La Lupi en Monterrey

Tengo algunos años bailando flamenco, no estoy segura de cuántos, creo que 8 o 7. Me he repartido esos años en tres academias, casi siempre siguiendo a maestros a quienes quiero aprenderles algo de técnica o coreografía.

Hace un par de semanas terminé mi año ‘escolar’ en la Academia de Danza Flamenca de Sabás Santos, un artista al que admiro y le tengo mucho cariño.

Fitting flamenco outfit

Generalmente, en las academias, se enseña técnica de pies y de brazos, y una coreografía por curso, este año aprendí una Rondeña, que es un palo flamenco (dígase un ritmo o género de los muchos que hay dentro del flamenco).

Ensayo general Ensayo general

El cierre de cursos se hizo con un espectáculo flamenco en el Teatro de la UANL, el pasado 23 de junio.

Sabás Santos

Ensayo general en el Teatro de la UANL Backstage Backstage

Fotografía de Manana An Fotografía de Manana An Fotografía de Raúl González Fotografía de Raúl González

Debo admitir que me sentí muy satisfecha de terminar mi año flamenco tomando mi primera clase para bailaores avanzados, con gente que tiene más de 10 o 15 años bailando; con gente a la que le aprendes, aunque sean alumnos igual que tú. Fue gratificante.

Raúl y Lix, se quieren y son novios Ilsa, Carlos, Susana, Manana y Oscar, a family portrait Mi Marcia y yo Alma, Andrea, Marcia, Elena, Lix y Malú.

Pero la historia feliz tiene un turn dramático, horrible y bello, algo así como una película de Disney para adolescentes.

Días después de terminar mi curso anual, me enteré que el Festival de Arte Flamenco Monterrey traía a la Ciudad a Susana Lupiañez, also known as La Lupi, bailaora profesional y diosa de la cumbia andaluza.

Mi mundo se sumió en una felicidad que no cabía en el cuerpo, un contentismo bailarín lleno de sueños dorados que sólo sueñan los fans cuando calibran la posibilidad de conocer a su ídolo. ¡Qué bueno que existan los ídolos, los mitos inalcanzables, las leyendas vivas que nos hacen siempre ser mejores!

Sobra decir que yo ya conocía desde hace tiempo el trabajo de la Lupi, la vi bailar con Miguel Poveda en Las Ventas, le vi mover los brazos como olas de mar tranquilo, ya conocía su arrebato y su duende añejo, no como las bailaoras jóvenes que mezclan la danza contemporánea y un poquito de desgarre andaluz. No. La Lupi es añejería, es gitana gorda (no que ella esté gorda, sino su baile lleno de energía gorda), es abuela andaluza con delantal bailando por bulería en medio del patio, es una admiración viva a las flamencas de antaño.

Sin dudar desembolsé mucho o poco (porque todo siempre depende del cristal en que se mire) para pagar un curso con ella, de dos horas al día durante cinco días. Diez horas de verla nomás, no me importaban los temas que tocara su curso, ni el tiempo, ni que las clases fueran para flamencos avanzados, sólo me importaba verla, así de cerquita, verle hacer flores y zapatear su zapato flamenco traído de Andalucía: Agh, muero.

Calentando antes de clase

Así me llegó un 2 de julio, en el Centro de Arte Flamenco, en San Pedro, cuando entré al estudio y la vi ahí paradilla, chiquitita, petite, diciendo “Pero, mujé, passen, passen, buenos días!”. Morí un poquito cuando me saludó.

Hace mucho tiempo que no recordaba estar tan nerviosa.

La clase comenzó con unas 20 alumnas y de inmediato se me terminó la luna de miel. Todo era muy difícil para mí, me sentía un costal bailando frente al espejo, un espantapájaros moviendo los brazos sin orden, horrible, un desastre.

La Lupi, apasionada, gitana y gritona, me intimidó muchísimo, no logré hacer nada bien y cuando terminó la clase me fui de ahí arrastrando mi optimismo.

A la verga todo, pensé, no sé nada. Todos estos 8 años pensando que bailo flamenco fueron una farsa, ni una clase que había tomado en la vida me había hecho sentir tan mal y comencé a dudar de mi habilidad/amor por y en el flamenco.

Al día siguiente fue peor, quizá lloré en el carro de vuelta a casa. Pensé en abandonar el curso porque era lo mejor para el grupo, La Lupi no tendría que detenerse a explicármelo todo en cámara lenta para que lo entendiera, y las demás chicas quizá podrían avanzar más sin mí.

Una conversación con mi novio guapo y no flamenco, me devolvió a poner pies en la tierra y al día siguiente me presenté con nuevos, igual de jodidos, pero nuevos, bríos.

Me dije: Mira, Liz, ya sabías que la Lupi era grandes ligas, en el fondo sabías que ni de pedo ibas a poder realizarlo todo y menos en dos días de clase. So, losen up, tight bitch, y ve a hacer lo que puedas.

Y créanlo o no, el tercer día me fue mejor. El cuarto me volvió a ir de la patada, pero ya no tan mal como el primer día, ya no le tenía tanto miedo a la Lupi y ahora sí me dediqué a preguntar un chingo y a corregir muchos vicios en posturas y en el flujo del baile.

La Lupi puso coreografía de Soleá por bulería y cuando me relajé lo empecé a disfrutar, me sentí más cómoda incluso al equivocarme, porque la Lupi es tan buena maestra, tan dedicada y tan ojo de águila, que hasta de lejos a tres mil kilómetros de distancia te detecta un error y te exige lo que ella ya sabe que puedes dar. Es la mejor, la adoro.

Fin de curso con La Lupi en el Centro de Arte Flamenco

Terminé bailando la pinche Soleá, con algunos espasmos, pero bailándola completita. Mi objetivo personal del curso no era aprenderme toda la coreografía (es imposible para mí, todavía, aprenderme una coreografía completa en 10 horas, lo siento, no puedo), sino robarle a la Lupi todo lo que supiera para mejorar el movimiento de cuerpo y que no se viera moderno o como posturas de ballet, sino agarrarle ese pellizco gitano, ese impulso de sentir el flamenco en los chakras, como dice ella.

Siempre busca la esencia, digo yo.

Al final del curso le confesé mi miedo y mi amor, le expliqué que ella para mí es lo que Paco de Lucía a un guitarrista: Dios.

Que le aprendí montones, que la admiro, que qué bueno que existe en este mundo. Y ella me regañó, me habló, me dijo cosas, mientras mi corazón se hacía grandote de tanta alegría.

la foto (12)

No terminé bailando hermosamente como otras alumnas, pero me llevé muchísimo de esas 10 horas y estoy sorprendida; me felicito de haber tomado el curso y agradezco que mi Raúl no me haya dejado claudicar.

No entiendo mucho de moralejas todavía por aquí, pero me quedé chida, muy contenta de haber sido bien regañada por la Lupi porque eso quiere decir que me observó y le interesaba corregirme y ya con eso me voy feliz, en paz con el mundo y conmigo.

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi, Fotografía de Raúl González

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi, fotografía de Raúl González

La Lupi se presentó el sábado 6 de julio en el Teatro de la Ciudad con su espectáculo ‘Yo, conmigo misma’ y el teatro bien relleno. Si no fueron, se lo perdieron por mensos.

¡Qué viva el pinche flamenco!

4 Responses to “La Lupi en Monterrey”

  1. FlamencoJoy

    La lupi ha compartido esto en su muro..y sólo decirte olé por tu sensibilidad, amor al arte! Has captado lo que yo pienso y la lucha constante de ser autentico en el baile… gracias por compartir!

  2. jose Antonio

    Lupi: Te has ganado otro lugar del mundo..”Monterrey”Por donde andas,vas dejando mucha parte de tu arte y por supuesto de tu cariño hacia los demás.En esta chica está la prueva.

  3. Placido Salas Garcia

    LUPI; TE ESCRIBO CON MUCHO CARIÑO ALGO QUE PUSE EN MI MURO : (QUE ARTE TIENE LA LUPI, NOS ROBO EL CORAZON A TODOS LOS QUE TUVIMOS EL PLACER DE VERLA, ES MUY COMPLETA Y SENSUAL, DESPIDE ARTE POR LOS POROS, HACIA MUCHO TIEMPO QUE NO ME MOTIVABA NADIE TANTO COMO LO HIZO ELLA CON SU BAILE, QUE DIOS LA BENDIGA SIEMPRE Y LA SIGA CONSERVANDO CON ESE DON DE GENTES QUE TIENE, BRAVO HERMOSA Y BESOS DESDE ESTA CIUDAD QUE SE QUEDO TRISTE SIN TU PRESENCIA.) LUPI RECUERDA QUE ERES MUY CHIN….. BESOS.

  4. Emilia Mejia

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