Desdoblarse es el quehacer del tiempo y el espacio en la habitación de Satanás

Adentro del corazón de una ciudad, detrás de la iglesia con una sola torre, en el rincón de una casa, sobre una cama escondida se desdobla el tiempo. Ahí las sábanas son de piel y en la piel un mapa tatuado indica el camino hacia ninguna parte.

Respetando el ritmo de cada minuto de la media noche, la bestia cierra los ojos y se arroja al vacío que es sus entrañas, se vuelve hacia adentro intentando perderse, pero sus movimientos lo traen de vuelta a su cuerpo.

El tiempo no se detiene, se desdobla en intervalos de dos horas que duran quince minutos, una habitación contiene a la otra igual que mi cuerpo contiene al suyo, no existe el espacio que se llama ‘afuera’ porque ahí es otro ‘adentro’ que sucede en el interior de otro espacio más grande, una espiral espacial que es una pesadilla.

En su privacidad que es frente a mis ojos, primero se quita la camisa, acariciando los botones que le queman los dedos, ojal tras ojal despega la tela de su espalda y ya su torso libre, sacude su pelaje al aire de la noche que conoce bien.

Sabe que lo observo pero me ignora a propósito y finge con maestría su soltura; sus movimientos son calculados por milímetros pero actúa descuidos, prepara la escena perfecta para anticipar su desnudez porque en ese plan radica su naturaleza depredadora.

A veces me regala su mirada y sus pupilas brillantes le fluorescen en lo profundo de la recámara, cuando esto pasa mi mente se inventa sonidos de junglas, de viento que acaricia precipicios lejanos, de monstruos deambulando en cavernas negras, de puras cosas de final horrible.

El sonido de la espiral me mantiene en el momento y ya sé que va a continuar quitándose el pantalón, desplazando sus ojos lento y mojándose los labios.  Ya falta poco para su libertad absoluta. El tiempo sigue desdoblándose en la última habitación de la última casa, detrás de la iglesia que sostiene una sola torre, en el vértice de la ciudad sin corazón.

Apenas ahora comienza el espectáculo de su cuerpo desnudo, dando vueltas adentro de esta jaula que es una habitación dentro de otra. Los músculos de sus extremidades se contraen con cada paso, el sudor se acumula en lugares donde alcanza el vaho de su resoplido, los tiempos desdoblados se acumulan y mis ojos se imprimen de su imagen hermosa y letal, como todo lo que es salvaje y está abandonado al curso de la intemperie.

Alta y soberbia la bestia desnuda me mira por encima de todo lo que es suyo y me llama.

Soy cordero.

Carta, telégrafo o invocación

Texto (carta/telégrafo/ invocación) a Alejandro Gutiérrez. Marzo 25 o 12 de Abril, qué carajos importa.

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“Era muy tarde para llamarte, así que decidimos mejor avisar por la mañana” dice una voz mientras una taza de café se quiebra en pedazos en el piso.

A esas horas del día siguiente, la muerte comienza a pegarse en el tapiz de los sillones, se incrusta en las grietas de la pared, drena la sangre que corre por las venas de los libreros, desaparece las entrañas de las alacenas; la muerte vacía todos los objetos, los retratos no retratan nada, los cepillos de dientes se saben solitarios y un plato puede lucir la más dolorosa desolación cuando la muerte se anda flotando de una habitación a otra.

Las gargantas son tomadas por asalto y el cuerpo obedece al llanto cediendo un trozo de su corazón ante la tragedia extraexistencial.

Como una cascada, un juego en el que una ficha de dominó tira a la otra y esta tira a otra y así sucesivamente, y después de resistirse a la realidad, sobrevienen los por qués: ¿Pero cómo fue? ¿Cómo es posible si lo acabo de ver? Hablé con él ayer.

El vacío de muerte terquea y nosotros nos aferramos a lo que fue.

La muerte nos vuelve tan vulnerables, tan pieza equivocada de rompecabezas, tan lindos con los ojos dilatados de un ciervo que ve venir hacia él las luces de un camión. Y nuestro asombro es tan verdadero que nos hace adorables como un niño frente a una cámara, y nuestra incomodidad es tal que las sillas no nos contienen, los sillones no nos mantienen, los bolsillos no logran guardar nuestras manos inquietas…

El mundo entero incluso se vuelve insoportablemente vivo cuando uno de nosotros ha muerto.

Qué odiosos esos pájaros cantando su trino tan fresco, qué insensibles los malditos rayos de luz que se echan como gatos al piso frotando las lozas, cómo es posible que el día se levante tan como si nada, mientras nosotros con tanta insistencia de muerte estirándonos los cabellos y haciéndonos caras y gestos al espejo.

Entonces rompemos en llanto porque no comprendemos, porque nos sentimos tan abandonados a nuestra suerte, la cual puede ser tan mala como para arrancarnos de la rutina que sí nos es familiar. Tanto abandono y tanto “Ahi-a-ver-cómo-le-haces” nos hace llorar de impotencia porque ni siquiera nosotros mismos tenemos control sobre nosotros mismos.

Tememos al animal de la muerte, que un día nos salte al regazo mientras nos entregamos al té y entonces sí que nos estropearía la ropa, y Dios te libre de derramarlo en la alfombra persa.

Con la noche vienen los cirios, los olores del surtido de flores, las sombras, los objetos que se mueven gracias a manos invisibles, los llantos más desgarradores y las tazas del café más cargado. En la oscuridad solemne nos doblegamos a la fatalidad de la pérdida, la comprensión de la muerte nos llega como por arte de magia, pero no la sabemos explicar, todo es más claro en la oscuridad.

Luego viene la bofetada de la realidad: Él está ahí, pero no está ahí, y tanta dualidad nos confunde, nos teje más telarañas en el corazón.  Si ya no está, entonces ¿dónde está ahora? Y si ahora “está”, ¿dónde se supone que estaba antes?

El proceso misterioso, mágico e incomprensible del funcionamiento del alma nos vuelve a quebrar en dos y nos reduce al concepto de “No somos nada”.

Nos volvemos a abandonar al llanto porque si no somos nada al Universo no le importa si lloramos, si cuelga un moco, si babeamos los hombros de los demás cuando nos abrazan. Nada importa si no somos nada.  De golpe entendemos que todos los años de vida son la preparación de la muerte y estamos destinados a salir de este mundo tal y como entramos en él.

Nuestro funeral se vuelve un vicio, un morbo íntimo, una vergüenza inevitable y eventualmente sufrible.

Vuelves a la tierra, vuelves a la nada, a la levedad, a la imaginación de alguien, a la memoria, a las tardes de viento, a flotar con la muerte sobre las cabezas de los vivos.

Reflejo de luz, corriente de aire a través de las cortinas, personaje de ensueño, leyenda o anécdota, fantasma o ángel, alma sin cuerpo.

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Este 25 de marzo, Alejandro Gutiérrez fue llamado para otros quehaceres que no implican respirar.

Mientras mi primo azotaba puertas, encendía y apagaba lámparas, terco por querer permanecer aquí, yo me las arreglaba para pensar en él, en su muerte repentina, sin depreciar (sic) toda su vida… 28 años igual que yo.

Alejandro vino a vivir y así lo hizo, su vida es para mí un testimonio de que la velocidad en que transcurre el tiempo a través de nosotros es relativa y confirma que todo pasa por una razón desconocida para nosotros, que alguien tiene un plan para cada uno y que aunque ese plan está frente a nuestras narices, sólo se devela al final de nuestra existencia.

Confío plenamente en que mi abuelo (quien murió el mismo día pero hace cinco años) aprovechó la vuelta para recibirlo a la puerta que separa al mundo de los vivos y los muertos, muy seguramente le está dando un tour para mostrarle aquella casa en el aire, una vuelta de reconocimiento al Cielo, mientras intercambian opiniones y que’sto y que’lotro.

Houston, Texas

Posted On 31 marzo 2011

Filed under memoria

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– What is your earliest memory?

– Recuerdo una carretera en Houston. Son las 7 u 8 de la noche, en ese momento en que ya no es de día pero tampoco de noche. No hay luces mercuriales y sólo las luces del auto alumbran la carretera. Sé que no estoy en casa y pienso en casa porque quiero volver con mamá.

Tengo 3 años.

 

La feria de Cepillín

Posted On 11 noviembre 2010

Filed under cotidianeidad, memoria

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Habían pasado años y horribles días antes del lunes pasado que fuimos a la feria y me divertí a lo exagerado, llorando de la risa y luego corriendo al baño a hacer pipí.

Tenía aaaaños, literal! de no reír tanto! Los 50 pesos que gastamos fueron los mejores invertidos en la historia de las inversiones de Wall Street.

Luces de colores, freak show, algodones de azúcar, Montaña rusa, payasos, tiro al blanco, ponys, Rueda de la fortuna, carritos chocones, Himalaya, paletas, barro, globos, música… ¿por qué dejé de hacer esto y de frecuentar estos lugares?

Maldita sea la adultez que sufro.

I’ts my party and I cry if I want to

Posted On 13 octubre 2010

Filed under catársis, memoria, soledades

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Este año me ha pegado bien cabrón, creo que por mucho tiempo no olvidaré lo mal que me trató mi año 27.

Me quejo por gusto y lujo, no porque quiera dar lástima; me quejo porque quiero que el pinche 27 sepa que me ha metido los peores chingazos que ningún otro año ha podido (quizá el 19 quede el segundo lugar de los años malos de mi vida hasta ahora), pero también para que sepa que HE TRIED TO BRING ME DOWN, BUT HE COULD THE FUCK NOT!

Muy buen enemigo, buen adversario para los putazos, te respeto 27, pero me la pelaste. Y escúchenme bien, resto de los años de mi vida: If any of you, sons of bitches, got anything else to say, NOW IS THE FUCKING TIME!

Bien.

Ahora…

Creo que este año oficialmente me he convertido en una adulta, en una adultilla cualquiera de esas que van por la vida haciendo cuentas y temiendo al cambio; no me siento realmente como tal y me he resistido durante un par de años, pero ya lo soy.

Este 12 de octubre he sentido un cambio disimulado, no he tenido Depresión de 1929, ni de 1914, no pasé el día como quise porque ocupaciones de adulta me robaron de mi cumpleaños. No salí, no vi a amigos, no cené con la familia, no vi a mis hermanas, no me tomé un whiskey y nadie hizo un brindis a mi salú, como otros años.

Sin embargo, trabajé todo el día y a ratos olvidaba que era mi cumpleaños, no por la chiflazón esa de “quiero ser la cumpleañera”, no, sino por el hecho de que morí todo el año para renacer el 12 y durante el 12 ni me di cuenta que estaba renaciendo!!!

Olvidé hacer mi ritual de Muerte&Resurrección, no tuve funeral, nadie asistió a mi parto… no sé… como que este año mantuve una postura indiferente hacia el 12 de octubre, digamos que me pasó de noche.

(Roll the mouse over to see comments)

Algunas personas, however, impidieron que se me fuera el día en blanco, y muchos me llamaron y me hicieron sentir spoiled (: Gracias, pedorros, los quiero mucho a todos (:

El Queqs me ofreció un día precioso con muchos regalos, una cajita forrada con scraps que dentro contenía muchos objetos fascinantes. No nos retratamos juntos ese día, ahora que lo pienso.

En el periódico, mis compañeritos me llevaron pastel de cajeta, Pipo en Itunes me cantó las mañanitas y convivimos.

Jules me regaló la AstroLamp que he buscado durante toda la eternidad. Gracias, Jules, I love you, bro (:

Calebs me regaló una cajita con alfajores de la tienda del Argentino, fuck yeah!

Como estuve trabajando todo el día y no las vi,  mis hermanas me firmaron en facebook que había un regalito para mí en la mesa de la sala, así que cuando llegué me encontré con esto: Una cazuela enorme con chillidog, un pastel de almendras del CakeLand y una cajita de Qequitos del DeliCakes: luuuuurrrve!!!

Sentí que era una ironía, había todo para una piñata: el pastel, el chillidog, las cocas, las velitas… pero no había piñata y la niña nunca llegó a la fiesta.

Me dio un bajoncillo secreto y prometí que no volvería a dejarme pasar un cumpleaños tan horrible como este.

Muy felicilla, though… Me da gusto haber sobrevivido a los 27 y no quedarme en el camino como Kurt, Janis y Hendrix, que murieron a la edad fatídica y chale… me siento bien, después de todo me siento bien. Sé que pude haber hecho más por mí durante este año, pero no dejarme morir ya es una gran ganancia.

Decreto que mis 28 serán la hostia, joder!

Cierro con mi mamá, que cada 12 de octubre no me canta las Mañanitas, sino esto:

Gracias a todos por las felicitancias, I’m still alive fuckers.

The fall

Posted On 20 septiembre 2010

Filed under cine, India, memoria

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Hoy abrí los ojos y ni siquiera había sol. Me desperté un minuto antes de que sonara la alarma para ir al yoga, pero no me levanté, me quedé en cama pensando. Quise leer lo último de mi libro de Estrellas y Planetas, pero estaba muy oscuro y no podía ver las letritas. Tuve a bien entonces a ver la que ahora se suma a la lista de mis películas favoritas: The Fall, by Tarsem Singh.

Di con ella por un blog que ni me acuerdo cuál es y me enamoré del tráiler. Por favor, por favor, por favor, por favor, véanla, es lo mejor que hay en el mundo de las películas chidas de la galaxia de directores genios del universo del cine.

La muvi dice que está filmada en un chiiiiiingo de lugares, África, India, Praga, Latinoamérica, Turquía, Rumania… total que se fueron por el mundo y la verdad estas son las muvis que valen la pena. No recuerdo escuchar que estuviera en el cine (parece que la muvi es del 2008 o 2006) y no entiendo como gastan trillones en pagar a un güey actor que ni actúa bien… en cambio si se invirtiera en tomas, en fotografía y cotorreos aplicables como en esta muvi, creo que habría cine de más calidad y habría mucha más variedad de temas y locaciones… no sé, estoy divagando.

Me la pasé llorando y llorando y llorando tooooda la película… no sé si ando en mis días o qué,  pero lloré taaaanto… Entre lágrima y lágrima que me limpiaba con la almohada, me di cuenta que algunas locaciones eran palacios que visitamos durante nuestro viaje a India.

Pfffttt!!! Me la pasé también gritando “Mira, ahí: yeeeeey!”, cada vez que reconocía un lugar jajajaja Les dejo una muestra chiquita.

Esta toma está hecha en el Pink Palace de Jaipur, India. No recuerdo muy muy bien la historia, pero resulta que una reina (no me pregunten cuál) no podía dejar el castillo porque su rey no quería que nadie la viera. Por estas razones fuertísimas, la Maharani (palabra que significa “reina”) no podía salir ni disfrutar del mundo, y entonces el rey, osea el Majaraja (que significa “rey”, pronúnciese “maharaya”) le mandó a pintar las estaciones del año en cada una de las puertas de este palacio.

Cuando fuimos, estaban dándole una manita de gato a las puertas, la madera y la pintura.

Mientras nos tomábamos estas fotos se escuchaba música que provenía de una habitación que no pudimos ubicar. Al parecer el palacio tenía visitas importantes, familiares del rey o algo así, y les gustaba escuchar música durante su estadía. Los músicos permanecían en un ala escondida a la familia real y los ecos del palacio hacían su trabajo resonando la música para que los monarcas la escucharan desde los pisos de arriba. ¿Romántico, no?

Este otro lugar se llama Fatehpur Sikri.

Tuve un poco de problemas para ubicarlo, porque me parece que la magia del cine ha agregado escalones para que se viera más majestuoso, además de que para la muvi han limpiado todo concienzudamente.

Esa puerta que ven ahí es la puerta principal de Fatehpur Sikri y realmente luce algo así:

Si le dieran la espalda a esa puerta y voltearan hacia abajo, verían esto:

Y si caminaran hacia adentro de la puerta, verían lo siguiente: Un mercado ambulante que raya en lo pintoresco y asqueroso. Es el mundo de las chácharas caras, porque en realidad ahí tooodo lo han aumentado un 90% No compren ahí cuando vayan. Ahí vimos lo peor de India: niños dormidos entre moscas y puercos, gente enferma agonizando en los pisos, gente bañándose en charcos… chale, otro día les subo un post específicamente de Fatehpur Sikri, ahí nos pegó un desmadre psicológico de darnos cuenta lo que pasaba en el mundo y lo afortunadas que eramos de tener una casa, un grifo con agua potable y una cama con sábanas limpias. Increíble.

Total que la puerta me parece que sí es. Les pongo un video que filmamos del lugar para que se den una idea:

De la muvi, una de las escenas más bonitas y de amor es esta:

Creeeeo que se llama Akbar Palace. Es un palacio que está justo frente al Taj Mahal y es absolutamente precioso. Todo relumbra porque está hecho de marfil y entonces con el sol, uno no puede con tanto brillo y tanta hermosura junta.

No pudimos tomar una foto de frente porque esos jardines estaban cerrados, pero aquí unas que tomamos del lado derecho de este castillito, más o menos para que se den una idea.

Esta toma está hecha justo al lado de la toma anterior. Es quizá el lugar de donde puedan tener la mejor vista del Taj Mahal, ya que no hay otros castillos a su alrededor.

Esa construcción que ven a lado derecho de la toma es esta:

No pudimos tomar una foto como esa, ya que detrás de donde están los actores hay un jardín que en tiempos de Akbar servía como espacio para un mercado tipo La Alameda, donde la raza iba a pasear y a ligar doncellas damiselas damas de honor. Luego, nos enteramos que durante la caída del imperio de Akbar lo usaban como campo de futbol (házme el rechingado favor).

Desde ese lugar donde están los actores, pude tomar esta foto:

Ese río se llama Yamuna, otro día les armo un post con fotos de toooda la vista del Taj Mahal, se les van a caer los calzoncitos. Todo esto fue nomás un comentario ahí de sobremesa, pero resumiendo (como diría Sabina), la muvi es excelente, la música preciosa y la fotografía extraterrestrial. Búsquenla, de verdad, vale la pena las horas que se pueda tardar en bajarse o lo que puedan pagar para tenerla original.

The fall rockea enormemente.

This too shall pass

Posted On 5 julio 2010

Filed under catársis, memoria

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Me siento de la chingada. Me siento fea, me siento tonta, me siento estúpida quejándome por cosas estúpidas, pero necesito quejarme y lloriquear. I need a hug.

He trabajado y trabajado y trabajado y nunca es suficiente aquí, siempre quieren más de lo que puedes dar y yo me siento un hilito estirado estirado estirado y a punto de romperse.

Ya sé que es una tontería, que qué bueno que tengamos trabajo y que nos paguen por hacer cosas que nos gustan, pero ya no sé si estoy en el lugar correcto, alomejor nunca fui lo suficientemente buena para estar aquí.

Dudo de mí, de mis capacidades, de si realmente estoy dando todo mi esfuerzo o es que soy floja de nacimiento… pero de verdad, siento que ya no puedo más.

Yo no quiero una vida de competencias, ni de estrés, quiero una vida austera de contemplación, de creación y de balance. No pido mucho.

Hoy tengo rabia y coraje, quiero largarme al baño a llorar y ni siquiera tengo tiempo de hacerlo. No tengo tiempo de llorar, que ironía.

Me acordé de un video que hice y que siempre me dan ganas de ver cuando me siento así

Era verano, domingo, estuve todo el día tirada en el zacate con Güero y alguien me grabó saltando… ya luego yo le puse la música que me inspiraba el momento. Ese día fue perfecto, quiero que vuelva.

Me quedé pensando que pocas veces he tenido oportunidad de grabar en video instantes que me hacen olvidar el presente y decir: “Ya, morra, aliviánate, esto va a pasar también”.

Y le seguí con otros videos que me sacan sonrisillas… soy una tonta.

Un día que me clavé con los árboles cuando caminaba al periódico.

Los piecitos de Luis

Las patitas de Güero

Un fantasma en mi habitación

Mi familia jugando “Animales” en Navidad

Y mis Peludas, fumando mariguana

Yo soy pedacitos de todo esto… esos pedacitos se me desparraman en días como estos, pero siempre procuro juntarlos y recordarme que this too shall pass.

Love.

Panamá, el país de nuestros sueños

Posted On 7 marzo 2010

Filed under bebé, memoria, viajes

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Con esta crisis que tengo sobre el pasado (el pasado no existe) fui a dar con las caricaturas de mi niñez y no descansé hasta encontrar esta otra, la que de niñas, mis hermanas y yo llamabamos “La chanchita corrió con el tigrecito”.

Primero no sabíamos cómo se llamaba, porque la veíamos en alemán, pero también vimos varios episodios traducidos y así descubrimos que se llamaba ‘El Oso, el Tigre y los demás’, pero nos gustaba llamarle ‘La chanchita corrió con el tigrecito” por un episodio en particular que amábamos. Como nos gustaba mucho la voz del narrador nos aprendíamos algunas líneas con ese acento que era raro para nosotros, pero ahora fui a saber que el doblaje estaba hecho en algún país de Sudamérica, entonces he ahí que las voces de los personajes suenan raras, pero adorables.

Cuando encontré este episodio sonreí tanto que quería llorar, es más, no quería verlo porque lo encontré cuando estaba en el periódico, y sabía que si lo veía me pondría a llorar y no quería que me vieran llorando por una pendejada de este tamaño.

Fui muy feliz y guardé la liga para verla en casa. Cuando llegué, fiuf, lloré comodamente.

Ahora que puedo ver estas caricaturas con ojos de “adulto”, me doy cuenta de la enorme influencia que tuvieron en mí. Casi puedo decir que quizá de aquí provenga mi deseo casi estúpido de viajar a toda costa. Yo soy una persona de esas que ahorra sólo para viajar, puedo andar en camión, sin comer, sin ropa, pero con chingos de lana para irme por el mundo… y creo que estas caricaturas tienen la culpa.

Noté también algo bien curioso y hasta cute en la psicología de esta caricatura: Los personajes repiten una y otra vez que no le tienen miedo a nada. Supongo que, dado a que son programas para niños bebés, eso de repetir que no hay que tener miedo es parte de la moraleja de la historia o una enseñanza cognitiva de aquellas como las que tenían las canciones de Gloria Trevi cuando era un zombie de Sergio Andrade.

No voy a caer en una historiota de quién es el autor o las ediciones de esta caricatura y nada de eso, sería desvirtuar mi niñez, pero si tienen oportunidad, de verdad, vean este episodio. Un amigo me dijo “Ay, no lo puedo ver en mi compu porque no tengo activado mi Norton Anti-ñoñez” ): No hagan caso, ustedes véanlo, es precioso.

Si les late ahí se ligan a otros episodios y si se hacen fanes y saben de un lugar donde pueda conseguir algunos de estas caricaturas en dvd o en lo que sea, avísenme, seré muy feliz si obtengo algunos.

Estas son mis líneas favoritas, cada que la veo soy niña otra vez (:

1.46 “En Panamá es todo mucho más lindo, ¿sabes? Panamá huele todo a bananas. Panamá es el país de todos nuestros sueños, Tigre”.

2.06 “Porque no le tenemos miedo a nadie, Oso, pero yo me llevo mi Patotigre”.

2.55 “Bah! ¿qué saben los ratones de Panamá? Nada de nada de nada”.

4.23 “Este sofá es lo más lindo del mundo. En Panamá nos compraremos también un sofá y así tendremos todo lo que necesitamos, ¿no?”

5.24 “Qué bien tener un amigo que sepa construir balsas, así no hay que tener miedo de nada”

Im Land des Zauberers Von Oz

Posted On 23 febrero 2010

Filed under cotidianeidad, memoria

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La semana pasada me acordé de un día que sucedió hace muchos años. <— (Observen cuánto tiempo utilicé en esa oración gramatical, och! debería ser un delito darle palabras al tiempo: Una semana son siete días de 24 horas, cada hora de 60 minutos, cada minutos de 60 segundos. Muchos años implican 12 meses multiplicados por muchos más y cada mes tiene 30 días y cada día cuatro semanas y una semana son siete días de 24 horas, and so on and on and on… tan “on” que deprime)

En ese día en el que estaba pensando, yo tengo al menos ocho años. Es tiempo de frío y la habitación de mis papás es la más calientita de toda la casa porque tenemos un bebé, mi hermano tiene un año o por ahí, y mamá prende un calentador que tiene en la alcoba. El piso está cubierto de cobertores para que mi hermano pueda gatear, las cuatas tienen cinco años y mi mamá está en la cocina preparando cositas para comer a media tarde.

Prepara pan con mantequilla y mermelada, o tortillas de azucar, o galletas o algo… Las cuatas y yo estamos en el piso, volteándo la mirada a un buró que tiene una televisón bien ochentera. En Canal Once están pasando “Ventana de Colores”, un bloque de caricaturas y programas para niños. Son las seis de la tarde.

Las caricaturas a veces están en francés, en japonés o en alemán. No le entendemos, pero nos gustan porque no son He-Man, ni Caballeros del Zodiaco, ni los Muppets. Nos gustan porque son raras.

Mi hermano está quedándose dormido viendo “La chanchita corrió con el tigrecito”. Mamá nos ordenó meternos a bañar y la regadera está con el agua a todo lo que da, ya sale vapor del baño, pero nosotros no queremos, hasta que se acabe el Mago de Oz.

Esta semana, después de muchos años, encontré el Mago de Oz, o como lo conocíamos back then:  Im Land des Zauberers Von Oz.

Está en español y cada noche después del periódico y al llegar a casa, me acomodo en mi cama, me sirvo yoghurt con granola y me dispongo a ver todos y cada uno de los capítulos que encontré en Youtube. Gracias Youtube por devolverme mi niñez.

La Licenciada Coeditora Adulta llega a casa a ver caricaturas (:  Me pone contenta jajajaja.

Pienso en el tiempo y digo que no vale madre que todo pase tan rápido, no es justo que sea así porque no tenemos la capacidad para sentir el tiempo pasando y es como decir “no se vale, eso es trampa” en este juego universal.

Anyway, bofetada a la realidad y a darle al Carpe Diem (et Noctem).

Retrato de un caballero

Posted On 26 diciembre 2009

Filed under memoria, sueños

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En el fondo de la música está la alberca y las ondas azules que hacen sus movimientos bajo el agua y el sol. 

Son las estatuas griegas pintadas de blanco, cuerpos esculturales junto a la pileta celeste, sus ojos vacíos y sus pechos rebosantes; el aire es polvo dorado, mis piernas descubiertas y su sornisa al fondo de la música, son.

La idea nos lleva más bien a un rápido encuentro previo lleno de copas de cristal, estrellas que se vislumbran fácil en terrazas, ciudad bajo los pies e imánes bajo las pieles: él positivo y yo negativo.

Un relámpago me lleva a las calles empedradas y caminamos abrazados, buscando con curiosidad la manera más natural de sintonizar nuestros pasos para parecer una pareja. Qué difícil adecuarme a su ritmo, a la longitud de sus piernas, a su paso de viajero, de extranjero, de persona de género masculino.

Ya buscamos un lugar y encontramos lo que parecía un bar cualquiera pero resulta ser un putero: en medio de todo, el prostíbulo más decente, la alfombra mejor cepillada, las sillas altas forradas de piel, las mesas y sus ceniceros de cristal cortado. Hay música que debe guardar las apariencias de un bar común, pero se presiente una vibra de putero que resulta ser cierta: siempre confía en tu instinto.

Él encuentra el rincón más apartado y huele mi cabello, y mientras me abraza por detrás, mordisquea mi oreja, susurra cosas en su idioma porque excitado tiende a mezclar palabras y significados. Pienso toda la noche como usualmente, recargando la barbilla en el dorso de mi mano, miro hacia el techo sin querer porque el rumbo de mis pensamientos lleva mi mirada a lo perdido. Con los ojos vacíos recuerdo su voz: “ya no fumes”, “mejicana”, “erres un tigrre”, “erróticah”.

Y yo no acierto a decir algo, este romance debe ser inmediato, breve, tórrido, de filo de cuchillo… Hay que ser conscientes de que todas las relaciones tienen su razón de ser, todas las personas tienen su papel en nuestra vida: Unos están destinados a ser nuestros amigos nada más, otros serán por siempre ex novios, tías, enemigos acérrimos, maestros, gurús, compañeros de trabajo, jefes, amantes fugaces… todos fungen un papel que dura poco o mucho en la línea de tiempo que es nuestro existir. Esto dura una semana, dos años, un mes, el resto de mi vida… tú tienes caducidad de importancia, así que exalta el momento o abandónalo ya.

Yo entonces decido exaltarlo, el sueño me lleva a una cama de primavera, junto a un trigal o un lago en el país de Nuncajamás. La cama es la más cómoda, su cuerpo es el más blanco, su aliento es el más bacanal, me acomoda boca abajo sobre el colchón, y me penetra lento.

No hay pensamiento alguno en la mente porque todo se vuelve una cadena de dominos cayendo, el cuerpo es una serie de reacciones y sensaciones. Mi instinto es buscar su boca, ya.

Al vuelo de la pluma salimos del putero y nos vamos besando por las banquetas, entre las puertas cerradas de los locales a las tres de la mañana, acariciándonos la espalda por debajo de la ropa, desabrochando, manoseando, acariciando, haciendo remolinos de voz, de cabello, de polvo.

No nos quedamos en una vitrina, ni en los escalones de un restaurante cerrado, no nos abandonamos a las sombras de las luces mercuriales, ni nos recargamos en árboles, no nos preguntamos qué iba a pasar mañana, ni nos imaginamos poner en riesgo un tratado diplomático entre países. No hablamos de pasaportes, ni de viajes a lugares remotos: Brazil, Serbia, París…

Era un sueño, no románticamente hablando de un “sueño”, sino algo imaginado, algo que no existe mas que cuando uno duerme. No era mentira ni irreal, pero todo esto sucedió en agosto o julio, o junio, ¿mayo? Hay testigos.

Realmente no existió más que en la realidad y entonces así no cuenta.

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