Defensa de un corrido norteño o “Que chinguen a su madre los cabrones de este mundo”

Hace un par de semanas me obsesioné… otra vez, para variar. Esta vez, mi obsesión se llama Los Cadetes de Linares… o más bien, un corrido, en particular, de Los Cadetes de Linares.

Los Cadetes de Linares

Ningún regiomontano puede negar, con todo su hocico retacado de carne asada y su panza atascada de Tecate roja, que no ha escuchado en su vida un corrido de Los Cadetes de Linares.

A estas alturas, que ninguno venga a persignarse con que sólo escucha la música que escucha porque la letra de un corrido de los Cadetes viene tatuada en la nalga de la vaca que nos tragamos cada pinche reunión familiar y borrachera en Nuevo León. Sí, señor.

Los corridos a todos nos los metieron a la fuerza por las orejas y la verdad es que no podemos no ponerles atención: ahí está la sabiduría de nuestro pueblo norteño, en ellos se contienen la vergüenza y el orgullo de los nuevoleoneses.

cadetes-de-linares-5

De aquí somos, ni modo, esta es la cruz de tu parroquia, así que vamos por partes y vamos a quitarnos los prejuicios musicales, vamos a deshacernos de las capas de esta cebolla que juzgaba a los botudos y asombrerados que llegaban en una Lobo Ford al Rodeo Zuazua o a los rancheros que en las cantinas nomás están en el duroydale con el Viejo Paulino.

Vamos a ubicarnos y a asumirnos como lo que somos: habitantes del norte de México.

Después vamos discernir individualmente para nuestros adentros (cada quién su propio ‘adentro’) qué es lo que hace bueno o malo a un corrido.

Los Cadetes de Linares

Desde aquí todos coincidiremos en que Los Cadetes de Linares son la crema y nata de la música norteña, para donde le busques, ellos son la crème de la crème del corrido. A su voz principal, el Señor Homero Guerrero, un día le salió está voz aguardentosa, se dispuso a arrastrar un poquito las palabras y a entonarse en idioma norteño, y valió madre porque cambió nuestras niñeceseses (sic), qué digo, nuestra puta vida, porque que tire la primera piedra el que nunca se ha echado unas cheves escuchando a los Cadetes… Y si realmente nunca te has puesto pedo escuchando a los Cadetes, entonces discúlpate y vete, eres una deshonra para el Cerro de la Silla.

Alomejor se va a escuchar bien mamón, pero es que yo viajando me di cuenta de lo ricos que somos en tradiciones y cotorreos culturales; desde París me hice fan de Ramón Ayala, en España supe apreciar a José Alfredo… son esas cosas que comprendes cuando ves a tu país desde afuera.

Pero, bueno, volviendo a lo que nos truje, aquí vengo a apelar por el corrido de Las Tres Mujeres.

 

 

Para empezar, el corrido no está en Spotify, supongo que es demasiado underground; Spotify tampoco tiene ni una rola de Nargaroth, ni de Ordo Funebris, así que queridos amigos puristas musicales, amantes de lo true y lo beautiful, y compañeros hipsters: este corrido es una absoluta joya.

Si lo analizamos literariamente, tiene de todo: terror, intriga, engaño, arrepentimiento… musicalmente, el acordeón tiene un sello distintivo, y además cumple con los parámetros del género: desarrolla una anécdota, rima y cada verso mide ocho sílabas.

 

Por ahí dice una leyenda que en el rancho de Canales

se aparecen tres mujeres que en vida fueron rivales

se dieron de puñaladas, allá entre los mezquitales.

 

A mí, la neta, es que se me hace bien pendejo el plot de que tres mujeres, cegadas por celos, se agarren a filerazos por un cabrón… habiendo tantos en este mundo, muchachas!

Pero bueno, vamos a poner que este corrido fue compuesto en los años 40’s por un señor que se llama Ramiro Cavazos, quien nació en Los Ramones, Nuevo León, y quien trae un background ranchero. Ahí dices, okey, en ese entonces (y en la actualidad) no hay mucho con qué distraerse en Los Ramones, por eso la raza se daba vuelo con casi cualquier cosa.

 

El causante de sus muertes Santos Valdez se llamaba

a las tres, por separado,  les decía que las amaba,

pero a ninguna quería, nada más las engañaba.

 

En este punto quiero apuntar cómo ha evolucionado el papel del hombre cabrón en nuestra sociedad mexicana.

El vato, casual, se cotorreaba con tres morras al mismo tiempo, todo el mundo lo sabía (este es el génesis del corrido) y no había pedo. Aquí me cala mucho (y muy personalmente) la exaltación de la esencia del cabrón. Vato, felicidades, bravo (aplausos), eres un cabrón, un pinche cuasi-hombre, una pinche basura humana, una lacra de género, una mierda de persona: ¡Vamos a componerte un corrido! Vamos a inmortalizar a Santos Valdez con el rostro de cientos y cientos de hombres que tienen un pene en el hueco donde debería ir un cerebro. ¡Bravo!

 

Lucita era de La Posta; de Charco Azul, María Inés;

Esthela era de Reynosa, la más brava de las tres,

decía: “Yo pierdo la vida, antes que a Santos Valdez”.

 

Mi investigación exhaustiva me llevó a descubrir que existe un ejido en Juárez, Nuevo León, que se llama La Posta (con nueve habitantes, un hecho verídico) y otro de nombre Charco Azul (este con 200 habitantes). Sin embargo, el hecho de que Esthela era de Reynosa me hizo investigar más para el lado de Tamaulipas y, en efecto, ambos lugares también existen en el vecino Estado. Resulta que el compositor, Ramiro Cavazos, nació en Nuevo León, pero vivió en la frontera de Reynosa (de hecho, creo que vive o vivía en Mc Allen), entonces yo creo que estamos hablando de tres mujeres tamaulipecas aquí.

Esta estrofa se lleva el verso más bonito del corrido “Esthela era de Reynosa, la más brava de las tres, decía: “Yo pierdo la vida, antes que a Santos Valdez”.

Creo que el machismo con el que crecí me hace pensar en Esthela como una amazona, una viejota con más huevos que Santos Valdez, enamorada, feroz, una morra de convicción que pensaba (esto quizá pueda ser una proyección, me deslindo de mi inconsciente) que hay que ponerse la camiseta del amor y decir: “Este es mi vato, en el amor por él me defino”. Una chulada de mujer.

Sin embargo, es una verdadera lástima que Esthela haya apostado su vida por un pendejo. Aplique aquí el concepto popular que dice “Te quedó grande la yegua y a mi me faltó jinete”.

Pero sobre todas las cosas del corrido, hay que señalar algo: Ni Lucita, ni María Inés, ni Esthela tienen apellidos, pero Santos es EL SEÑOR SANTOS VALDEZ. O sea, no nos importa quién vergas sea Lucita, quien para colmo ni siquiera le pudieron dejar el orgullo de ser Luz o Lucía… vaya, es una Lucita cualquiera, una morra más de las que el pendejo de Santos Valdez se cotorreó, vale madre. Aquí estamos hablando de las hazañas grandiosas del Señor Santos Valdez, compermisito, vamos a aplaudirle su cabronez.

 

Dicen que en Laguna Seca cuando la gente pasaba

se oían gritos de mujeres cuando ya el sol se ocultaba

eran aquellas valientes que ya de muertas penaban.

 

La versatilidad del corrido nos ofrece terror. Qué chulada.

 

Santos Valdez fue a sus tumbas para pedirles perdón,

rezaba sus oraciones con todo su corazón

y quién había de pensarlo que allá murió en el panteón.

 

En disertar sobre el arrepentimiento de un cabrón se me va el post entero, así que aquí le voy a parar.

 

Quiero cerrar este análisis con mi pronunciamiento a favor de toda la música popular y con una propuesta para reivindicar el corrido norteño.

Yo sé que los tiempos definen a la música, pero ahorita se habla de puras pendejadas en los corridos. Hay muchos corridos ‘de los de antes’, de los Montañeces del Álamo, de Ramón Ayala, de Carlos y José, de Luis y Julián, de los Invasores, que son joyas norestenses.

Sí, antes también había narcos, celos, asesinos e invictos, pero siento que antes había una raíz que no se soltaba del pueblo y el pueblo significaba familia, honor y tradición. Supongo que con la urbanización hoy es más difícil componer algo sustancioso y tradicional. Es triste, pero pasa en todos los géneros musicales.

En fin… brindo por Los Cadetes de Linares, que a todos los regios nos dieron identidad musical!

Brindo por Lucita, María Inés y Esthela, que su compromiso con su corazón sea eterno a través de este corrido y que chingue a su madre Santos Valdez!

Ojalá que en el más allá las tres mujeres le estén poniendo una madriza.

¡Salú!

Lo más bonito del mundo: el son jarocho y huasteco

Las cosas bonitas de la vida no se pueden negar. Son gigantes, perennes, humildes pero brillantes, no podemos no verlas ni aunque quisieramos porque nos llenan tanto el corazón que son reconocibles de inmediato.

Así existen los ocasos, Jason Momoa, el olor del café, el pelaje de un animal, el aguacate untado sobre el pan, las catedrales, los besos…  y el son jarocho.

La música existe para eso nomás, para enaltecer las cosas bonitas de la vida, y Dios bendice al son por hermoso, sencillo, por acomedido.

Yo anduve mucho tiempo de mi vida oyendo música muy complicada por creerme intelectualosa, por orgullo, por pegarle a la mamada, vaya.  La música y yo manteníamos una relación enfermiza (que para eso me pinto sola):  Entre menos le entendía a cierto género, más me obsesionaba saber en qué consistía. Comportamientos autodestructivos, diría mi psicóloga.

De todas maneras, no fueron en vano esos años porque aprendí a chingazos.

Por ejemplo el jazz, hasta la fecha no lo comprendo, supongo que es de esos géneros en los que ocupas un chamán para entrar en ellos, alguien que te guíe, que te lleve por aquí o por acá y que te explique el significado detrás de esa maraña de notas.

Lo digo porque el flamenco lo conozco bien y es un género que yo llamo chamánico, ocupas que alguien te lleve de la mano.

Así aprendí a probar, a entender, a comprender y a vivir una vida musical de libertad y sin encasillamientos.

Me gusta Ramón Ayala tanto como Michael Jackson, Arvo Pärt, Camarón, Morten Veland o Al Cisneros: La buena música es buena. Sea el género que sea.

Recientemente, y después de mi relación enfermiza con la música complicada, descubrí la música sencilla. Me refiero a la música que te lleva a lo primigenio del ser humano, desde su contenido hasta su sonido.

Para saber sobre Black Metal tienes que investigar que en Noruega, en 1989, hubo un movimiento que estaba basado en blablabla…  Para saber sobre el rock and roll tienes que saber que emergió del blues en mil novecientos cuarenta y tantos y mutó para convertirse en blablabla…

Le llamo género sencillo a la música que un día, un hombre tomó un instrumento y compuso una canción de lo que veía: el mar, su vecina, su perro, un mosco, un sueño, la oscuridad, cosas que no necesitan un background para ser explicado.

El son jarocho es una cosa así, bonita, profunda en su sencillez, poética, dolorosa, mística y franca como una bofetada. Es un honor que su sonido sea mexicano.

Me obsesioné hace unos meses y me documenté con un compañero de trabajo que es veracruzano, me puso en la carretera del conocimiento y de ahí agarré pa’l real.

El son, jarocho o huasteco, es una preciosidad; si usted es mexicano lo felicito, dése cuenta que tiene al son como patrimonio, como currículum, como sangre. Felicidades.

Aquí le dejo una lista de mis sones favoritos con algunas notas de mi cosecha. No importan los géneros que le gusten o le disgusten, pruebe aquí, usté nomás déjese llevar, que al cabo ya trae a México en las venas.

De nada.

 

 

Cuando el marinero mira la  borrasca por el cielo

Se queja, llora y suspira, le dice a su compañero:

Si Dios me presta la vida no vuelvo a ser marinero

 

 

Como que te va, te vas, como que te viene, vienes

Como que en tus lindos brazos arrulladito me tienes

 

 

Xihualacan compañeros ti paxalo ce María

timiyehualotzan ipan tonantzin Santa María Guadalupe

 

 

A un Santo la encomendé porque todavía la quiero

Porque todavía la quiero, la lloro y la lloraré

 

Quisiera volverme planta para no morir de viejo

Para no morir de viejo porque la muerte me espanta

 

 

¿Cómo te llamas, morena? Me llamo Juana María

Si te corren de tu casa te vendrás para la mía

 

Cuando escucho La Morena ganas me dan de llorar

Me recuerda a la sirena, que la canta por la mar.

Ella canta por el mar para formar un encanto

Como ella no puede amar su cantar más bien es llanto

Por eso cuando la canto me dan ganas de llorar.

 

Si en el mar se escuchan voces, son voces de la sirena

Y sólo la reconoces si de amores tienes pena.

Quien de amor no tiene pena no se puede imaginar

Cuánto sufre la sirena que tiene prohibido amar

Purgando así una condena.

 

 

No me manden a lo oscuro a morir como un traidor

Yo soy bueno y como bueno moriré de cara al sol

 

Adiós, adiós, madre del río, madre del río

La lluvia negra, la lluvia negra en el caserío.

Adiós, adiós, madre del monte, madre del monte

La lluvia negra, la lluvia negra en el horizonte.

Sergei ‘El Bailador’ Prokofiev

Como yo creo en que nada es una coincidencia, una mañana el Universo me agarró de los pelos y me aventó a un cuarto donde sólo estaba la obra de Sergei Prokofiev, compositor y pianista de otros tiempos (¡Qué importan cuáles tiempos!).

Ahí me puso frente a frente con una pieza que se llama “Montagues and Capulets”, conocida por “The dance of the knights”, compuesta para una obra de ballet sobre Romeo y Julieta en 1935 (Estamos hablando que en 1935 mi abuela tenía 15 años, por ponerte un ejemplo; o sea, hace poco, es una pieza chavita).

En realidad estaba buscando el “Fortune Plango Vulnera” de Karl Orff en su Carmina Burana y encontré un disco que se llama “150 minutes of dark classical music”; muy bueno, aunque obviamente 150 minutos no son nada para contener tooodas las obras maestras oscuras de la música clásica. La intención es buena y el disco trae muchas piezas grandiosas que te vuelven loco y te hacen cuestionar “¿Qué putas estaba pensando Beethoven cuando escribió la Apassionata? No jodas, pinche Ludwig, con esos sustos” (Por cierto que Verdi también era un pinche freak, ve a ver lo que tiene, pinche loco).

Total que, volviendo a lo que nos atañe, descubrí al Señor Prokofiev: un amor de pelado.

Sergei Prokofiev

La “Montagues and Capulets” me robó todo lo que me quedaba de sanidad, es una melodía que me taladró la cabeza durante meses. La escuchaba en el silencio, la soñaba, la tarareaba todo el tiempo…

Descubrí que Prokofiev, o Sergei, o bueno, Sergio el bailador, pa’ la raza, compuso una versión de esta pieza para piano, pero ni se molesten en buscarla, la mejor es la versión para orquesta, es un chingazo en el hocico.

Cuando la escucho tengo espasmos y ansiedad en la punta de los dedos, me dan ganas de cerrar los ojos y temblar para causar el intrincamiento de mis músculos. Si la pongo a volúmenes estratosféricos es la muerte.

Bueno, mi obsesión con esta pieza era tanta que dejé de escucharla, me impuse un veto porque sabía que si seguía escuchándola tanto e indultándome secretamente acabaría por chotearla en mi ser, mi espíritu se aburriría de tanto Prokofiev y pa’ pronto la aborrecería.

Suelo aplicar este método para la música que me gusta un chingo y es doloroso, masoquista, horrible. No poder escuchar una canción que te gusta tanto porque tú mismo te lo prohíbes es inhumano, es cruel, vamos, que es una tortura medieval, es muy difícil de sobrellevar.

Mi método es poner la rola en una lista con muchas otras rolas y ponerle en modo Shuffle.  El Shuffle se encarga de tocar lo que le da la gana y yo tengo fe en que el Universo moverá sus hilos invisibles para que un día, cuando menos me lo espere, ponga “Montagues and Capulets” sin que yo le haya puesto ‘play’ con la intención de masturbar mi oído un rato.

Tú déjaselo todo al Universo.

Total que pasan las semanas y mi lista (que es considerablemente larga) no toca  “Montagues and Capulets”… yo me vuelvo loca esperando, deseándola, pidiéndole al Destino que intervenga en mi Spotify, pero no da señales de Sergio el bailador.

Hoy me doy por vencida y aprovecho que es viernes para darme.

Y claro, darles a ustedes también.

Con un placer enfermizo, les presento  “Montagues and Capulets”:

 

 

Si no sientes escalofríos estás destinado a morir lentamente por pinche insensible. Bye.

Un sueño de Enrique Morente

Posted On 1 febrero 2014

Filed under admiradora, flamenco, horror, música, sueños

Comments Dropped one response

Esta era una habitación pintada de azul eléctrico con algunas ventanas amplias y sin cortinas que dan a una playa que no se ve desde aquí adentro. Hay un piano viejo que emite algunas notas en el silencio ronco de la frecuencia de las olas del mar, y sentado frente al piano está Enrique Morente.

En cuanto lo veo se me encienden los ojos, siento un fuego incontenible de querer ir a abrazarlo con las llamas, de preguntarle cómo, por qué, dónde, cuándo, todo. Y voy, porque así son las oportunidades, un caminito invisible que nos lleva a actuar por impulso, pero ya ciegos, seguros de que el resultado va a ser bueno.

Le digo que qué hace aquí, que por qué no hay nadie conversando con él, que ‘mucho gusto, soy mexicana’. Él dice que qué bonito acento tengo, que no suena a mexicano. Entonces con más orgullo golpeo mis frases, porque soy regia, “Soy del norte, Señor Morente”.

‘Ah’s y ‘Oh’s, y ‘fíjate, qué interesante’.

Sí.

Me pide que me siente a su lado, que vamos a cantar. Se pone frente al piano, empieza a tocar algo que le dictan sus dedos, algo que no está inventado todavía. Me dice “Toma esto, te va a ayudar”, y en mi mano pone un mango, una fruta amarilla y negra, porque el mango está cubierto por cabello, pedazos de cabello como de una peluca mal hecha o un animal de rincones.

En mi mente me muero de asco porque los mangos me dan repulsión, y éste con cabellos largos púbicos me causa una arcada instantánea.

Pero Morente se arranca tocando el piano como los grandes, aplastando las teclas fuerte y su sonido ya rebasa a las olas del mar; poseído por el arte cierra los ojos y yo me doy cuenta de que estoy frente a un semidios, una leyenda viviente. El alma se me llena de lágrimas porque hasta en mis sueños yo ya sé que éste está muerto, que estoy sentada al piano junto a un fantasma, un holograma romántico que canta jondo.

 

Morente toca un fandango y pronuncia fuerte y rajado:

“Se estudia y se aprende bien lo más difícil del mundo,

se estudia y se aprende bien.

Me puse a estudiar tu cariño y no lo pude comprender

por eso sufro y lloro como un niño”.

 

Quise tirarme al suelo y echarme a llorar en su regazo, pero pronto era mi turno de cantar, me lo dijo con los ojos.

El mango en la mano, con todo y sus pelos, se suponía que era el amuleto para cantar bonito, para invocar un fandango sentido que acompañara al del maestro.

Muchas coplas desfilaron por mi mente y elegí la mía, pero cuando abrí la boca el mango se comenzó a mover en mi mano. Se movía y sus cabellos espantosos me hacían cosquillas repulsivas en la palma, volteé a verlo y el mango estaba en plena mutación, se movía como si tuviera un feto dentro y entonces se le formaron unos brazos y unas piernas.

Solté la fruta-hombre en plena transformación y cayó al suelo haciendo el ruido seco y viscoso de la fruta cuando se cae del árbol. El sonido de su caída retumbó sobre el piano y el mar y yo lo hice inmenso en mi mente, como de carne golpeada, como de suicida, como de puerco muerto, como de nalga. Horrible.

En el suelo seguí con horror la deformación del mango, su cambio hormonal de fruta a monstruillo, mientras Enrique me veía como si fuera una asesina.

‘Lo siento, Enrique, es que el mango está vivo, ¿qué hago?, perdóname’.

Al mango le crecieron pies, manos y una cabeza, su piel amarilla se magulló con la caída, pero eso no impidió que siguiera moviéndose, como naciendo. La criatura se quedó en el piso, revolcándose, intentando crearse un rostro, pero no lo logró. Sus pelos se convirtieron en raíces secas y el olor era insoportable. Las moscas lo llenaron y Enrique y yo sólo nos quedamos mirando.

 

Black Metal ist Krieg: Un acercamiento al Black Metal

Black metal meme

… And I like my black metal just like I like my men: raw and atmospheric.

La primera vez que escuché rock (conscientemente) fue Guns and Roses, estaba en secundaria y me acuerdo que ponía el Use Your Illusion I y detenía el cassette de vez en cuando porque me aturdía tanto ruido junto. No me molestaba, más bien la música me ponía ‘restless’, me daba un poquito de ansiedad que me generaba mucha energía y no sabía que hacer con ella.

Obvio, tomen en cuenta que a esa edad mi background musical era Michael Jackson, Timbiriche, Flans… y de pronto (no me acuerdo cómo di con el cassette): November Rain.

Mi yo pre-adolescente se quedó así:  O.O  cuando vi a Slash tocando un solo frente a una iglesia en medio de un desierto. Mi niña precoz dio un gasp cuando vio a Axl Rose en shorts de licra blancos, oh-heavenly-sight, nunca más otras nalgas en licra opacaron a las de Axl.

Anyways, en mi inminente encuentro con la adolescencia encontré un punto de alivio a mi ansiedad en el rock y comprendí que su uso práctico y real es de descarga de energía extra, de liberamiento de ansiedad, de enojo, de estrés y de todos esos desmadres psicológicos que nadie nos enseñó cómo liberar.

Y supongo también que ese es el significado de la música en general, liberar emociones o sentimientos, pero en el caso de la música pesada, oh boy… 

Con el tiempo evolucioné a géneros cada vez más ruidosos; me acuerdo que en la prepa me quedaba dormida escuchando en el Walkman el Vulgar Display of Power, de Pantera (Happy days). Pasé por muchas bandas de rock, punk, metal, hasta que: Black Metal.

De ninguna manera soy una persona capacitada para explicar el Black Metal, pero todas las cosas complicadas requieren una justificación por su complejidad, y me siento segura de justificar un poco porque entiendo cómo funciona el Black Metal en mí.

Cuando escucho una buena banda de este género, siento unas ganas irresistibles de golpear mi cabeza contra una mesa repetidamente, como un martillo.  Quiero gritar hasta que vomite los pulmones por la garganta, hasta que me ponga morada y se me salgan los ojos de un saltón; me dan ganas de golpear cosas con los puños cerrados… Mi hermano comparó un día el riff de guitarra de una banda de black  metal con el “Crunch de galleta María” and I totally dig it. Muerdan una galleta María y el crunch que oyen adentro de sus oídos, multiplíquenlo por milputomillones, transfiéranlo a música y así se siente el Black Metal. (Gracias, Dios, por darme un hermano conocedor de la materia).

El Black Metal consiste en una serie de riffs repetidos en frecuencias rápidas y estridentes, puede que sean insoportables, pero el truco consiste en saber que el Black Metal está creado para inducir un trance, un estado de congestionamiento en el cuerpo que sólo es liberado a través de un ‘headbang’,  eso que hacen los rockeros cuando agitan el cabello y toda la tocada se queda oliendo a Pantene.

Cuando vi que pude alcanzar el trance y quedarme cómoda ahí, busqué hermosismo y di con el Atmospheric Black Metal. And I’m in love.

Podríamos discutir horas sobre la parafernalia del Black Metal, el origen, los spikes, el corpsepaint, los logos de las bandas, los nombres, la ‘filosofía’, los ‘trues’,  los temas que aborda, hombre, que esto da para una puta tesis… pero no lo haremos hoy, quizá luego.

Por ahora quiero compartir con quienes se dejen, una selección de mis piezas favoritas, recientes y más impactantes. Alomejor como un acercamiento indefenso e inocente al Black Metal.

Si nunca han escuchado Black Metal en forma y no andan de humor de oír algo nuevo, no escuchen nada de esto hoy.

Pónganlo en su lista de YouTube de “Watch Later”, para que un día, cuando se sientan cómodos consigo mismos y quieran escuchar algo nuevo sin juzgar y con la inocencia de un primerizo ávido, escuchen algunos de estos temas sin repulsión.

Dénle tiempo, Black Metal has to grow on you.

El que se siente bien “true” y dice que no oye nada más que Black Metal, es un pendejo, porque el Black Metal no puede escucharse todo el tiempo, y el que de verdad lo está oyendo todo el día, no lo está apreciando.

El oído para el buen Black Metal se pierde si uno se abandona a él, es la naturaleza de un género musical agresivo, rápido y violento, como lo es éste… una cosa complicada.

El caso es que paso a dejarles un par de cosillas interesantes para newbies. Los que se sientan muy puristas y ortodoxos, pasen a chingar a su madre, aquí voy a poner nomás lo que me gusta.

Dark Throne – Quintessence

Una canción escrita por Varg Vikernes, cuya temática es la inmortalidad/omnipotencia de aquellos que dejan que sólo una fuerza guíe su vida: SATAN. This ist Krieg, dudes, I tell ya’. Puede o puede que no coincida con estas diatribas satánicas, pero:

“Only one single lamp do show me this way
And that is the eye of Satan”

¡EPIC!

Nargaroth – A whisper underneath the bark of old trees 

Nosotros le decimos “Nalgaroth”. Le comenté a Raúl que esta rola quería que fuera el soundtrack de mi funeral (True!), que esté en loop en el cuarto donde tengan mi ataúd. Los growls (a mi gusto) deben ser así, inaudibles, y tiene una melodía escondida que me llena de cosas bonitas y me hace sonreír (Noña!), es una de mis favoritas por su cadencia. Contiene un diálogo extracto de un filme de Fritz Lang, M (1931). La muvi trata de un asesino de niños (Peter Lorre) que escucha voces que lo obligan a matar. En la rola suena la confesión del asesino: Desgarradora.

Hermóðr – Slutet På Hans Sista Resa

Atmosférico, esférico, sueco, reciente, lanzado en el 2012. Mi reciente obsesión.

Alcest – Solar song

Una banda francesa, nuevita, famosa por mezclar Black Metal con Shoegaze, con un resultado dudoso de que el Black Metal vaya, en un futuro, por un camino true y ortodoxo. Esto es hibridez pura y hermosa, algo que le dicen Post Metal (Dude, we’re old!).  Me recuerda un poco a Sigur Rós (I know, weird, isnt?). El cantante, Niege, es una joya! Talento hasta en los calzones.

Falgar – La dama del alba

¡Señores, Black Metal Latinoamericano! De Puerto Rico y en español, qué chulada. Suena mucho a Dark Throne en su etapa gloriosa, creo yo. Amo los growls en español.

Y eso es todo.

Ahora, pongámonos corpsepaint y seamos TrueBlackMetals para siempre:

Black Metal Grumpy Cat

Black Metal Grumpy Cat II

Otro 25 de marzo

Posted On 26 marzo 2013

Filed under catársis, música

Comments Dropped leave a response

“I know you didn’t want to leave
Your heart yearned to stay
But the strength I always loved in you
Finally gave way”

El sueño de una defensa pública

Hace poco fui a una fiesta, ahí me quedé sola unos momentos con gente que no conocía. La música había sido toda la noche una mezcla de ochentas, goth pop, rock a lo Joy Division y muchas cosas que yo oigo como idénticas todas (Perdónenme, fans de Joy Division).

No me malentiendan, creciendo con una familia de ‘Sopa de caracol’ en las fiestas y ‘El Corrido de Laura Garza’ en las Navidades, tengo callo para tolerar muchos géneros de música. Sé muy bien lo que me gusta y lo que no, pero no repudio, ni condeno a Satánas… a veces está chido salir de mi zona de confort musical (Así me presentaron postmortem a Jenni Rivera).

Total, que en esta fiesta me quedé sola por un momento con un grupo de personas que no conocía y como no bailaba ni disfrutaba el volumen alto de aquellas piezas doradas (quiero pensar que fue por eso), me preguntan de pronto: “¿No te gusta Joy Division o qué?”.

No me lo pensé ni un minuto y dije: “No”.

De inmediato noté la incomodidad de mi respuesta en todas las personas que estaban en ‘la bola’. La regué.

Alguien entonces, con un corajito disfrazado que yo entendía que había tocado un punto sensible, continuó: ‘¿Ah no? ¿Entonces, qué escuchas?’

Vato, escucho un chingo de cosas, pero mi primera respuesta fue: Flamenco.

Me arrepentí un poquito luego, porque me vi en la necesidad de justificar que me gustaba el flamenco y no lo hice.

No lo hice porque sentí no tenía por qué dar explicaciones a gente que no conozco de por qué me gusta lo que me gusta, pero después me quedé con una espina que no me he podido sacar.

A veces revivo esa noche y se me ocurre un gran discurso de defensa pública del flamenco, un alegato justo que dejara fuera esta vergüenza implícita porque no me gusta Joy Division. Pienso en muchas cosas que debí decir, una lista entera de cosas físicas, poéticas e invisibles, un evangelio bonito que le hiciera justicia a Camarón.  Pero no, nomás dije: “Ah pues no sé… me gusta”.

Mi situación es difícil, me declaro una incomprendida, a veces mi mamá muestra un poco de interés, un compañero o dos del trabajo con los que a veces puedo discutir de gitanos un poquito… incluso mucha gente con la que bailo flamenco en las academias no sabe de flamenco, buscan la danza flamenca, pero no se interesan por el más allá.

Y es muy difícil, habiendo tantas cosas bonitas en los soleares, en las granaínas, en los fandangos, tantas coplas hermosísimas, tanta pasión imprimida y desperdiciada cuando voy en mi carro, pongo música y me dicen “Ay no, ¿otra vez flamenco?”.

Sé que el flamenco es complejo, no es fácil de digerir, pero esa tosquedad es tan pinche bonita una vez que entiendes el código, una vez que le das una oportunidad y conoces la historia, que lees un libro, que comprendes de dónde viene esta letrita o este compás. El gusto por el flamenco es un premio después de haberlo sufrido, digo yo.

Hace unos días descubrí esta canción, esta versión en vivo de una canción de Manuel Molina, un gitano de los de verdá (Y eso que fue hippie en sus días mozos).

Es un poema de Federico García Lorca, musicalizado por Molina y cantado por su hija, Alba.

Les dejo el video y el poema como un regalo, no como cuatro minutos de tortura.

Romance de la Pena Negra

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.

Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las sierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache, cama y ropa.
¡Ay mis camisas de hilo!
¡Ay mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

Hårgalåten

Posted On 25 febrero 2013

Filed under música

Comments Dropped one response

Una tarde que no teníamos qué hacer, Raúl y yo nos pusimos a grabar cositas.

En un par de horas logramos una canción tradicional sueca que me gusta que se llama Hårgalåten.

La canción describe el día en que el Diablo llegó al pueblo con un violín y se puso a tocar en lo más alto de una montaña. De allá le llegaba la música a los aldeanos y todos fueron atrapados por su hechizo, el cual consistía en bailar y bailar, y bailar por siempre todas las horas del día y de la noche. La letra es una súplica al Diablo para que deje de tocar, porque la gente se murió  y su cuerpo siguió bailando. Creepy, right?

La guitarra es de Raúl, la voz es mía y al final se nos ocurrió meter la voz de mi hermano Frank, con unos coros (según yo) muy vikingos.

No se fijen en las desafinadas de mi voz (I know they suck),  pensamos grabarla de nuevo y con más recursos, luego subo aquí una versión decente que pensamos incluir en una compilación chiquita de música que nos gusta, interpretada por nosotros.

 

 

Critiquen machín, me dejan sus opiniones.

Hargalaten

Devil's fiddle

Julia dream

Posted On 25 febrero 2013

Filed under arte, cine, música

Comments Dropped leave a response

A summer’s poem written in water.

 

A short film, by Raúl González.

El taller de Reyes Meza

Posted On 14 febrero 2013

Filed under admiradora, arte, música

Comments Dropped leave a response

Por medio de un par de milongas organizadas por unas amigas, conocimos El taller de Reyes Meza, el estudio del pintor tamaulipeco en el que trabajaba mientras vivió en San Pedro, Nuevo León.

José Reyes Meza

Desde la primera vez que lo pisas sabes que es mágico, que ese lugar está como embrujado de creación, puedes sentir que ahí se hacía arte. Se ve que casi todo está como lo dejó antes de fallecer, en el 2011, y da mucho gusto que ahora sus dueñas lo compartan como un espacio artístico, donde se puede organizar casi cualquier evento cultural.

Estudio de Reyes Meza

Les dejo unas fotografías que tomamos Raúl y yo durante la última milonga que estaba dedicada al Día del Amor, de ahí que todos se visitieron de rojo.

 

Los invito a darle like a la Facebook Page del taller y a estar pendientes de las milongas o talleres que se imparten ahí. Vale la pena visitar.

El taller de Reyes Meza

Página siguiente »