El sueño de un espejo cuando duerme

Posted On 24 septiembre 2010

Filed under cuentameuncuento, Literatura

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When In doubt: write.

Esta es nuestra segunda semana de apuesta. García y yo nos hemos propuesto escribir un cuento por semana e intercambiarlo. Básicamente el juego es poner un tema y escribir un cuentito (de un párrafo a una cuartilla) a la semana para intercambiárnoslo cada viernes. No tengo la menor idea de por cuánto tiempo pueda sobrevivir esta apuesta, dado los infinitios quehaceres que tenemos, pero juramos mantenerla para nunca oxidarnos y escribir, escribir, escribir…

El que incumpla con su cuento semanal será castigado por el otro, con penas que varían desde pagar 50 pesos hasta comprar un disco, un dvd, pagar el café o ser esclavo del otro durante toda la semana.

Os invito a escribir y dejar un link con su cuento por acá, o aunque sea sólo pasar los viernes por su merecido cuento semanal. Aquí va el de hoy, esta semana el tema fue los sueños.

……..

“El sueño de un espejo cuando duerme”

por Lix Gutiérrez

Cuando abrió los ojos sentía que su cuerpo se movía, pero estaba inmóvil. En ocasiones se sentía quieto pero estaba moviéndose y entonces cuando no supo decir si se movía o no, se dio cuenta que todo era un sueño. Decidió entregarse pero permanecer en vigilia, quería ver qué tenía adentro del cerebro, quería tentar su subconsciente, traicionar la lucidez de la realidad inventada por él mismo y compararla con la realidad colectiva.

Le parecía gracioso y se reía, pero tan pronto soltaba una carcajada olvidaba el chiste. Sus pensamientos llegaban tardísimo a su cerebro, lo que pensaba se tardaba tanto en convertirse en un pensamiento y entonces se dio cuenta que debido a esta tardanza racional, él prácticamente estaba adivinando la creación de un pensamiento, adelantándose a la concepción de ideas. Cuánto poder, cuánto derroche de inteligencia… Sin embargo, tanta conciencia dentro de un sueño le hizo sospechar si realmente estaba soñando o si ya estaba muerto.

Volvió a reir y su risa se convirtió en un panel de teclas de piano que iban Do-Si-Re-La-Mi-Sol-Fa, las teclas formaban montañas rusas, fiordos blancos de marfil que subían y bajaban por escarpadas melodías que tocaban los dedos transparentes de un pianista fantasma. Esta vez no río y escuchó muy bien la música, que eran muchas músicas juntas que se entretejían y que tocaban la canción del Planeta Tierra dando vueltas sobre su eje.

Para este momento lo comprendió todo y quiso llorar, quiso gritar y no pudo. Comprendió la Teoría de la Relatividad, entendió el funcionamiento del Destino, que se mueve con engranes de reloj, se dio cuenta de que todo pasaba por algo y que nada pasaba por todo. Entendió la evolución humana, calculó las distancias de años luz entre galaxias, visitó el fondo del mar y sintió el tamaño de la felicidad de un niño cuando come un helado en verano. Comprendió por qué llueve, hasta el último momento supo que siempre supo la cura de todas las enfermedades, el momento exacto en que cambian las estaciones, el tiempo de vida de todos los seres humanos, la respuesta a ¿por qué vivimos? Todo lo sabía.

Le dio otra calada al cigarro imaginario y su boca soltó humo que no se veía tan imaginario, sino más bien real.

Antes sus ojos siempre había estado una ventana que no había visto, pero se asustó cuando sus sentidos la percibieron porque en la ventana abierta ondeaba una cortina blanca. La cortina se movía sola o con el viento, y al entreabrirse dejaba ver los barrotes dorados de una ventana majestuosa, de oro.

Sin dudarlo pensó que la ventana estaba fabricada por ángeles y la palabra “Ángeles”, que había pensado sin pensar, le traía a la conclusión de que existía un Dios, quizá.

-Esta ventana es Dios – pensó – La cortina es el tiempo, los barrotes de oro son la vida, y más allá de la ventana está el Universo.

Todo frente a él , la respuesta a todas las cosas, lo complicado vuelto simple. Aquí adentro somos lo mismo que afuera, lo que es adentro es afuera, lo que es arriba es abajo.

En este éxtasis de de comprensión infinita estaba cuando cayó sobre su propio ojo. En lo café del iris se acomodó y vino otra vez al sillón, a moverse sin saber que se movía o a quedarse quieto moviéndose, es que esto es cada vez más confuso. ¿Estoy soñando o estoy muerto? … y al momento lo escuchó.

En la otra habitación contigua a la sala, a millones de años luz de su cuerpo, el resoplido como de un toro que terminó en gruñido tenue al aire. No estaba seguro si había pronunciado una palabra del vocabulario de este mundo.

No, es imposible que eso sea de este mundo.

Lo sentía, de pronto, tan cerca como si le estuviera acariciando la crin, como si la bestia estuviera respirándole sobre la oreja un vaho caliente, incómodo y asqueroso.

¿Qué es eso? ¿Qué es eso? ¿Qué es eso? ¿Qué es? De pronto toda la tranquilidad de su espíritu se esfumó. Esto no pertenece a nada creado por la ventana que es Dios.

Y el animal bufaba encerrado dentro de la otra habitación, se escuchaban sus pezuñas pisoteando la madera, dando vueltas, incansable, azotando las paredes como buscando una salida. Es una bestia pero es un hombre, está oscuro, desesperado por venir aquí, por sentarse a su lado y mostrarle lo opuesto a la comprensión, enseñarle lo que es la duda, la angustia, el dolor, la humillación, la incertidumbre, el vacío, el desamor… en un lugar donde no hay ventanas de oro con cortinas que ondean victoriosas.

Se dijo que tenía que despertar ya o el hombre saldría de la otra habitación y lo alcanzaría… Hay que despertar ya.

Dio la orden a su cerebro para que levantara su cuerpo de ese sillón y caminara hacia la puerta, necesitaba alejarse de aquella habitación que contenía al monstruo bravo, moverse a velocidades de años luz para alcanzar otras galaxias menos confusas y turbias. En el aire buscaba astros, meteoros a los que aferrarse y que así lo llevaran lejos de esa sala, porque su cerebro ya no estaba en función, pero ningúna estrella voladora, ningún cuerpo celeste pasaba para darle un aventón.

Poco a poco el miedo se le subió por los pies como hormigas y quiso desechar la idea de que estaba muerto. Declaro estado de emergencia y se dio la orden de despertar.

-Despierta, esto ya no es gracioso. Despierta, abre los ojos y levántate –

Ante la desesperación, el toro bramó más fuerte y el sueño se elevó a conciencia.

Su cuerpo despierto no se movió cuando escucho que se abría la puerta…

One Response to “El sueño de un espejo cuando duerme”

  1. aneclectique

    Buen final para el cuentirri. Está bueno eso de hacer estos ejercicios, asi se mueve un poco el cerebro y la creatividad. Yo empecé a hacer lo mismo con un amigo hace 5 meses, pero es mensual el pedo y sin tema, semanal esta muy rudo.
    Anyway, ahi t ves.

    Ciaoling

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