Máster en la Life’s-a-bitch University

Los últimos 365 días fueron andar en montaña rusa permanentemente, literal, todos los días era de “ahora qué?”.

El año ya andaba chafeando desde el 2009, pero increíblemente no había señales que dijeran que el 2010 sería peor; estaría chido poder decir “should’a read the signs”, pero no, no hubo.

Lloré un chingo y muchas cosas me salieron mal (casi todas, diría yo), no hubo planes exitosos, ni éxitos planeados, pero igual pienso que pudo haber sido mucho peor, por eso mi queja trato de mantenerla más o menos disimulada, no lloriqueando tanto, pero tampoco aceptándola porque sería condenar al 2010 a quedarse en el calabozo de los años malos de la vida de Lizbeth, y no… hubo dostres cosas rescatables.

Digamos, más bien, que este año puso a prueba mi paciencia, mi carácter, mi disciplina, mi tolerancia, mi amor… y aguanté vara. Bien cabrón.

Hubo muchas “oportunidades” para mandar a la chingada tantas cosas y no lo hice, al final terminé haciendo malabares para hacer que esas cosas resultaran lo mejor posible… así que año pinchehorrible, por ese lado me la pelaste.

De la joda se aprende y a estas alturas yo debo ya de haber terminado un Máster en Jodidencia avalado por la Universidad de la Vida. No digo ‘Doctorado’ porque esas ya son palabras mayores y la jodidencia se me hizo soportable porque guess what? Este año me enamoré y lo sorprendente no es que me haya enamorado, sino que ese enamoramiento se viera correspondido por otro enamoramiento igual, he ahí el detalle.

El enamoramiento contribuyó a que yo escribiera menos, pero viviera más. Creo que fui menos productiva porque estaba produciendo otras cosas que tienen que ver con sentimientos, besos, rasguños en la cara y cristales rotos.  Tenía un rato siendo una loner, pero ya voy aprendiendo muchas cosas nuevas de “pareja”, individualidad, espacios y mezclas de maneras de pensar.. y lemme tell ya’ sumthing: love’s a beyotch.

Muchas cosas que creía seguras como una roca, el 2010 se hizo cargo de desmoronarlas, se me cayó la credibilidad, la confianza, la seguridad, no sé, me las movieron de lugar. Cuando creí estar exhausta, mis amigos me levantaron; cuando veía que esto se me estaba saliendo de las manos, mis hermanos me aconsejaron…

No sé, creo que para mí es difícil sacar una conclusión/calificación final del 2010, porque realmente ¿quién soy yo para juzgarlo? El güey habrá tenido sus razones para ser un desgraciado, yo no soy quién para cuestionarlo… Allá él y sus razones y siento que en el fondo son buenas, eh. Me gusta pensar que el destino y el tiempo tienen algo bueno preparado, no para compensar los anhelos que dejó este año, sino para balancear mi karma, para vaciarme y llenarme de nuevo.

Sí, soy de esas optimistillas de clóset.

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