Sergei ‘El Bailador’ Prokofiev

Como yo creo en que nada es una coincidencia, una mañana el Universo me agarró de los pelos y me aventó a un cuarto donde sólo estaba la obra de Sergei Prokofiev, compositor y pianista de otros tiempos (¡Qué importan cuáles tiempos!).

Ahí me puso frente a frente con una pieza que se llama “Montagues and Capulets”, conocida por “The dance of the knights”, compuesta para una obra de ballet sobre Romeo y Julieta en 1935 (Estamos hablando que en 1935 mi abuela tenía 15 años, por ponerte un ejemplo; o sea, hace poco, es una pieza chavita).

En realidad estaba buscando el “Fortune Plango Vulnera” de Karl Orff en su Carmina Burana y encontré un disco que se llama “150 minutes of dark classical music”; muy bueno, aunque obviamente 150 minutos no son nada para contener tooodas las obras maestras oscuras de la música clásica. La intención es buena y el disco trae muchas piezas grandiosas que te vuelven loco y te hacen cuestionar “¿Qué putas estaba pensando Beethoven cuando escribió la Apassionata? No jodas, pinche Ludwig, con esos sustos” (Por cierto que Verdi también era un pinche freak, ve a ver lo que tiene, pinche loco).

Total que, volviendo a lo que nos atañe, descubrí al Señor Prokofiev: un amor de pelado.

Sergei Prokofiev

La “Montagues and Capulets” me robó todo lo que me quedaba de sanidad, es una melodía que me taladró la cabeza durante meses. La escuchaba en el silencio, la soñaba, la tarareaba todo el tiempo…

Descubrí que Prokofiev, o Sergei, o bueno, Sergio el bailador, pa’ la raza, compuso una versión de esta pieza para piano, pero ni se molesten en buscarla, la mejor es la versión para orquesta, es un chingazo en el hocico.

Cuando la escucho tengo espasmos y ansiedad en la punta de los dedos, me dan ganas de cerrar los ojos y temblar para causar el intrincamiento de mis músculos. Si la pongo a volúmenes estratosféricos es la muerte.

Bueno, mi obsesión con esta pieza era tanta que dejé de escucharla, me impuse un veto porque sabía que si seguía escuchándola tanto e indultándome secretamente acabaría por chotearla en mi ser, mi espíritu se aburriría de tanto Prokofiev y pa’ pronto la aborrecería.

Suelo aplicar este método para la música que me gusta un chingo y es doloroso, masoquista, horrible. No poder escuchar una canción que te gusta tanto porque tú mismo te lo prohíbes es inhumano, es cruel, vamos, que es una tortura medieval, es muy difícil de sobrellevar.

Mi método es poner la rola en una lista con muchas otras rolas y ponerle en modo Shuffle.  El Shuffle se encarga de tocar lo que le da la gana y yo tengo fe en que el Universo moverá sus hilos invisibles para que un día, cuando menos me lo espere, ponga “Montagues and Capulets” sin que yo le haya puesto ‘play’ con la intención de masturbar mi oído un rato.

Tú déjaselo todo al Universo.

Total que pasan las semanas y mi lista (que es considerablemente larga) no toca  “Montagues and Capulets”… yo me vuelvo loca esperando, deseándola, pidiéndole al Destino que intervenga en mi Spotify, pero no da señales de Sergio el bailador.

Hoy me doy por vencida y aprovecho que es viernes para darme.

Y claro, darles a ustedes también.

Con un placer enfermizo, les presento  “Montagues and Capulets”:

 

 

Si no sientes escalofríos estás destinado a morir lentamente por pinche insensible. Bye.

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