ejemplo en el cabello de Gaahl, del lado derecho, como que las líneas no están bien hechas y no parece cabello. También a la hora de bordar la cruz no supe muy bien cómo hacerlo y terminó siendo una silueta rara que no se ve nada profesional.

Infernus parece una caricatura y el único que me gustó fue Kvitrafn, el rubio, el del lado izquierdo del bordado, trae toda la actitud. Incluso pensé en recortarlo y quedarme nomás con él para pegarlo a un chaleco que quiero armar (ese es otro proyecto que luego revelaré).

La palabra “Black” me quedó chida, pero con “Metal” batallé demasiado, ¿se nota? jajajja

Gorgoroth Embroidery V

Quisiera mencionar a modo de confesión que durante toda su confección sufrí de hostigamiento universal y maltrato emocional, y aunque estaba muy emocionada de verlo terminado, cuando por fin lo acabé ya no lo quería ni ver.

Gorgoroth Embroidery VI

Cada vez que lo veo lo quiero meter en el fondo de mi bolsa de estambre para no recordar tanto malviaje que me sucedió cuando lo bordaba. Pero bueno, eso es otro baile, el punto es que creo que lo regalaré; creo que funcionará como un regalito funky,  sé que le pueden dar un nuevo valor y con suerte terminará colgado en algún rinconcito blackmetalero.

Apresurada por mantener mi mente ocupada, me embarqué en un siguiente proyectillo, ahora usando muchos colores, pues para experimentar con diferentes hilazas.

Mi amiga Susana sugirió crochetear el bastidor y pa’ pronto es tarde.

Crocheted loop

Quería ver si ahora sí podía ser una bordadora más estética, más limpia y menos desmadrosa, porque en el proyecto de Gorgoroth abusé mucho del lápiz a la hora de bosquejar y las hilazas fueron (algunas) arrancadas con los dientes o mandadas a la chingada a la mitad de la línea.

Me gusta que el bordado demuestre que fue hecho a mano, porque ahora con tanta máquina, pos cualquiera puede tener un bordado hecho en una fábrica. Entonces, el bordado debe verse hecho en casa, un poco chuequito, con encanto, vaya.

Witchy embroidery: sigil

Acá elegí un diseño propio con significado personal que representara menos reto que el anterior: un sigil.

Un sigil es un sello creado por el brujo para, por medio de un dibujo, resumir una entidad (demonio, ángel o espíritu).  Determina el deseo de un brujo en forma pictórica, la bruja “carga” de significado el sello y es un recordatorio del deseo pedido al espíritu (en este caso).  Ponle que es como crear tu propio amuleto, una cosa muy bonita,  íntima y ñoña.

El original se hizo una tarde en un mantel de papel que va debajo de la taza de café de una cafetería local. El bordado lo hice para extenderle la existencia a la intención original del sigil.

Sigil magic

Aquí quise usar hilazas de diferente material y calidad, y practicar más el relleno.

Sigil embroidery

Me faltan muchas puntadas por aprender (¿se dice puntadas? Damn!) y ando en busca de un libro o una especie de guía más formal que me enseñe a ser versátil. Debo aclarar que esto de incursionar en el bordado fue de “A+B tiene que ser = C”. O sea, un día me senté y dije: “Fuck it, lets do this!”.

Sigil embroidery

Usé hilaza más gruesa y me encantó como se ve, chécate el infinito. La luna la bordé con hilaza delgaditititita y también me gustó mucho cómo me quedó. El crocheteado es perfecto para el sigil y la combinación de colores hace que el sigil se vea menos aterrador, así que está muy bien para estar colgado donde quiero que esté. Va a ser un regalo también.

Por lo pronto ya tengo en mente mi siguiente proyecto y ya llené una carpeta con imágenes e ideas que saqué de Pinterest: Gracias, internet, me caso contigo.

Asì que, me vale un pito si soy una ñora blackmetalera abandonada por sus hijos, o una bruja solterona sin quehacer, todos ustedes retrógrados se pueden meter sus comentarios por el ojo de la aguja más pequeña que encuentren en la mercería de la esquina.

Embroidery for life, bros!

Sergei ‘El Bailador’ Prokofiev

Como yo creo en que nada es una coincidencia, una mañana el Universo me agarró de los pelos y me aventó a un cuarto donde sólo estaba la obra de Sergei Prokofiev, compositor y pianista de otros tiempos (¡Qué importan cuáles tiempos!).

Ahí me puso frente a frente con una pieza que se llama “Montagues and Capulets”, conocida por “The dance of the knights”, compuesta para una obra de ballet sobre Romeo y Julieta en 1935 (Estamos hablando que en 1935 mi abuela tenía 15 años, por ponerte un ejemplo; o sea, hace poco, es una pieza chavita).

En realidad estaba buscando el “Fortune Plango Vulnera” de Karl Orff en su Carmina Burana y encontré un disco que se llama “150 minutes of dark classical music”; muy bueno, aunque obviamente 150 minutos no son nada para contener tooodas las obras maestras oscuras de la música clásica. La intención es buena y el disco trae muchas piezas grandiosas que te vuelven loco y te hacen cuestionar “¿Qué putas estaba pensando Beethoven cuando escribió la Apassionata? No jodas, pinche Ludwig, con esos sustos” (Por cierto que Verdi también era un pinche freak, ve a ver lo que tiene, pinche loco).

Total que, volviendo a lo que nos atañe, descubrí al Señor Prokofiev: un amor de pelado.

Sergei Prokofiev

La “Montagues and Capulets” me robó todo lo que me quedaba de sanidad, es una melodía que me taladró la cabeza durante meses. La escuchaba en el silencio, la soñaba, la tarareaba todo el tiempo…

Descubrí que Prokofiev, o Sergei, o bueno, Sergio el bailador, pa’ la raza, compuso una versión de esta pieza para piano, pero ni se molesten en buscarla, la mejor es la versión para orquesta, es un chingazo en el hocico.

Cuando la escucho tengo espasmos y ansiedad en la punta de los dedos, me dan ganas de cerrar los ojos y temblar para causar el intrincamiento de mis músculos. Si la pongo a volúmenes estratosféricos es la muerte.

Bueno, mi obsesión con esta pieza era tanta que dejé de escucharla, me impuse un veto porque sabía que si seguía escuchándola tanto e indultándome secretamente acabaría por chotearla en mi ser, mi espíritu se aburriría de tanto Prokofiev y pa’ pronto la aborrecería.

Suelo aplicar este método para la música que me gusta un chingo y es doloroso, masoquista, horrible. No poder escuchar una canción que te gusta tanto porque tú mismo te lo prohíbes es inhumano, es cruel, vamos, que es una tortura medieval, es muy difícil de sobrellevar.

Mi método es poner la rola en una lista con muchas otras rolas y ponerle en modo Shuffle.  El Shuffle se encarga de tocar lo que le da la gana y yo tengo fe en que el Universo moverá sus hilos invisibles para que un día, cuando menos me lo espere, ponga “Montagues and Capulets” sin que yo le haya puesto ‘play’ con la intención de masturbar mi oído un rato.

Tú déjaselo todo al Universo.

Total que pasan las semanas y mi lista (que es considerablemente larga) no toca  “Montagues and Capulets”… yo me vuelvo loca esperando, deseándola, pidiéndole al Destino que intervenga en mi Spotify, pero no da señales de Sergio el bailador.

Hoy me doy por vencida y aprovecho que es viernes para darme.

Y claro, darles a ustedes también.

Con un placer enfermizo, les presento  “Montagues and Capulets”:

 

 

Si no sientes escalofríos estás destinado a morir lentamente por pinche insensible. Bye.

Desdoblarse es el quehacer del tiempo y el espacio en la habitación de Satanás

Adentro del corazón de una ciudad, detrás de la iglesia con una sola torre, en el rincón de una casa, sobre una cama escondida se desdobla el tiempo. Ahí las sábanas son de piel y en la piel un mapa tatuado indica el camino hacia ninguna parte.

Respetando el ritmo de cada minuto de la media noche, la bestia cierra los ojos y se arroja al vacío que es sus entrañas, se vuelve hacia adentro intentando perderse, pero sus movimientos lo traen de vuelta a su cuerpo.

El tiempo no se detiene, se desdobla en intervalos de dos horas que duran quince minutos, una habitación contiene a la otra igual que mi cuerpo contiene al suyo, no existe el espacio que se llama ‘afuera’ porque ahí es otro ‘adentro’ que sucede en el interior de otro espacio más grande, una espiral espacial que es una pesadilla.

En su privacidad que es frente a mis ojos, primero se quita la camisa, acariciando los botones que le queman los dedos, ojal tras ojal despega la tela de su espalda y ya su torso libre, sacude su pelaje al aire de la noche que conoce bien.

Sabe que lo observo pero me ignora a propósito y finge con maestría su soltura; sus movimientos son calculados por milímetros pero actúa descuidos, prepara la escena perfecta para anticipar su desnudez porque en ese plan radica su naturaleza depredadora.

A veces me regala su mirada y sus pupilas brillantes le fluorescen en lo profundo de la recámara, cuando esto pasa mi mente se inventa sonidos de junglas, de viento que acaricia precipicios lejanos, de monstruos deambulando en cavernas negras, de puras cosas de final horrible.

El sonido de la espiral me mantiene en el momento y ya sé que va a continuar quitándose el pantalón, desplazando sus ojos lento y mojándose los labios.  Ya falta poco para su libertad absoluta. El tiempo sigue desdoblándose en la última habitación de la última casa, detrás de la iglesia que sostiene una sola torre, en el vértice de la ciudad sin corazón.

Apenas ahora comienza el espectáculo de su cuerpo desnudo, dando vueltas adentro de esta jaula que es una habitación dentro de otra. Los músculos de sus extremidades se contraen con cada paso, el sudor se acumula en lugares donde alcanza el vaho de su resoplido, los tiempos desdoblados se acumulan y mis ojos se imprimen de su imagen hermosa y letal, como todo lo que es salvaje y está abandonado al curso de la intemperie.

Alta y soberbia la bestia desnuda me mira por encima de todo lo que es suyo y me llama.

Soy cordero.

La Lupi en Monterrey

Tengo algunos años bailando flamenco, no estoy segura de cuántos, creo que 8 o 7. Me he repartido esos años en tres academias, casi siempre siguiendo a maestros a quienes quiero aprenderles algo de técnica o coreografía.

Hace un par de semanas terminé mi año ‘escolar’ en la Academia de Danza Flamenca de Sabás Santos, un artista al que admiro y le tengo mucho cariño.

Fitting flamenco outfit

Generalmente, en las academias, se enseña técnica de pies y de brazos, y una coreografía por curso, este año aprendí una Rondeña, que es un palo flamenco (dígase un ritmo o género de los muchos que hay dentro del flamenco).

Ensayo general Ensayo general

El cierre de cursos se hizo con un espectáculo flamenco en el Teatro de la UANL, el pasado 23 de junio.

Sabás Santos

Ensayo general en el Teatro de la UANL Backstage Backstage

Fotografía de Manana An Fotografía de Manana An Fotografía de Raúl González Fotografía de Raúl González

Debo admitir que me sentí muy satisfecha de terminar mi año flamenco tomando mi primera clase para bailaores avanzados, con gente que tiene más de 10 o 15 años bailando; con gente a la que le aprendes, aunque sean alumnos igual que tú. Fue gratificante.

Raúl y Lix, se quieren y son novios Ilsa, Carlos, Susana, Manana y Oscar, a family portrait Mi Marcia y yo Alma, Andrea, Marcia, Elena, Lix y Malú.

Pero la historia feliz tiene un turn dramático, horrible y bello, algo así como una película de Disney para adolescentes.

Días después de terminar mi curso anual, me enteré que el Festival de Arte Flamenco Monterrey traía a la Ciudad a Susana Lupiañez, also known as La Lupi, bailaora profesional y diosa de la cumbia andaluza.

Mi mundo se sumió en una felicidad que no cabía en el cuerpo, un contentismo bailarín lleno de sueños dorados que sólo sueñan los fans cuando calibran la posibilidad de conocer a su ídolo. ¡Qué bueno que existan los ídolos, los mitos inalcanzables, las leyendas vivas que nos hacen siempre ser mejores!

Sobra decir que yo ya conocía desde hace tiempo el trabajo de la Lupi, la vi bailar con Miguel Poveda en Las Ventas, le vi mover los brazos como olas de mar tranquilo, ya conocía su arrebato y su duende añejo, no como las bailaoras jóvenes que mezclan la danza contemporánea y un poquito de desgarre andaluz. No. La Lupi es añejería, es gitana gorda (no que ella esté gorda, sino su baile lleno de energía gorda), es abuela andaluza con delantal bailando por bulería en medio del patio, es una admiración viva a las flamencas de antaño.

Sin dudar desembolsé mucho o poco (porque todo siempre depende del cristal en que se mire) para pagar un curso con ella, de dos horas al día durante cinco días. Diez horas de verla nomás, no me importaban los temas que tocara su curso, ni el tiempo, ni que las clases fueran para flamencos avanzados, sólo me importaba verla, así de cerquita, verle hacer flores y zapatear su zapato flamenco traído de Andalucía: Agh, muero.

Calentando antes de clase

Así me llegó un 2 de julio, en el Centro de Arte Flamenco, en San Pedro, cuando entré al estudio y la vi ahí paradilla, chiquitita, petite, diciendo “Pero, mujé, passen, passen, buenos días!”. Morí un poquito cuando me saludó.

Hace mucho tiempo que no recordaba estar tan nerviosa.

La clase comenzó con unas 20 alumnas y de inmediato se me terminó la luna de miel. Todo era muy difícil para mí, me sentía un costal bailando frente al espejo, un espantapájaros moviendo los brazos sin orden, horrible, un desastre.

La Lupi, apasionada, gitana y gritona, me intimidó muchísimo, no logré hacer nada bien y cuando terminó la clase me fui de ahí arrastrando mi optimismo.

A la verga todo, pensé, no sé nada. Todos estos 8 años pensando que bailo flamenco fueron una farsa, ni una clase que había tomado en la vida me había hecho sentir tan mal y comencé a dudar de mi habilidad/amor por y en el flamenco.

Al día siguiente fue peor, quizá lloré en el carro de vuelta a casa. Pensé en abandonar el curso porque era lo mejor para el grupo, La Lupi no tendría que detenerse a explicármelo todo en cámara lenta para que lo entendiera, y las demás chicas quizá podrían avanzar más sin mí.

Una conversación con mi novio guapo y no flamenco, me devolvió a poner pies en la tierra y al día siguiente me presenté con nuevos, igual de jodidos, pero nuevos, bríos.

Me dije: Mira, Liz, ya sabías que la Lupi era grandes ligas, en el fondo sabías que ni de pedo ibas a poder realizarlo todo y menos en dos días de clase. So, losen up, tight bitch, y ve a hacer lo que puedas.

Y créanlo o no, el tercer día me fue mejor. El cuarto me volvió a ir de la patada, pero ya no tan mal como el primer día, ya no le tenía tanto miedo a la Lupi y ahora sí me dediqué a preguntar un chingo y a corregir muchos vicios en posturas y en el flujo del baile.

La Lupi puso coreografía de Soleá por bulería y cuando me relajé lo empecé a disfrutar, me sentí más cómoda incluso al equivocarme, porque la Lupi es tan buena maestra, tan dedicada y tan ojo de águila, que hasta de lejos a tres mil kilómetros de distancia te detecta un error y te exige lo que ella ya sabe que puedes dar. Es la mejor, la adoro.

Fin de curso con La Lupi en el Centro de Arte Flamenco

Terminé bailando la pinche Soleá, con algunos espasmos, pero bailándola completita. Mi objetivo personal del curso no era aprenderme toda la coreografía (es imposible para mí, todavía, aprenderme una coreografía completa en 10 horas, lo siento, no puedo), sino robarle a la Lupi todo lo que supiera para mejorar el movimiento de cuerpo y que no se viera moderno o como posturas de ballet, sino agarrarle ese pellizco gitano, ese impulso de sentir el flamenco en los chakras, como dice ella.

Siempre busca la esencia, digo yo.

Al final del curso le confesé mi miedo y mi amor, le expliqué que ella para mí es lo que Paco de Lucía a un guitarrista: Dios.

Que le aprendí montones, que la admiro, que qué bueno que existe en este mundo. Y ella me regañó, me habló, me dijo cosas, mientras mi corazón se hacía grandote de tanta alegría.

la foto (12)

No terminé bailando hermosamente como otras alumnas, pero me llevé muchísimo de esas 10 horas y estoy sorprendida; me felicito de haber tomado el curso y agradezco que mi Raúl no me haya dejado claudicar.

No entiendo mucho de moralejas todavía por aquí, pero me quedé chida, muy contenta de haber sido bien regañada por la Lupi porque eso quiere decir que me observó y le interesaba corregirme y ya con eso me voy feliz, en paz con el mundo y conmigo.

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi, Fotografía de Raúl González

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi se presentó el sábado 6 de julio en el Teatro de la Ciudad con su espectáculo ‘Yo, conmigo misma’ y el teatro bien relleno. Si no fueron, se lo perdieron por mensos.

¡Qué viva el pinche flamenco!

You too deserve a drink

Posted On 20 junio 2013

Filed under obsesiones, qué risa

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El día que descubrí el canal de YouTube de Mamrie Hart era mi día de suerte: basicamente es una morra que hace bebidas embriagantes mientras cuenta chistes sobre famosos. ¿Qué más necesitas?

Cágate de risa ya.

Namasté, bitches!: A Bikram journey

Posted On 19 junio 2013

Filed under Bikram yoga, catársis, obsesiones, yoga

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Mi amor infinito y hermoso por el olor a patas, por las molestas gotitas de sudor que resbalan desde la espalda hasta el caminito entre las dos nalgas, por el dolor/placer en partes del cuerpo que no sabías que existían y por ese silencio efímero mental… mi amor por el yoga… me llevó hace un año a un estudio de Bikram.

El amor se convirtió en obsesión y este es el primer paso para combatir el vicio, aceptar que tengo un problema: Amo el yoga con todo mi cuerpo y mi alma.

Tengo algunos años (yo calculo que deben ser menos de cinco) practicando diferentes “estilos” de yoga  y hace poco me volqué en el Bikram.

Bikram Yoga es (pa’ no hacerla de pedo) un tipo de yoga suave que se practica en un estudio cerrado a 40 grados centígrados. Esto es un tema de controversia porque yo he estado en clases a 46°, e incluso el estudio a donde yo asisto dice que la sesión es a 42°… sin embargo yo sostengo que fácil se puede llegar a 50°, porque si estás en una sala cerrada con 45 personas haciendo yoga a 40°, la energía sube la temperatura y la práctica de todos hace que se genere más calor.

Bikram yoga

La experiencia es única, retadora y satisfactoria, porque quemas grasa de a madre y en el calorcito, estirándote y doblándote, tu cuerpo se tornea bien bonito y a todos tus músculos les encuentras una razón de ser.

Se suda muchísimo-exagerado-noteimaginas. Te sudan las partes sudables y además las no sudables, como los párpados, las rodillas, los codos, el interior de las orejas… todo absolutamente todo te suda.

Luego comienzas a gotear, gotear sudor literal, levantas un brazo y está el brazo goteando como si fuera una llave abierta… es un desmadre.

Sudas tanto que por ahí es donde se va la lonjita, el muffin top, la agarradera del amor, el pachiclón… ah! qué chulada! Pero sudar se vuelve un arma de doble filo, porque así como la sudada es masiva, la hidratación debe ser doblemente masiva.

Padangustasana

Utkatasana

Hace un mes comencé un reto de 30 días sin descanso, la onda era hacer 30 clases de Bikram seguidas (cada clase dura 90 minutos), sin faltar sábados ni domingos, a la hora que quisieras pero sin interrumpir el ciclo.

Los primeros días tenía sed todo el día todos los días, abría una botella de un litro de agua y me la echaba en 5 minutos, a veces de un jalón, porque mi consumo de agua al día subió a 2 o 3 litros. A veces tomar un whiskey con agua mineral (muchas horas después de clase) se sentía como la gloria, porque el agua mineral te devuelve parte de los minerales que pierdes cuando sudas las toxinas, y el whiskey… bueno, ya sabes tú la cantidad de propiedades benéficas del whiskey jajajaja

Después de clase también me daba un hambre voraz, pero noté que mi apetito cambió, ahora no soportaba las hamburguesas, las papas a la francesa, los tacos grasosos, las tortillas de harina… mi cuerpo me pedía ensaladas.

Yo juro sobre la tumba de mi abuelo muerto que jamás comprendí a las personas que consideraban la ensalada como un platillo, no entendía cómo podías domar tu hambre con hojas verdes… después del Bikram lo entendí porque ahora mis antojos eran de ensalada con pedacitos de pollo, una zanahoria hervida (qué pinche rico), una sopita de brócoli, una limonada natural… o sea, mi cuerpo requería ligereza y lo demandaba.

Eso fue bueno, descubrí una manera distinta de comer, pero no presiones, todavía me dan antojos de una orden mixta en la Taquería Juárez.

Dandayamana Janushirasana

Pada Hasthasana

Físicamente mi rendimiento subió muchísimo, mi cuerpo cambió, adelgacé considerablemente, pero el cambio mental y psicológico no tiene precio. Meditar después de una buena sesión se siente increíble, tu cuerpo está agotado, pero a la vez lleno de energía y ahí es donde tu mente toma el relevo.

El poder de callar tantas voces pendejas que traes en la mente, el poder de hacer silencio y nomás andar resbalándose en un vacío sin color, sin espacio, sin forma… El latido de tu corazón retumba adentro y sientes una ola que viene cargada de fuerza y calma al mismo tiempo.

Ahí, se hace un espacio para callar todo y permitir que las cosas se manifiesten solas, que los problemas hallen sus soluciones ellos solos, que fluya ese algo que no puedes detener: el tiempo, los años, las impotencias, los rencores, todo fluye, todo pasa, viene y se va. Suéltalo todo, nadie tenemos control de nada.

A veces he intentado escribir ese tipo de viajes, pero es imposible, son cambios individuales, personales, privados, sin cabeza ni pies, no se pueden explicar.

Me da miedo sonar como una hippie idiota, porque todos dicen lo mismo sobre meditar, pero es increíble, es lo máximo, es mejor que cualquier droga, alomejor hasta mejor que coger… no lo sé.

Janushirasana

Dandayamana Dhanurasana

…Pero volviendo al reto…

Hice 30 días de Bikram non-stop. Falté cinco días de esos treinta, pero los repuse tomando sesiones dobles.

Con sangre y a chingazos aguanté clases dobles, combinadas con mis clases regulares de flamenco: esos días terminaba agotada. Soporté los pedos de gente que no puede controlar su esfinter durante el yoga, aguanté a las morras que tienen que verse al espejo cada cinco minutos para secarse el sudor de los hombros y arreglarse el cabello; toleré a los vatos que entran bien chingones y luego se la pasan resoplando toda la clase como caballos muriéndose; a las viejas que les encanta exhibirse en los cambiadores y se desnudan para, con las tetas al aire, platicar con gente desconocida…

Pero también conocí gente comprometida con su práctica, gente que realmente trae un nivel de energía tan chido, que inmediatamente te caen bien; personas con ideas distintas sobre el ejercicio de vivir, personas un poco locas, pintorescas, raras… la diversidad le pone sabor al caldo.

Dicen que todas las cosas llegan a nosotros en el momento en que estamos listos para recibirlas, y si este post les hace considerar al menos, in the back of your mind, tomar alguna vez una buena clase de yoga, no lo duden nunca, el yoga cambiará sus vidas y de paso se las extenderá unos años más.

Namasté, bitches!

P.d. En Monterrey, me parece que sólo hay una sala de Bikram yoga.

Aquí pueden encontrar info: http://www.bikramyogamonterrey.com/home/

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