Desdoblarse es el quehacer del tiempo y el espacio en la habitación de Satanás

Adentro del corazón de una ciudad, detrás de la iglesia con una sola torre, en el rincón de una casa, sobre una cama escondida se desdobla el tiempo. Ahí las sábanas son de piel y en la piel un mapa tatuado indica el camino hacia ninguna parte.

Respetando el ritmo de cada minuto de la media noche, la bestia cierra los ojos y se arroja al vacío que es sus entrañas, se vuelve hacia adentro intentando perderse, pero sus movimientos lo traen de vuelta a su cuerpo.

El tiempo no se detiene, se desdobla en intervalos de dos horas que duran quince minutos, una habitación contiene a la otra igual que mi cuerpo contiene al suyo, no existe el espacio que se llama ‘afuera’ porque ahí es otro ‘adentro’ que sucede en el interior de otro espacio más grande, una espiral espacial que es una pesadilla.

En su privacidad que es frente a mis ojos, primero se quita la camisa, acariciando los botones que le queman los dedos, ojal tras ojal despega la tela de su espalda y ya su torso libre, sacude su pelaje al aire de la noche que conoce bien.

Sabe que lo observo pero me ignora a propósito y finge con maestría su soltura; sus movimientos son calculados por milímetros pero actúa descuidos, prepara la escena perfecta para anticipar su desnudez porque en ese plan radica su naturaleza depredadora.

A veces me regala su mirada y sus pupilas brillantes le fluorescen en lo profundo de la recámara, cuando esto pasa mi mente se inventa sonidos de junglas, de viento que acaricia precipicios lejanos, de monstruos deambulando en cavernas negras, de puras cosas de final horrible.

El sonido de la espiral me mantiene en el momento y ya sé que va a continuar quitándose el pantalón, desplazando sus ojos lento y mojándose los labios.  Ya falta poco para su libertad absoluta. El tiempo sigue desdoblándose en la última habitación de la última casa, detrás de la iglesia que sostiene una sola torre, en el vértice de la ciudad sin corazón.

Apenas ahora comienza el espectáculo de su cuerpo desnudo, dando vueltas adentro de esta jaula que es una habitación dentro de otra. Los músculos de sus extremidades se contraen con cada paso, el sudor se acumula en lugares donde alcanza el vaho de su resoplido, los tiempos desdoblados se acumulan y mis ojos se imprimen de su imagen hermosa y letal, como todo lo que es salvaje y está abandonado al curso de la intemperie.

Alta y soberbia la bestia desnuda me mira por encima de todo lo que es suyo y me llama.

Soy cordero.

Morenito llega a casa

Sin querer queriendo creció la familia… aunque sospecho que así crecen todas las familias (if you know what I mean jajaja).

Un día que hacía mucho frío llegó el Morenito…

…un Dobermann sepia, cachorro, último de una camada de papás puros pero descuidados que eran guardianes de un rancho en Doctor Arroyo. Nació un 27 de Diciembre y exactamente dos meses después vino a la casa con muchas pulgas y mucho miedo.

Tenemos casi tres semanas tratando de ponerle un nombre, pero no había pegado nada. Yo buscaba un nombre corto, conciso y fuerte, porque calculo que este perro va a crecer descomunal. Vi una foto del papá, y sentado en sus patas traseras le llegaba a la cintura al señor que lo cuidaba. Increíble. Mírale nomás las patotas.

El caso es que yo me debatía entre bautizarlo como Atlas,  Capo, Orión, Adolfo, Gunther, Boris o Tomás… pero como la decisión no recaía sobre mí absolutamente, tuve que pelear para que no le pusieran Draco, Doby, Rocky, Brownie o el peor de todos: Haku. ¿Te imaginas gritarle ‘Hakuuuuuu’ en un parque, en frente de los demás perros? ¡Qué vergüenza!

Mientras se decidía lo del nombre, yo le decía “Moreno”: Morenito, morenazo de fuego, negrito de mis pesares ojos de papel volando, mulato, Palazuelos-el-diamante-negro… pero la mayoría votó y como que la democracia indicó que este perro había venido al mundo para ser Bruno.

Yo no estoy de acuerdo, la verdad, me suena a actor porno o a Bruno Mars. Mil veces preferiría que se llamara Juan.

La cosa es que el perro está medio pegadito a mí y como yo nomás le digo ‘Moreno’, creo que ya va reaccionando cuando le dices “Ven acá, moreno”. Me van a pasar a disculpar, básicamente.

Le ruego a Dios que a todos se les pase la fiebre de llamarlo ‘Bruno’ y que por obra de nuestro Señor Jesucristo nos venga otro nombre caído del cielo. Praise the Lord.

Además de la lana que hay que invertir en este animal, mi principal preocupación siempre fue cómo se iba a llevar con el Güero, el bebé de la casa, un poodle de unos 13 o 14 años que ha sido el rey de toda nuestra atención, el santo soberano de mi amor, de mi cama y de todo lo que quiera, mi taquito de pollo hermosobelloyguapo.

Yo ya me veía tratando depresiones perrunas y sufriendo con el corazón partido por la mitad, porque el Morenito también es tan guapo y tan apuesto… pero creo que por ahora va funcionando, slowly but surely.

El Güero lo detesta, le gruñe aunque esté a millones de kilómetros de distancia y lo corretea, para dejar claro, supongo, que él llegó primero y que tiene derecho de antigüedad. He batallado mucho, porque si Güero ve que primero llegué a abrazar al Moreno, no me lo perdona y me evita todo el día, no me hace caso si le ordeno algo y lo que es peor, no me da besos. La he pasado mal con esta casa llena de desplantes y escenas de celos…

Por ahora, a lo más que he llegado es a lograr que compartamos la cama los tres. Un pequeño paso para Lix, un gran paso para la humanidad.

Dudaba también de tener al Moreno cerca de mis sobrinos (un par de cuatitos de 2 años), porque todo el mundo acusa a los Dobermann de ser bravos y traicioneros; mi papá fue mordido por uno en la cara y jura sobre lo más sagrado que no hay que tenerles confianza. Yo la verdad es que no veo nada más que dulzura en este perrito. Sus ojitos de color miel están bien bonitos, y cuando lo regañas te voltea a ver hacia arriba y quieres correr a abrazarlo y decirle “no me mires así, perdónameeee, yo me castigaré sola porque cagaste la cocina”.

 

 

Me hace falta buscar juguetes apropiados para el muchacho, porque nunca he tenido un cachorro de perro de raza grande. Antes del Güero tuvimos otro poodle y no batallamos porque son perritos de casa, de estar echaditos en los pies y jugar tantito con una pelota sin hacer desmadre ni exigir tanta manutención. Este perro trae una energía bien fuerte, con muchos movimientos torpes y siento que con menos cerebro que un perro de raza pequeña… es raro… Me gustaría comenzar a entrenarlo pronto, necesito que sea un perro educado porque en casa hay bebés, siempre hay visita y no me gustaría que fuera agresivo o antisocial.

Siento que con Güero no tenía problema con que fuera un chiflado porque si se me pone bravo nomás lo cargo y ‘Aplácate, pelos’. Pero el Moreno… nel, pienso que va a estar cabrón, ahora mismo va a cumplir 3 meses y ya es más grande que su hermano poodle.

Por ahora estamos en las vacunas, viendo la posibilidad de no cortarle las orejas, aunque todo indica que vamos a tener que hacerlo si queremos ‘presumirlo’ como ‘de raza’… no sé, eso de las orejas, no sé… necesito investigar bien qué pedo con eso… Ahora mismo las tiene tan hermosas, enormes como de elefante, ayyyy lo adoro.

Ya le comienzo a ver la cara de perro rudo y ya ladra bien grave… me sorprende y me saca de onda la experiencia de lidiar con un perro de raza grande, no es lo mismo que vivir con un perrito de casa… estoy aprendiendo a ser otro tipo de mamá… hay qué ver cómo funciona esto. Dios nos ampare.

Bienvenido a casa, Morenito, vamos a ser buenos contigo (:

 

 

La horripilancia de Huachimingo

Nos tardamos una semana en volver por esta preciosura y yo que me volvía loca por traerlo a casa, y todos avisados que El Chango esto y que El Chango l’otro y fíjate qué bonito.

Y yo creo que valió la pena porque la señora me lo dejó más barato… o pensándolo bien, alomejor no se vendía y dijo “nmbe ya, órale llévatelo”.

Está hecho de lana de diferentes colores y no sé muy bien si está desgraciado por accidente o si su fealdad es intencional, y mucho menos sé si es un chango o alguna otra bestia primigenia indígena selvática terrorífica.  A veces dudo de que algunos pedazos sean lana, parece cabello o vello púbico.

Realmente su horripilancia es lo que me enamoró a primera vista… pobre, él no sabe que es feo y que por eso nadie lo abraza ): Está hecho anamtómicamente parecido a un bebé recién nacido. Tiene un torso delgadito y de animal que da ganas de sostener entre brazos y arrullar.

En su cabeza tiene un hilito… le jalas fuerte y hace un ruido robótico extraño… una mezcla de rata, gato y grito de bebé de ultratumba, algo así como un mono araña, por eso decimos que es un chango, pero quizá no lo sea, uno nunca sabe con estas bestias.

Es el chango por ahora. Estamos pensando ponerle Marango, pero a mi me gusta más Huachimingo.

Confieso que al principio da miedo, es una cosa que yo llamo “creepy and cool”, pero luego sientes una ternurita chiquita de tan feo que es.

Poco a poco le voy a dar vida. Comenzará a esconder cosas, a usar el viento para romper objetos y con el tiempo se moverá cuando no haya nadie en la habitación. Correrá en las madrugadas cuando todos durmamos y al final, después de usar todos mis poderes para disuadirlo, hablará.

Y cuando hable, moriré de un infarto al corazón del susto.

Fragmentos de sueños

Posted On 28 septiembre 2010

Filed under bestiario, sueños, witchcraft

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El hombre quemándose y los otros hombres con pedazos de homúnculos saliéndoles del cuerpo. Esa almohada mágica de los sueños está teniendo un éxito en mi cama.

El monstruo y la casa en el aire

Posted On 2 septiembre 2010

Filed under bestiario, sueños

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Es otra vez esa casa en un país que no es este. No es nuestra, nos atienden los sirvientes de alguien más como los huéspedes más importantes.

A la derecha está ese pasillo lúgubre de piso de madera y pocas ventanas que dejan entran luz de un cielo de colores pastel, como si la casa estuviera flotando muy arriba en el aire, donde los colores son distintos debido a su mayor cercanía con el sol y la luna de día.

Estoy enferma y este viaje supone una recuperación, alejada de mi estrés y amaneciendo todos los días a tu lado. Te amo tanto.

Te amo tanto aunque seas un monstruo.

Alguien carga nuestras maletas y me asomo por el balcón. Allá abajo hay una ciudad chiquita, percibo un ambiente festivo y me arrepiento de estar enferma y no poder bajar, no poder ir a caminar a conocer los mercados, los callejones, los restaurantillos, las baldosas de las banquetas… suspiro.

Adivinas el significado de mi suspiro y me golpeas con un argumento: No debes salir, lo sabes.

De pronto la casa se vuelve contra mí, descubro sus rincones oscuros, sus muñecas de una porcelana tétrica, las telarañas bajo las mesas, la ciudad afuera conspira contra mí para dejarme encerrada, mi enfermedad es una mentira tuya.

Me miro al espejo y no me veo, soy una mujer transparente y sin embargo en esa inexistencia radica mi belleza, por eso me amas.

Te has ido por un momento y los sirvientes tienen miedo de preguntarme algo, alguien debía venir a ofrecerme café, la cama de mi habitación provisional, unas sandalias… pero nadie viene, los escucho murmurar en otros pasillos y sus conversaciones misteriosas se mezclan con el sonido de un piano que sólo suena en mi cabeza. Todos mis sueños son así, un cello, un piano, una flauta tocando de fondo y entremezclándose con el sonido ambiente.

Vuelvo al espejo enorme de madera negra, hay flores talladas y me miro el cuerpo… soy tan transparente.

De pronto me vuelvo un llanto y corro hacia una habitación, cualquiera, donde encuentre una cama para seguir convaleciendo de mi enfermedad. Lloro mucho y muy intenso sin saber por qué. Mis lágrimas son rojas, mi llanto es de sangre de tanto exprimirme los ojos.  Me revuelco en la cama, arrojo almohadas por el aire ¿Dónde estás?

Como invocado entras a la habitación.

Te traje este vestido para que… Lizbeth, ¿qué estás haciendo?

Y te unes a mi batalla contra la cama, nos revolcamos juntos, peleando, yo derramando lágrimas de sangre que mancharon ya todas las sábanas e hicieron charcos junto a la cama. Quiero verte convertirte en monstruo y entonces frente a mí, por fin, el cambio: Tu rostro se llena de cabellos gruesos como de un animal salvaje, el contorno de tus ojos se agranda como rompiéndose por sus rabillos, las pupilas se han dilatado y tu boca se vuelve un hocico, desde donde dentro se asoman dos filas de dientes con encías hinchadas.

Eres tan hermoso así.

La habitación se vuelve pequeña y siento que es momento de morir, cierro los ojos y me concentro en el aire que hacen tus garras, en los gruñidos de tu garganta animal. Este cuarto se llena de bosque cada vez que eres el monstruo. Morir está muy bien.

Soy un fantasma desde hace tiempo, un ánima encerrada en esta casa, usando los vestidos que me traes. No estoy enferma, verdad? Estoy muerta.

Cámbiate, vamos a bajar a cenar.

Museum of Iscariot

Posted On 16 agosto 2010

Filed under arte, bestiario, miedos, Tomás

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Sin quererlo me he ido haciendo aficionada a las tiendas de antigüedades, poco a poco me nace un hábito que se siente como ir a “cazar” cositas, a buscar extrañezas que la gente vende porque se hacen viejas o anticuadas. “Lo que tú no quieres, yo lo quiero” así me digo en la mente cuando compro algo.

Me gusta meterme en los cuartitos a buscar miniaturas, tazas, muebles, todo entre polvo y hongos… dirían que esos lugares se sentirían vacíos o plagados de soledad, pero no, todo lo contrario, se siente una sobrecarga de energía, como si tantos muebles y cosas estuvieran ahí adentro con todo y sus antiguos dueños.

Todos los hombres que se sentaron en esos sillones, todas las mujeres que se vieron en esos espejos, las que se sentaron frente a los tocadores, tantas bocas que salivaron esas tazas de café, todas las niñas muertas que jugaron con esas casitas de muñecas, todas las viejitas de mil años que guardaron esas piezas de porcelana… es increíble entrar a esos lugares y sentirlos llenos de gente muerta. Me encanta.

El caso es que hoy fuimos, mucho calor y tan pocos abanicos para tantas cosas que se mueren de sed en esos rincones.

En la penúltima habitación de esta casa oscura, junto a una puerta que daba a un patio de las calurosas siete de la tarde, estaba un cuadro con una mancha en el centro. Al acercarme más vi el un rostro de un zombie o de un monstruo, pero más cerca aún descubrí que era un Cristo, el más horrible de todos.

Al moverme entre la sombra y la luz vi que el Cristo parpadeaba. Ah cabrón, ese Jesucristo acaba de abrir los ojos.

A ver, oiga, bájeme aquel cuadro. Claro que sí cómo no con mucho gusto.

El Cristo más horrendo de este mundo, y conste que no lo digo como blasfemia, la verdad es la verdad aquí y en la Biblia.

Yo es que no entiendo cómo la gente se empeña en dibujarse a Jesucristo así en la mente. Un fantasma opaco, ensombrecido, misterioso, tétrico, fantasmal… entiendo que el hombre está muerto desde hace muchísimos años y que probablemente tengan que darle esta pinta, pero contrasta con su filosofía. Hombre, si Dios es amor, su hijo debería estar entre miles de estrellas, soles por todas partes, flores, caramelos, calles de nube, banquetas de galleta, cosas felices!!!

De inmediato y desde que lo vi, en la mente yo ya poseía este cuadro.

Es (me parece) una especie de litografía texturizada; tiene un marco sencillo de madera café y muchos hongos detrás de la madera.

Lo particular del cuadro es que el Jesucristo parpadea. Como te lo digo, abre y cierra los ojos. Tú lo ves y su rostro cambia ante ti, te tallas los párpados y el güey cambia su cara, es increíble y horrible al mismo tiempo. De hecho creo que lo compré para torturarme, una parte de mí (no sé si mi parte católica o mi parte atea) me dice que lo compré para vivir con ese miedo que  me causa el cuadro, para lidiar con él todos los días y sobre todo las noches.

Creo que el texturizado es el secreto para el efecto de abrir/cerrar los ojos. El “artista”, de quien por supuesto no sabemos nada, pintó el rostro con los ojos cerrados, en otras palabras, si uno ve el cuadro de cerca, ve muy bien que los párpados están cerrados, pero de lejos está con los ojos abiertos y lo que me asusta más es que no pude fotografiarlo con los ojos cerrados.

Encontraba ángulos donde se veía con los ojos cerrados y a la hora de ver la foto aparecían los ojos abiertos… fue un desmadre sacar fotos, pero lo intenté… de ahí el texturizado es el secreto, creo, porque además tiene un brillo extraño, como un barniz, ve tú a saber.

Abajito, muy abajo, se alcanza a leer “Jesus Christus” con una leta muy delgadita que angustia… no sé, estoy muy emocionada de tenerla en casa, es una pieza rarísima, no puedo dejar de verla.

Me suena, por su material barato y su cuadro humilde, que debe haber copias, así como hay millones de litografías de Jesucristo en todas las salas de México, pero yo nunca había visto algo así. Si ustedes saben de alguien que tenga una igual, let me know.

Por lo pronto, este muchacho irá en la habitación, junto a la cabeza de vaca, al lado de la foto de la cabra bramando a la luna de Alison Scarpula y junto a una colección de calaveras que iré mudando a unas repisas… ya veremos si le cae bien a Tomás.

Y bueno, una rola para aclimatar este post… Museum of Iscariot de Virgin Black, la rola más hermosa alguna vez escrita para Jesucristo.

Cuernos de mar

Posted On 28 diciembre 2009

Filed under bestiario, mar, música, miedos, sangre

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Escucha y lee:

Inner Depths of Sadness – Raison D’ être

A la orilla del mar, uno muy oscuro, durante la hora azul, se está muriendo un toro. Llegó ahí sangrando, bufando y resoplando de dolor, pisoteando la arena del coraje de morir. No soporta la tristeza de su propia muerte y la desesperación le martilla en los oídos.

Ha caído y el agua del mar lo alcanza poco a poco hasta que hace flotar su cuerpo enorme, negro de un terciopelo sucio y manchado de sal, sangre y pedazos de alga.

Está muriendo pero todavía no está muerto, sus ojos se llenan de agua porque no tiene la suficiente vida para mandarlos cerrar, y entonces el agua lo toma. El mar lo engulle con una lengua de ola primero, luego entero.

El animal recuerda todo lo de su vida y llora su alma, si es que lo toros tienen una. Recuerda voces que no comprende por no tener razón, recuerda pedazos de cielos que vio, unos celestes, otros azules, otros cerúleos, otros de colores que no sabe nombrar, pero sólo sabe que son bellos.

Sus cuernos se resisten a hundirse y en el horizonte asemejan un Diablo emergiendo de las profundidades, pues la puerta del infierno está en el fondo del océano, el único lugar a donde el hombre no podrá accesar vivo.

El toro hace su último resoplido ya bajo el mar y muerto flota cada vez más abajo, el agua le llena la boca, los pulmones, los ojos abiertos y por fin vacíos. Su cabeza es una piedra enorme que se golpea con otras rocas y con la boca abierta y la lengua afuera, el cadáver se atora entre las ramas de árboles submarinos.

Sólo el mar ve lo último y entonces termina de anochecer.

Carta al Señor Isidraux Guadalupus de Magnificat

Posted On 26 noviembre 2009

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Montserrat, Catalonia

Carta al Señor Isidraux Guadalupus de Magnificat, Monasterio de Santa María de Montserrat (ayer fue el sur, hoy Cataluña), Sierra Vermellica.
 
Querido Lupus:
Te escribo desde París, aturdida, confundida e inestable. Las cosas han tomado una dimensión extraordinaria, lo propio ya no lo es, la calma no existe y hasta yo me desconozco. Debo a alguien revelarle este secreto y no puedo pensar en nadie que comprenda más mi situación, que tú.
La desesperación viene de noche y sólo de noche. Las horas no son tan largas cuando entre la conciencia y el ensueño vienen a mí las imágenes de velocidad. Mi habitación de pronto se queda sin paredes, pues los muros son derribados por vahos y velos fantasmales que flotan devorando, entonces el trance comienza.
El techo y las aristas de los objetos alrededor de mi cama, se vuelven líneas que abarcan el horizonte, largas, alcanzando nada porque las líneas nunca se acaban, se pierden en un punto lejano. Los colores se vuelven jaleas de manzana, de durazno, de naranja, y se escurren. Mi pecho se llena de aire y entonces pienso que estoy a punto de sufrir un ataque al corazón. Con el tiempo me he dado cuenta que lo que veo y siento es la velocidad.
 
Entiendo con semejante calma, que la velocidad no cambia, sino que mi cuerpo es el que cambia su manera de sentirla, la manera de palpar el tiempo en la piel. No me refiero al tiempo de decadas que pasan por la política, los edificios o la historia, me refiero al tiempo real, el que cuando te das cuenta que son las 9:36, y sientes y finalmente eres conciente de que vives en las 9:36 de este instante, de pronto dejan de ser las 9:36 y entonces el tiempo pasa a convertirse en 9:37, otra conjunción de números, otra idea de significante/significado, otro sentido a la vida, otra perspectiva, porque ya eres un minuto más viejo y has dejado escapar un minuto que creías que tenías atrapado entre las manos y no era así.
A esa velocidad me refiero.
Cuando suceden las líneas y las aristas y las jaleas, mi cuerpo se convierte y percibe la velocidad del tiempo de una manera distinta, de una manera más rápida y cruda, sin las ataduras de la razón o la vergüenza o la humanidad… la velocidad me avisa que me estoy convirtiendo en animal.
 
Ahora, con mucho cuidado trataré este tema contigo. Sé que puedo dedicarte mis más profundos pensamientos sin un asomo en tu rostro de desprecio, pero seré cuidadosa.
 
Soy un lobo.
 
No tengo conciencia de cómo contraje esta enfermedad y mucho menos tengo idea de cómo quitarmela, sólo sé que soy un lobo. He tardado meses, quizá un año completo, en comprender que lo que me sucede antes de dormir es una transformación natural, una respuesta de mi cuerpo a algun cambio exterior, a cierto estímulo que todavía no he descubierto.
 
Verás, no sucede todas las noches, pero sí con mucha frecuencia. Tres veces a la semana quizá. Sólo de noche y antes de dormir.
 
No me costó mucho trabajo comprender que se trataba de un lobo en el animal en el que me convertía. Lo que yo interpretaba como sueños o síntomas de sonambulismo, no lo eran en realidad; yo pensaba que soñaba, pero lo estaba viviendo cada noche, sin concienca humana, pero con instintos, premoniciones, corazonadas, agallas, nervios, todo aquello que tendemos a ignorar cuando somos muy adultos.
 
Me asusta el cambio. En realidad no sé cómo se ve mi cuerpo cuando sucede la transición, ni me he visto a un espejo cuando estoy en el cuerpo de ese lobo, pero aunque me asusta este desbalance químico que con mucho trabajo estoy aprendiendo a controlar, disfruto algunos aspectos de ser una bestia. Te enlistaré algunos y explicaré por qué.
 
Correr.- He analizado mis recuerdos con lupa (qué palabra tan irónica para utilizar en este contexto) de psicólogo. Sé que me dirás que correr es el símbolo de huir, de abandonar lo que no se puede resolver, de cobardía, y estaría deacuerdo contigo, pero en mi “sueño/transformación” percibo distinto el miedo y la cadena de mis acciones.
Como soy lobo, tengo cuatro patas. Cuatro flexibles, frágiles y rápidas patas que no he tenido problema en coordinar. Correr es increíble, la sensación de utilizar todo el cuerpo para moverme, la resistencia de mi cuerpo, el peso que se balancea con mi cola enorme y esponjosa, correr en cuatro patas es una sensación indescriptible. El aire mismo me ayuda a deslizarme, me empuja, es uno conmigo, el aire es el elemento propio de la acción de correr, cuando corro lo hago por él, corremos juntos y nunca estoy solo.
Ah, sí. Aunque soy mujer, cuando cambio, soy un ejemplar de lobo macho. Soy lobo y no loba.
De aquí discierno que ese es un punto débil de la evolución del hombre. El hombre ha perdido la capacidad de hacerse uno con su etorno, su raciocinio no le permite comprender con el corazón que los elementos son uno con nuestro cuerpo, que si explotaramos el agua que contiene nuestro cuerpo, el fuego interno que se desata al frotar las carnes, o el aire que traemos en el cerebro cuando imaginamos, podríamos ser invencibles y ser uno con lo natural. Con el tiempo hemos roto ese eslabón y ya muy pocos humanos que viven, lo saben.
 
La noche.- En mis episodios, la noche no implica un enemigo, sino la función de abrigo. Es el espacio libre en medio de los ojos de todos, pero cuando ese espacio está oscuro es como si no existiera y entonces cuando soy lobo, un patio oscuro, una calle negra o un campo de noche, se convierten en lugares mágicos que están, pero no están.
Existen ahí, pero si no están a la vista de unos ojos, cualquier par de ojos (de animal, de humano, de una estatua de piedra), es como si no existieran. Y entonces el pasillo de una vecindad se vuelve un universo, una habitación sin luz es una jungla, y todos estos lugares son mi abrigo. No tengo miedo.
 
La luna.- Al principio pensaba que mis transformaciones estaban ligadas al ciclo lunar. Asociaba que siendo mujer, mi círculo menstrual, mi extraño convertir, mi desbalance químico y biológico, tenían que ver con la luna y este lobo. Pero ahora no estoy tan segura. Mi cambio se debe a otro estímulo que sospecho que no es la luna.
Sin embargo, cuando estoy de bestia, el satélite natural se vuelve algo así como mi Dios.
Como dije, mis sentidos cambian rotundamente y entonces percibo distinto, olores más agudos, sonidos más graves y mi vista más nítida, más abierta a 360 grados del alcance de mis ojos. Entonces cuando volteo al cielo y veo la luna siento un mareo que me eriza el pellejo. Siento que es un honor para mi alcanzar a verla, que ella se deja admirar por mi, que me presume su redondez, su perfección y yo me siento pequeño aquí en la tierra. Su luz es inmensa y de un color muy particular, parecido al plateado. Siento que mis ojos de humana nunca habían percibido ese color, es un brillo nuevo para mí, creo que es un color que el ojo del hombre no nos permite percibir.
Cuando la luna está colgada entre las nubes me llena una felicidad que no comprendo y entonces proviene el auillido.
 
Aullar.- Lloro, para mi es como un llanto, pero no siento tristeza. Supongo que desde que los animales no razonan, no podrán catalogar los sentimientos y entonces, se siente lo que yo siento al aullar: una revoltijo de todos los sentimientos juntos, un collage de dolor, placer, miedo, soledad, rabia… puros sentimientos primarios, cuando eres animal no existe la nostalgia o el amor, sólo lo primigenio, lo primordial de todo.
Antes de aullar se siente un bramido, como la esencia del sonido que nuestros organos producen. Es sentir un temblor desde el estómago, a través de la tráquea, los pulmones, la garganta, la lengua, los labios, y ese temblor, ese bramido muta y cuando llega a la boca, sale agudo y como un lamento. Es todo lo que me permite mi anatomía, es lo único armónico de mi ser, lo único que puedo producir y lo más parecido al arte que mi concienca humana puede concebir en una bestia.
 
Por ahora, esto abarca lo más impresionante de mi cambio y en lo que quisiera ahondar una vez que me vengas a visitarme o pueda yo escaparme a las montañas de Monserrat.
Sé que mi bestia sería feliz allá arriba, planeo regresar.
 
Sé que mi carta te tomará por sorpresa, sé que intentarás venir de inmediato para saber si no he sufrido de fiebres extrañas durante mis excursiones a la Antártida, pero también sé que sabes que no miento. Esto que te escribo es una verdad absoluta.
 
No sé aún cómo he logrado regresar todas las noches a mi habitación, no entiendo cómo puedo trepar la ventana y postrar mi enorme cuerpo de cuadrúpedo sobre la cama, no entiendo cómo es que nadie me ha visto vagar inquieto por las calles de ciudad. No me explico muchas cosas y esa es la incertidumbre que más me afecta.
He aprendido a lidiar sola con los  cambios y las sensaciones, años de ser mujer, años de menstruar me han enseñado a escuchar a mi cuerpo, pero la lógica me está fallando.
Estoy perdiendo el hilo entre la realidad, el sueño, la noche y mis instintos. No quiero pensar si he matado durante mis horas de bestia, no sé si hay alguien más como yo, no quiero pensar en que es posible que ande persiguiendo perros callejeros por las plazas de Port de Clichy. Hay cosas que prefiero seguir ignorando.
 
Con esto dicho me he quitado un enorme peso de encima. Te concedo pensar lo que quieras de mi, entenderé si piensas que me he vuelto loca o que quiero tomarte el pelo.
La verdad es que es lo que menos importa.
 
Espero tu respuesta con impaciencia.
 
Tuya,
 
Lizabeau de Roubaix
Hospital de Saint Claire, de las Hermanas Negras de la Orden Sanagustina.

We are as one… and congregate

Posted On 10 noviembre 2009

Filed under bestiario, sueños, witchcraft

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El viernes fue como estar en el sueño… pero acompañada.

No me había dado cuenta de que estaba caminando por el Paseo Santa Lucía, pero ya sentía una incomodidad que me resultaba natural. Seguro era porque eran las dos de la mañana, o porque sentía que lo había sacado de su cama sólo para venir a “caminar y conversar”, o porque me sentía observada, o porque todo el recorrido estaba extrañamente vacío… como si estuvieramos viviendo en otra dimensión del Paseo Santa Lucía.

Había poca luz, cucarachas invisibles, sonido de agua de estanque, rechinidos de la madera a la orilla del cauce, coches lejanos, la calada que yo le daba a mi Camel…

Para mí era como si por encima del agua y pasando Félix U. Gómez, estuviera la montaña. No la veo, pero la siento. Siento que me echa su sombra oscura, un ala enorme que da un aleteo y me llega el aliento de caverna, como si nada existiera más que ese camino-túnel-cueva-pasadizo por el Río Santa Lucía hasta la montaña.

No dije nada porque no me había dado cuenta de lo mucho que la realidad se parecía a mi sueño. Estaba tan cansada y sólo quería conversar de cosas tontas, de chistes, de chismes, de planes a corto plazo. Estaba tan concentrada en lo mundano que no quise darle mucha atención a la montaña.

La montaña que siempre estuvo ahí, de la que bajo corriendo a cuatro patas, aullando.

En casa reflexioné, estuve caminando justo en el lugar con el que siempre sueño: Mi sueño recurrente.

 

Half Wolf / Half Female

De barbas y bigotes

Posted On 19 octubre 2009

Filed under bestiario, bigotes

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I just love this kind’o stuff (:

Facial Hair Types

 

Hierarchy of Beards

 

Hierarchy of Beards, zoom in.

 

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