Lesson 1: Learn to let go

Posted On 30 octubre 2010

Filed under catársis, obsesiones, sueños, viajes

Comments Dropped 2 responses

Hace tiempo (muchos meses) tuve un sueño donde yo me encontraba afuera de una casa pintada de azul y de un solo piso.

La entrada eran dos puertas de madera vieja y pesada que rechinaban cuando uno las abría. Había un ramillete colgando en la puerta que consistía en un par de pescados secos, ajo y ramas de árbol (como de menta), todo eso amarradito con un listón color rojo vino.

Las calles estaban cubiertas por una helada reciente y había nieve espesa sobre las plantas en las jardineras y en las orillas de las ventanas.

La casa brillaba raro ante el sol de las 6 o 7 de la tarde, (¿Es raro que casi siempre sueñe con casas? Alomejor en mi otra vida fui arquitecta) y cuando llamaba a la puerta y nadie me respondía, la abría para descubrir una casa vacía.

Parece que en el sueño yo esperaba encontrarme con algo o alguien ahí dentro y sentía raro que no hubiera nadie.

Salí, cerré la puerta y caminé unas cuadras hasta un bar mientras anochecía.

Durante el sueño tenía la sensación de que acababa de llegar a un lugar que conocía, pero en el que no había estado en mucho tiempo.

Al ver el cielo negro y claro, muchas estrellas se cayeron como si todas vinieran a mí. Sentí que iba como en un túnel, y todas ellas desfilaban a mi lado; de pronto las estrellas se abrían paso y ahí arriba estaba la Aurora Boreal.

Cuando desperté se me hizo rarísimo que pudiera concebir con tantos detalles una Aurora Borealis sin haber visto una en toda mi vida. No tengo la menor idea si ese pueblo en mi sueño era Noruega, pero durante estos últimos meses yo he reconstruído a Noruega en mi mente como la imagen de mi sueño.

Los sueños me afectan tanto que a veces me cuesta discernir qué es lo que YO sueño realmente, porque mis sueños se sienten como si alguien los mandara a hacer y le pusiera ‘play’ en mi cerebro. Ellos no me pertenecen, se reproducen solos y por eso batallo para separar lo posible de lo imposible, la realidad de la imaginación, lucho constantemente con la razón y el sentimiento… 

me afectan tanto que desde ese sueño planeé un viaje a Noruega, exclusivamente a ver la Aurora Borealis. 

No recuerdo desde cuándo sé que existen las Auroras, de seguro las vi alguna vez en el Discovery Channel porque mi papá es fan y cuando eramos niños siempre ponía el canal a la hora de la cena, pero sí sé que fue ese sueño el que me cazó y me obligó a prepararme un viaje al Polo Norte, a Tromsø.

Después de mucho tiempo de planear no tan cautelosamente, sino más bien dejando que Tromsø se abriera camino hacia mí, el viaje no se concibió por las causas más pendejas del mundo.

Me costó mucho soltar la idea de ver la Aurora Borealis, me dolió en el orgullo… y el hecho de que los eventos y las circunstancias no fueran propicias me dolió más porque sentí que todos estaban en mi contra y que alguien no quería que yo hiciera ese viaje y esas mamadas emo que a veces me dan.

Contrario a lo que pasó con el Polo Norte (que planeé y planeé por meses), otro viaje tomó forma solo, en dos días todo estaba reservado, planeado, pagado y el piloto nomás estaba esperando a que yo me presentara en el aeropuerto.

Chingadamadre, me dije, soltando por fin a la nieve, los abrigos, los renos, los fiordos, los Sami… Chingadamadre. Okey, el Destino quiere que vaya a otra parte, más vale que aplique lo de “flojita y cooperando” porque este cabrón no se anda con chingaderas.

Y de todo esto me sorprende cómo nos obligamos a hacer funcionar algo que no está destinado a funcionar y sin embargo el Destino hace que otra cosa completamente nueva tome forma en su lugar, dandonos la pauta para seguir una voluntad más fuerte que la nuestra.

Quizá vaya a morir en este viaje… mi destino podría ser morir en estos próximos días. O podría ser sacarme la lotería, o quebrarme una pierna, o conocer a alguien, o aprender algo… lo que sea que sea, tiene que ser algo significativo, algo de mucho peso que valga tanto como para hacerme perder mi viaje a Tromsø a ver a la bella Aurora.

No estoy esperando algo tampoco… creo que realmente estoy tratando de explicarme por qué las cosas no sucedieron como estaban planeadas.

Estas cosas son así, sabes… tonterías que uno no posee, pero abraza infinitamente como si nos pertenecieran… ideas vagas que se vuelven obsesiones. Así he alcanzado casi todo en mi vida: una idea vaga que se volvió obsesión y que luego conseguí (muy felizmente) o perdí (dándome chingazos en la pared).

Acepto. Me desapego de Tromsø porque no me pertenece, no puede ser mío ahora, debo entender. Things happen for a reason and I must learn to let go.

Goodbye (:

2 Responses to “Lesson 1: Learn to let go”

  1. Polly

    A veces los sueños de casas representan en el subconsciente la necesidad -o búsqueda- de seguridad física y/o emocional. E igual hiciste muchas casas en vidas pasadas. Y si las cosas no suceden cuando quieres sino cuando las disfrutarás mejor ¿? Así es la vida, misteriosa.

  2. Rubí

    :)

    Esta vida loca caprichosa, tomaré una frase de aquí y la pondré en mi face :*

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