Las brujas

Posted On 20 septiembre 2014

Filed under catársis, Literatura, witchcraft

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“Las brujas, como los santos, son estrellas solitarias que brillan con luz propia, no dependen de nada ni de nadie, por eso carecen de miedo y pueden lanzarse a ciegas al abismo con la certeza de que en vez de estrellarse saldrán volando. Pueden convertirse en pájaros para ver el mundo desde arriba, o en gusanos para verlo por dentro, pueden habitar otras dimensiones y viajar a otras galaxias, son navegantes en un océano infinito de conciencia y conocimiento”.

Isabel Allende, Paula.

Witch

 

El sueño de una defensa pública

Hace poco fui a una fiesta, ahí me quedé sola unos momentos con gente que no conocía. La música había sido toda la noche una mezcla de ochentas, goth pop, rock a lo Joy Division y muchas cosas que yo oigo como idénticas todas (Perdónenme, fans de Joy Division).

No me malentiendan, creciendo con una familia de ‘Sopa de caracol’ en las fiestas y ‘El Corrido de Laura Garza’ en las Navidades, tengo callo para tolerar muchos géneros de música. Sé muy bien lo que me gusta y lo que no, pero no repudio, ni condeno a Satánas… a veces está chido salir de mi zona de confort musical (Así me presentaron postmortem a Jenni Rivera).

Total, que en esta fiesta me quedé sola por un momento con un grupo de personas que no conocía y como no bailaba ni disfrutaba el volumen alto de aquellas piezas doradas (quiero pensar que fue por eso), me preguntan de pronto: “¿No te gusta Joy Division o qué?”.

No me lo pensé ni un minuto y dije: “No”.

De inmediato noté la incomodidad de mi respuesta en todas las personas que estaban en ‘la bola’. La regué.

Alguien entonces, con un corajito disfrazado que yo entendía que había tocado un punto sensible, continuó: ‘¿Ah no? ¿Entonces, qué escuchas?’

Vato, escucho un chingo de cosas, pero mi primera respuesta fue: Flamenco.

Me arrepentí un poquito luego, porque me vi en la necesidad de justificar que me gustaba el flamenco y no lo hice.

No lo hice porque sentí no tenía por qué dar explicaciones a gente que no conozco de por qué me gusta lo que me gusta, pero después me quedé con una espina que no me he podido sacar.

A veces revivo esa noche y se me ocurre un gran discurso de defensa pública del flamenco, un alegato justo que dejara fuera esta vergüenza implícita porque no me gusta Joy Division. Pienso en muchas cosas que debí decir, una lista entera de cosas físicas, poéticas e invisibles, un evangelio bonito que le hiciera justicia a Camarón.  Pero no, nomás dije: “Ah pues no sé… me gusta”.

Mi situación es difícil, me declaro una incomprendida, a veces mi mamá muestra un poco de interés, un compañero o dos del trabajo con los que a veces puedo discutir de gitanos un poquito… incluso mucha gente con la que bailo flamenco en las academias no sabe de flamenco, buscan la danza flamenca, pero no se interesan por el más allá.

Y es muy difícil, habiendo tantas cosas bonitas en los soleares, en las granaínas, en los fandangos, tantas coplas hermosísimas, tanta pasión imprimida y desperdiciada cuando voy en mi carro, pongo música y me dicen “Ay no, ¿otra vez flamenco?”.

Sé que el flamenco es complejo, no es fácil de digerir, pero esa tosquedad es tan pinche bonita una vez que entiendes el código, una vez que le das una oportunidad y conoces la historia, que lees un libro, que comprendes de dónde viene esta letrita o este compás. El gusto por el flamenco es un premio después de haberlo sufrido, digo yo.

Hace unos días descubrí esta canción, esta versión en vivo de una canción de Manuel Molina, un gitano de los de verdá (Y eso que fue hippie en sus días mozos).

Es un poema de Federico García Lorca, musicalizado por Molina y cantado por su hija, Alba.

Les dejo el video y el poema como un regalo, no como cuatro minutos de tortura.

Romance de la Pena Negra

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.

Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las sierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache, cama y ropa.
¡Ay mis camisas de hilo!
¡Ay mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

Brahma, the sleeping beauty

Posted On 8 junio 2011

Filed under India, Literatura

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“La duración del universo, desde sus comienzos hasta su disolución, es un día de Brahma; una infinidad de nacimientos lo han precedido y otras disoluciones lo seguirán. El universo dura lo que dura el sueño de Brahma; al despertar el universo se desvanece pero vuelve a nacer apenas la divinidad se echa a dormir de nuevo.

Brahma está condenado a soñar el mundo y nosotros a ser su sueño.

Conocemos la duración de estos sueños recurrentes: 2,109 años terrestres. En otras versiones la duración de estos sueños es de 4,320 millones de años.

Cada ciclo (kalpa) está compuesto por eras (yugas). Hay cuatro en cada kalpa y nosotros vivimos en la cuarta era, la final de este ciclo: Kaliyuga. Es la era del error, la confusión y la degradación del orden cósmico y social. Su fin se aproxima y perecerá por la doble acción del fuego y del agua. Después de un periodo de letargo cósmico, el universo recomenzará otro ciclo. Así pues, el tiempo se acaba, tiene un fin: pero renace y vuelve a recorrer el mismo círculo; es un sinfín”.

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Octavio Paz, Vislumbres de la India, 1995.

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(Acabo de terminar este libro: PURA SABROSURA).

Abacuc

Posted On 25 mayo 2011

Filed under Literatura, música, poesía, viajes

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Esto es en una pared en Austin.

Lo fotografié por el aria “Habakkuk” del Ludus Danielis, una ópera medieval basada en el libro de la Biblia.

Si buscan en la Biblia “Habacuc 2:12” (que era un profeta que tuvo visiones) encontrarán lo siguiente:

2:12 ¡Ay del que edifica una ciudad con sangre y la funda sobre la injusticia!”

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Estampie lo musicalizó chingonamente, escuche usted el minuto 1.29: Ludus Danielis / Abacuc. Minuto 1:29

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Dice así:

Abacuc tu senex pie

Ad lacum Babyloniae

Danielis fer prandium

Mandat tibi rex omnium

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Traducción:

Abacuc, tú, hombre viejo y pío

Ve al pozo de Babilonia

a traer comida para Daniel

pues el Rey de todo el pueblo te lo ordena.

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Lindo, no? (:

Carta, telégrafo o invocación

Texto (carta/telégrafo/ invocación) a Alejandro Gutiérrez. Marzo 25 o 12 de Abril, qué carajos importa.

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“Era muy tarde para llamarte, así que decidimos mejor avisar por la mañana” dice una voz mientras una taza de café se quiebra en pedazos en el piso.

A esas horas del día siguiente, la muerte comienza a pegarse en el tapiz de los sillones, se incrusta en las grietas de la pared, drena la sangre que corre por las venas de los libreros, desaparece las entrañas de las alacenas; la muerte vacía todos los objetos, los retratos no retratan nada, los cepillos de dientes se saben solitarios y un plato puede lucir la más dolorosa desolación cuando la muerte se anda flotando de una habitación a otra.

Las gargantas son tomadas por asalto y el cuerpo obedece al llanto cediendo un trozo de su corazón ante la tragedia extraexistencial.

Como una cascada, un juego en el que una ficha de dominó tira a la otra y esta tira a otra y así sucesivamente, y después de resistirse a la realidad, sobrevienen los por qués: ¿Pero cómo fue? ¿Cómo es posible si lo acabo de ver? Hablé con él ayer.

El vacío de muerte terquea y nosotros nos aferramos a lo que fue.

La muerte nos vuelve tan vulnerables, tan pieza equivocada de rompecabezas, tan lindos con los ojos dilatados de un ciervo que ve venir hacia él las luces de un camión. Y nuestro asombro es tan verdadero que nos hace adorables como un niño frente a una cámara, y nuestra incomodidad es tal que las sillas no nos contienen, los sillones no nos mantienen, los bolsillos no logran guardar nuestras manos inquietas…

El mundo entero incluso se vuelve insoportablemente vivo cuando uno de nosotros ha muerto.

Qué odiosos esos pájaros cantando su trino tan fresco, qué insensibles los malditos rayos de luz que se echan como gatos al piso frotando las lozas, cómo es posible que el día se levante tan como si nada, mientras nosotros con tanta insistencia de muerte estirándonos los cabellos y haciéndonos caras y gestos al espejo.

Entonces rompemos en llanto porque no comprendemos, porque nos sentimos tan abandonados a nuestra suerte, la cual puede ser tan mala como para arrancarnos de la rutina que sí nos es familiar. Tanto abandono y tanto “Ahi-a-ver-cómo-le-haces” nos hace llorar de impotencia porque ni siquiera nosotros mismos tenemos control sobre nosotros mismos.

Tememos al animal de la muerte, que un día nos salte al regazo mientras nos entregamos al té y entonces sí que nos estropearía la ropa, y Dios te libre de derramarlo en la alfombra persa.

Con la noche vienen los cirios, los olores del surtido de flores, las sombras, los objetos que se mueven gracias a manos invisibles, los llantos más desgarradores y las tazas del café más cargado. En la oscuridad solemne nos doblegamos a la fatalidad de la pérdida, la comprensión de la muerte nos llega como por arte de magia, pero no la sabemos explicar, todo es más claro en la oscuridad.

Luego viene la bofetada de la realidad: Él está ahí, pero no está ahí, y tanta dualidad nos confunde, nos teje más telarañas en el corazón.  Si ya no está, entonces ¿dónde está ahora? Y si ahora “está”, ¿dónde se supone que estaba antes?

El proceso misterioso, mágico e incomprensible del funcionamiento del alma nos vuelve a quebrar en dos y nos reduce al concepto de “No somos nada”.

Nos volvemos a abandonar al llanto porque si no somos nada al Universo no le importa si lloramos, si cuelga un moco, si babeamos los hombros de los demás cuando nos abrazan. Nada importa si no somos nada.  De golpe entendemos que todos los años de vida son la preparación de la muerte y estamos destinados a salir de este mundo tal y como entramos en él.

Nuestro funeral se vuelve un vicio, un morbo íntimo, una vergüenza inevitable y eventualmente sufrible.

Vuelves a la tierra, vuelves a la nada, a la levedad, a la imaginación de alguien, a la memoria, a las tardes de viento, a flotar con la muerte sobre las cabezas de los vivos.

Reflejo de luz, corriente de aire a través de las cortinas, personaje de ensueño, leyenda o anécdota, fantasma o ángel, alma sin cuerpo.

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Este 25 de marzo, Alejandro Gutiérrez fue llamado para otros quehaceres que no implican respirar.

Mientras mi primo azotaba puertas, encendía y apagaba lámparas, terco por querer permanecer aquí, yo me las arreglaba para pensar en él, en su muerte repentina, sin depreciar (sic) toda su vida… 28 años igual que yo.

Alejandro vino a vivir y así lo hizo, su vida es para mí un testimonio de que la velocidad en que transcurre el tiempo a través de nosotros es relativa y confirma que todo pasa por una razón desconocida para nosotros, que alguien tiene un plan para cada uno y que aunque ese plan está frente a nuestras narices, sólo se devela al final de nuestra existencia.

Confío plenamente en que mi abuelo (quien murió el mismo día pero hace cinco años) aprovechó la vuelta para recibirlo a la puerta que separa al mundo de los vivos y los muertos, muy seguramente le está dando un tour para mostrarle aquella casa en el aire, una vuelta de reconocimiento al Cielo, mientras intercambian opiniones y que’sto y que’lotro.

El Evangelio Según Judas Iscariote

Posted On 19 marzo 2011

Filed under cuentameuncuento, Literatura

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Con motivo de la Cuaresma me acordé de este cuento, escrito hace muchísimo tiempo, circa 2000-2002, vaya usté a saber.

En mi rebeldía ilusa, más parecida a una fiebre, me atreví a dudar de la historia original de Jesucristo, no como un personaje santo, sino como una historia contada por la humanidad durante los últimos 2011 años.

Me parecía bien romántico que Judas traicionara a Cristo y quise aderezar la historia, como buena bullshitter, llámese “escritora”.

Sugerí que Judas amara en secreto a Jesucristo y que se viera obligado a traicionarlo porque alguien de los doce tenía que hacerlo. Alguien iba a hacer ese trabajo anyway, según la voluntad de Dios, right? (Yeah, right).

Entonces Judas asume el papel de enamorado suicida y se echa un alacrán por toda la eternidad, que es: traicionar al guapo de Cristo.

Lo hace realmente porque estaba enamorado y era quizá la única manera de compartir algo (ese beso/traición) íntimamente con el hijo de Dios. Esa era mi hipótesis, nunca refutada claro, dénme crédito.  Esta hipótesis fue bautizada como “El Evangelio Según Judas Iscariote”.

El caso es que escuchando Museum of Iscariot me acordé del cuento. Le hice unas correcciones en calidad de “rapidín” y se los presto para que lo hagan garras. No recuerdo haberlo publicado antes (quizá sí, este Alzheimer…) porque sentía que la idea podía trabajarse y armar algo más extenso sobre este amor prohibido épico, pero ahora mismo no estoy de humor, y como no he estado de humor en casi diez años supongo que no lo estaré anytime soon.

La canción es Museum of Iscariot, de la banda australiana Virgin Black.

El cuento es autoría de una Lizbeth de… uhm, unos 18 o 20 años. Ya llovió.

 

 

Jesus de Nazareth,

Un libro narra tu grandeza y tu gloria, mi libro describe tu belleza

 

“No morir, sino sufrir. Ni morir, ni curar, sino vivir para sufrir”

Santa Magdalena de Pazzi

 

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El Evangelio Según Judas Iscariote

por Lix Gutiérrez

– Mi alma siente angustia de muerte – le escuché decir en apenas un susurro para no aumentar nuestro terror.

Al instante abrí mi pecho para mostrar mi corazón aún enjugado en sangre para decirle ya sin miedo: – Este tiempo que vivo y en el cual respiro tu aire, es la vida que me han regalado: La tomo entre mis brazos, la arrullo y te la devuelvo. Esta es mi vida y la abrazo por ultima vez.
Enjugó sus lágrimas en el torso de su mano ajada y cansada de lavar leprosos; me miró detrás de la cortina de tristeza que cubrió aquella noche sus inmensos ojos de luna muriendo. ¿En donde más sino en la exaltada existencia se percibe la belleza de un corazón cálido que se debate entre la pasión por el amor y la tristeza?
A punto de romperse en pedazos dijo en voz alta – De pie! El traidor está ya muy cerca.

Lanzándome una mirada de compasión y complicidad cayó entonces al suelo, llorando por fin, despegándose la angustia que se le incrustaba en la piel y le corría por las venas aquella noche de mi traición.

Vertió en lágrimas su perdón, el que yo necesitaba para sobrellevar la perdición de nacer bajo este nombre y bajo estos astros.

– Judas Iscariote – me llamó con dulzura – Acércate –

Me hinqué ante su cuerpo deformado por el dolor.  El olor a rosas que expedían sus cabellos, me golpeó. Se había embalsamado todo de flores aromáticas y pétalos babeantes en savia y miel, aromatizado para su mortaja fragante.

Su piel temblorosa al tacto y su sexo debajo de la túnica sucia y arrugada me llamaron. Lo tomé de los hombros para evitar una segunda caída y me miró de frente, aturdido, cansado de una vida entera de sentimientos traicioneros, de sacrificios y ofrendas, de placeres divinos y orgasmos furtivos. En sus ojos había dudas del rumbo que tomaría su espíritu intacto, por el que tanto sufrió para mantenerlo inmaculado.

Así, con esa mirada, trató de confortarme, de agradecer infinitamente mi papel antagónico en esa farsa inapelable y necesaria, sin ninguna palabra más que las que de pronto me vinieron a la mente sin llamarlas.

Su voz fantasmal atravesó el aire y se incrustó en mis orejas. Yo lo observaba para guardar en la memoria su hermoso rostro, confundido de escucharlo y no verlo mover sus labios voluptuosos aún en esa mueca de santidad. -¡Háblame!- Le grité desesperado, aguardando una disculpa en lugar de un agradecimiento.

– Háblame! Dime algo, necesito escuchar tu voz-

Abatido, detuvo el torrente de pensamientos que ponía en mi cabeza y todo cesó.

-Yo, Iesu, soy tu Judas Isacriote, quien ahora especula sobre tu fin y el mío. ¿No soy yo, a quien de los doce has convertido en vuestro Diablo? ¿No soy yo El Traidor, quien en hedonismo se entregó al éxtasis de observarte y amarte en secreto?. Yo, Iesu, soy Judas, rendido ante la obra de belleza de un Dios que ve lo que yo veo y que luce como yo. Perdóname esta noche por arrojarme a las sierpes del destino, por haberte traicionado a la perfección… Te pregunto, aunque tu indulgencia parezca tan magna como para soportarla: Por delatarte, ¿Podrás perdonarme?

Colapsado, lloró el río, testigo de mi declaración amorosa y de la estupefacción de aquellos once elegidos y cobardes, los faltos de amor y devoción.

Me acerqué sin dudar cuando escuché a lo lejos la marcha de sus custodios, decidido a desnudarlo y amarle por fin ahí bajo la luna y los árboles que el aire acariciaba con violencia anunciando el fin del mundo. Quise abrazarlo para no quedarme solo, para impedir mi suicidio y así me acerqué.

– Maestro mío- le dije a un palmo de su rostro lloroso- que la miseria se cierna sobre mí antes que sobre ti. Que Dios te guarde- Y lo besé.

Sus labios en llamas, cobijaron los míos con destreza, ablandándolos con su lengua ávida de mi saliva, como si conociera en absoluto los rincones de mi boca y acoplándose a mi respiración que acelerada trataba de retener su aliento en mi corazón. Estaba entre nuestros cuerpos, la pasión de Iesu Christi, y mis manos buscaron la textura de sus cabellos largos, suaves como ala de ave, negros como los ojos que encerraban sus párpados celosos.

Fuimos de pronto asimilando nuestra muerte, dos cadáveres deshaciéndose de sus jugos eróticos deseando quedarnos así, fundidos en el beso de la resurrección.

Me separé de él inconscientemente, obedeciendo al tiempo silencioso que dictaba la hora de mi catástrofe eterna, hambriento aún de sus labios y su cuerpo, de sus manos sabias que sabían tocarme y hacerme sufrir.

Escuché entonces a mis espaldas la voz de uno de los once – Oh! Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?- y continué sin mirar atrás. Mi paseo, que envolvía la eventualidad de mi castigo y el abismo del perpetuo mal de amores.

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SE VENDE / TRASPASA VIDA

Vendo y/o traspaso vida de 28 años con respetable experiencia adquirida en campos varios.

Especializada en desamor, en expresión escrita, en las artes de los sándwiches a media noche; con un master en gastritis nerviosa y premios internacionales en el tópico de actuar incorrecta, ridícula y estúpidamente.

Trae algunas fallas de fabricante, como el optimismo aguerrido y la depresión espontánea. El cuerpo viene con un rostro un poco deforme y le fallan los procesos de razonamiento y pensamiento a causa de una fractura craneal que quizá haya afectado un poco la corteza cerebral que rige estas dos habilidades humanas. Una de las manos (la derecha) es una pieza intercambiable y no venía con el cuerpo original.

No tiene afectaciones visibles y sus extremidades funcionan a la perfección.

Incluye conocimientos inservibles pero interesantes capaces de animar una conversación o engañar a algun despistado. Contiene debilidades por la miseria, el hedonismo, el lujo y la guerra. No posee habilidades en el campo de la sutileza y los buenos modales. Tampoco posee ambiciones y es débil ante la contemplación.

En oferta, la vida se va con todo, sueños, anhelos y fuerzas de vivirla, sin embargo advierto que de ellos es imposible separar los miedos, las obsesiones y las tristezas, asi que el paquete no es intercambiable.

Se vende la vida completa, sin embargo también se aceptan ofertas de traspasar solamente el cuerpo, el corazón o el cerebro. Disponibilidad para negociar.

Trato directo. Inmediatez. Los informes son confidenciales. Adjunto fotografía.

 

No se me ponga retórico (o “Enretoriquéreseme ahi”)

Posted On 6 enero 2011

Filed under Literatura, locuras

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“NO SE ME PONGA RETÓRICO” (también conocido como “Enretoriquéreseme ahi”)

Por Lix Gutiérrez

Publicado en la revista “Póincatelas”, el 34 de fibriembre del año 1217

Antítesis, oxímoron y antonomasia se calentaron muy símil cuando el concepto del eufemismo descaradamente le acarició a hipérbole sus dos lítotes redondos.  Ironía y metáfora hicieron la meonimia muy rico hasta llegar al sinécdoque de la paradoja, personificación cínica y sexual de la sinestesia…. Sin embargo un calambur le causó metátesis a las paragoges que le chupaban la paronomasia a Anáfora con singular ensalivación. El apóstrofe gimió como un toro cuando llegó a su clímax con una exclamación de interrogación que más bien se parecía  a la onomatopeya del anticlímax. El muy Anacoluto de dio a todos un asíndeton descarado causando así un polisíndeton, cuando hipérbaton y pleonasmo se vinieron sobre zeugma.

Un tributillo a Cortázar (formado con puras figuras retóricas del lenguaje) para recordarle que lo quiero mucho.

Dentro de mis ojos cerrados

Posted On 28 diciembre 2010

Filed under Libro Rojo, Literatura

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Como todas las cosas que uno no se espera, esta sucedió de madrugada, en la esquina de una calle.

Desde el asiento del conductor y a través de la ventana derecha de su auto se inclinó para decirme “Feliz Navidad” con una sonrisa que no supe interpretar.

Lo primero que vi fue mi cara horrible de recién levantada y después el título “Dentro de mis ojos cerrados, Lizbeth Gutiérrez”. Al abrir los ejemplares, estaban uno tras otro, textos míos, corregidos, aumentados y recargados.

Me temblaron las patitas de pollo y ora sí… ¿qué dice uno en estas situaciones?, ¿qué tanto agradece?, ¿cómo paga uno un detalle de esta magnitud?

Llorar es la respuesta… claro, por supuesto.

Uno se va llorando todo el camino a casa, mojando las pastas de un libro que no sabía que había escrito yo, reflexionando cosas y atando cabos de  por qué las cosas suceden como suceden.

El libro contiene textos que nunca había publicado ni en mi fotolog ni en este blog, hay un par de cuentos que compartí sólo con un par de personas y otros que fueron escritos al aire para no olvidar un sueño o una pesadilla. Hay textos de hace cinco o seis años y otros de hace unos meses.

Siento vergüenza al leerme, el sentimiento de despegarse de uno mismo para convertirse en lector de uno mismo es increíble. Me siento desnuda, como si muchas personas fueran a asomarse al baño mientras estoy cagando, creo que esa es la comparación más acertada.

Le tengo miedo a las comas, a los puntos finales, a los verbos mal conjugados, a los adjetivos mal empleados… tengo miedo de que me lean otros y encuentren cosas de mí que no les gusten… no sé, me confunde verme así, en letritas formales, en un libro hecho y derecho, en un ejemplar que es todo mío, pero que estuvo dedicado y escrito pensando en otros.

Gracias a García, por jalarme de las greñas para sentarme a escribir, por presionarme como una cagante piedra en el zapato para crear algo leíble. Esto está super trillado, pero gracias por empujarme al vacío de los escritorcillos. Te quiero y no te voy a quedar mal, te lo prometo.

Y ora sí, ¿quién quiere uno?, ¿quién dijo yo?

El amo y el sirviente

Posted On 16 diciembre 2010

Filed under Literatura

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Tu cuerpo es nuevo para el mío y tarda en reconocer las dimensiones. Tiene un ligero disfrute al calcular la distancia que hay entre tus brazos a través de tu espalda, busca medir tu volumen con un abrazo, curiosea por tu cuello, palpa tu pecho, se encuentra con tu cintura y se aprieta a ella.

Descubre con aprobación el olor de tu piel y asombrado, cae en un trance, una somnolencia causada por pequeñas explosiones en el cerebro que indican que tu cuerpo le agrada al mío.

Mi cuerpo todo es una sonrisa.

Alcanza a probar con los labios el borde de tu oreja, la lengua busca saborear tu sal, engullir de un bocado, y la somnolencia prevalece cuando sufro de un gemido.

Mi cuerpo reconoce el estado de comodidad que le brinda el tuyo, ellos buscan acoplarse, comprender el funcionamiento de un suspiro, la humedad de un beso, el calor del pequeño espacio que ambos buscan ocupar cuando se abrazan, experimentan con las acciones y sus reacciones. Las manos de tu cuerpo irrumpen en el mío y mis extremidades ceden, se inflaman, arden cuando tus dedos trazan y me atrapan con un beso.

Ojalá el tiempo se hubiera detenido antes de encontrarse las bocas.

La faz de mi cuerpo convulsiona bajo tus labios, ventosas de humedad, sellos indelebles, marcas calientes que andan errantes construyéndolo todo para luego destruirlo a su paso.

Tu cuerpo debe detenerse antes de que el mío colapse.

La razón, que no disfruta de los placeres de la carne, no comprende cómo nuestros cuerpos se ocupan sólo en embestirse, no entiende de humedades, de cercanías, no tiene opiniones sobre la desesperación causada por el sexo; ella no conoce la locura, no sabe de cegueras que involucran camas y espaldas desnudas. Razón no manda donde Lujuria dirige.

A mi cuerpo le gusta esta sensación de instrumento, de artefacto que provoque, de objeto de arena bajo las palmas de tus manos. Se rehusa y se resiste, pero luego se abandona y se deja hacer; se recrea, se aprovecha del tuyo para dejarse poseer, para debatirse entre la pertenencia y la rebeldía.

Nuestros cuerpos, entonces, se divierten encontrándose, comprobando resistencias, midiendo y calculando los puntos débiles de un erotismo natural, una guerra de animales, una lucha de apetitos que se están disputando la supremacía.

Lix Gutiérrez, 2010

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