Un sueño de Enrique Morente

Posted On 1 febrero 2014

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Esta era una habitación pintada de azul eléctrico con algunas ventanas amplias y sin cortinas que dan a una playa que no se ve desde aquí adentro. Hay un piano viejo que emite algunas notas en el silencio ronco de la frecuencia de las olas del mar, y sentado frente al piano está Enrique Morente.

En cuanto lo veo se me encienden los ojos, siento un fuego incontenible de querer ir a abrazarlo con las llamas, de preguntarle cómo, por qué, dónde, cuándo, todo. Y voy, porque así son las oportunidades, un caminito invisible que nos lleva a actuar por impulso, pero ya ciegos, seguros de que el resultado va a ser bueno.

Le digo que qué hace aquí, que por qué no hay nadie conversando con él, que ‘mucho gusto, soy mexicana’. Él dice que qué bonito acento tengo, que no suena a mexicano. Entonces con más orgullo golpeo mis frases, porque soy regia, “Soy del norte, Señor Morente”.

‘Ah’s y ‘Oh’s, y ‘fíjate, qué interesante’.

Sí.

Me pide que me siente a su lado, que vamos a cantar. Se pone frente al piano, empieza a tocar algo que le dictan sus dedos, algo que no está inventado todavía. Me dice “Toma esto, te va a ayudar”, y en mi mano pone un mango, una fruta amarilla y negra, porque el mango está cubierto por cabello, pedazos de cabello como de una peluca mal hecha o un animal de rincones.

En mi mente me muero de asco porque los mangos me dan repulsión, y éste con cabellos largos púbicos me causa una arcada instantánea.

Pero Morente se arranca tocando el piano como los grandes, aplastando las teclas fuerte y su sonido ya rebasa a las olas del mar; poseído por el arte cierra los ojos y yo me doy cuenta de que estoy frente a un semidios, una leyenda viviente. El alma se me llena de lágrimas porque hasta en mis sueños yo ya sé que éste está muerto, que estoy sentada al piano junto a un fantasma, un holograma romántico que canta jondo.

 

Morente toca un fandango y pronuncia fuerte y rajado:

“Se estudia y se aprende bien lo más difícil del mundo,

se estudia y se aprende bien.

Me puse a estudiar tu cariño y no lo pude comprender

por eso sufro y lloro como un niño”.

 

Quise tirarme al suelo y echarme a llorar en su regazo, pero pronto era mi turno de cantar, me lo dijo con los ojos.

El mango en la mano, con todo y sus pelos, se suponía que era el amuleto para cantar bonito, para invocar un fandango sentido que acompañara al del maestro.

Muchas coplas desfilaron por mi mente y elegí la mía, pero cuando abrí la boca el mango se comenzó a mover en mi mano. Se movía y sus cabellos espantosos me hacían cosquillas repulsivas en la palma, volteé a verlo y el mango estaba en plena mutación, se movía como si tuviera un feto dentro y entonces se le formaron unos brazos y unas piernas.

Solté la fruta-hombre en plena transformación y cayó al suelo haciendo el ruido seco y viscoso de la fruta cuando se cae del árbol. El sonido de su caída retumbó sobre el piano y el mar y yo lo hice inmenso en mi mente, como de carne golpeada, como de suicida, como de puerco muerto, como de nalga. Horrible.

En el suelo seguí con horror la deformación del mango, su cambio hormonal de fruta a monstruillo, mientras Enrique me veía como si fuera una asesina.

‘Lo siento, Enrique, es que el mango está vivo, ¿qué hago?, perdóname’.

Al mango le crecieron pies, manos y una cabeza, su piel amarilla se magulló con la caída, pero eso no impidió que siguiera moviéndose, como naciendo. La criatura se quedó en el piso, revolcándose, intentando crearse un rostro, pero no lo logró. Sus pelos se convirtieron en raíces secas y el olor era insoportable. Las moscas lo llenaron y Enrique y yo sólo nos quedamos mirando.

 

La Lupi en Monterrey

Tengo algunos años bailando flamenco, no estoy segura de cuántos, creo que 8 o 7. Me he repartido esos años en tres academias, casi siempre siguiendo a maestros a quienes quiero aprenderles algo de técnica o coreografía.

Hace un par de semanas terminé mi año ‘escolar’ en la Academia de Danza Flamenca de Sabás Santos, un artista al que admiro y le tengo mucho cariño.

Fitting flamenco outfit

Generalmente, en las academias, se enseña técnica de pies y de brazos, y una coreografía por curso, este año aprendí una Rondeña, que es un palo flamenco (dígase un ritmo o género de los muchos que hay dentro del flamenco).

Ensayo general Ensayo general

El cierre de cursos se hizo con un espectáculo flamenco en el Teatro de la UANL, el pasado 23 de junio.

Sabás Santos

Ensayo general en el Teatro de la UANL Backstage Backstage

Fotografía de Manana An Fotografía de Manana An Fotografía de Raúl González Fotografía de Raúl González

Debo admitir que me sentí muy satisfecha de terminar mi año flamenco tomando mi primera clase para bailaores avanzados, con gente que tiene más de 10 o 15 años bailando; con gente a la que le aprendes, aunque sean alumnos igual que tú. Fue gratificante.

Raúl y Lix, se quieren y son novios Ilsa, Carlos, Susana, Manana y Oscar, a family portrait Mi Marcia y yo Alma, Andrea, Marcia, Elena, Lix y Malú.

Pero la historia feliz tiene un turn dramático, horrible y bello, algo así como una película de Disney para adolescentes.

Días después de terminar mi curso anual, me enteré que el Festival de Arte Flamenco Monterrey traía a la Ciudad a Susana Lupiañez, also known as La Lupi, bailaora profesional y diosa de la cumbia andaluza.

Mi mundo se sumió en una felicidad que no cabía en el cuerpo, un contentismo bailarín lleno de sueños dorados que sólo sueñan los fans cuando calibran la posibilidad de conocer a su ídolo. ¡Qué bueno que existan los ídolos, los mitos inalcanzables, las leyendas vivas que nos hacen siempre ser mejores!

Sobra decir que yo ya conocía desde hace tiempo el trabajo de la Lupi, la vi bailar con Miguel Poveda en Las Ventas, le vi mover los brazos como olas de mar tranquilo, ya conocía su arrebato y su duende añejo, no como las bailaoras jóvenes que mezclan la danza contemporánea y un poquito de desgarre andaluz. No. La Lupi es añejería, es gitana gorda (no que ella esté gorda, sino su baile lleno de energía gorda), es abuela andaluza con delantal bailando por bulería en medio del patio, es una admiración viva a las flamencas de antaño.

Sin dudar desembolsé mucho o poco (porque todo siempre depende del cristal en que se mire) para pagar un curso con ella, de dos horas al día durante cinco días. Diez horas de verla nomás, no me importaban los temas que tocara su curso, ni el tiempo, ni que las clases fueran para flamencos avanzados, sólo me importaba verla, así de cerquita, verle hacer flores y zapatear su zapato flamenco traído de Andalucía: Agh, muero.

Calentando antes de clase

Así me llegó un 2 de julio, en el Centro de Arte Flamenco, en San Pedro, cuando entré al estudio y la vi ahí paradilla, chiquitita, petite, diciendo “Pero, mujé, passen, passen, buenos días!”. Morí un poquito cuando me saludó.

Hace mucho tiempo que no recordaba estar tan nerviosa.

La clase comenzó con unas 20 alumnas y de inmediato se me terminó la luna de miel. Todo era muy difícil para mí, me sentía un costal bailando frente al espejo, un espantapájaros moviendo los brazos sin orden, horrible, un desastre.

La Lupi, apasionada, gitana y gritona, me intimidó muchísimo, no logré hacer nada bien y cuando terminó la clase me fui de ahí arrastrando mi optimismo.

A la verga todo, pensé, no sé nada. Todos estos 8 años pensando que bailo flamenco fueron una farsa, ni una clase que había tomado en la vida me había hecho sentir tan mal y comencé a dudar de mi habilidad/amor por y en el flamenco.

Al día siguiente fue peor, quizá lloré en el carro de vuelta a casa. Pensé en abandonar el curso porque era lo mejor para el grupo, La Lupi no tendría que detenerse a explicármelo todo en cámara lenta para que lo entendiera, y las demás chicas quizá podrían avanzar más sin mí.

Una conversación con mi novio guapo y no flamenco, me devolvió a poner pies en la tierra y al día siguiente me presenté con nuevos, igual de jodidos, pero nuevos, bríos.

Me dije: Mira, Liz, ya sabías que la Lupi era grandes ligas, en el fondo sabías que ni de pedo ibas a poder realizarlo todo y menos en dos días de clase. So, losen up, tight bitch, y ve a hacer lo que puedas.

Y créanlo o no, el tercer día me fue mejor. El cuarto me volvió a ir de la patada, pero ya no tan mal como el primer día, ya no le tenía tanto miedo a la Lupi y ahora sí me dediqué a preguntar un chingo y a corregir muchos vicios en posturas y en el flujo del baile.

La Lupi puso coreografía de Soleá por bulería y cuando me relajé lo empecé a disfrutar, me sentí más cómoda incluso al equivocarme, porque la Lupi es tan buena maestra, tan dedicada y tan ojo de águila, que hasta de lejos a tres mil kilómetros de distancia te detecta un error y te exige lo que ella ya sabe que puedes dar. Es la mejor, la adoro.

Fin de curso con La Lupi en el Centro de Arte Flamenco

Terminé bailando la pinche Soleá, con algunos espasmos, pero bailándola completita. Mi objetivo personal del curso no era aprenderme toda la coreografía (es imposible para mí, todavía, aprenderme una coreografía completa en 10 horas, lo siento, no puedo), sino robarle a la Lupi todo lo que supiera para mejorar el movimiento de cuerpo y que no se viera moderno o como posturas de ballet, sino agarrarle ese pellizco gitano, ese impulso de sentir el flamenco en los chakras, como dice ella.

Siempre busca la esencia, digo yo.

Al final del curso le confesé mi miedo y mi amor, le expliqué que ella para mí es lo que Paco de Lucía a un guitarrista: Dios.

Que le aprendí montones, que la admiro, que qué bueno que existe en este mundo. Y ella me regañó, me habló, me dijo cosas, mientras mi corazón se hacía grandote de tanta alegría.

la foto (12)

No terminé bailando hermosamente como otras alumnas, pero me llevé muchísimo de esas 10 horas y estoy sorprendida; me felicito de haber tomado el curso y agradezco que mi Raúl no me haya dejado claudicar.

No entiendo mucho de moralejas todavía por aquí, pero me quedé chida, muy contenta de haber sido bien regañada por la Lupi porque eso quiere decir que me observó y le interesaba corregirme y ya con eso me voy feliz, en paz con el mundo y conmigo.

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi, Fotografía de Raúl González

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi se presentó el sábado 6 de julio en el Teatro de la Ciudad con su espectáculo ‘Yo, conmigo misma’ y el teatro bien relleno. Si no fueron, se lo perdieron por mensos.

¡Qué viva el pinche flamenco!

El sueño de una defensa pública

Hace poco fui a una fiesta, ahí me quedé sola unos momentos con gente que no conocía. La música había sido toda la noche una mezcla de ochentas, goth pop, rock a lo Joy Division y muchas cosas que yo oigo como idénticas todas (Perdónenme, fans de Joy Division).

No me malentiendan, creciendo con una familia de ‘Sopa de caracol’ en las fiestas y ‘El Corrido de Laura Garza’ en las Navidades, tengo callo para tolerar muchos géneros de música. Sé muy bien lo que me gusta y lo que no, pero no repudio, ni condeno a Satánas… a veces está chido salir de mi zona de confort musical (Así me presentaron postmortem a Jenni Rivera).

Total, que en esta fiesta me quedé sola por un momento con un grupo de personas que no conocía y como no bailaba ni disfrutaba el volumen alto de aquellas piezas doradas (quiero pensar que fue por eso), me preguntan de pronto: “¿No te gusta Joy Division o qué?”.

No me lo pensé ni un minuto y dije: “No”.

De inmediato noté la incomodidad de mi respuesta en todas las personas que estaban en ‘la bola’. La regué.

Alguien entonces, con un corajito disfrazado que yo entendía que había tocado un punto sensible, continuó: ‘¿Ah no? ¿Entonces, qué escuchas?’

Vato, escucho un chingo de cosas, pero mi primera respuesta fue: Flamenco.

Me arrepentí un poquito luego, porque me vi en la necesidad de justificar que me gustaba el flamenco y no lo hice.

No lo hice porque sentí no tenía por qué dar explicaciones a gente que no conozco de por qué me gusta lo que me gusta, pero después me quedé con una espina que no me he podido sacar.

A veces revivo esa noche y se me ocurre un gran discurso de defensa pública del flamenco, un alegato justo que dejara fuera esta vergüenza implícita porque no me gusta Joy Division. Pienso en muchas cosas que debí decir, una lista entera de cosas físicas, poéticas e invisibles, un evangelio bonito que le hiciera justicia a Camarón.  Pero no, nomás dije: “Ah pues no sé… me gusta”.

Mi situación es difícil, me declaro una incomprendida, a veces mi mamá muestra un poco de interés, un compañero o dos del trabajo con los que a veces puedo discutir de gitanos un poquito… incluso mucha gente con la que bailo flamenco en las academias no sabe de flamenco, buscan la danza flamenca, pero no se interesan por el más allá.

Y es muy difícil, habiendo tantas cosas bonitas en los soleares, en las granaínas, en los fandangos, tantas coplas hermosísimas, tanta pasión imprimida y desperdiciada cuando voy en mi carro, pongo música y me dicen “Ay no, ¿otra vez flamenco?”.

Sé que el flamenco es complejo, no es fácil de digerir, pero esa tosquedad es tan pinche bonita una vez que entiendes el código, una vez que le das una oportunidad y conoces la historia, que lees un libro, que comprendes de dónde viene esta letrita o este compás. El gusto por el flamenco es un premio después de haberlo sufrido, digo yo.

Hace unos días descubrí esta canción, esta versión en vivo de una canción de Manuel Molina, un gitano de los de verdá (Y eso que fue hippie en sus días mozos).

Es un poema de Federico García Lorca, musicalizado por Molina y cantado por su hija, Alba.

Les dejo el video y el poema como un regalo, no como cuatro minutos de tortura.

Romance de la Pena Negra

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.

Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las sierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache, cama y ropa.
¡Ay mis camisas de hilo!
¡Ay mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

Mártir de la gastroesofagia ( o “El espíritu chocarrero de Cindy La Regia “)

Amigos, sufro.

Una dolencia mundana y pendeja, pero estoy en sufrimiento: No tengo dinero.

Soy pobre por siempre y estoy apegándome al peor de los regimenes de abstención comprística, o sea que ando codeando, machín, mal pedo y como sólo una regia sabe hacer.

Mi enfermedad, (chéquense cómo voy a aplicar the ultimate argumento para dar lástima: el que conjuga la economía y la salud) me ha hecho perder millones y millones de pesos.

El doctor dijo que tengo reflujo gastroesofágico (ya sé, da asquito) pero qué le hago, tengo que darles un poquito de lástima. Este mal es una combinación de gastritis con el hecho de que una tapita del esófago no está funcionándome bien y los síntomas son parecidos a la gastritis pero con otras acentuaciones que no discutiré en este parlamento.

El caso es que comprar las medicinas me dejó en bankrupcy, ban-ca-rro-ta, en la calle, en calzones, sin un peso. Una caja de 10 pastillas me cuesta 720 pesos, nomás pa que se den una puta idea. Sigh.

Anyway, a lo que voy es que sufro y sufro por lo siguiente.

Encontré un nuevo lugar para hacer yoga, en el que combinan yoga con telas, hatha, vinyasa y… danza aérea.

Aquí viene el sufrimiento: No tengo dinero para costearlas.

Mi plan de agosto era cambiar de yoga, retomar pole dancing y seguirle flamenqueando, pero ahora, sin dinero, no me queda más que ser gorda.

Gorda y pobre.

Esto se escuchó muy Cindy La Regia jajajaja me encanto.

Nah, el caso es que este nuevo programa de yoga es bellísimo y la danza aérea es un sueño!!! Uno se toma de las telas (Poncho) y anda por el aire haciendo acrobacias, haciendo atados en pies y manos como en el Cirque du Soleil… es mi nueva obsesión.

Hace unos meses descubrí el lugar y la verdad es que es muy cómodo y el instructor es muy agradable y te chinga para que quedes bien fit. El lugar es céntrico y he aprendido mucho en estos últimos tres días que tomé clases de prueba.

Este es mi tercer lugar donde hago yoga, no sé por qué, creo que me aburro muy rápido de los instructores o en cuanto se vuelven predecibles las asanas, busco otra cosa… pero en el fondo lo amo.

Yoga me ha cambiado la vida (ya sé que eso también siempre lo digo) pero es verdad, y no quiero dejar de practicarlo. El gimnasio es tosco, me siento tonta haciendo los mismos ejercicios sin sentir que realmente mi cuerpo cambia a cada día… el yoga es instantáneo, al momento comienzo a sentir ese golpe de aire en el cerebro, ese rush en los músculos, esa sensación de llevar mi cuerpo a otro nivel… no sé… I’m in love.

Hace unos meses me ofrecieron comenzar el curso para ser instructor de yoga, pero lo decliné… siento que todavía me faltan cosas qué aprender, quizá por eso sigo cambiando de instructores.

Me arrepiento mucho de no haber hecho yoga en India con un verdadero yogui o gurú, de hecho en algunos templos nos ofrecieron regresar de noche, porque en los techos se reunían a practicarlo durante toda la madrugada. Si no hubieramos tenido tanto miedo de andar de noche en India, hubiera con mucho gusto pasado una noche entera mejorando posturas.

Anyway… Okey, júzguenme de exagerada y superficial con eso de que sufro por el yoga, pero es neta que ahora mismo ando haciendo malabares financieros para costearme las chiflazones.

You know what they say, chiflada once, chiflada forever.

(what did she said?)

jajajaja

Enrique Morente (1942-2010)

Posted On 14 diciembre 2010

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Acababa de regresar luego de pasar una temporada en el Distrito Federal que me había sentado muy bien.

Estuve muchos días arremolinándome en los sillones sesenteros de un departamento en la Verónica Anzures y regresaba con buen ánimo a Monterrey cuando me enteré que Enrique Morente estaría en el DF dentro de un par de días.

Consideré seriamente regresar, total, un día más o un día menos… pero en ese tiempo el mismo tiempo no me lo permitía.

Sin embargo, tuve un par de días para explicarle a Akamu, quién era Enrique Morente. Le pasé algún disco (creo) y el resto fue un currículum que salía de mi corazón.

Akamu (sorprendentemente) asistió al concierto movido por el currículum cardiaco reseñado por mí y esto escribí hace dos años, cuando todavía vivía en fotolog.com/oxiborick.

27/04/08

573. Fueron dos lagrimitas de emoción las que derramé anoche a las 8.49, cuando después de subir una nota sobre dos detenidos que alegaban secuestro y tortura, sonó mi teléfono. Mi celular identificaba un número del Distrito Federal, porque empezaba con 551. Yo dije “bueno?” y el auricular me devolvió una voz ronca del que canta por alegrías el “qué dirán? qué dirán? qué te tendrán que decir?”.
De instantáneo, el corazón se me fue a los pies, se me aguadaron los brazos y dejé de respirar por los tres o cuatro minutos que duró la llamada: Era Enrique Morente, y cuando colgué, lloré todo lo que pude.
.

Ayer también se me salieron dos lagrimillas cuando al despertar me enteré de la muerte de Morente.

El flamenco va perdiendo así, de poquito en mucho, a sus leyendas añejas.

El flamenco vive de lo añejo, de lo viejo, de lo puro y es una ley de la vida que esto siempre se acaba. La ley dicta que luego viene lo nuevo y se siente sinónimo lo plástico, lo falso, lo que imita.

Morente, sin embargo, era una mezcla de lo viejo y lo nuevo… siempre renovándose, el rebelde del cante, el rokipanki, el Daredevil. ¿Qué vamos a hacer ahora sin Morente y sus audacias? ¿Qué va a ser del flamenco sin la sorpresa de cada uno de sus nuevos discos?

Dios te guarde, gitano granadino, gracias por TODA la inspiración y por tu voz, que nos ha servido de guía.

Y para quien no lo conoce, aquí algo de lo clásico. Es una canción que se llama igual que su hija, Estrella Morente, quizá dedicada a ella.

(creo que youtube ya no permite escuchar las rolas desde aquí pero abran la liga, las canciones lo valen)

Pero también algo de lo moderno. Con chambao y con su toque flamenco/apocalíptico, esta rola sobre el shock de nacer/parir.

Gitana de Portugal

Posted On 19 noviembre 2010

Filed under flamenco, stalker

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Fuimos a ver el Ballet Flamenco de Madrid y esta señora estaba adelante de mi en la fila para entrar al Teatro. Guapísima. Se nota tanto que no es española.

Ese broche flamenco en el cabello, la manera de arreglarlo entre otros pasadores… ese porte y elegancia sólo lo da la edad.

Quiero ser como ella si alguna vez envejezco y no muero en el intento.

La noche

Posted On 23 julio 2010

Filed under flamenco

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Ay, ay, que me da algo!

Quizá uno de los palos flamencos más elegantes es la soleá.

Es una cosa que sientes que se te mete por la columna vertebral y te dan ganas de levantarte bien derechito y alzar los brazos y hacer que mandas llamar al toro y darle a la faena con elegancia… Uff!!!

Cositas que nomás el flamenco te da, hija!

La letra es una cosa de aquellas que está dicha con poquitas palabras pero bien matadora.

.

“No te compro más camisas

porque yo no visto altares

pa’ que otros digan misa.

Ni te miro, ni te hablo,

ni te compro más camisas”.

.

Olé AHÍ! AHÍ! AHÍ!

Dos gitanas por bulerías

Posted On 17 julio 2010

Filed under flamenco

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OLÉ Y EL TORO MATA AL TORERO, OLE!!! QUE VIVAN LOS GITANOS, CARAJO!!!

Hay que nacer con tanto pinche arte! ¿Qué haces con todo eso?

La Flores y El Cigala

Posted On 16 julio 2010

Filed under flamenco, música

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Porque te quiero… te quiero, te quiero, te quiero, te quiero, te quiero y hasta el fin yo te querré. Olé!

Señoras y Señores, los mostros de los mostros.

Tú me quieres dejar y yo no quiero sufrir

Posted On 4 julio 2010

Filed under flamenco, música

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Esta tarde me embriagué de Diego El Cigala, y olé que no hay gitano más guapo sobre la tierra, por Dios Santo, ni Camarón, ni Pitingo, ni Duquende, vamos que ni siquiera Farruquito y ahi te digo todo.

El Cigala a orillas del Guadalquivir y esa voz rasposita al oído y ese quejío que tómame ya. Bebo Valdés es un monstruo al piano, Dios lo guarde, candela encendía de mayo y abril.

Me llega la letra bien cabrón, pero me aguanto.

.

Y aunque tú me has echado en el abandono

y aunque tú has muerto mis ilusiones

en vez de maldecirte con justo encono

en mis sueños te colmo de bendiciones.

Sufro la inmensa pena de tu extravío

Siento el dolor profundo de tu partida

Y lloro sin que tú sepas que el llanto mío

tiene lágrimas negras como mi vida.

.

Datos interesantes:

Minuto 2.04 – Al final del solo del sax, Dieguito haciendo un “OOOOOLE” de los más moros de Andalucía.

Minuto Güarever – Dieguito tiene frenos (jajajaja) quizá es una señal de que deba aceptar con gracia el hecho de que la próxima semana me los ponen a mí.

Y cómo no! Si me acaricias la cara te doy un beso, chingados no!

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