Consejos de una bruja para ‘jugar’ a la Ouija

Soy bruja.

Sin una pizca de vergüenza lo sostengo, pero a veces tengo cuidado para mencionar la palabra “bruja” y voy por “pagana”. Una no es sin la otra y la otra sí puede ser sin la una, porque todo tiene un precio.

Disertar sobre el hecho de que alguien se pueda dar el taco de llamarse “bruja” sería una discusión sin bases firmes, sin embargo la historia, el Universo, el karma y el destino nos develaron una definición más o menos común:

Una bruja es una mujer que tiene control sobre su mente pero se guía por el corazón, porque sabe que el balance de ambas resulta en sabiduría.

Una bruja respeta a la Madre Naturaleza y no sólo confía en sus ciclos de nacimiento y de muerte, inicio-final, sino que también tiene fe en que ellos trabajarán a su favor.

Una bruja sabe que existe el poder, sabe cómo acceder a él y sin embargo no abusa de su conocimiento. Una bruja es responsable de su voluntad y respeta la de los demás.

Una bruja invoca, convoca y nunca jamás duda de la magia que ya existía antes, existe hoy y existirá siempre.

Todo esto no tiene nada que ver con Satanás, ni con ofrendas a Belzebú, ni con sacrificios sangrientos, ni con vender almas, pero sí tengo que especificar que hay mujeres que se hacen llamar “brujas” y sólo son pedazos de ser humano esclavizado, enviciadas o borrachas de poder, abusonas y malas. Ellas no son brujas, son la versión pirata de Tepito, charoleras que sacan una placa que no les pertenece para ganar dinero, amor u otras cosas pasajeras que no valen ni un pito… y vaya que el precio que hay que pagar por ser charolera es muy alto.

Quería dejar estos conceptos más o menos claros porque quiero hablar de un tema polémico: La ouija.

En este post sólo puedo hablar por mí y por mi práctica, estoy segura de que hay muchas brujas, católicos y ateos leyendo esto y siéntanse libres de discrepar, así que voy a apegarme a lo que yo sé, partiendo de que este es mi blog, mi espacio y mi manera de explicar las cosas.

Mi calidad de bruja me lleva a creer en muchas cosas que otros prefieren ignorar: vibras, fantasmas, entes, posesiones, magia, viento, electricidad, los astros, la tierra, el pensamiento, la voluntad, el destino, los elementos, Dioses, ofrendas, velas, altares, hechizos, brujería, plantas, minerales, mantras, y una cosa que está de moda porque ya es Octubre y el Día de las Brujas… la ouija.

Ouija board

La ouija es una tabla de ‘adivinación’ o conductor de energía.

La energía es lo que a nosotras las brujas nos gusta llamar ‘magia’; la magia es esa fuerza invisible que trabaja sobre las cosas y las personas: Enamorarse es magia porque trabajan fuerzas ajenas a nosotros para unirnos; orar es magia porque ponemos nuestra fuerza mental en un objetivo que creemos imposible; soñar con alguien es invocar a alguien en sueños a través de magia, de energía.

Las coincidencias no existen, todo está regido por magia (según mi creencia religiosa, la brujería, el paganismo), todo se mueve por energía: mala o buena.

Así como ponemos nuestra ‘energía buena’ en soñar, en orar y en enamorarnos, también podríamos manejar nuestra energía de manera ‘mala’, obvio, para hacer el mal.

A veces decimos “Esa persona me da mala espina”, “Siento una mala corazonada”, “Siento mala vibra en este lugar”, todo es energía. Hay personas que son más sensibles a sentirla y otras que siempre están muy distraídas como para sentirla, pero la energía está ahí: La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma.

La ouija es un conductor de energía.

La bronca cuando jugamos a la ouija (bueno, yo tengo que admitir que nunca la he jugado, le tengo demasiado respeto o miedo, whatever) es que accedemos a energía y no sabemos si esa energía con la que vamos a tener contacto es buena o mala.

La ouija ‘capta’ espíritus (o energía) de dos tipos: humana e inhumana.

Using Ouija Board

Por espíritus humanos podemos decir que son personas que vivieron y ya murieron, muchas de ellas en paz, muchas de ellas en situaciones no pacíficas (como asesinatos, por ejemplo) y son espíritus que traen mucha ira, rencor y ‘mala onda’… incluso muchos de estos espíritus humanos no tienen idea siquiera de que están muertos.

Por espíritus inhumanos podemos decir que son ‘cosas’ que nunca han caminado la tierra en forma de humano, llámese demonios.

Ahora, aquí entramos a un parteaguas de la discusión, porque si usted cree en Jesucristo, en Dios y en el Espíritu Santo, (vamos a ponerle nombre a las cosas sin tapujos ni tabúes) su religión le dice que también existe ‘El Diablo’, así que asumo por inferencia que si usted cree en Dios, también cree en Satanás y en sus demonios, así que no se me persigne tanto y no se me vuelva agnóstico, ni incrédulo, ni smart ass: en su religión existen ambos.

Lo digo porque conozco muchas personas que son católicas o cristianas que creen profundamente en Dios, pero prefieren meter a Satanás debajo de la alfombra, lo ignoran, no hablan de él y se burlan de conceptos como “exorcismos” y “posesiones”, afirman que todo lo que es de Satanás es charlatanería. Sorry, amigos, así como existe Dios, existe Satanás, e ignorarlo no va hacer que desaparezca y burlarse de él, menos.

Yo, según mi creencia, creo en el mal. Creo en el mal tan fervientemente como creo en el bien y no desacredito nada. Quizá como pagana yo le ponga otro nombre a ‘Satanás’, pero el mal es el mal y estoy convencida de que existe.

Jugar a la ouija nos pone en contacto con estos espíritus y la tabla es una ruleta, no un teléfono.

A seance

No podemos decir “Déjame le marco al espíritu de mi agüelito, a ver qué me cuenta”; invocar a través de la ouija nos va a traer un espíritu ‘random’ que esté cerca, alguien que quiera venir, alguien que necesite comunicar algo, quizá bueno, quizá malo. Nos puede tocar un espíritu inhumano y ¿qué tanto sabe usted de espíritus inhumanos, seriously?, ¿qué va a hacer si su espíritu habla en otra lengua, en otro idioma?, ¿cómo se va a deshacer de él cuando usted decida que ya no quiere jugar?, ¿usted cree que es muy fácil decirle “Sobres, bye”?

No estoy diciendo “No juegues a la ouija”, este post es para decir “La ouija no se juega. La ouija se usa”, y aún así creo que las personas que saben cómo usarla no la usarían a menos que fuera absolutamente necesario.

No puedo hacer un instructivo de cómo jugar a la ouija, porque nunca lo he hecho, pero reuní algunas recomendaciones de expertos para protegerse en caso de que quiera usar una. Créame que no le hará daño tomar algunas medidas de precaución.

– Siempre respete a los espíritus, agradezca, pida ‘por favor’ y sea humilde. Trátelos como un invitado, incluso si se portan mal o intenten asustarlo.

– No use la ouija bajo los efectos del alcohol o alguna droga, mucho menos la use si se siente enfermo, débil o deprimido. Los espíritus inhumanos se aprovechan de las vulnerabilidades.

– No use la ouija en su casa. Muchas veces los espíritus que vienen se sienten demasiado cómodos en tal o cual lugar y deciden quedarse.

– Tampoco use la ouija en un cementerio o un lugar donde haya sucedido algo feíto o terrible. Ahí agüevo que hay energía mala y la ouija ‘captará’ manifestaciones no tan placenteras.

– Usar la ouija sin compañía, o sea ‘jugar’ solo, sólo es un paso a la posesión. Evítelo. SIEMPRE.

– No asuma que todos los espíritus son buenos, muchos espíritus humanos pueden mentir o ‘jugar tosco’.

– Si alguien que va a ‘jugarla’ tiene miedo, es mejor que no lo haga, los espíritus se aprovechan de estas personas para ‘bromear’ con ellas.

– Dicen que poner un pedacito de plata encima de la tabla, dígase un anillo o una moneda, es protectora contra espíritus inhumanos.

A seance

Todo esto viene a que hace pocos días, un grupo de amigos decidió ‘jugar’ a la ouija; me preguntaron si jugaría o si al menos estaría presente y yo la neta prefiero quedarme fuera de este rollo. Les comenté algunos de estos puntos y pues ahora sí que ‘cada quien’.

Yo siempre he dicho que me considero una persona que cree y que quiere ver para creer más. Esto me ha llevado a investigar, leer y presenciar muchas cosas que no tienen explicación, a soñar muchos episodios, a ‘comunicarme’, a tenerle respeto. Nací así, tengo curiosidad de otras cosas que no son terrenales y estoy convencida de que leer y estar preparada en estos tópicos desarrolla mis sentidos.

Mi casa, por ejemplo, está cargada de cosas que no se imaginan;  la construcción es vieja y han pasado muchas personas por estas paredes, todos (toda mi familia) hemos tenido experiencias raras aquí. Yo ni de pedo me atrevería a traer una ouija a esta casa.

Hace unos meses, mi hermana empezó un curso de fotografía, le prestaron una cámara digital y anduvo por la casa haciendo pruebas con el obturador, la luz y la velocidad. Hago hincapié en que es una cámara digital, no tiene espacio siquiera para meter un filme o rollo fotográfico, así que no pueden traslaparse imágenes de una toma anterior o posterior.

Estaba haciendo unas pruebas en la recámara de mis papás y una de las fotografías arrojó esta imagen:

la foto 2 (4)

Es increíble para mí cómo esos pedazos de luz en el lente se asemejan al rostro de una persona, un hombre, en la zona del umbral de la puerta.

No podemos explicar cómo las siluetas juegan tanto con nuestros ojos y nos hacen ver una persona en donde no había nadie.

Obvio esta anécdota está abierta a discusión: puede ser el reflejo mismo de mi hermana en el vidrio del lente, un rebote de imagen de otra persona (¿Qué otra persona? No sé, porque no había nadie más en la habitación), pueden ser muchas cosas… que yo no puedo explicar, ni mi hermana, ni mi familia.

Nosotros, en casa, nomás dijimos “Qué miedo” y esto lo apilamos con las demás cosas raras que pasan aquí, que son muchas, por cierto.

Mientras que son peras o son manzanas, es mejor no arriesgarse, porque uno nunca sabe. Que cada quien se agarre de lo que cree y que no se quiebre su fe, es todo lo que podría decir para quedarme como Suiza en este tema tan debatible.

Happy October everybody!

Abran su mente, honren a sus espíritus y no tengan miedo.

Un milagro en Navidad ( o “Tómate unas clases de economía familiar”)

Posted On 2 enero 2012

Filed under catársis, miedos, obsesiones

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El año 2011 fueron doce meses de aprendizaje a “error/chingazo”, una continuación gravitacional del 2010, que fueron ochentapitomil meses de “chingado, todo me sale mal”. Así que por lógica optimista, el 2012 debe ser bueno.

No le tengo mucha fe a los años pares, porque hasta ahora los impares son los que me han salido buenos, pero quizá sea hora de cambiar ese y otros arraigos supersticionísticos que sólo nos detienen de nuestro desarrollo evolutivo sentimental.

El pedo ha estado muy cabrón, pero nos hemos arreglado con lo que hay.

Este año, por ejemplo, no tuve ni un quinto. Nada. Ni para caerme muerta. Mi economía se vio afectada desde abril o mayo que me diagnosticaron esofagitis (que es como una gastritis cagante). Gástale en gastroenterólogo (qué bonito juego de palabras), medicinas de a mil pesos la caja con seis, y cotorreos de ese tamaño.

Luego en septiembre mi papá tuvo que ser intervenido quirúrgicamente porque quedó sepultado bajo una pared de blocks y cemento que repentinamente le cayó encima (no biggie).

Accidente dramático, mucha alarma, pocas nueces, pero a jodernos pagando doctores y gastos médicos.

Luego me vine a embarcar en una gran odisea, el de pagar un auto que todavía no es mío. Muchos desatinos que implican calculadoras, sumas, restas y divisiones de casita. Nunca fui buena en matemáticas, lo mío era Historia y Geografía.

Anyway, con estos gastos mayores, Lizbeth quiso seguir llevando su vida de rockstar, de botellas de champagne y destrozos en el Hotel Hilton NYC, así que de pronto el dinero frenó.

(Me caga hablar de dinero, de verdad. Pienso que el dinero es sucio, es un tema mundano, que preocuparse por él es traicionero y presumirlo es vergonzoso. Literalmente, tocar dinero me da asco y siento que hablar de dinero rebaja el espíritu del hombre, así que prometo que este post tiene un objetivo más importante que hablar de una cosa tan cochina como el dinero. Keep on reading, please.)

Estábamos en que el dinero mermó and so our rockstar lives.

A pesar de todo esto, Lizbeth no aprendió y quiso regalar a todos espléndidos obsequios navideños que reflejaran lo mucho que amaba. Perdida en la vana sociedad regiomontana, gastó y gastó.

Gastó hasta que un día se vio obligada a pedir prestado, gran ofensa para la familia Gutiérrez y gran falta para las bases de finanzas y ahorro inculcadas por mi padre, el hombre regio más codo y ahorrador que existe bajo el Cerro de la Silla.

Okey, no pedí prestados 30 millones de dólares, pero, vaya, entiéndanme que la estaba pasando mal.

Sin perder el control de la situación pensé: Muy bien, la he cagado bonito, he aprendido la lección, let’s fix this bitch.

Con mucho fervor le pedí al Universo que diera vueltas, al mundo le pedí que rotara y llamé a las coincidencias, las casualidades y las oportunidades a que juntas trabajaran a mi favor. Ofrecí mi aprendizaje a las reglas universales de causa y efecto, y me puse changa.

El secreto está en no agobiarse. Sí, okey, muy bien, el dinero dirige nuestra vida, pero no lo es todo. Simplemente hay que aprender y ofrecer nuestro aprendizaje a la máquina universal, pagar al Cosmos con la confirmación de que estamos sujetos a sus reglas y entonces arreglar las cosas nosotros mismos. Tranquilamente y sin pánico, porque somos instrumentos del destino, y si un día estamos arriba, otro día estamos abajo, pero seguimos teniendo la oportunidad de volver arriba. El secreto está en confiar, en tener fe.

Entonces, la mañana del 24 de diciembre (dígase Noche Buena), buscaba una cosa, ni recuerdo qué cosa, pero fui a abrir una cajita de madera en la que guardo pequeñeces: bow ties, pedazos de listón rosa, boletos de trenes europeos, rupias, gemas falsas de anillos de 25 pesos, recortes de periódico… y entre todo eso, hallé dinero. Mucho dinero.

Hallé lo suficiente para salir momentáneamente de mi insolvencia económica, no me pregunten cuánto.

El misterio es que no sé de donde salió ese dinero. No recuerdo haberlo puesto ahí y si así hubiera sido, lo tuve que haber guardado hace meses, un año, quizá. Nadie tiene acceso a esa caja, a nadie le interesa, ni siquiera a mí, porque ahí pongo los remanentes de mi vida fabulosa que luego olvidaré.

Pregunté a todos y ese dinero resultó huérfano.

En algún momento pensé que mi mamá o Raúl lo habían puesto ahí al ver lo mal que lo estaba pasando sin pagar mis deudas, pero no.  Todavía hoy no me explico qué hacían esos billetes ahí, yo no guardo dinero en casa y menos una cantidad tan grande.

Y así, a mi evento insólito e inesperado lo bauticé como: un milagro. Un milagro de Navidad.

Okey, shutups, los milagros no deberían tener que ver con dinero, pero juro que entendía el mensaje: Confía, everything’s gonna be all right.

No escribiría de esto si no me causara tanto impacto porque todavía hoy me pregunto por ese dinero (que ya gasté sabiamente, lo prometo).  ¿Cómo llegó ahí?, ¿Por qué lo descubrí en Navidad?, ¿Lo puedo llamar ‘milagro’?, ¿Me estoy sugestionando?, ¿Así de rápido funciona el Universo?, ¿Quién mató a Colosio?

El mensaje navideño que me dejó el 2011 indigesto fue: Aprende, a chingazos, pero aprende. Usa lo aprendido. Aplícalo. Aguas, ponte al tiro, tu zona de comfort puede terminarse.

Termino un año humildemente, felicitando al contrincante por tan buena pelea, pero segura de que mi barco no está hundiéndose, ni madres.

Les deseo que nadie de ustedes se muera en el 2012, que ya es mucho desear. Les quiero.

(Y después de mucho rollo, mucho eye candy navideño y cursi after the beep).

Los nuevos hippies

Ayer fuimos a la manifestación por la paz en la Explanada de los Héroes y suckeó.

A continuación una perorata política, si no le interesa, pase a ver las fotos y siga feliz con su día. Si le interesa la perorata (chéquese la dominguera) favor de avanzar al siguiente párrafo.

El jueves pasado, miembros de la delincuencia organizada quemaron un casino en donde murieron 52 personas y muchas más quedaron heridas e intoxicadas… el colmo, pagando inocentes por pecadores.

La indignación es mucha y el golpe (dígase cachetada de padrastro ya no borracho, teporocho) que recibe Monterrey es profundamente hiriente, muchas personas que no tenían nada que ver con el narco murieron ahí y a nuestros gobernantes se les están acabando las excusas.

Nuestro Gobernador no es malo, pero es un inepto, nuestro Presidente está desconectado de la realidad y nosotros estamos abandonados, al menos así se siente.

Los culpables no son nuestros gobernantes, mucho ojo, la responsable de esta atrocidad es la delincuencia organizada y su terrorismo, nuestros gobernantes deben resolverlo, sí, pero hay muy poca imaginación y muchos intereses políticos.

El ciudadano es una víctima de sus propias elecciones.

Anyway, el caso es que hoy viví en carne propia un ejemplo claro de lo que sucede con nosotros.

Estabamos en medio de un solazo de verano en plena canícula en un Monterrey de las cinco de la tarde gritando “Queremos paz, queremos paz”, cuando de pronto alguien deja caer el nombre de Javier Sicilia (un poeta y activista político en pro de la paz).

Una señora que estaba al lado de mí grito: Ese no tiene nada que ver aquí! Fuera!

A lo cual (exactamente) respondí que el vato no tenía nada que ver.

Por ahí, una pareja de activistas se metieron a nuestros gritos de guerra y fueron menos propios en acertar, defendiendo al Dios Sicilia, como si fuera Jesucristo Nuestro Salvador.

– Claro que tiene que ver, a él le debemos que estemos aquí.

Ahí yo sentí que se me rayaba el disco y dije: No, pereme tantito, yo no estoy aquí por Sicilia, estoy aquí porque mataron a 52 inocentes y porque Monterrey está empinado en la violencia.

El vato me dice: Y a ti quién te metió?

Efectivamente nadie me metió, como tampoco nadie me obligó a ir a la manifestación. Ninguno de los muertos en el casino es conocido mío o familiar mío (gracias a Dios) y sin embargo me duele, no puedo evitar estar involucrada, me duele el derramamiento de sangre ajena, inocente, que ni la debe ni la teme, me compadezco y por eso me meto.

Antes de contestarle cualquier cosa, la señora le grita: Yo la metí, yo la meto en esta conversación!

Y ellos agarraron una discusión política que no se acabó pronto.

Me dio tristeza, que en medio de una manifestación en favor de la paz, los mismos ciudadanos estemos peleando.

No estamos de acuerdo en cómo conseguir la paz y seguimos Dioses falsos como Sicilia, o el PRI o el PAN, o en el peor de los casos AMLO.

No estamos de acuerdo, pero la verdad es que no tenemos la menor puta idea de por donde empezar a resolver este desmadre. Andamos como gallinas sin cabeza, culpando y gritando “FUERA MEDINA”.

Señores, Medina no tiene la culpa, la culpa la tenemos nosotrosPOR ELEGIR A MEDINA, nosotros que no educamos a nuestros hijos, que no les enseñamos que ser sicarios no es a lo más que podemos llegar, que hay más oficios y profesiones qué elegir; nosotros que compramos bebidas fuera de horario, que compramos piratería, que fumamos churros que les compramos a los narquetes de mierda, nosotros que votamos por el que sea porque nunca vimos debates ni nos enteramos de quién nos iba a gobernar.

Si quieren que México cambie, cambiemos nosotros porque nosotros somos México.

Y sí, queremos muchas cosas, queremos que no haya pobreza, que haya educación, que no haya corrupción… pero todas esas cosas se pueden alcanzar en paz. La paz es de primera necesidad a estas alturas del partido, paz para cambiar con confianza de que no nos van a dar un levantón por andar de insurrectos… amor y paz.

Exageremos y seamos los nuevos hippies (minus the weed), al menos un poquito de eso va a quedarse para las nuevas generaciones: amor y paz.

Este mensaje no fue pagado por ningun partido político.

Güerito, bebito de mamá

Posted On 7 mayo 2011

Filed under Güero, miedos

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Aquí las cosas se han puesto difíciles, no sé si es la luna, el mes o qué, pero todo anda de cabeza, comenzando por lo que me tiene más preocupada.

Güero se salió (lo sacaron, y todavía sigo encabronada con la persona que lo hizo) una mañana y regresó con heridas y mucha sangre.

Al llevarlo al veterinario, vimos que eran heridas de colmillos, o lo que significa que un perro muy grande lo mordió. El cabrón le enterró dos dientes que le perforaron la piel a la altura del lomo y le lastimaron, digamos, sus partecitas nobles.

Güerito trae dos heridas profundas que ya van cerrando, pero que le duelen mucho cuando ladra, hace popó, en general cuando hace esfuerzo con todo su cuerpo, osea, siempre.

Anda triste, busca atención y casi puedo ver que le salen lagrimitas cuando le tocamos la herida para hacerle curaciones. El doctor dijo que las heridas cerrarán solas después de varias inyecciones que le aplicaron estos días, ahora sólo le daremos unas pastillitas y un jarabe para que se recupere más rápido.

Me preocupa porque al hacerle una radiografía vieron que trae un defectito senil en el que dos vértebras se están uniendo, una cosa que me imagino que debe ser como la osteoporósis de los perros, no lo sé muy bien. El caso es que esas vértebras pueden estarle pellizcando y le duele… mucho.

La mordida del perro cabrón le volvió a despegar las vértebras que se unían y le duele mucho más. Esto es inoperable y tendremos que medicar a Güero ocasionalmente durante los años que le queden de vida para que no le duela mucho.

Me pega, me pone un poco triste porque Güero está envejeciendo y no me gusta pensar que un día se va a morir. Me da un pánico acallado regresar un día a casa y descubrir que no existe más. Realmente no sé qué voy a hacer.

Es bien chistoso como un animalito tan pequeñito me hace sentir más amor del que siento por algunas personas o que a veces en mi lista de prioridades en la vida está Güero…  Háganme un paro, ¿podrían mandar buena vibra para su pronta recuperación? Yo dependo de este ser vivo para estar bien, no sean malos, mándenle energías de recuperación, les aseguro que el Universo les pagará (:

Te estoy diciembre!!!

Posted On 16 diciembre 2010

Filed under miedos, obsesiones

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En mi escritorio, en el periódico, tengo un pedacito de papel escrito por el puño y letra de Jules.

Dice “desapego.”.

Por mis vicios, mis obsesiones y mis terquedades, lo tengo a la vista para practicarlo… y funciona.

The calm on the valley

Yo soy una persona de lo más maricona que existe cuando me doy cuenta hasta donde puede llegar mi ñoñez.

Sí, aquí es donde deben dejar de leer y mandar al carajo el post, porque lo que sigue es un disparate de pendejadas ñoñas que tengo que escribir antes de que se acabe la mañana.

Tomen en cuenta que estoy despierta desde las 5 de la mañana, me levanté porque me desespera estar dando vueltas en la cama pensando cosas y mejor me vine a escuchar música. La madrugada-mañana daba para Iron and Wine y asi se convirtieron las siguientes horas en un desmadre psicológico emocional sobre mis últimos meses de vida.

Este post es sobre una canción: Calm on the valley. Como no la encontraba en youtube, armé un video rápido que servirá como gráfica explicativa de lo que siento por ella.

Ecce:

Calm on the valley, by Iron and Wine

There’s a rooster, a hen, a black dog
By my kid in the yard
And I’ve tattooed the head
Of the woman I’ve wed on my arm

We sit on the lawn
And she winks and she yawns
At the sound that the setting sun makes
As it lights up the lake and goes down

And you ease my troubles with your hands
Like the night puts a calm on the valley
Moved my shaking castle from the sand
When you gave me your soul for to marry

The cicadas in tune ain’t too noisy for you
But too fast, as the night eases in
Like dark wine on our skin and the grass

Now the moon’s high above
You’re the woman I’ve loved for so long
It’s the last goodnight kiss and
These moments I miss when you’re gone

.

In-va-ria-ble-men-te esta canción me pone a llorar. Además de que opino que Sam Beam es un poeta de nuestros días y que me encanta su voz y su cotorreo southern-american folk y todas las mamadas que se pueden dar a un ídolo, esta canción me mueve tantas cosas que me hace llorar.

Sé que en mi boda, al parir o al morir (porque para mí no existe otro evento más visceral y significativo que estos) esta rola tiene que estar de backsound: Por encima de todas las canciones que vienen en el soundtrack de la película que es mi vida (aburrídisimo, me imagino).

Y lloro porque soy una marica, porque me da miedo lo vulnerable que me pone esta canción, porque me causa horror el tamaño de ñoña que soy y me da mucho pendiente enamorarme así. Uno no puede ya andar por la calle regalando pedazos de su corazón a estas alturas de la vida y con la inseguridad que se vive en esta Ciudad… Y traen pistola!

La cosa con esta canción es que toda ella es la imagen más cercana de lo que yo creo que es el amor (les dije, que dejaran de leer, pero ándele, mijito, quería seguir…).

Busco que mi buena suerte me lleve un día a ese momento, no a “estar sentados en un pasto viendo que cae la noche y tal y tal”, no, sino a ese momento de lucidez en que la realidad me golpee en la cara y me encuentre plena, amada y contenta.

No me importa nada en este mundo, ni el dinero, ni el trabajo, ni una vida regia con pose y sociedad, nada me importa tanto como obtener esa lucidez pesada y consciente de que he hecho todas las cosas correctas para poder decir por fin: “…you ease my troubles with your hands like the night puts a calm on the valley”.

Tú me pinche quitas todos los problemas que tengo cada vez que me abrazas… qué cabrón!

El miedo radica en las altas probabilidades de equivocarse, en cometer errores inconscientemente y terminar muy lejos de esta canción; Miedo de dejar pasar la oportunidad de enamorarse así o de ignorar pendejamente todas las señales que llevan a esta canción.

La razón me incapacita muchas veces de escuchar a mi corazón y mi corazón a veces hace un desmadre que la razón no aprueba. Así me la paso siempre, buscando un equilibrio y haciendo malabares circenses para elegir, amar, confiar, desconfiar, ceder e imponer. Yo no sé si para todos es igual de difícil que para mí, o si otros han descubierto una fórmula o ecuación matemática para seguir su intuición… pero para mí esto es una perra desgraciada!

Esta canción me recuerda que eso que busco sí existe y como me parece bien imposible de alcanzar, me da un miedo terrible estar haciendo las cosas mal.

Y lloro porque me he equivocado antes, porque ya he sentido eso de “…you ease my troubles with your hands like the night puts a calm on the valley” y he estado equivocada, me he mentido o me han mentido y resulta que todo se vuelve nada.

Esta canción no es de alguien, es mía, es mi parámetro personal para medir intensidades y profundidades. Un verdugo, un poster en la pared para inspiración, un depredador, una imagen a través del aparador, un deseo privado, un sueño íntimo que solito se compartirá a la hora de la hora en que llegue la calma al valle (right?).

Me caga llorar.

Tlön

Posted On 23 agosto 2010

Filed under manías, miedos, obsesiones

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“Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza del presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo del presente. Otra escuela declara que ha transcurrido ya todo el tiempo y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable. Otra, que la historia del universo (y en ella nuestras vidas y el más tenue detalle de nuestras vidas) es la escritura que produce un dios subalterno para entenderse con un demonio. Otra, que el universo es comparable a esas criptografías en las que no valen todos los símbolos y que sólo es verdad lo que sucede cada trescientas noches. Otra, que mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y así que cada hombre es dos hombres”.

Este es un fragmento de “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” de la vergisisisisima Jorge Luis Borges (disculpen mi francés, Jorgito no puede ofenderse en el más allá). Es quizá el mejor de los mejores cuentos alguna vez escritos y uno de mis favoritos de todos los del mundo de favoritos del favoritismo. Es increíble!

La última línea de este fragmento que les presento me causa muchísimo conflicto y pensarlo implica un vacío en mí que se siente como miedo y un mareo como de estar a punto de desmayarse o de caerse al vacío:

“…Mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y así cada hombre es dos hombres”

Realmente, ¿qué carajos estaba pensando Borges a la hora de escribir esto? Amigo, stop shitting me!

Mientras dormirmos aquí, estamos despiertos en otro lado. Si así cada hombre es dos hombres, cuando estamos despiertos en ese “otro lado” y decidimos dormir en ese “otro lado”, implicaría multiplicarnos y entonces ahí cada hombre sería cuatro hombres. Si en uno de esos “otros lados” dobles o cuádruples, decidimos nuevamente dormir, nos multiplicaríamos por cuatro, seis, ocho y así para toda la eternidad y la infinitud del tiempo y el espacio.

Borges no escribe nada más en su cuento sobre esa posibilidad gravísima. O sea, ¿en qué punto se le ocurre no escribir sobre esa consideración y dejarnos a los lectores con los ojos de espiral, setenta años después?

Cada uno somos mil, o no, qué digo, cada uno somos infinitos, siempre repartiéndonos el sueño en este mundo y en otro, doblándonos cada noche y desdoblándonos cada mañana, ¿o desdoblándonos cada noche y doblándonos cada mañana?

Desdoblarse para luego desdesdoblarse para luego desdesdesdoblarse para luego desdesdesdesdoblarse, para luego desdesdesdesdesdoblarse.

Si no sabemos cuál es el mundo inicial de dicho doblamiento y desdoblamiento, la  paradoja radicaría en que doblarse es hacerse dos, desdoblarse hacerse uno y desdesdoblarse sería hacerse antes que uno, como hacerse decimal  (jajajajjaa).

Si es así, estamos perdidos en un mundo matemático-metafísico que yo bautizaría como “matemametafísicotico”, que proviene de matema-metafísico-tico… y lo divertido, y por lo que me he reído por casi cinco minutos straight, es que al juntar la palabra, se devela otra palabra “siscótico”: MATEMAMETAFÍSICOTICO.

Psicótico, según la real academia de la wikipedia, proviene de la psicosis, que es un estado mental descrito como una pérdida de contacto de la realidad.

Para estas alturas de este post, hemos perdido contacto con lo real, y efectivamente no hay otra descripción que se apegue a las circunstancias (ya no diré la realidad), pero después de este paréntesis volvamos a lo que nos interesa.

Basados en que mientras dormimos aquí estamos despiertos en otro lado, las posibilidades de ser lo que queramos ser son infinitas y existe el peligro latente de darnos cuenta, en cualquier momento, que podemos hacer lo que queramos, lo que se nos de nuestra rechingada gana.

Morir en este mundo no es la gran cosa y al rato nos despertamos al mundo anterior. En este mundo podemos tener un esposo y en el otro una novia. En este lado caminamos en el piso y en el otro lado los tigres son transparentes. En este mundo vivimos de aire, en el otro vivimos hacia dentro del cuerpo. En este mundo tenemos dos bocas en vez de ojos y en el otro los árboles crecen hacia abajo de la tierra. En este mundo se puede caminar sobre líquidos y en otro podemos dibujar con los dedos cosas que luego se convierten en objetos sólidos, un auto, un dinosaurio, unas escaleras…

La sarta de pendejadas que se pueden hacer en esos mundos sin cambiar la realidad original… Si esto fuera verdad.

Al principio del cuento, cuando Borges cita a Bioy Casares, y dice que “…los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de hombres”, la palabra “abominable” llamó mi atención.

Después de este debraye lo confirmo, el doblarse/desdoblarse es una abominación, es terror puro… qué tranquilidad sentiría si estuviera segura de que sólo somos uno solo.

Museum of Iscariot

Posted On 16 agosto 2010

Filed under arte, bestiario, miedos, Tomás

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Sin quererlo me he ido haciendo aficionada a las tiendas de antigüedades, poco a poco me nace un hábito que se siente como ir a “cazar” cositas, a buscar extrañezas que la gente vende porque se hacen viejas o anticuadas. “Lo que tú no quieres, yo lo quiero” así me digo en la mente cuando compro algo.

Me gusta meterme en los cuartitos a buscar miniaturas, tazas, muebles, todo entre polvo y hongos… dirían que esos lugares se sentirían vacíos o plagados de soledad, pero no, todo lo contrario, se siente una sobrecarga de energía, como si tantos muebles y cosas estuvieran ahí adentro con todo y sus antiguos dueños.

Todos los hombres que se sentaron en esos sillones, todas las mujeres que se vieron en esos espejos, las que se sentaron frente a los tocadores, tantas bocas que salivaron esas tazas de café, todas las niñas muertas que jugaron con esas casitas de muñecas, todas las viejitas de mil años que guardaron esas piezas de porcelana… es increíble entrar a esos lugares y sentirlos llenos de gente muerta. Me encanta.

El caso es que hoy fuimos, mucho calor y tan pocos abanicos para tantas cosas que se mueren de sed en esos rincones.

En la penúltima habitación de esta casa oscura, junto a una puerta que daba a un patio de las calurosas siete de la tarde, estaba un cuadro con una mancha en el centro. Al acercarme más vi el un rostro de un zombie o de un monstruo, pero más cerca aún descubrí que era un Cristo, el más horrible de todos.

Al moverme entre la sombra y la luz vi que el Cristo parpadeaba. Ah cabrón, ese Jesucristo acaba de abrir los ojos.

A ver, oiga, bájeme aquel cuadro. Claro que sí cómo no con mucho gusto.

El Cristo más horrendo de este mundo, y conste que no lo digo como blasfemia, la verdad es la verdad aquí y en la Biblia.

Yo es que no entiendo cómo la gente se empeña en dibujarse a Jesucristo así en la mente. Un fantasma opaco, ensombrecido, misterioso, tétrico, fantasmal… entiendo que el hombre está muerto desde hace muchísimos años y que probablemente tengan que darle esta pinta, pero contrasta con su filosofía. Hombre, si Dios es amor, su hijo debería estar entre miles de estrellas, soles por todas partes, flores, caramelos, calles de nube, banquetas de galleta, cosas felices!!!

De inmediato y desde que lo vi, en la mente yo ya poseía este cuadro.

Es (me parece) una especie de litografía texturizada; tiene un marco sencillo de madera café y muchos hongos detrás de la madera.

Lo particular del cuadro es que el Jesucristo parpadea. Como te lo digo, abre y cierra los ojos. Tú lo ves y su rostro cambia ante ti, te tallas los párpados y el güey cambia su cara, es increíble y horrible al mismo tiempo. De hecho creo que lo compré para torturarme, una parte de mí (no sé si mi parte católica o mi parte atea) me dice que lo compré para vivir con ese miedo que  me causa el cuadro, para lidiar con él todos los días y sobre todo las noches.

Creo que el texturizado es el secreto para el efecto de abrir/cerrar los ojos. El “artista”, de quien por supuesto no sabemos nada, pintó el rostro con los ojos cerrados, en otras palabras, si uno ve el cuadro de cerca, ve muy bien que los párpados están cerrados, pero de lejos está con los ojos abiertos y lo que me asusta más es que no pude fotografiarlo con los ojos cerrados.

Encontraba ángulos donde se veía con los ojos cerrados y a la hora de ver la foto aparecían los ojos abiertos… fue un desmadre sacar fotos, pero lo intenté… de ahí el texturizado es el secreto, creo, porque además tiene un brillo extraño, como un barniz, ve tú a saber.

Abajito, muy abajo, se alcanza a leer “Jesus Christus” con una leta muy delgadita que angustia… no sé, estoy muy emocionada de tenerla en casa, es una pieza rarísima, no puedo dejar de verla.

Me suena, por su material barato y su cuadro humilde, que debe haber copias, así como hay millones de litografías de Jesucristo en todas las salas de México, pero yo nunca había visto algo así. Si ustedes saben de alguien que tenga una igual, let me know.

Por lo pronto, este muchacho irá en la habitación, junto a la cabeza de vaca, al lado de la foto de la cabra bramando a la luna de Alison Scarpula y junto a una colección de calaveras que iré mudando a unas repisas… ya veremos si le cae bien a Tomás.

Y bueno, una rola para aclimatar este post… Museum of Iscariot de Virgin Black, la rola más hermosa alguna vez escrita para Jesucristo.

La chica dientes de lata

Posted On 23 julio 2010

Filed under catársis, miedos

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Apodos como “Liz-bety la fea”, “Chica dientes de lata”, “Lizbeth Gufierritos”, “Dientes de acero”, entre otros, son los que me he ganado en menos de dos días.

Lo que estuve aplazando durante meses, ya no lo pude aplazar más: Me comenzaron el tratamiento de ortodoncia, que es lo mismo que “Tengo frenos”.

Ese día no me iba a levantar, pero hasta la secretaria del doctor sospechaba que estaba evadiendo el chingazo desde hace días y me estuvo llamando toda la semana para recordarme la cita. El mero día me llamó una hora antes “Liz, aquí te esperamos, eh, no llegues tarde”.

“Achinga, a mi nadie me anda apurando” pensé cuando recibí la llamada a las 9.30 de la mañana y estaba todavía entre dormida y despierta, ya de mal humor.

Me levanté y a MI pinche paso, me bañé, desayuné, tomé café, chequé mis correos electrónicos, le di el desayunito a Güero y SI ES QUE ME QUEDABA TIEMPO, iría a la cita (muy pinche huevuda).

La verdad es que eran excusas de último minuto para no ir, patadas de ahogado…

El doctor dice que se me han estado separando los dientes y que seguirán así, que es necesario el tratamiento de ortodoncia o en pocos años estarán tan separados que parecerá que estoy chimuela… y la verdad es que ya parecía en algunas fotografías…

Yo me rehusaba por chiflada, por terca y obstinada, házte de cuenta que me sentía niña de 10 años negándome rotundamente a ver a un doctor, pero la verdad es que tenía miedo.

Me daba miedo que cambiara mi cara, me gusta como es, así con sus imperfecciones me gusta porque la conozco… es más bien eso, tenía miedo de no reconocerme. Y así pasó.

Cuando me vi al espejo después del dentista, me sentía así:

Cabrón, hasta el nombre tengo igual!!!!

Antes de todo esto, me di una buena mirada a mi misma y pensé: chingado, pues ni modo.

 

Me siento niña de película ochentera, lamento mucho que este desmadre me sucediera a esta edad porque siempre tuve los dientes muy sanos, me los cepillaba neuróticamente y aunque no era una obsesionada con la higiene dental, pensé que ya estaba del otro lado, que qué bueno que nunca sufrí los estragos de una adolescencia con frenos.

Sin embargo, como vengo diciendo desde hace algunos meses, mi pubertad está regresando. Estoy viviendo mi segunda adolescencia.

Desde hace un ratito me siento como si fuera una puberta otra vez, mi acné, mis confusiones, mis dudas, mis desmadres, mi autodestrucción inconsciente… todo indica a que esto es una segunda adolescencia física y psicológica.

Pensé que era una crisis pre-treinta-ñera, más ñera que treintona, pero no, es sólo una etapilla causada por no coger, por trabajar mucho y por tener tan poco tiempo para mí como para crear inseguridades de las que tampoco tengo tiempo de atender.

Por otra parte, y no quiero ser una freak, pero Saturno tiene unos meses ya sobre Libra, explicaré mi obsesión a continuación:

Saturno tarda 30 años en darle la vuelta al cielo y se posa sobre cada signo zodiacal durante 2 años, por eso suele decirse que en nuestra vida generalmente vemos dos, o a lo sumo tres retornos del planeta de los anillos.

El 29 de octubre del 2009 se inició el nuevo retorno de Saturno –que no ocurría desde 1980-. El 7 de abril del 2010 tuvo un movimiento retrógrado y regresó a Virgo, pero el 21 de julio del 2010 volvió a Libra, signo en el que permanecerá hasta el 2012 y de ahí ¡no regresará a Libra hasta el año 2039.

Yo soy Libra y todos los aspectos horribles de Saturno caerán sobre mí durante este lapso y hasta el 2012. El zodiaco habla de muertes, pruebas difíciles en la vida, problemas con dientes y huesos (eh!!!?)… muchos desmadres que aunque los veremos como adversos, sólo servirán para hacernos más fuertes.

Por eso esto es una pinche guerra, a mi ningún planetilla pedorro me va a mortificar la vida. Estos días me he preparado para la batalla, he platicado conmigo misma y me he dicho que hay que aguantar de pie. Me digo: “Mira, Lizita, si alguna vez creíste que eras medio chingoncita, este es el momento para demostrarlo. No me defraudes, horripilanta, saca la casta y olé”.

No es sugestión, pero desde que comenzó esta rachita tan molesta que he bautizado como “Mi segunda adolescencia”, Saturno está sobre mi signo. Llámalo equis, me parece bien; llámalo energía, mejor todavía, Chapeu, que sin hijas bastardas no había monarquía, ole!

Puede ser sólo una coinciedncia.

Saturno podrá venir a chingar la madre, pero yo me apellido Gutiérrez y aquí habrá sangre.

Esto de los frenos me tiene un poco intranquila, me siento fea, adolescente tonta… es molestísimo comer, sientes que traes toda la comida embarrada en los dientes. Me da pena hablar, me da pena que me vean comer y lo peor es que ni puedo hablar bien. Supongo que es cuestión de acostumbrarse un rato y ya veremos qué pasa.

Por lo pronto ya tengo apodos de todo tipo y mis amigos se ríen… ríanse, cabrones!… pero acuérdense que existe un Dios que todo lo ve…

El pastel de chocolate

Posted On 6 febrero 2010

Filed under manías, miedos, Tomás

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Soy una persona muy distraída, mi mente anda muy rápido y por eso tiendo a ser olvidadiza, a veces parece que no presto atención pero es que en realidad escuché por un segundo y el resto de la conversación mis pensamientos saltaron de una cosa a otra: pensando, recordando, planeando, asimilando o no sé, no estoy muy segura haciendo qué cosa.

Por eso creo que cuando algo llama plenamente mi atención, me clavo muy fácil y muy rápido. Es un defecto que atormenta muchos aspectos de mi vida, mis pasatiempos, mis lecturas, mis amantes (parejas formales e informales), mis amistades, mis pasiones en general.

Clavarse, para mí, es una pasión exagerada volcada en un objeto, animal, persona o tema, en muy poco tiempo.

Yo no tengo control sobre mi clavadez y entonces me obsesiono de una manera malsana (¿existe esa palabra?).

Cuando pasa esto, me desconozco, yo ya no soy yo, otra cosa me posee y siento miedo. Tengo miedo de mí misma porque sé que clavarse tanto en una sola cosa no es bueno y eso precisamente es la raíz de la locura. Me aferro a la razón, pero en esa guerra que no se palpa nunca gana la razón, siempre vence el hedonismo, el abandono a lo que satisface mi pasión exagerada.

Estoy consciente de este rompimiento en lo profundo de mí y me pregunto qué es. Mi respuesta es casi siempre que en esos momentos de obsesión pierdo contacto con la razón, lo que es igual a estar un poco loco. No un ‘loco’ de manicomio, ni un ‘loco’ de extravagante, ni siquiera un ‘loco’ de ocurrente, sino un ‘loco’ de a alguien quien le fallan las hormonas o un químico en el cerebro. Temo que algo ande mal conmigo, clínicamente hablando.

No estoy ‘loca’ todo el tiempo, vaya, esos instantes de clavadez son espasmos de tiempo muy pequeños. Sé que la misantropía (defínase como una soledad autoaplicada de encierro mental), mi ‘independencia’ (ir al cine sola, ir a conciertos sola, hablar con poca gente durante muchas horas), mi falta de interés en las cosas que son importantes y mi interés por las cosas irrelevantes, agudizan este estado que cada vez es más frecuente.

Por ejemplo, el otro día mi hermano estaba preparando su cama para dormir en una habitación contigua a la mía.  Estabamos conversando, ambos acababamos de entrar cada quien a su habitación. Yo estaba a oscuras en mi cuarto, acostada ya en mi cama y pude escuchar que se le cayeron al piso dos cobertores.

El sonido desató una cosa que no puedo explicar.

De inmediato le pedí a mi hermano que fuera a la habitación de mis papás a buscar a una mujer asustada por la caída de un pastel de chocolate.

En mi espasmo (del que, como ya dije, no tengo control) le insistí a mi hermano que se asomara a la habitación de mis papás, que ahí encontraría a una mujer asustada por la caída de un pastel de chocolate.

No sé por qué mi hermano me hizo caso y entró a la habitación a verificar que por supuesto no había ninguna mujer. Yo estaba segura de que él la encontraría ahí, porque yo la estaba viendo desde mi habitación, viendo con la mente, no con los ojos.

Todo pasó tan rápido, y cuando mi hermano regresó directo a mi habitación a encender la luz, asustado por lo pendejo de mi petición, me di cuenta que no sabía por qué le había pedido eso.

 El sonido lo hizo todo.

El sonido de los cobertores cayendo me hicieron saber que en ese momento una mujer se había asustado, la mujer estaba en ese mismo instante al lado de la cama de mis papás (otra habitación de la casa), estaba de pie ahí al lado de la cama, pero no había estado siempre, la mujer apareció ahí al momento del sonido. Lo supe, pero no la vi con los ojos.  Supe que su temor había sido el sonido, porque ella asociaba el sonido de cobertores cayendo al piso con el sonido de un pastel cayendo al piso.

Luego reaccioné (un segundo después) y pensé: ¿por qué carajos le pedí a mi hermano que fuera a la habitación de mis papás a buscar a una mujer asustada por la caída de un pastel de chocolate? Fue como si hubiera tenido un corto circuito y de pronto otra vez mi mente volvió a trabajar normal.

No sé cómo inventé todo, no sé por qué dije lo que dije. Me da miedo porque siento que yo no lo dije. Fue el sonido de los cobertores cayendo.

El sonido me llenó y sentí.

Y así me pasa, a veces en menores dimensiones; invento cosas que no sé de dónde vienen, cosas que no tienen sentido ni siquiera para mí.

Oigo voces entre sonidos, no vocecitas lejanas o susurros, voces que dicen oraciones gramaticales enteras!!!! A veces me llegan nombres completos de gente que no conozco. Una vez estaba obsesionada con encontrar a un tal Ulises: no conozco a ningún Ulises, no sé quién es.

Una vez supe que en el clóset de una tía había una maleta, sabía exactamente en qué lugar del clóset estaba la maleta y sabía lo que contenía: fotografías de personas que habían viajado en secreto. O sea, una persona que estaba en esas fotografías había hecho un viaje a escondidas y no había querido que nadie viera esas fotografías. Obvio, la maleta no estaba, no existía!!!

A veces son cosas tan pequeñas que no les doy importancia, la última vez una voz me dijo cuando estaba despertándome:  “…Y en el ocaso de Lucrecia los nueve cerdos vestidos de gala morirán acribillados por las flechas de Sagitario”.  Güey, te lo juro que no tengo imaginación para inventar una cosa así.

Y así concebí a Tomás, al Coronel Cadmio Elfantasmo, a una marqueta marquesó, al surmeridian… el nombre de este blog sucedió de la misma manera!!!! “Buenas noches, galleta bebé” fue una de esas cosas que escuché de la nada.

Sé que la mente toma cosas de aquí y de allá, de lo consciente y de lo inconsciente, así se forman los sueños y la imaginación surge de lo que uno ve o lee y le da un giro irracional, pero tanta ‘imaginación’ junta no la estoy controlando yo, es una cosa que siento que es ajena a mí, derepente me vienen a la mente ideas así, solas, ya hechas, con lógica propia.

Me pregunto si los locos saben que están locos, y si yo lo estuviera… ¿me daría cuenta?

He tocado este tema con al menos tres personas de mi entera confianza, gente que yo sé que si les platico algo no se van a reír, que van a tomar en serio esto que parece de risa, y ellos no creen que esté loca pero no pueden decirme  de qué se trata.

Ahora, aquí va mi explicación más o menos racional:

Lo único que puedo más o menos hilar es que pueda ser que me ‘clave’ tanto en las cosas y que porque mi mente trabaja tan rápido, me den estos ‘espasmos de imaginación’ (llamémosle así por lo pronto).

Por ejemplo, últimamente he leído mucho sobre las constelaciones y los planetas, alomejor en algun momento del día pensé en la preparación de un pastel de chocolate, alomejor en un sonido, en un nombre personal, en cualquier cosa… puede ser que este ‘clavadismo’ me haga preparar ideas que ni siquiera mi mente (a su velocidad normal) puede comprender a qué hora fueron preparadas.

También he considerado el hecho de que esto le pasa a todo el mundo y que yo soy de los pocos ‘clavados’ que pueden darse cuenta de este proceso de pensamiento, pero no creo que yo tenga tanta capacidad para detectar un patrón de comportamiento mental.

Tengo miedo porque hasta ahora no había sido posible que tuviera la valentía (o el temor suficiente) para ventilar en un escrito uno de los miedos más arraigados en mí: el estarme volviendo loca.

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