Lo más bonito del mundo: el son jarocho y huasteco

Las cosas bonitas de la vida no se pueden negar. Son gigantes, perennes, humildes pero brillantes, no podemos no verlas ni aunque quisieramos porque nos llenan tanto el corazón que son reconocibles de inmediato.

Así existen los ocasos, Jason Momoa, el olor del café, el pelaje de un animal, el aguacate untado sobre el pan, las catedrales, los besos…  y el son jarocho.

La música existe para eso nomás, para enaltecer las cosas bonitas de la vida, y Dios bendice al son por hermoso, sencillo, por acomedido.

Yo anduve mucho tiempo de mi vida oyendo música muy complicada por creerme intelectualosa, por orgullo, por pegarle a la mamada, vaya.  La música y yo manteníamos una relación enfermiza (que para eso me pinto sola):  Entre menos le entendía a cierto género, más me obsesionaba saber en qué consistía. Comportamientos autodestructivos, diría mi psicóloga.

De todas maneras, no fueron en vano esos años porque aprendí a chingazos.

Por ejemplo el jazz, hasta la fecha no lo comprendo, supongo que es de esos géneros en los que ocupas un chamán para entrar en ellos, alguien que te guíe, que te lleve por aquí o por acá y que te explique el significado detrás de esa maraña de notas.

Lo digo porque el flamenco lo conozco bien y es un género que yo llamo chamánico, ocupas que alguien te lleve de la mano.

Así aprendí a probar, a entender, a comprender y a vivir una vida musical de libertad y sin encasillamientos.

Me gusta Ramón Ayala tanto como Michael Jackson, Arvo Pärt, Camarón, Morten Veland o Al Cisneros: La buena música es buena. Sea el género que sea.

Recientemente, y después de mi relación enfermiza con la música complicada, descubrí la música sencilla. Me refiero a la música que te lleva a lo primigenio del ser humano, desde su contenido hasta su sonido.

Para saber sobre Black Metal tienes que investigar que en Noruega, en 1989, hubo un movimiento que estaba basado en blablabla…  Para saber sobre el rock and roll tienes que saber que emergió del blues en mil novecientos cuarenta y tantos y mutó para convertirse en blablabla…

Le llamo género sencillo a la música que un día, un hombre tomó un instrumento y compuso una canción de lo que veía: el mar, su vecina, su perro, un mosco, un sueño, la oscuridad, cosas que no necesitan un background para ser explicado.

El son jarocho es una cosa así, bonita, profunda en su sencillez, poética, dolorosa, mística y franca como una bofetada. Es un honor que su sonido sea mexicano.

Me obsesioné hace unos meses y me documenté con un compañero de trabajo que es veracruzano, me puso en la carretera del conocimiento y de ahí agarré pa’l real.

El son, jarocho o huasteco, es una preciosidad; si usted es mexicano lo felicito, dése cuenta que tiene al son como patrimonio, como currículum, como sangre. Felicidades.

Aquí le dejo una lista de mis sones favoritos con algunas notas de mi cosecha. No importan los géneros que le gusten o le disgusten, pruebe aquí, usté nomás déjese llevar, que al cabo ya trae a México en las venas.

De nada.

 

 

Cuando el marinero mira la  borrasca por el cielo

Se queja, llora y suspira, le dice a su compañero:

Si Dios me presta la vida no vuelvo a ser marinero

 

 

Como que te va, te vas, como que te viene, vienes

Como que en tus lindos brazos arrulladito me tienes

 

 

Xihualacan compañeros ti paxalo ce María

timiyehualotzan ipan tonantzin Santa María Guadalupe

 

 

A un Santo la encomendé porque todavía la quiero

Porque todavía la quiero, la lloro y la lloraré

 

Quisiera volverme planta para no morir de viejo

Para no morir de viejo porque la muerte me espanta

 

 

¿Cómo te llamas, morena? Me llamo Juana María

Si te corren de tu casa te vendrás para la mía

 

Cuando escucho La Morena ganas me dan de llorar

Me recuerda a la sirena, que la canta por la mar.

Ella canta por el mar para formar un encanto

Como ella no puede amar su cantar más bien es llanto

Por eso cuando la canto me dan ganas de llorar.

 

Si en el mar se escuchan voces, son voces de la sirena

Y sólo la reconoces si de amores tienes pena.

Quien de amor no tiene pena no se puede imaginar

Cuánto sufre la sirena que tiene prohibido amar

Purgando así una condena.

 

 

No me manden a lo oscuro a morir como un traidor

Yo soy bueno y como bueno moriré de cara al sol

 

Adiós, adiós, madre del río, madre del río

La lluvia negra, la lluvia negra en el caserío.

Adiós, adiós, madre del monte, madre del monte

La lluvia negra, la lluvia negra en el horizonte.

La Lupi en Monterrey

Tengo algunos años bailando flamenco, no estoy segura de cuántos, creo que 8 o 7. Me he repartido esos años en tres academias, casi siempre siguiendo a maestros a quienes quiero aprenderles algo de técnica o coreografía.

Hace un par de semanas terminé mi año ‘escolar’ en la Academia de Danza Flamenca de Sabás Santos, un artista al que admiro y le tengo mucho cariño.

Fitting flamenco outfit

Generalmente, en las academias, se enseña técnica de pies y de brazos, y una coreografía por curso, este año aprendí una Rondeña, que es un palo flamenco (dígase un ritmo o género de los muchos que hay dentro del flamenco).

Ensayo general Ensayo general

El cierre de cursos se hizo con un espectáculo flamenco en el Teatro de la UANL, el pasado 23 de junio.

Sabás Santos

Ensayo general en el Teatro de la UANL Backstage Backstage

Fotografía de Manana An Fotografía de Manana An Fotografía de Raúl González Fotografía de Raúl González

Debo admitir que me sentí muy satisfecha de terminar mi año flamenco tomando mi primera clase para bailaores avanzados, con gente que tiene más de 10 o 15 años bailando; con gente a la que le aprendes, aunque sean alumnos igual que tú. Fue gratificante.

Raúl y Lix, se quieren y son novios Ilsa, Carlos, Susana, Manana y Oscar, a family portrait Mi Marcia y yo Alma, Andrea, Marcia, Elena, Lix y Malú.

Pero la historia feliz tiene un turn dramático, horrible y bello, algo así como una película de Disney para adolescentes.

Días después de terminar mi curso anual, me enteré que el Festival de Arte Flamenco Monterrey traía a la Ciudad a Susana Lupiañez, also known as La Lupi, bailaora profesional y diosa de la cumbia andaluza.

Mi mundo se sumió en una felicidad que no cabía en el cuerpo, un contentismo bailarín lleno de sueños dorados que sólo sueñan los fans cuando calibran la posibilidad de conocer a su ídolo. ¡Qué bueno que existan los ídolos, los mitos inalcanzables, las leyendas vivas que nos hacen siempre ser mejores!

Sobra decir que yo ya conocía desde hace tiempo el trabajo de la Lupi, la vi bailar con Miguel Poveda en Las Ventas, le vi mover los brazos como olas de mar tranquilo, ya conocía su arrebato y su duende añejo, no como las bailaoras jóvenes que mezclan la danza contemporánea y un poquito de desgarre andaluz. No. La Lupi es añejería, es gitana gorda (no que ella esté gorda, sino su baile lleno de energía gorda), es abuela andaluza con delantal bailando por bulería en medio del patio, es una admiración viva a las flamencas de antaño.

Sin dudar desembolsé mucho o poco (porque todo siempre depende del cristal en que se mire) para pagar un curso con ella, de dos horas al día durante cinco días. Diez horas de verla nomás, no me importaban los temas que tocara su curso, ni el tiempo, ni que las clases fueran para flamencos avanzados, sólo me importaba verla, así de cerquita, verle hacer flores y zapatear su zapato flamenco traído de Andalucía: Agh, muero.

Calentando antes de clase

Así me llegó un 2 de julio, en el Centro de Arte Flamenco, en San Pedro, cuando entré al estudio y la vi ahí paradilla, chiquitita, petite, diciendo “Pero, mujé, passen, passen, buenos días!”. Morí un poquito cuando me saludó.

Hace mucho tiempo que no recordaba estar tan nerviosa.

La clase comenzó con unas 20 alumnas y de inmediato se me terminó la luna de miel. Todo era muy difícil para mí, me sentía un costal bailando frente al espejo, un espantapájaros moviendo los brazos sin orden, horrible, un desastre.

La Lupi, apasionada, gitana y gritona, me intimidó muchísimo, no logré hacer nada bien y cuando terminó la clase me fui de ahí arrastrando mi optimismo.

A la verga todo, pensé, no sé nada. Todos estos 8 años pensando que bailo flamenco fueron una farsa, ni una clase que había tomado en la vida me había hecho sentir tan mal y comencé a dudar de mi habilidad/amor por y en el flamenco.

Al día siguiente fue peor, quizá lloré en el carro de vuelta a casa. Pensé en abandonar el curso porque era lo mejor para el grupo, La Lupi no tendría que detenerse a explicármelo todo en cámara lenta para que lo entendiera, y las demás chicas quizá podrían avanzar más sin mí.

Una conversación con mi novio guapo y no flamenco, me devolvió a poner pies en la tierra y al día siguiente me presenté con nuevos, igual de jodidos, pero nuevos, bríos.

Me dije: Mira, Liz, ya sabías que la Lupi era grandes ligas, en el fondo sabías que ni de pedo ibas a poder realizarlo todo y menos en dos días de clase. So, losen up, tight bitch, y ve a hacer lo que puedas.

Y créanlo o no, el tercer día me fue mejor. El cuarto me volvió a ir de la patada, pero ya no tan mal como el primer día, ya no le tenía tanto miedo a la Lupi y ahora sí me dediqué a preguntar un chingo y a corregir muchos vicios en posturas y en el flujo del baile.

La Lupi puso coreografía de Soleá por bulería y cuando me relajé lo empecé a disfrutar, me sentí más cómoda incluso al equivocarme, porque la Lupi es tan buena maestra, tan dedicada y tan ojo de águila, que hasta de lejos a tres mil kilómetros de distancia te detecta un error y te exige lo que ella ya sabe que puedes dar. Es la mejor, la adoro.

Fin de curso con La Lupi en el Centro de Arte Flamenco

Terminé bailando la pinche Soleá, con algunos espasmos, pero bailándola completita. Mi objetivo personal del curso no era aprenderme toda la coreografía (es imposible para mí, todavía, aprenderme una coreografía completa en 10 horas, lo siento, no puedo), sino robarle a la Lupi todo lo que supiera para mejorar el movimiento de cuerpo y que no se viera moderno o como posturas de ballet, sino agarrarle ese pellizco gitano, ese impulso de sentir el flamenco en los chakras, como dice ella.

Siempre busca la esencia, digo yo.

Al final del curso le confesé mi miedo y mi amor, le expliqué que ella para mí es lo que Paco de Lucía a un guitarrista: Dios.

Que le aprendí montones, que la admiro, que qué bueno que existe en este mundo. Y ella me regañó, me habló, me dijo cosas, mientras mi corazón se hacía grandote de tanta alegría.

la foto (12)

No terminé bailando hermosamente como otras alumnas, pero me llevé muchísimo de esas 10 horas y estoy sorprendida; me felicito de haber tomado el curso y agradezco que mi Raúl no me haya dejado claudicar.

No entiendo mucho de moralejas todavía por aquí, pero me quedé chida, muy contenta de haber sido bien regañada por la Lupi porque eso quiere decir que me observó y le interesaba corregirme y ya con eso me voy feliz, en paz con el mundo y conmigo.

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi, Fotografía de Raúl González

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi se presentó el sábado 6 de julio en el Teatro de la Ciudad con su espectáculo ‘Yo, conmigo misma’ y el teatro bien relleno. Si no fueron, se lo perdieron por mensos.

¡Qué viva el pinche flamenco!

Knitters of the world: UNITE!

Posted On 13 junio 2013

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Ya había contado que, invitada por mi amiga Susana, estaba asistiendo a un ‘Knitting coven’ (así le digo yo)… Bueno, la semana pasada Andrea Menchaca, reportera del periódico EL NORTE, nos acompañó a la juntación del miércoles.  El tema era el Día Internacional de Tejer en Público, pues las locas del coven organizaron una reunión tejedora el sábado en el Parque Rufino Tamayo para celebrar la celebración (básicamente).

Día Mundial de Tejer en Público. Poster hecho por Vhana Trejo.

Las Arañoñas, por Lix Gutiérrez

Las Arañoñas, versión decente, por Lix Gutiérrez

La mini entrevista y sesión de fotos duraron poco, porque luego Andrea se quedó a tejer, pero de la charla salió una nota para el diario:

Periódico EL NORTE, Sección Vida! Viernes 7 de junio.

El sábado de esa semana nos fuimos a tejer al parque, como dice el artículo y he aquí algunas fotografías de algo que luego se convirtió en el grupo Tejer en Monterrey.

Tejedoras en el Parque Rufino Tamayo.

Me veo como si fuera un outcast en esta foto,pero juro que me sentí muy cómoda y no me perdí nada del chisme.

Tomada con mi Iphone: Tejedoras

No es la mejor foto, pero bue…

La onda estuvo muy buena. Fue algo así como un picnic, llegó gente que no conocíamos, pero que ahí conocimos, se intercambiaron consejos sobre tejidos, técnicas… Hubo muy buena vibra, muy pacífica y abuelera.

Día Mundial de Tejer en Público, Monterrey.

Tejer en Monterrey

De ese día también salió una nota, en el periódico del domingo 9 de junio:

Periódico EL NORTE, Sección Vida!, Domingo 9 de junio.

Las reuniones dejaron buenas experiencias y se armó un grupo en Facebook: Tejer en Monterrey. Vayan, dénle Like y si les interesa unirse a las reuniones, ahí habrá info.

De hecho, el próximo domingo 16 de junio se volverán a juntar, pero ahora en el San Pedro de pinta, a partir de las 10:00 am, me parece. La info viene ahí en el grupo. Go like it!

Ahora, me imagino que debe haber muchísimos grupos de personas tejiendo en Monterrey, I SAY: Bitch, shout out! Knitters, let’s unite!

Ilustración hecha por Vhana Trejo

 

 

Fuck yeah, hands!: Knitting crochet

Posted On 29 abril 2013

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Bueno, pues bueno, hace como un par de meses fui abducida por mi amiga Susana al mundo mágico, cómico y musical de la tejedera. Yep, you got it, betch, knitting.

Yo es que la verdad nunca fui del tipo “crafty”, de niña me gustaba ver El Espacio de Cositas, pero nunca se me ocurrió hacer pulseritas, ni recortes, ni hilo, ni, retazos de tela… nada, yo fui más bien una niña bien holgazana, me pasaba las tardes en un sillón leyendo, con un promedio de movilidad del 20%. O sea que no sé hacer nada con las manos, no me molestes, no me interesó nunca.

Hace dos meses o algo, Sux me invitó a un Knitting Gathering con sus amigas…

¡ALERT!: GIRL TALK AHEAD

No se me ocurría cómo un grupo de mujeres jóvenes se juntaba a tejer… vaya, no me imaginaba cómo era, principalmente porque la única referencia crafty que tenía era El Espacio de Cositas, but they actually blew my mind.

La cosa va por juntarse una noche cada semana a platicar, a merendar, a tomar té, a chismear… y de paso a tejer mientras se hace todo eso (God knows us women are multitaskers).

Entiendo que casi muchas (sic) de las chicas en el grupo son amigas de niñez o comparten años de estudiar preparatorias o universidades juntas, entonces hay una girly buena vibra por ahí, muy welcoming, muy cómoda. Supongo que alguien comenzó a tejer y le enseñó a la otra, supongo que los gustos en común ayudaron a la creación del “coven”, pero cuando yo llegué estaba muy bueno el chisme… y la tejedera.

En algún momento tuve mis dudas de comenzar a tejer porque pensé que no lo tenía en mí, sé que no soy nada paciente, me conozco, soy de las que se desespera a la primera cuando hay que meter un hilo por el hoyito de una aguja, me dan ganas de aventar todo y golpear la pared con el puño (literal)… es impaciencia y además ansiedad, creo.

El caso es que poco a poco  y sin presión, me enseñaron una cosita de crochet y luego otra, y terminé comprando material para mi primer proyecto: Un cojín.

Granny squares

Puse a Raúl a escoger los colores del estambre porque quería regalarle de cumpleaños mi primer proyecto, así que nos fuimos por colores medio oldies, otoñales, hippies (según él)…

Comencé con un par de Granny Squares, que entiendo que son como universales; con esa “técnica” igual puedes hacer un cojín, un suéter, una colcha, lo que sea.

Los stitches me quedaron primero muy aguaditos, mis dedos largotes y torpes  tardaron un par de semanas en acostumbrarse a trabajar “en pequeño”. Meter estambre, sacar estambre, nudito, doble nudito apretado, esas cosas que son para mujeres pacientes.

Granny squares, three colors

Las chicas me recomendaron una página que se llama Ravelry.com, que es como un facebook para tejedoras (digo yo). Ahí encuentras patrones, fotos de proyectos de otras personas, ideas para combinar colores… muy buena onda, cotorreo muy ancianil (digo yo), muy lovely.

Finishing touches.

Al poco tiempo llegué a la fase en la que quería tejer todo el día. Aprovechaba las horas al teléfono para tejer un rato, cuando veía películas (Toda mi fiebre por Pedro Infante -que duró como un mes- me la pasé viendo sus muvis y tejiendo, tejiendo, tejiendo), cuando acompañaba a Raúl a hacer trámites, lo esperaba tejiendo…

Also, durante un par de semanas Güero tuvo una fase rara, no sé si le gustaba el olor del estambre o qué, pero se le hizo costumbre ir a dormir a mi regazo mientras tejía. #CosasDePerritos

Güero chiflado

Todas estas cosas juntas y de pronto, me hicieron sentir muy anciana. Mis hermanas me dicen “abuela”. Pero la verdad yo me pregunto cómo las abuelas pueden tejer, si esto es casi un deporte extremo… hay que estar concentrada para no perder la cuenta de cuántos stitches llevas, hay que tener Night Vision para alcanzar a ver si el nudo va bien, si metiste el estambre donde debías… ¡Óyeme, la realización de esta empresa es para respetarse!

Crochet stitches

Crochet stitches

Con la ayuda de las chicas terminé la gran parte del cojín, pero luego en Youtube encuentras una gran cantidad de pendejadas tan útiles!

Así aprendí a hacer olanes y a unir patrones, luego hasta terminé inventando puntadas, a resolver problemas de estambre con ingenio y con algo que me enseñaron mis papás, que es “Intelígele” o también conocido en el mundo real como “Házle como puedas”.

Granny square II

Total, que tejer se volvió una terapia para mi impaciencia.

Aprendí que de cosas pequeñas se forma una cosa grandiosa, que de poquito en poquito se llena el marranito y que se siente bien padre ser algo así como una artesana, una creadora a pequeña escala.

Se siente muy bien ver terminado el proyecto, tienes una satisfacción bien idiota de “Hey, yo hice eso con mis manos, woohooo!!!” Fuck yeah, hands!

Crochet project 1: un cojín

La semana pasada fue el cumpleaños de Raúl, así que el cojín pasó a mejor vida… a mejor vida a la cama de Raúl, donde es usado, amado y babeado (como Dios manda que sean las vidas de los cojines de este mundo).

Me quedó un poco cucho, medio mordido de unas partes y muy bonito de otras, con defectos propios de mi calidad de primeriza y con virtudes que tienen que ver con el amor que uno le pone a las cosas que va a obsequiar.

La habitación de Raúl.

Ahora mismo estoy pensando en qué colores elegir para mi próximo proyecto. Quiero hacer un par de par de cosas con puntadas diferentes para  luego, a mediados de este año (si es que se puede), comenzar mi objetivo: una colcha, algo así como un quilt.

Veremos si me quedan ojos y dedos para ver realizados un par de proyectillos de ese tamaño, por lo pronto estoy pensando en comprarme una mecedora… suggestions, annyone?

 

Guía para ver películas de Pedro Infante

Posted On 23 abril 2013

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Hace un par de semanas me acordé de una escena de una película de Pedro Infante, Escuela de vagabundos (1955).

Ésta:

Jajajajaja La puedo ver ochentamil veces y me da la misma risa como si la viera por primera vez. Bueno, en esta escena no sale Pedrito, pero da igual, ¡es un peliculón!

Mis papás son bien ‘fanes’ de Pedro Infante y se saben muchos diálogos, chistes y canciones de sus muvis, entonces yo crecí escuchando (allá de fondo, en el otro cuarto) sus canciones de amor, esas que cantaba con los ojitos a medio cerrar como de borreguito enamorado… ¡¡¡Ayyyyy!!!

Pedro Infante

El caso es que hace unas semanas vi este video y luego casualmente encontré la película completa en Youtube… Pos la terminé y seguí con otra y con otra y con otra, y yo creo que nomás en estos días me aventé unas diez.

No se sienten como muchas porque son muy ligeritas, son películas muy sencillas, con plots muy distintos pero casi siempre se digieren fácil, supongo que esa era la naturaleza de los personajes que hacía Pedro Infante, un hombre sencillo, con el que cualquier persona se podría identificar.

Las comencé a ver porque sé que existen, sé de qué tratan, las conozco (de tanto oír hablar de ellas toda la vida), pero nunca las he visto con conciencia, con ojo de adulto,  desde un ángulo analítico, juzgando su fotografía, las actuaciones, los diálogos, las tomas…   Y qué chulada.

Pedro Infante 2.

Y es que yo creo sus muvis están infravaloradas, de tanto que las pasan en Televisa los sábados uno ya se harta… ahora nomás ves tantito una película en blanco y negro en tus cochinas televisiones  plasmas, hache de, tri di, y le cambias rápido porque quieres ver los pinches ‘transformers’ o los ‘avatars’ en alta definición. ¡No!

Así que este pequeño post les podrá servir a los que nunca hayan visto una película de Pedro Infante y quieran (al menos por curiosidad, si no por devoción) ver qué pedo con Pedro. Voy a recomendarles algunas.

Mis papás me ayudaron a recordar cuál película era cuál, por actor, por título de filme o por trama, así que aquí van algunas de mis favoritísimas, mis menos favoritas y hasta las insoportables:

FAVORITAS

– La oveja negra (1949). Esta es mis preferida de todos los tiempos, por los siglos de los siglos. Silvano Treviño (Pedrito), es hijo de Cruz Treviño Martínez de la Garza, el epítome de padre mexicano. La historia es sobre una familia que sufre al jefe del hogar, le aguanta sus borracheras, sus apuestas, sus mujeres… Cruz es detestable. Pero la película es un manojo de risas y llantos, entrelazados de una manera magistral (Agh, ya la quiero ver otra vez!).

La oveja negra (1949).

Ismael Rodríguez, es el director de esta y muchas de las grandes películas del Cine de Oro mexicano, así que el plot es impecable, las actuaciones son lo más grande y el libreto una genialidad.

La película tiene una secuela, No desearás la mujer de tu hijo (1950),  y juntas son una chulada de maíz prieto, a uno le sale el orgullo de ser norteño (sí, señor!) y hasta dan ganas de hablar más golpea’o. ¿Pos’ a poco? Sí, iñor.

No desearás la mujer de tu hijo (1950)

El personaje de Pedro Infante es Silvano, un hijo que ama a su padre a pesar de todas las pendejadas que hacen los padres, y yo aquí me identifico cien pinche por ciento, quizá por eso me gusta el filme. Silvano obedece siempre con un “Sí, apá”, “Ta’güeno, apá”, y a uno le dan ganas de romperle el hocico de un chingazo para que sea un poquito más rebelde: He ahí la brillantez de su actuación. (Aplausos de pie)

Pedro Infante borracho.

Mis favoritas son las escenas de borrachos y para eso, Pedro se pinta solo.

Una de las cosas curiosas de la muvi es que Fernando y Andrés Soler, hermanos en la vida real, actuaron en la película como compadres, y juntos son lo más.

Por ahí me enteré que en una escena Cruz Treviño dice su nombre al revés, se confunde y cuatrapea sus apellidos. Leí que el director había decidido dejar la escena con el error debido a que era una escena muy fuerte y había sido actuada con tal perfección, que le valió pito y la dejó con el nombre cuatrapeado. ¡Bien! Al menos yo sí soy bien fan de la imperfección en la perfección.

Kamcia. La oveja negra (1949).

Pero la actuación sublime de la película se la lleva Kamcia, el caballo de Silvano, que se lleva todas las escenas en las que aparece, ya sea bailando, hablando o nomás relinchando. Qué chulo animal.

– Los tres huastecos (1948). ¿Qué cosa existe mejor que ver una película de Pedro Infante? Una película donde salgan tres Pedros Infantes. That’s right, betch!

Pedro hace tres personajes distintos, los hermanos Andrade, un padrecito, un militar y un villano. Verlo interpretar tres papeles distintos, incluso los tres juntos en escena, es una delicia, un derroche de ingenio, talento y escuela. La verdad, mis respetos.

La película trata de unos trillizos que fueron separados al nacer y cada uno se fue a vivir a una Huasteca: la potosína, la veracruzana y la sanluiseña… años más tarde se reúnen y ¡¡¡Desmadre!!!

Lorenzo, Juan de Dios y Víctor Andrade. Los tres huastecos.

De esta muvi quiero resaltar dos joyas: 1. Maria Eugenia Llamas, La Tucita, la hija de Lorenzo Andrade ‘El Coyote’. Lo único que puedo decir es: pinche güerquilla desgraciada.

Y resaltar la joya número 2. Fernando Soto ‘Mantequilla’, de los cómicos el mejor, ni siquiera Piporro me causa tanta gracia como él.

Pedro y Mantequilla (Los tres huastecos)

Nosotros los pobres ( 1948), Ustedes los ricos (1948) y Pepe El Toro ( 1953). De estas nomás decir que a los 20 minutos de comenzada (la trilogía), ya estaba llorando. Ahí nomás te le dejo.

Esta película no se puede spoilear, tooodos la conocen, toooodos saben de qué trata, así que no ahondaré en el plot.

Lo único que diré es que es una de las dos mejores actuaciones de Pedro Infante (La otra es Tizoc), la que mejor aborda la naturaleza del mexicano y una curiosidad actual del México de no hace muchos años.

En esta escena, que es mi favorita, el hijo de Pepe El Toro, El Torito, acaba de morir quemado dentro de su casa.

El Torito

Muerte del Torito

¡Toritooooo!

Fíate, alomejor yo soy bien marica o alomejor la película es brillante (eso decídelo tú), pero mira, si en esta escena no lloras lágrimas gordas y te salen mocos, si en esta escena no sientes que se te estruja algo en el pecho y se te hacen nudos en la garganta, neta, no te respeto. Si no sientes nada al ver esto, eres un pedazo de piedra horrible sin corazón, ojete y poco ser humano. Ya enfréntalo, no vales nada como persona.

Clávate en las sombras de la escena, en la manera de llorar del actor, las fibras que te toca… Nonononononono, otra cosa.

Tizoc (1957). Esta es una de las dos o tres películas que PedroInfante alcanzó a hacer a color, es un highlight de su filmografía porque ganó muchos premios de la crítica, en México y en el mundo (Muy aclamada en Berlín).

La protagonista mujer es María Félix, una belleza de mujer. A mi ya me gustaba la Doña, me gusta su papel de mujer fuerte e independiente, soberbia, sin piedad (Que por cierto después de este maratón de Pedrito, creo que me aventaré un maratón de la Félix), pero al verla en la pantalla, actuando o nomás mostrando su pinche cara, te das cuenta porqué la aclaman tanto.

María Félix en Tizoc Tizoc: Pedro Infante y María Félix

Ella tiene esa belleza que tiene (o tenía) Marilyn Monroe, que ves sus fotos y no le puedes quitar los ojos de encima, que en cada pose, en cada ángulo te dan ganas de seguirla viendo, de verla todo el día, porque es tan linda, tan proporcionada, tan estética la ubicación de sus ojos con respecto a su boca, sus pómulos, sus cejas, todo! Es una adicción para los ojos. Y luego escucharla hablar es chistosísimo, porque tiene un acentillo bien raro que yo no puedo definir.

Tizoc

Pero bueno, Pedro Infante interpreta un papel diferentísimo a todos los que había hecho antes y esos cambios de personaje que lo retan como actor, se aprecian y se agradecen porque es un gusto verlo haciendo otra cosa y haciéndola bien.

Sea riendo o llorando, Pedro tiene la corona de mi corazón.

Hay otras películas que me gustan también, A toda máquina, con Luis Aguilar y su secuela Qué te ha dado esa mujer; Angelitos negros, un drama que toca temas de racismo, Escuela de Rateros, Ahí viene Martín Corona  (En la que salen cantando juntos José Alfredo Jiménez y Pedrito, y en la que dicen que Pedro no quería besar a Sara Montiel porque no se bañaba ni se lavaba los dientes), Pablo y Carolina…  valen la pena verlas y seguirle con el mood de ver películas del Cine de Oro, en vez de largarse al cine a gastar horrores para ver películas pinches y de medio pelo.

Además, yo digo, de nada me sirve andar viendo toda la peliculografía de Hitchcock o de Argento (por ejemplo, en mi caso), si no conozco lo que se hizo en México, si no me “especializo”, en mis posibilidades, en lo que yo puedo presumir del cine de mi país.

Tenía pendiente ver unas películas de Anna Karina (cine francés) y quería seguir con mi ciclo de cine de terror de los sesentas/setentas, pero hace unos días cambié de opinión, voy a comenzar unas películas mexicanas. Raúl me ha recomendado algunas de López Tarso y me ha ofrecido también algunas de Luis Buñuel, creo que le voy a dar por ahí, ya me piqué.

Anyways, este post lo escribí por mi reciente fiebre por el cine mexicano y de pasadita lo aproveché porque el pasado 15 de abril Pedro cumplió ya muchos años de muerto.

Este es mi pequeñisisisisimo tributo personal y mi labor para orientar a otros si alguna vez quieren ver una, sólo una, película de Pedro Infante; estoy segura que de ver una muvi (una de las mejores), les darán ganas de ver otra y otra y otra.

Dios guarde a los artistas y nos siga dando más.

Pedro Infante

El sueño de una defensa pública

Hace poco fui a una fiesta, ahí me quedé sola unos momentos con gente que no conocía. La música había sido toda la noche una mezcla de ochentas, goth pop, rock a lo Joy Division y muchas cosas que yo oigo como idénticas todas (Perdónenme, fans de Joy Division).

No me malentiendan, creciendo con una familia de ‘Sopa de caracol’ en las fiestas y ‘El Corrido de Laura Garza’ en las Navidades, tengo callo para tolerar muchos géneros de música. Sé muy bien lo que me gusta y lo que no, pero no repudio, ni condeno a Satánas… a veces está chido salir de mi zona de confort musical (Así me presentaron postmortem a Jenni Rivera).

Total, que en esta fiesta me quedé sola por un momento con un grupo de personas que no conocía y como no bailaba ni disfrutaba el volumen alto de aquellas piezas doradas (quiero pensar que fue por eso), me preguntan de pronto: “¿No te gusta Joy Division o qué?”.

No me lo pensé ni un minuto y dije: “No”.

De inmediato noté la incomodidad de mi respuesta en todas las personas que estaban en ‘la bola’. La regué.

Alguien entonces, con un corajito disfrazado que yo entendía que había tocado un punto sensible, continuó: ‘¿Ah no? ¿Entonces, qué escuchas?’

Vato, escucho un chingo de cosas, pero mi primera respuesta fue: Flamenco.

Me arrepentí un poquito luego, porque me vi en la necesidad de justificar que me gustaba el flamenco y no lo hice.

No lo hice porque sentí no tenía por qué dar explicaciones a gente que no conozco de por qué me gusta lo que me gusta, pero después me quedé con una espina que no me he podido sacar.

A veces revivo esa noche y se me ocurre un gran discurso de defensa pública del flamenco, un alegato justo que dejara fuera esta vergüenza implícita porque no me gusta Joy Division. Pienso en muchas cosas que debí decir, una lista entera de cosas físicas, poéticas e invisibles, un evangelio bonito que le hiciera justicia a Camarón.  Pero no, nomás dije: “Ah pues no sé… me gusta”.

Mi situación es difícil, me declaro una incomprendida, a veces mi mamá muestra un poco de interés, un compañero o dos del trabajo con los que a veces puedo discutir de gitanos un poquito… incluso mucha gente con la que bailo flamenco en las academias no sabe de flamenco, buscan la danza flamenca, pero no se interesan por el más allá.

Y es muy difícil, habiendo tantas cosas bonitas en los soleares, en las granaínas, en los fandangos, tantas coplas hermosísimas, tanta pasión imprimida y desperdiciada cuando voy en mi carro, pongo música y me dicen “Ay no, ¿otra vez flamenco?”.

Sé que el flamenco es complejo, no es fácil de digerir, pero esa tosquedad es tan pinche bonita una vez que entiendes el código, una vez que le das una oportunidad y conoces la historia, que lees un libro, que comprendes de dónde viene esta letrita o este compás. El gusto por el flamenco es un premio después de haberlo sufrido, digo yo.

Hace unos días descubrí esta canción, esta versión en vivo de una canción de Manuel Molina, un gitano de los de verdá (Y eso que fue hippie en sus días mozos).

Es un poema de Federico García Lorca, musicalizado por Molina y cantado por su hija, Alba.

Les dejo el video y el poema como un regalo, no como cuatro minutos de tortura.

Romance de la Pena Negra

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.

Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las sierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache, cama y ropa.
¡Ay mis camisas de hilo!
¡Ay mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!

Julia dream

Posted On 25 febrero 2013

Filed under arte, cine, música

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A summer’s poem written in water.

 

A short film, by Raúl González.

El taller de Reyes Meza

Posted On 14 febrero 2013

Filed under admiradora, arte, música

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Por medio de un par de milongas organizadas por unas amigas, conocimos El taller de Reyes Meza, el estudio del pintor tamaulipeco en el que trabajaba mientras vivió en San Pedro, Nuevo León.

José Reyes Meza

Desde la primera vez que lo pisas sabes que es mágico, que ese lugar está como embrujado de creación, puedes sentir que ahí se hacía arte. Se ve que casi todo está como lo dejó antes de fallecer, en el 2011, y da mucho gusto que ahora sus dueñas lo compartan como un espacio artístico, donde se puede organizar casi cualquier evento cultural.

Estudio de Reyes Meza

Les dejo unas fotografías que tomamos Raúl y yo durante la última milonga que estaba dedicada al Día del Amor, de ahí que todos se visitieron de rojo.

 

Los invito a darle like a la Facebook Page del taller y a estar pendientes de las milongas o talleres que se imparten ahí. Vale la pena visitar.

El taller de Reyes Meza

Hermanas gemelas malvadas separadas al nacer

Posted On 7 diciembre 2011

Filed under admiradora, arte, fotografía

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Andando por ahí, lejos del blog, claro, para continuar con la tradición del abandonismo (lo siento, de verdad lo siento), me encontré con lo siguiente.

Cooper & Gorfer.

Una fotógrafa y una pintora que juntas hacen un desmadre de obra, una especie de imagen incierta porque uno no sabe si decir si está pintado o fotografiado.

Andaba husmeando, todo muy bonito, sí, órale qué padre, hasta que…

Me vi.

Dije: “What the fuuuuuuck!, esta soy yo!”

Sarah Cooper and Nina Gorfer

Pero, ¿a qué hora?, ¿en qué momento? ¿soy yo?

No… ¿o sí?

Y qué cosa más hermosa encontrarse donde uno no está…

Esta es la segunda vez que me pasa y se siente rarísmo. Una puede decir que tenemos una cara muy común, que podemos parecernos, darnos un aire, figurarnos, pero este tamaño de identiquismo, nunca.

Con el pelerío colgando y una flor en la mano, qué romántica, me morí en Marruecos o en la República de Albania, mordida por una serpiente; la obra se titula “The Snake Bite”.

Espejos

Posted On 17 noviembre 2011

Filed under arte, poesía

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Pa’ mis ojos una guía pa’ caminar a tu laíto

Pa’l cansancio tu pecho muriendo la tarde tomando el fresquillo

Pa’ tu sueños almohada con perfume de almendras

Pa’ mi cama el insomnio, la noche, el demonio, la marimorena

Pa’ tu calle farolas con guirnaldas de colores

Pa’ mi hambre las sobras de alguien que come y digiere mal de amores.

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