El Evangelio Según Judas Iscariote

Posted On 19 marzo 2011

Filed under cuentameuncuento, Literatura

Comments Dropped 8 responses

Con motivo de la Cuaresma me acordé de este cuento, escrito hace muchísimo tiempo, circa 2000-2002, vaya usté a saber.

En mi rebeldía ilusa, más parecida a una fiebre, me atreví a dudar de la historia original de Jesucristo, no como un personaje santo, sino como una historia contada por la humanidad durante los últimos 2011 años.

Me parecía bien romántico que Judas traicionara a Cristo y quise aderezar la historia, como buena bullshitter, llámese “escritora”.

Sugerí que Judas amara en secreto a Jesucristo y que se viera obligado a traicionarlo porque alguien de los doce tenía que hacerlo. Alguien iba a hacer ese trabajo anyway, según la voluntad de Dios, right? (Yeah, right).

Entonces Judas asume el papel de enamorado suicida y se echa un alacrán por toda la eternidad, que es: traicionar al guapo de Cristo.

Lo hace realmente porque estaba enamorado y era quizá la única manera de compartir algo (ese beso/traición) íntimamente con el hijo de Dios. Esa era mi hipótesis, nunca refutada claro, dénme crédito.  Esta hipótesis fue bautizada como “El Evangelio Según Judas Iscariote”.

El caso es que escuchando Museum of Iscariot me acordé del cuento. Le hice unas correcciones en calidad de “rapidín” y se los presto para que lo hagan garras. No recuerdo haberlo publicado antes (quizá sí, este Alzheimer…) porque sentía que la idea podía trabajarse y armar algo más extenso sobre este amor prohibido épico, pero ahora mismo no estoy de humor, y como no he estado de humor en casi diez años supongo que no lo estaré anytime soon.

La canción es Museum of Iscariot, de la banda australiana Virgin Black.

El cuento es autoría de una Lizbeth de… uhm, unos 18 o 20 años. Ya llovió.

 

 

Jesus de Nazareth,

Un libro narra tu grandeza y tu gloria, mi libro describe tu belleza

 

“No morir, sino sufrir. Ni morir, ni curar, sino vivir para sufrir”

Santa Magdalena de Pazzi

 

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El Evangelio Según Judas Iscariote

por Lix Gutiérrez

– Mi alma siente angustia de muerte – le escuché decir en apenas un susurro para no aumentar nuestro terror.

Al instante abrí mi pecho para mostrar mi corazón aún enjugado en sangre para decirle ya sin miedo: – Este tiempo que vivo y en el cual respiro tu aire, es la vida que me han regalado: La tomo entre mis brazos, la arrullo y te la devuelvo. Esta es mi vida y la abrazo por ultima vez.
Enjugó sus lágrimas en el torso de su mano ajada y cansada de lavar leprosos; me miró detrás de la cortina de tristeza que cubrió aquella noche sus inmensos ojos de luna muriendo. ¿En donde más sino en la exaltada existencia se percibe la belleza de un corazón cálido que se debate entre la pasión por el amor y la tristeza?
A punto de romperse en pedazos dijo en voz alta – De pie! El traidor está ya muy cerca.

Lanzándome una mirada de compasión y complicidad cayó entonces al suelo, llorando por fin, despegándose la angustia que se le incrustaba en la piel y le corría por las venas aquella noche de mi traición.

Vertió en lágrimas su perdón, el que yo necesitaba para sobrellevar la perdición de nacer bajo este nombre y bajo estos astros.

– Judas Iscariote – me llamó con dulzura – Acércate –

Me hinqué ante su cuerpo deformado por el dolor.  El olor a rosas que expedían sus cabellos, me golpeó. Se había embalsamado todo de flores aromáticas y pétalos babeantes en savia y miel, aromatizado para su mortaja fragante.

Su piel temblorosa al tacto y su sexo debajo de la túnica sucia y arrugada me llamaron. Lo tomé de los hombros para evitar una segunda caída y me miró de frente, aturdido, cansado de una vida entera de sentimientos traicioneros, de sacrificios y ofrendas, de placeres divinos y orgasmos furtivos. En sus ojos había dudas del rumbo que tomaría su espíritu intacto, por el que tanto sufrió para mantenerlo inmaculado.

Así, con esa mirada, trató de confortarme, de agradecer infinitamente mi papel antagónico en esa farsa inapelable y necesaria, sin ninguna palabra más que las que de pronto me vinieron a la mente sin llamarlas.

Su voz fantasmal atravesó el aire y se incrustó en mis orejas. Yo lo observaba para guardar en la memoria su hermoso rostro, confundido de escucharlo y no verlo mover sus labios voluptuosos aún en esa mueca de santidad. -¡Háblame!- Le grité desesperado, aguardando una disculpa en lugar de un agradecimiento.

– Háblame! Dime algo, necesito escuchar tu voz-

Abatido, detuvo el torrente de pensamientos que ponía en mi cabeza y todo cesó.

-Yo, Iesu, soy tu Judas Isacriote, quien ahora especula sobre tu fin y el mío. ¿No soy yo, a quien de los doce has convertido en vuestro Diablo? ¿No soy yo El Traidor, quien en hedonismo se entregó al éxtasis de observarte y amarte en secreto?. Yo, Iesu, soy Judas, rendido ante la obra de belleza de un Dios que ve lo que yo veo y que luce como yo. Perdóname esta noche por arrojarme a las sierpes del destino, por haberte traicionado a la perfección… Te pregunto, aunque tu indulgencia parezca tan magna como para soportarla: Por delatarte, ¿Podrás perdonarme?

Colapsado, lloró el río, testigo de mi declaración amorosa y de la estupefacción de aquellos once elegidos y cobardes, los faltos de amor y devoción.

Me acerqué sin dudar cuando escuché a lo lejos la marcha de sus custodios, decidido a desnudarlo y amarle por fin ahí bajo la luna y los árboles que el aire acariciaba con violencia anunciando el fin del mundo. Quise abrazarlo para no quedarme solo, para impedir mi suicidio y así me acerqué.

– Maestro mío- le dije a un palmo de su rostro lloroso- que la miseria se cierna sobre mí antes que sobre ti. Que Dios te guarde- Y lo besé.

Sus labios en llamas, cobijaron los míos con destreza, ablandándolos con su lengua ávida de mi saliva, como si conociera en absoluto los rincones de mi boca y acoplándose a mi respiración que acelerada trataba de retener su aliento en mi corazón. Estaba entre nuestros cuerpos, la pasión de Iesu Christi, y mis manos buscaron la textura de sus cabellos largos, suaves como ala de ave, negros como los ojos que encerraban sus párpados celosos.

Fuimos de pronto asimilando nuestra muerte, dos cadáveres deshaciéndose de sus jugos eróticos deseando quedarnos así, fundidos en el beso de la resurrección.

Me separé de él inconscientemente, obedeciendo al tiempo silencioso que dictaba la hora de mi catástrofe eterna, hambriento aún de sus labios y su cuerpo, de sus manos sabias que sabían tocarme y hacerme sufrir.

Escuché entonces a mis espaldas la voz de uno de los once – Oh! Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?- y continué sin mirar atrás. Mi paseo, que envolvía la eventualidad de mi castigo y el abismo del perpetuo mal de amores.

8 Responses to “El Evangelio Según Judas Iscariote”

  1. Polly

    Me apena un poco comentarte porque no pretendo incomodar. Pero no pude evitar hacerlo. ¡Es bellisimo! Me he emocionado mucho, a mi me encantan estas cosas homoafectivas. La parte del beso, delicada, hermosa. Todo es poetico y sutil. Muy Libra. Yo si lo voy a guardar, perdon. Al leerlo me vino a la mente un Aria que me gusta mucho y me emociono mas al musicalizar el texto. “Signore Ascolta” Renata Tebaldi “Liù non regge più. Ha pieta!”

    Saludos!

    • oxiborick

      Me agarré respondiendo, porque no conocía este feature del WordPress, super cómodo (: jajajaj
      El aria: perfecta.
      Gracias por el raccomando, polls. Más abraxos por doquier.

  2. aneclectique

    Me gustó mucho la historia, se siente la desesperación de un amor desgarrador e imposible. Me pasa lo mismo que a ti, que la inspiración se fue corriendo agitando los brazos, aunque claro, yo nunca he escrito tan bien como tú.
    Fíjate que soñé contigo, he pasado por un mal de amores que a la larga no parecerá tan desgarradora como la de Judas, pero soñé que estábamos en tu casa con amigos (desconocidos para mi) y me decías frases bien psicológicas de consuelo amoroso ja.
    Anyway, te mando un abrazo :)

    • oxiborick

      Eh, ñoña del amor, ya vi que es tu deseo cerrar el blog, pero ¿ahora qué?
      Fíate que pasé por lo mismo con Oxiborick (el fotolog), creo que es cuestión de renovarse (o morir). Sí, un cotorreo psicológico que hay que superar, pero incluso parece que el “cotorreo psicológico” fuera comunitario, mucha gente estamos sufriendo de estos dolores… falta de creatividad, un suspenso o un paréntesis, no sé…
      Sobre el mar (sic) de amores, no tengo mucho consuelo amoroso, pero tengo abrazos que en persona te prodigaría (¿existe esa palabra?). Y para comenzar a curar, a la historia sobre tu mal de amores le vendría bien ser escrita. Piensa en procurarnos una historietilla mitad ficción mitad realidad, no?
      Abraxos muchos, ecléctica-eléctrica.

  3. Karen H.

    Me llega como de regalo.
    Me gusta tu manera de decir las cosas. Mucho.

    • oxiborick

      El regalo es verte aquí, petite. Te beso.

    • oxiborick

      BUENÍSIMO, con mayúsculas. Lo compartí por allá. ¿Usas G-reader?

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