La distancia entre un sueño y una pesadilla

Posted On 10 marzo 2015

Filed under catársis, sueños

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En un parque de diversiones desierto y oculto entre neblina se yergue una montaña rusa, desvencijada, pero a tecnicolor, brillante y aguda.

Tú y yo ocupamos un carrito, estrecho y cómodo. Compartimos el espacio justo con un rencor profundo que yo siento que emana de mí y tú con una frialdad pétrea; de ti no siento nada más.

En una curva del recorrido veo que los rieles están rotos y digo en voz alta: Esto va mal, va a terminar mal. Vamos a bajarnos.

No, dices tú, baja tú.

Te pido, te ruego que bajes, por favor. Baja.

No.

Mi sueño me arroja al piso, a la tierra, y levanto polvo al caer. Me quedo ahí, sola, observando desde lejos como el carrito se aleja continuando su recorrido suicida.

¿Por qué no bajas?, me pregunto sin que tú puedas oírme porque ya vas lejos allá, en lo alto de la montaña rusa, allá, tocando el cielo.

¿Por qué no bajas, mi amor?

Me levanto, me sacudo el polvo y camino a esperar no sé qué, a esperar adentro de mi corazón o en una banca, al aire libre, porque los carros de la montaña rusa pasan por mí dejando un aironazo, el viento que me revuelve el cabello y me desacomoda la mente.

No entiendo mucho cuando Villarreal se asoma por la puerta de una habitación que flota, ella dice: Lo tienen en aquella sala, está muy mal, el tren de la montaña rusa volcó y cayó desde el pico más alto. Si lo amas, ve con Dios y haz oración.

Confundida y extrañada me dirijo hacia la sala donde Torres me espera enojada, y ella dice: No vale la pena, él no iba solo en esa montaña rusa. No vale la pena que entres ahí, está muy grave.

Asustada me abro camino entre mujeres, muchas mujeres que no conozco y que te llenan te atenciones.

Tú estás en una cama de hospital, entero, pero pálido, vomitando litros y galones de comida podrida, aguada. Tu rostro cambia de colores y vomitas más, a espasmos, y  te detienes para tomar aire como si nadaras en el mar, sólo para volver a vomitar.

La habitación está inundándose de vómito y todas estas mujeres te asisten, te ayudan, pero no hacen nada concreto y van pisando charcos de agua biliosa, pedazos de carne semidigerida, pedazos de pollo crudo que devolviste, trozos sanguinolientos que expulsaste y que todavía se mueven en sus jugos gástricos.

Rápido, pienso, rápido, tú, dame esa cubeta.

Me cuido de no llenarme las botas de vómito y me acerco con la cubeta en la mano.

Aquí, vomita aquí, te digo. ¿Qué pasó? ¿Qué pasó, mi amor? ¿Por qué así? ¿Qué es todo esto? ¿Por qué nos haces esto?

No tengo idea, contestas con restos de comida podrida en la comisura de los labios, no tengo idea.

El vómito no se detiene, yo sé que en cualquier momento vas a devolver las entrañas y retrocedo esperando una erupción, un caudal de podredumbre.

Atrás, atrás, para atrás, vade retro.

.

Sigo sin ver el día en que por fin termine de dolerme.

Defensa de un corrido norteño o “Que chinguen a su madre los cabrones de este mundo”

Hace un par de semanas me obsesioné… otra vez, para variar. Esta vez, mi obsesión se llama Los Cadetes de Linares… o más bien, un corrido, en particular, de Los Cadetes de Linares.

Los Cadetes de Linares

Ningún regiomontano puede negar, con todo su hocico retacado de carne asada y su panza atascada de Tecate roja, que no ha escuchado en su vida un corrido de Los Cadetes de Linares.

A estas alturas, que ninguno venga a persignarse con que sólo escucha la música que escucha porque la letra de un corrido de los Cadetes viene tatuada en la nalga de la vaca que nos tragamos cada pinche reunión familiar y borrachera en Nuevo León. Sí, señor.

Los corridos a todos nos los metieron a la fuerza por las orejas y la verdad es que no podemos no ponerles atención: ahí está la sabiduría de nuestro pueblo norteño, en ellos se contienen la vergüenza y el orgullo de los nuevoleoneses.

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De aquí somos, ni modo, esta es la cruz de tu parroquia, así que vamos por partes y vamos a quitarnos los prejuicios musicales, vamos a deshacernos de las capas de esta cebolla que juzgaba a los botudos y asombrerados que llegaban en una Lobo Ford al Rodeo Zuazua o a los rancheros que en las cantinas nomás están en el duroydale con el Viejo Paulino.

Vamos a ubicarnos y a asumirnos como lo que somos: habitantes del norte de México.

Después vamos discernir individualmente para nuestros adentros (cada quién su propio ‘adentro’) qué es lo que hace bueno o malo a un corrido.

Los Cadetes de Linares

Desde aquí todos coincidiremos en que Los Cadetes de Linares son la crema y nata de la música norteña, para donde le busques, ellos son la crème de la crème del corrido. A su voz principal, el Señor Homero Guerrero, un día le salió está voz aguardentosa, se dispuso a arrastrar un poquito las palabras y a entonarse en idioma norteño, y valió madre porque cambió nuestras niñeceseses (sic), qué digo, nuestra puta vida, porque que tire la primera piedra el que nunca se ha echado unas cheves escuchando a los Cadetes… Y si realmente nunca te has puesto pedo escuchando a los Cadetes, entonces discúlpate y vete, eres una deshonra para el Cerro de la Silla.

Alomejor se va a escuchar bien mamón, pero es que yo viajando me di cuenta de lo ricos que somos en tradiciones y cotorreos culturales; desde París me hice fan de Ramón Ayala, en España supe apreciar a José Alfredo… son esas cosas que comprendes cuando ves a tu país desde afuera.

Pero, bueno, volviendo a lo que nos truje, aquí vengo a apelar por el corrido de Las Tres Mujeres.

 

 

Para empezar, el corrido no está en Spotify, supongo que es demasiado underground; Spotify tampoco tiene ni una rola de Nargaroth, ni de Ordo Funebris, así que queridos amigos puristas musicales, amantes de lo true y lo beautiful, y compañeros hipsters: este corrido es una absoluta joya.

Si lo analizamos literariamente, tiene de todo: terror, intriga, engaño, arrepentimiento… musicalmente, el acordeón tiene un sello distintivo, y además cumple con los parámetros del género: desarrolla una anécdota, rima y cada verso mide ocho sílabas.

 

Por ahí dice una leyenda que en el rancho de Canales

se aparecen tres mujeres que en vida fueron rivales

se dieron de puñaladas, allá entre los mezquitales.

 

A mí, la neta, es que se me hace bien pendejo el plot de que tres mujeres, cegadas por celos, se agarren a filerazos por un cabrón… habiendo tantos en este mundo, muchachas!

Pero bueno, vamos a poner que este corrido fue compuesto en los años 40’s por un señor que se llama Ramiro Cavazos, quien nació en Los Ramones, Nuevo León, y quien trae un background ranchero. Ahí dices, okey, en ese entonces (y en la actualidad) no hay mucho con qué distraerse en Los Ramones, por eso la raza se daba vuelo con casi cualquier cosa.

 

El causante de sus muertes Santos Valdez se llamaba

a las tres, por separado,  les decía que las amaba,

pero a ninguna quería, nada más las engañaba.

 

En este punto quiero apuntar cómo ha evolucionado el papel del hombre cabrón en nuestra sociedad mexicana.

El vato, casual, se cotorreaba con tres morras al mismo tiempo, todo el mundo lo sabía (este es el génesis del corrido) y no había pedo. Aquí me cala mucho (y muy personalmente) la exaltación de la esencia del cabrón. Vato, felicidades, bravo (aplausos), eres un cabrón, un pinche cuasi-hombre, una pinche basura humana, una lacra de género, una mierda de persona: ¡Vamos a componerte un corrido! Vamos a inmortalizar a Santos Valdez con el rostro de cientos y cientos de hombres que tienen un pene en el hueco donde debería ir un cerebro. ¡Bravo!

 

Lucita era de La Posta; de Charco Azul, María Inés;

Esthela era de Reynosa, la más brava de las tres,

decía: “Yo pierdo la vida, antes que a Santos Valdez”.

 

Mi investigación exhaustiva me llevó a descubrir que existe un ejido en Juárez, Nuevo León, que se llama La Posta (con nueve habitantes, un hecho verídico) y otro de nombre Charco Azul (este con 200 habitantes). Sin embargo, el hecho de que Esthela era de Reynosa me hizo investigar más para el lado de Tamaulipas y, en efecto, ambos lugares también existen en el vecino Estado. Resulta que el compositor, Ramiro Cavazos, nació en Nuevo León, pero vivió en la frontera de Reynosa (de hecho, creo que vive o vivía en Mc Allen), entonces yo creo que estamos hablando de tres mujeres tamaulipecas aquí.

Esta estrofa se lleva el verso más bonito del corrido “Esthela era de Reynosa, la más brava de las tres, decía: “Yo pierdo la vida, antes que a Santos Valdez”.

Creo que el machismo con el que crecí me hace pensar en Esthela como una amazona, una viejota con más huevos que Santos Valdez, enamorada, feroz, una morra de convicción que pensaba (esto quizá pueda ser una proyección, me deslindo de mi inconsciente) que hay que ponerse la camiseta del amor y decir: “Este es mi vato, en el amor por él me defino”. Una chulada de mujer.

Sin embargo, es una verdadera lástima que Esthela haya apostado su vida por un pendejo. Aplique aquí el concepto popular que dice “Te quedó grande la yegua y a mi me faltó jinete”.

Pero sobre todas las cosas del corrido, hay que señalar algo: Ni Lucita, ni María Inés, ni Esthela tienen apellidos, pero Santos es EL SEÑOR SANTOS VALDEZ. O sea, no nos importa quién vergas sea Lucita, quien para colmo ni siquiera le pudieron dejar el orgullo de ser Luz o Lucía… vaya, es una Lucita cualquiera, una morra más de las que el pendejo de Santos Valdez se cotorreó, vale madre. Aquí estamos hablando de las hazañas grandiosas del Señor Santos Valdez, compermisito, vamos a aplaudirle su cabronez.

 

Dicen que en Laguna Seca cuando la gente pasaba

se oían gritos de mujeres cuando ya el sol se ocultaba

eran aquellas valientes que ya de muertas penaban.

 

La versatilidad del corrido nos ofrece terror. Qué chulada.

 

Santos Valdez fue a sus tumbas para pedirles perdón,

rezaba sus oraciones con todo su corazón

y quién había de pensarlo que allá murió en el panteón.

 

En disertar sobre el arrepentimiento de un cabrón se me va el post entero, así que aquí le voy a parar.

 

Quiero cerrar este análisis con mi pronunciamiento a favor de toda la música popular y con una propuesta para reivindicar el corrido norteño.

Yo sé que los tiempos definen a la música, pero ahorita se habla de puras pendejadas en los corridos. Hay muchos corridos ‘de los de antes’, de los Montañeces del Álamo, de Ramón Ayala, de Carlos y José, de Luis y Julián, de los Invasores, que son joyas norestenses.

Sí, antes también había narcos, celos, asesinos e invictos, pero siento que antes había una raíz que no se soltaba del pueblo y el pueblo significaba familia, honor y tradición. Supongo que con la urbanización hoy es más difícil componer algo sustancioso y tradicional. Es triste, pero pasa en todos los géneros musicales.

En fin… brindo por Los Cadetes de Linares, que a todos los regios nos dieron identidad musical!

Brindo por Lucita, María Inés y Esthela, que su compromiso con su corazón sea eterno a través de este corrido y que chingue a su madre Santos Valdez!

Ojalá que en el más allá las tres mujeres le estén poniendo una madriza.

¡Salú!

Sobre el verbo ‘sufrir’ y sus conjugaciones

Posted On 6 diciembre 2014

Filed under catársis, Manuales explicativos

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Fragmento del “Manual para lidiar con la pérdida”, por Lix Gutiérrez, 2014.

” La separación definitiva (tan lejos como el espacio y el tiempo nos permite acuñar el concepto de ‘definitivo’ ) causa dolor puro, una sensación de soledad y abandono que para el ser humano es insoportable: El mundo se apaga, se oscurece y se convierte en una habitación cerrada (o tan abierta al infinito que se siente bien cerrada) donde no habrá nadie nunca más y ninguna voz hará eco en ningún rincón. Esta habitación se enfría y uno se encierra adentro para siempre.

Entonces:

1. Sufra

Sufra la pérdida como un Australopitecus, salvajemente y sin civilización. Llore bajito y en la privacidad de sus brazos o vaya por todo y grite que le duele, que no puede más, que siente que se muere, por fin, después de tantas fatigas. Olvídese del qué dirán y deje correr el moco, tállese las lágrimas de los ojos con la vocación de un niño de tres años, póngale sonido a su dolor y gima, laméntese, no cuente los ‘Ay’s.

Este es el momento en el que todo está permitido, usted tiene licencia para todo: indulgencia para extrañar, para regocijarse en la nostalgia y empaparse de recuerdos; permiso para pensar en el “hubiera”, en el “what if”, incluso en el “chingadamadre”. Ya vendrán otras etapas del proceso en el que esto estará prohibido… por ahora, intoxíquese de dolor y disfrútelo, porque disfrutar el dolor también es una ocupación muy respetable.

Levante la cabeza alto y sufra.

Las brujas

Posted On 20 septiembre 2014

Filed under catársis, Literatura, witchcraft

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“Las brujas, como los santos, son estrellas solitarias que brillan con luz propia, no dependen de nada ni de nadie, por eso carecen de miedo y pueden lanzarse a ciegas al abismo con la certeza de que en vez de estrellarse saldrán volando. Pueden convertirse en pájaros para ver el mundo desde arriba, o en gusanos para verlo por dentro, pueden habitar otras dimensiones y viajar a otras galaxias, son navegantes en un océano infinito de conciencia y conocimiento”.

Isabel Allende, Paula.

Witch

 

La Lupi en Monterrey

Tengo algunos años bailando flamenco, no estoy segura de cuántos, creo que 8 o 7. Me he repartido esos años en tres academias, casi siempre siguiendo a maestros a quienes quiero aprenderles algo de técnica o coreografía.

Hace un par de semanas terminé mi año ‘escolar’ en la Academia de Danza Flamenca de Sabás Santos, un artista al que admiro y le tengo mucho cariño.

Fitting flamenco outfit

Generalmente, en las academias, se enseña técnica de pies y de brazos, y una coreografía por curso, este año aprendí una Rondeña, que es un palo flamenco (dígase un ritmo o género de los muchos que hay dentro del flamenco).

Ensayo general Ensayo general

El cierre de cursos se hizo con un espectáculo flamenco en el Teatro de la UANL, el pasado 23 de junio.

Sabás Santos

Ensayo general en el Teatro de la UANL Backstage Backstage

Fotografía de Manana An Fotografía de Manana An Fotografía de Raúl González Fotografía de Raúl González

Debo admitir que me sentí muy satisfecha de terminar mi año flamenco tomando mi primera clase para bailaores avanzados, con gente que tiene más de 10 o 15 años bailando; con gente a la que le aprendes, aunque sean alumnos igual que tú. Fue gratificante.

Raúl y Lix, se quieren y son novios Ilsa, Carlos, Susana, Manana y Oscar, a family portrait Mi Marcia y yo Alma, Andrea, Marcia, Elena, Lix y Malú.

Pero la historia feliz tiene un turn dramático, horrible y bello, algo así como una película de Disney para adolescentes.

Días después de terminar mi curso anual, me enteré que el Festival de Arte Flamenco Monterrey traía a la Ciudad a Susana Lupiañez, also known as La Lupi, bailaora profesional y diosa de la cumbia andaluza.

Mi mundo se sumió en una felicidad que no cabía en el cuerpo, un contentismo bailarín lleno de sueños dorados que sólo sueñan los fans cuando calibran la posibilidad de conocer a su ídolo. ¡Qué bueno que existan los ídolos, los mitos inalcanzables, las leyendas vivas que nos hacen siempre ser mejores!

Sobra decir que yo ya conocía desde hace tiempo el trabajo de la Lupi, la vi bailar con Miguel Poveda en Las Ventas, le vi mover los brazos como olas de mar tranquilo, ya conocía su arrebato y su duende añejo, no como las bailaoras jóvenes que mezclan la danza contemporánea y un poquito de desgarre andaluz. No. La Lupi es añejería, es gitana gorda (no que ella esté gorda, sino su baile lleno de energía gorda), es abuela andaluza con delantal bailando por bulería en medio del patio, es una admiración viva a las flamencas de antaño.

Sin dudar desembolsé mucho o poco (porque todo siempre depende del cristal en que se mire) para pagar un curso con ella, de dos horas al día durante cinco días. Diez horas de verla nomás, no me importaban los temas que tocara su curso, ni el tiempo, ni que las clases fueran para flamencos avanzados, sólo me importaba verla, así de cerquita, verle hacer flores y zapatear su zapato flamenco traído de Andalucía: Agh, muero.

Calentando antes de clase

Así me llegó un 2 de julio, en el Centro de Arte Flamenco, en San Pedro, cuando entré al estudio y la vi ahí paradilla, chiquitita, petite, diciendo “Pero, mujé, passen, passen, buenos días!”. Morí un poquito cuando me saludó.

Hace mucho tiempo que no recordaba estar tan nerviosa.

La clase comenzó con unas 20 alumnas y de inmediato se me terminó la luna de miel. Todo era muy difícil para mí, me sentía un costal bailando frente al espejo, un espantapájaros moviendo los brazos sin orden, horrible, un desastre.

La Lupi, apasionada, gitana y gritona, me intimidó muchísimo, no logré hacer nada bien y cuando terminó la clase me fui de ahí arrastrando mi optimismo.

A la verga todo, pensé, no sé nada. Todos estos 8 años pensando que bailo flamenco fueron una farsa, ni una clase que había tomado en la vida me había hecho sentir tan mal y comencé a dudar de mi habilidad/amor por y en el flamenco.

Al día siguiente fue peor, quizá lloré en el carro de vuelta a casa. Pensé en abandonar el curso porque era lo mejor para el grupo, La Lupi no tendría que detenerse a explicármelo todo en cámara lenta para que lo entendiera, y las demás chicas quizá podrían avanzar más sin mí.

Una conversación con mi novio guapo y no flamenco, me devolvió a poner pies en la tierra y al día siguiente me presenté con nuevos, igual de jodidos, pero nuevos, bríos.

Me dije: Mira, Liz, ya sabías que la Lupi era grandes ligas, en el fondo sabías que ni de pedo ibas a poder realizarlo todo y menos en dos días de clase. So, losen up, tight bitch, y ve a hacer lo que puedas.

Y créanlo o no, el tercer día me fue mejor. El cuarto me volvió a ir de la patada, pero ya no tan mal como el primer día, ya no le tenía tanto miedo a la Lupi y ahora sí me dediqué a preguntar un chingo y a corregir muchos vicios en posturas y en el flujo del baile.

La Lupi puso coreografía de Soleá por bulería y cuando me relajé lo empecé a disfrutar, me sentí más cómoda incluso al equivocarme, porque la Lupi es tan buena maestra, tan dedicada y tan ojo de águila, que hasta de lejos a tres mil kilómetros de distancia te detecta un error y te exige lo que ella ya sabe que puedes dar. Es la mejor, la adoro.

Fin de curso con La Lupi en el Centro de Arte Flamenco

Terminé bailando la pinche Soleá, con algunos espasmos, pero bailándola completita. Mi objetivo personal del curso no era aprenderme toda la coreografía (es imposible para mí, todavía, aprenderme una coreografía completa en 10 horas, lo siento, no puedo), sino robarle a la Lupi todo lo que supiera para mejorar el movimiento de cuerpo y que no se viera moderno o como posturas de ballet, sino agarrarle ese pellizco gitano, ese impulso de sentir el flamenco en los chakras, como dice ella.

Siempre busca la esencia, digo yo.

Al final del curso le confesé mi miedo y mi amor, le expliqué que ella para mí es lo que Paco de Lucía a un guitarrista: Dios.

Que le aprendí montones, que la admiro, que qué bueno que existe en este mundo. Y ella me regañó, me habló, me dijo cosas, mientras mi corazón se hacía grandote de tanta alegría.

la foto (12)

No terminé bailando hermosamente como otras alumnas, pero me llevé muchísimo de esas 10 horas y estoy sorprendida; me felicito de haber tomado el curso y agradezco que mi Raúl no me haya dejado claudicar.

No entiendo mucho de moralejas todavía por aquí, pero me quedé chida, muy contenta de haber sido bien regañada por la Lupi porque eso quiere decir que me observó y le interesaba corregirme y ya con eso me voy feliz, en paz con el mundo y conmigo.

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi, Fotografía de Raúl González

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi se presentó el sábado 6 de julio en el Teatro de la Ciudad con su espectáculo ‘Yo, conmigo misma’ y el teatro bien relleno. Si no fueron, se lo perdieron por mensos.

¡Qué viva el pinche flamenco!

Namasté, bitches!: A Bikram journey

Posted On 19 junio 2013

Filed under Bikram yoga, catársis, obsesiones, yoga

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Mi amor infinito y hermoso por el olor a patas, por las molestas gotitas de sudor que resbalan desde la espalda hasta el caminito entre las dos nalgas, por el dolor/placer en partes del cuerpo que no sabías que existían y por ese silencio efímero mental… mi amor por el yoga… me llevó hace un año a un estudio de Bikram.

El amor se convirtió en obsesión y este es el primer paso para combatir el vicio, aceptar que tengo un problema: Amo el yoga con todo mi cuerpo y mi alma.

Tengo algunos años (yo calculo que deben ser menos de cinco) practicando diferentes “estilos” de yoga  y hace poco me volqué en el Bikram.

Bikram Yoga es (pa’ no hacerla de pedo) un tipo de yoga suave que se practica en un estudio cerrado a 40 grados centígrados. Esto es un tema de controversia porque yo he estado en clases a 46°, e incluso el estudio a donde yo asisto dice que la sesión es a 42°… sin embargo yo sostengo que fácil se puede llegar a 50°, porque si estás en una sala cerrada con 45 personas haciendo yoga a 40°, la energía sube la temperatura y la práctica de todos hace que se genere más calor.

Bikram yoga

La experiencia es única, retadora y satisfactoria, porque quemas grasa de a madre y en el calorcito, estirándote y doblándote, tu cuerpo se tornea bien bonito y a todos tus músculos les encuentras una razón de ser.

Se suda muchísimo-exagerado-noteimaginas. Te sudan las partes sudables y además las no sudables, como los párpados, las rodillas, los codos, el interior de las orejas… todo absolutamente todo te suda.

Luego comienzas a gotear, gotear sudor literal, levantas un brazo y está el brazo goteando como si fuera una llave abierta… es un desmadre.

Sudas tanto que por ahí es donde se va la lonjita, el muffin top, la agarradera del amor, el pachiclón… ah! qué chulada! Pero sudar se vuelve un arma de doble filo, porque así como la sudada es masiva, la hidratación debe ser doblemente masiva.

Padangustasana

Utkatasana

Hace un mes comencé un reto de 30 días sin descanso, la onda era hacer 30 clases de Bikram seguidas (cada clase dura 90 minutos), sin faltar sábados ni domingos, a la hora que quisieras pero sin interrumpir el ciclo.

Los primeros días tenía sed todo el día todos los días, abría una botella de un litro de agua y me la echaba en 5 minutos, a veces de un jalón, porque mi consumo de agua al día subió a 2 o 3 litros. A veces tomar un whiskey con agua mineral (muchas horas después de clase) se sentía como la gloria, porque el agua mineral te devuelve parte de los minerales que pierdes cuando sudas las toxinas, y el whiskey… bueno, ya sabes tú la cantidad de propiedades benéficas del whiskey jajajaja

Después de clase también me daba un hambre voraz, pero noté que mi apetito cambió, ahora no soportaba las hamburguesas, las papas a la francesa, los tacos grasosos, las tortillas de harina… mi cuerpo me pedía ensaladas.

Yo juro sobre la tumba de mi abuelo muerto que jamás comprendí a las personas que consideraban la ensalada como un platillo, no entendía cómo podías domar tu hambre con hojas verdes… después del Bikram lo entendí porque ahora mis antojos eran de ensalada con pedacitos de pollo, una zanahoria hervida (qué pinche rico), una sopita de brócoli, una limonada natural… o sea, mi cuerpo requería ligereza y lo demandaba.

Eso fue bueno, descubrí una manera distinta de comer, pero no presiones, todavía me dan antojos de una orden mixta en la Taquería Juárez.

Dandayamana Janushirasana

Pada Hasthasana

Físicamente mi rendimiento subió muchísimo, mi cuerpo cambió, adelgacé considerablemente, pero el cambio mental y psicológico no tiene precio. Meditar después de una buena sesión se siente increíble, tu cuerpo está agotado, pero a la vez lleno de energía y ahí es donde tu mente toma el relevo.

El poder de callar tantas voces pendejas que traes en la mente, el poder de hacer silencio y nomás andar resbalándose en un vacío sin color, sin espacio, sin forma… El latido de tu corazón retumba adentro y sientes una ola que viene cargada de fuerza y calma al mismo tiempo.

Ahí, se hace un espacio para callar todo y permitir que las cosas se manifiesten solas, que los problemas hallen sus soluciones ellos solos, que fluya ese algo que no puedes detener: el tiempo, los años, las impotencias, los rencores, todo fluye, todo pasa, viene y se va. Suéltalo todo, nadie tenemos control de nada.

A veces he intentado escribir ese tipo de viajes, pero es imposible, son cambios individuales, personales, privados, sin cabeza ni pies, no se pueden explicar.

Me da miedo sonar como una hippie idiota, porque todos dicen lo mismo sobre meditar, pero es increíble, es lo máximo, es mejor que cualquier droga, alomejor hasta mejor que coger… no lo sé.

Janushirasana

Dandayamana Dhanurasana

…Pero volviendo al reto…

Hice 30 días de Bikram non-stop. Falté cinco días de esos treinta, pero los repuse tomando sesiones dobles.

Con sangre y a chingazos aguanté clases dobles, combinadas con mis clases regulares de flamenco: esos días terminaba agotada. Soporté los pedos de gente que no puede controlar su esfinter durante el yoga, aguanté a las morras que tienen que verse al espejo cada cinco minutos para secarse el sudor de los hombros y arreglarse el cabello; toleré a los vatos que entran bien chingones y luego se la pasan resoplando toda la clase como caballos muriéndose; a las viejas que les encanta exhibirse en los cambiadores y se desnudan para, con las tetas al aire, platicar con gente desconocida…

Pero también conocí gente comprometida con su práctica, gente que realmente trae un nivel de energía tan chido, que inmediatamente te caen bien; personas con ideas distintas sobre el ejercicio de vivir, personas un poco locas, pintorescas, raras… la diversidad le pone sabor al caldo.

Dicen que todas las cosas llegan a nosotros en el momento en que estamos listos para recibirlas, y si este post les hace considerar al menos, in the back of your mind, tomar alguna vez una buena clase de yoga, no lo duden nunca, el yoga cambiará sus vidas y de paso se las extenderá unos años más.

Namasté, bitches!

P.d. En Monterrey, me parece que sólo hay una sala de Bikram yoga.

Aquí pueden encontrar info: http://www.bikramyogamonterrey.com/home/

Black Metal ist Krieg: Un acercamiento al Black Metal

Black metal meme

… And I like my black metal just like I like my men: raw and atmospheric.

La primera vez que escuché rock (conscientemente) fue Guns and Roses, estaba en secundaria y me acuerdo que ponía el Use Your Illusion I y detenía el cassette de vez en cuando porque me aturdía tanto ruido junto. No me molestaba, más bien la música me ponía ‘restless’, me daba un poquito de ansiedad que me generaba mucha energía y no sabía que hacer con ella.

Obvio, tomen en cuenta que a esa edad mi background musical era Michael Jackson, Timbiriche, Flans… y de pronto (no me acuerdo cómo di con el cassette): November Rain.

Mi yo pre-adolescente se quedó así:  O.O  cuando vi a Slash tocando un solo frente a una iglesia en medio de un desierto. Mi niña precoz dio un gasp cuando vio a Axl Rose en shorts de licra blancos, oh-heavenly-sight, nunca más otras nalgas en licra opacaron a las de Axl.

Anyways, en mi inminente encuentro con la adolescencia encontré un punto de alivio a mi ansiedad en el rock y comprendí que su uso práctico y real es de descarga de energía extra, de liberamiento de ansiedad, de enojo, de estrés y de todos esos desmadres psicológicos que nadie nos enseñó cómo liberar.

Y supongo también que ese es el significado de la música en general, liberar emociones o sentimientos, pero en el caso de la música pesada, oh boy… 

Con el tiempo evolucioné a géneros cada vez más ruidosos; me acuerdo que en la prepa me quedaba dormida escuchando en el Walkman el Vulgar Display of Power, de Pantera (Happy days). Pasé por muchas bandas de rock, punk, metal, hasta que: Black Metal.

De ninguna manera soy una persona capacitada para explicar el Black Metal, pero todas las cosas complicadas requieren una justificación por su complejidad, y me siento segura de justificar un poco porque entiendo cómo funciona el Black Metal en mí.

Cuando escucho una buena banda de este género, siento unas ganas irresistibles de golpear mi cabeza contra una mesa repetidamente, como un martillo.  Quiero gritar hasta que vomite los pulmones por la garganta, hasta que me ponga morada y se me salgan los ojos de un saltón; me dan ganas de golpear cosas con los puños cerrados… Mi hermano comparó un día el riff de guitarra de una banda de black  metal con el “Crunch de galleta María” and I totally dig it. Muerdan una galleta María y el crunch que oyen adentro de sus oídos, multiplíquenlo por milputomillones, transfiéranlo a música y así se siente el Black Metal. (Gracias, Dios, por darme un hermano conocedor de la materia).

El Black Metal consiste en una serie de riffs repetidos en frecuencias rápidas y estridentes, puede que sean insoportables, pero el truco consiste en saber que el Black Metal está creado para inducir un trance, un estado de congestionamiento en el cuerpo que sólo es liberado a través de un ‘headbang’,  eso que hacen los rockeros cuando agitan el cabello y toda la tocada se queda oliendo a Pantene.

Cuando vi que pude alcanzar el trance y quedarme cómoda ahí, busqué hermosismo y di con el Atmospheric Black Metal. And I’m in love.

Podríamos discutir horas sobre la parafernalia del Black Metal, el origen, los spikes, el corpsepaint, los logos de las bandas, los nombres, la ‘filosofía’, los ‘trues’,  los temas que aborda, hombre, que esto da para una puta tesis… pero no lo haremos hoy, quizá luego.

Por ahora quiero compartir con quienes se dejen, una selección de mis piezas favoritas, recientes y más impactantes. Alomejor como un acercamiento indefenso e inocente al Black Metal.

Si nunca han escuchado Black Metal en forma y no andan de humor de oír algo nuevo, no escuchen nada de esto hoy.

Pónganlo en su lista de YouTube de “Watch Later”, para que un día, cuando se sientan cómodos consigo mismos y quieran escuchar algo nuevo sin juzgar y con la inocencia de un primerizo ávido, escuchen algunos de estos temas sin repulsión.

Dénle tiempo, Black Metal has to grow on you.

El que se siente bien “true” y dice que no oye nada más que Black Metal, es un pendejo, porque el Black Metal no puede escucharse todo el tiempo, y el que de verdad lo está oyendo todo el día, no lo está apreciando.

El oído para el buen Black Metal se pierde si uno se abandona a él, es la naturaleza de un género musical agresivo, rápido y violento, como lo es éste… una cosa complicada.

El caso es que paso a dejarles un par de cosillas interesantes para newbies. Los que se sientan muy puristas y ortodoxos, pasen a chingar a su madre, aquí voy a poner nomás lo que me gusta.

Dark Throne – Quintessence

Una canción escrita por Varg Vikernes, cuya temática es la inmortalidad/omnipotencia de aquellos que dejan que sólo una fuerza guíe su vida: SATAN. This ist Krieg, dudes, I tell ya’. Puede o puede que no coincida con estas diatribas satánicas, pero:

“Only one single lamp do show me this way
And that is the eye of Satan”

¡EPIC!

Nargaroth – A whisper underneath the bark of old trees 

Nosotros le decimos “Nalgaroth”. Le comenté a Raúl que esta rola quería que fuera el soundtrack de mi funeral (True!), que esté en loop en el cuarto donde tengan mi ataúd. Los growls (a mi gusto) deben ser así, inaudibles, y tiene una melodía escondida que me llena de cosas bonitas y me hace sonreír (Noña!), es una de mis favoritas por su cadencia. Contiene un diálogo extracto de un filme de Fritz Lang, M (1931). La muvi trata de un asesino de niños (Peter Lorre) que escucha voces que lo obligan a matar. En la rola suena la confesión del asesino: Desgarradora.

Hermóðr – Slutet På Hans Sista Resa

Atmosférico, esférico, sueco, reciente, lanzado en el 2012. Mi reciente obsesión.

Alcest – Solar song

Una banda francesa, nuevita, famosa por mezclar Black Metal con Shoegaze, con un resultado dudoso de que el Black Metal vaya, en un futuro, por un camino true y ortodoxo. Esto es hibridez pura y hermosa, algo que le dicen Post Metal (Dude, we’re old!).  Me recuerda un poco a Sigur Rós (I know, weird, isnt?). El cantante, Niege, es una joya! Talento hasta en los calzones.

Falgar – La dama del alba

¡Señores, Black Metal Latinoamericano! De Puerto Rico y en español, qué chulada. Suena mucho a Dark Throne en su etapa gloriosa, creo yo. Amo los growls en español.

Y eso es todo.

Ahora, pongámonos corpsepaint y seamos TrueBlackMetals para siempre:

Black Metal Grumpy Cat

Black Metal Grumpy Cat II

Otro 25 de marzo

Posted On 26 marzo 2013

Filed under catársis, música

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“I know you didn’t want to leave
Your heart yearned to stay
But the strength I always loved in you
Finally gave way”

El sueño de una defensa pública

Hace poco fui a una fiesta, ahí me quedé sola unos momentos con gente que no conocía. La música había sido toda la noche una mezcla de ochentas, goth pop, rock a lo Joy Division y muchas cosas que yo oigo como idénticas todas (Perdónenme, fans de Joy Division).

No me malentiendan, creciendo con una familia de ‘Sopa de caracol’ en las fiestas y ‘El Corrido de Laura Garza’ en las Navidades, tengo callo para tolerar muchos géneros de música. Sé muy bien lo que me gusta y lo que no, pero no repudio, ni condeno a Satánas… a veces está chido salir de mi zona de confort musical (Así me presentaron postmortem a Jenni Rivera).

Total, que en esta fiesta me quedé sola por un momento con un grupo de personas que no conocía y como no bailaba ni disfrutaba el volumen alto de aquellas piezas doradas (quiero pensar que fue por eso), me preguntan de pronto: “¿No te gusta Joy Division o qué?”.

No me lo pensé ni un minuto y dije: “No”.

De inmediato noté la incomodidad de mi respuesta en todas las personas que estaban en ‘la bola’. La regué.

Alguien entonces, con un corajito disfrazado que yo entendía que había tocado un punto sensible, continuó: ‘¿Ah no? ¿Entonces, qué escuchas?’

Vato, escucho un chingo de cosas, pero mi primera respuesta fue: Flamenco.

Me arrepentí un poquito luego, porque me vi en la necesidad de justificar que me gustaba el flamenco y no lo hice.

No lo hice porque sentí no tenía por qué dar explicaciones a gente que no conozco de por qué me gusta lo que me gusta, pero después me quedé con una espina que no me he podido sacar.

A veces revivo esa noche y se me ocurre un gran discurso de defensa pública del flamenco, un alegato justo que dejara fuera esta vergüenza implícita porque no me gusta Joy Division. Pienso en muchas cosas que debí decir, una lista entera de cosas físicas, poéticas e invisibles, un evangelio bonito que le hiciera justicia a Camarón.  Pero no, nomás dije: “Ah pues no sé… me gusta”.

Mi situación es difícil, me declaro una incomprendida, a veces mi mamá muestra un poco de interés, un compañero o dos del trabajo con los que a veces puedo discutir de gitanos un poquito… incluso mucha gente con la que bailo flamenco en las academias no sabe de flamenco, buscan la danza flamenca, pero no se interesan por el más allá.

Y es muy difícil, habiendo tantas cosas bonitas en los soleares, en las granaínas, en los fandangos, tantas coplas hermosísimas, tanta pasión imprimida y desperdiciada cuando voy en mi carro, pongo música y me dicen “Ay no, ¿otra vez flamenco?”.

Sé que el flamenco es complejo, no es fácil de digerir, pero esa tosquedad es tan pinche bonita una vez que entiendes el código, una vez que le das una oportunidad y conoces la historia, que lees un libro, que comprendes de dónde viene esta letrita o este compás. El gusto por el flamenco es un premio después de haberlo sufrido, digo yo.

Hace unos días descubrí esta canción, esta versión en vivo de una canción de Manuel Molina, un gitano de los de verdá (Y eso que fue hippie en sus días mozos).

Es un poema de Federico García Lorca, musicalizado por Molina y cantado por su hija, Alba.

Les dejo el video y el poema como un regalo, no como cuatro minutos de tortura.

Romance de la Pena Negra

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.

Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las sierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache, cama y ropa.
¡Ay mis camisas de hilo!
¡Ay mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

Propósitos del 2013: The baby steps

Posted On 7 enero 2013

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Mi 2012 estuvo lleno de lágrimas de sangre mísitca derramada por mártires cristianos, cargos de homicidio en grado de tentativa, filas de conga con todo y sombrero de frutas, escenas de llanto del Cine de Oro mexicano, viajes a caballo durante las madrugadas de los desiertos, lluvia de astros, arrugas bebés, canas blancas por días, tormentas con sol…

Pero entre tanta cagazón y esperpento existencial me las arreglé para aprender algunas cosas (Making mama proud) y así detecté algunos de mis puntos flojos que deben apretar más.

1. Disciplina: (También conocida como “Debo sentarme a leer y escribir” o “Una habitación propia, de Virginia Woolf”, versión baby steps). Desocupar mi escritorio y crear un ambiente amigable para escribir. Dedicarme tiempo. Atender mis clases. Leer.

Les presento a mi escritorio, cómo lo vio en televisión: Cajas de té, el tocado de boda de mi mamá, un Jesucristo del Sagrado Corazón, películas de Bela Lugosi, fotografías… Una pesadilla interminable.

2. Constancia: Planear mi siguiente movimiento. Mantenerme productiva. He invertido mucho tiempo en cosas “importantes” que no valen pito. Enfocar, concentrarse y disparar. Way to go.

Borges, Blavatsky, Mansfield, Lula, Bioy, Jodorowsky…

3. Voluntad: Con suerte, recordar todo lo anterior me impulsará. Soy una perdedora, pero tengo apellido y entraña, y “God knows how long I’ve tried to change fate”.

Tres cositas nomás, no me voy a meter a cotorreos de “Ahorrar para ser rica por siempre” o “Tender mi cama todas las mañanas”, o “Bajar ochentamil kilos”, no. Baby steps, me dijo mi psicóloga, baby steps.

Y ya con esta me despido cantando este corrido. Les deseo lo más importante: que no mueran este año, beat the shit out of the fucking 13.

Love and light.

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