No voy en tren ni voy en avión

En mi viaje a Raulandia la Sabana se confunde con sábana de leopardo falso y verdadero, cincuenta horas se traducen en tiempo Hollywood y no hay mañana, tarde o noche.

Yo no necesito pasaporte y no hay millas ni aeropuertos de por medio.

Los eventos suceden en base a un tiempo local que cada cosa tiene, por ejemplo, una tarde de ver la tele dura lo que la televisión quiere y uno no tiene control sobre la decisión televisiva porque uno se ve afectado por una especie de jet lag del que no tenemos control. Los desayunos deciden por sí mismos lo que habremos de desayunar, las ventanas deciden lo que habrán de enmarcar, las camas se destienden solas y así sucesivamente.

No existe el clima, ni las noticias, ni los celulares, ni los mañanas. En Raulandia hay serenatas a las 4 de la mañana y helado para cenar, no hay zapatos, sólo chanclitas y los baños de espuma duran una eternidad.

Me fui de vacaciones este fin de semana y no quería volver jamás.

 

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