Yoga is the new shit

Posted On 10 marzo 2011

Filed under cotidianeidad

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Practico yoga desde hace cerca de 3 años y no me canso de pregonar lo bueno que es por la simple razón de que el yoga cambió mi vida. Soy como esas señoras religiosas que no se cansan de alabar la palabra del Señor, así histeriquitas y tercas de que no existe otra salvación… así, pero en yoga.

Neta, el que lo practique me entenderá y el que no, pruébelo un día, asista a una clase gratis, déle una oportunidad.

Esto no es de “Soy new age, oooooommm”. NO.

A través de ejercicios físicos y respiración, la sangre comienza a acostumbrarse a fluir y un cuerpo en el que la sangre fluye es un cuerpo sano. Usted se hará adicto a ser sano.

Poco a poco siento que cambio algunos hábitos, inconscientemente.

– Fumo menos, no porque me lo proponga sino porque no me dan ganas, prefiero usar al 100% mis pulmones.

– Tomo menos café, además de que tengo gastritis o colitis (vaya usted a saber), tengo ya un mes sin tomar café y me siento genial.

– He considerado seriamente cambiar mi alimentación: considerarlo solamente! Considerarlo es un gran paso para una persona como yo, devoradora de carne roja, alimentariamente suicida. Considerar me ha llevado a planear dejar de comer algunas cosas y añadir otras más saludables. La voluntad activa es lo que cuenta, no estoy lista para dejar los tacos de carne asada, sorry.

El caso es que el yoga le ha mostrado cosas benéficas a mi cuerpo y a mi mente, por eso lo recomiendo ampliamente, es quizá la más tangible y real fuente de la juventud que conozco.

Sioux nos contó que había yoga al aire libre en Chipinque y nos lanzamos. La levantada estuvo criminal, a las 7.30 de la mañana en domingo, pero valió la pena.

Uno tiene que subir hasta la meseta para encontrar a un grupo de personas desmañanadas practicando el Shanti Shanti Om. Llegue a la primera caseta y luego suba caminando o pague una cuota para subir en auto y llegar a tiempo.

Nunca había hecho yoga en outdoors y lo disfruté bastante. El sol en la cara, el viento fresquecito de las mañanas de febrero, los pajaritos, el zacate, el olor a pino… Hay una sesión a las 9 y otra a las 10, y son impartidas por Bárbara, una chica que ya me había dado clases en Om Yoga Om (búsquenlo en facebook).

 

Luego la gente piensa que el yoga es para jotos y mujeres sin quehacer, para hipsters new-wavers… Sí, estoy deacuerdo que se puso de moda y el mainstream y todo eso, pero sus beneficios son reales y reto a cualquier vato mamado por levantar pesas a que se aviente una clase de yoga avanzada y vea qué tan pesado y qué tanto se ejercita el cuerpo. Firmo donde sea.

Suza y yo ya sabíamos de qué tamaño era la pedrada, pero Carlos y Raúl nunca habían hecho yoga en su vida. Tengo la sospecha de que pensaban que era para maricas y creo que terminaron cambiando de opinión porque los vi en serios aprietos.

El caso es que el objetivo de esto es recomendarles ampliamente la práctica y la oportunidad de ir a tomar una clase gratis en Chipinque un domingo d’estos. No pierden nada (alomejor unas horas de sueño) y vale la levantada temprano, neta, si no, pidan que les devuelvan el dinero.

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