A Single Malt Whisky hidden in the bottom drawer

Posted On 16 julio 2010

Filed under cotidianeidad, soledades, vatos

Comments Dropped 2 responses

Este es el momento en que una broma se vuelve pesadilla.

Justamente ese día, recuerdo particularmente que estaba en una mesa, olvidada del mundo, como muy seguido hago para evadir, tomando un whiskey y conversando con mi colega Palomino Molero (uff! por favor lean este texto escrito por él como primera impresión).

Hablábamos de la vida, los planes, los viajes, el futuro, el “qué dirán”, cosas que no se pueden asir, y entre cigarro y cigarro, Palomiau dijo que imaginaba que era muy difícil para las mujeres vivir bajo la presión de casarse y hacer algo con su vida, evitando a toda costa ser unas quedadas.

Di un rápido vistazo mental a mi situación y pensé: hombre, bueno sí, es difícil, vamos, pero una se concentra en otras cosas y con una personalidad de Teflón como la mía, no hay tanto pedo.

No sabía yo que más tarde, esa despreocupación me llevó a un estado de pánico.

La hermana de mi sangre por decreto divino, vino y dijo: “Te manda la Tía Lupita al Sagrado Corazón”. Y envuelto en papel celeste (como el cielo y las nubes, el lugar donde seguramente vive Cristo del Sagrado Corazón) estaba esta figurita.

Zaz!

La Tía Lupita, siempre preocupada por mi reivindicación al camino del bien, me mandó el Sagrado Corazón para conseguir marido. Como te lo digo!

Según las historias urbanas, la Tia Lupita es devotísima y cada chica soltera que le ha regalado la figurita consigue casarse bien. ¿Qué es “casarse bien”? No lo sé.

La broma comienza cuando yo dije que ya, que ya no quiero estar sola, que quiero un novio guapo, rico e inteligente, pero vamos que no se puede tener todo en la vida, entonces me conformaba con un muchacho inteligente, porque la inteligencia hace a los hombres atractivos y aunque no sean ricos, la inteligencia nos sacará de pobres. Clávate, yo sí sé qué quiero, eh.

Cada tropiezo amoroso que dolía como el primero, era “Tía Lupita, póngame al San Antonio de cabeza, me urge un novio”. Cada que me daban ganas de coger, era “Tía Lupita, póngame al San Antonio de cabeza, me urge un novio”. Cada que no quería ir al cine sola, que necesitaba una pareja para una boda, que asistía a cenas de parejas de mis amigas, cada bebé bonito que les nacía, era “Tía Lupita, póngame al San Antonio de cabeza, me urge un novio”.

Sé que al principio era una broma que yo comencé, pero quizá era un reflejo de mi subconsciente futuro, mi reloj biológico y esas cosas que piensan las mujeres sin quéhacer.  Oye, pero yo no soy así, yo estoy ocupadísima con mi trabajo y mis planes de Maestría, de viajar, de las piedras rodando se encuentran! pero sé que el background de mi mal tiene que ver con mis grupos de amigas.

He aquí una rápida descripción.

Las Gazapas, circa 1999.- Eramos nueve errores, nos conocemos desde la primaria. Te encargo la de peleas, pedas, desmadre y chismes que hemos tenido.

Sí, soy yo en mi etapa punk-goth con cabello rojo. Leave me alone.



De todas, quedamos sólo 6, asiduas cada semana a una juntación, claro, con alcohol de por medio. Todas están casadas y con hijos. Sólo dos solteras: yo y Ojos, pero esa cuenta como casada porque ya tiene fecha, salón y banquete.



He compartido tantas cosas con estas mujeres. Sus hijos son mis hijos, sus desmadres son míos, es demasiado amor durante tantos años que yo he vivido sus bodas, sus partos y sus separaciones como si fueran míos. Disfruto ser la Tía Liz, aprenderles cosas de maridos, de lavar la ropa, las escuelas de los niños, de la economía del hogar,  de las crisis matrimoniales, el sexo con amor de los casados… Envidio un poco y sin malicia sus vidas hechas, sus certidumbres, sus estabilidades. Sin duda las admiro, mi vida es diferente con ellas.

Sus estados de casadas no afecta mi estado de soltera, al contrario, enriquece mi visión sobre el matrimonio y la familia, pero creo que ser testigo constantemente de esta “completitud” aumenta mi añoranza, una nostalgita chiquita de alcanzar ese nivel del ser humano.

Los Beibis, circa 2000.- Un grupo de 6 periodistas, nos conocimos en la Universidad. Aquí falta el BabyBaby mayor que ese sí anda por la vida a lo grande en World Tour Suecia-Barcelona-Toronto, y a excepción de su servidora (qué novedad) todas casadas, con hijos, arrejuntadas, felices o infelices, bien crecidas y adultas.


Yo las veo y digo: ¿Qué tengo de malo? ¿En qué momento elegí mal o bien? ¿Por qué somos tan diferentes? A veces siento que elegí mal al preferir trabajar en vez de darme un tiempo para embarazarme y atender a mi marido, luego digo: Lizbeth, estás diciendo una grandísima pendejada, tú no eres así, face it and live with it.

¿Pero quién me dice que estuvo bien o mal renunciar a las propuestas de matrimonio? ¿Quién me dice que ser tan intensa me está llevando lejos o cerca de lo que quiero? Me frustra la incertidumbre del futuro, me causa conflictos el no saber lo de mañana.

Las Peludas, circa 2005.- Las conocí en una oficina, todas super distintas, no tenemos un común denominador, más que tener antecedentes de chingonas, de tener dos güevos enormes para enfrentar a la vida cuando se pone pesada y tirar chingazos para ver si uno pega.

Todas casadas y/o con hijos, a excepción de López, que esa también ya está más allá que pa’cá. Mujeronas enormes que admiro, porque siento que la admiración es el motor del amor. Peleamos mucho, todas tenemos un carácter muy fuerte y explosivo, pero en el fondo sabemos que no hay mejores hermanas. Las mimo cuando están embarazadas, nos procuramos y siempre siempre todos los días tengo un correo de ellas, uno o sesenta y siete.

Son jóvenes sabias que me han sabido aconsejar, tenemos la misma edad pero las escucho como si fueran mis gurús, aprendo de sus errores con sus parejas y estoy en constante aprendizaje a la hora de lidiar con niños y familias.

Soy también “La Tía Liz” (: y me gusta mi título nobiliario, realmente me doy cuenta que me gustan los niños y parece que les gusto también.

Antes nunca quería tener hijos porque temo no ser buena, temo ser demasiado valemadre como para ser madre (jajajaja) No tengo la menor idea si sería buena educando. Sé que tengo muchas cosas que enseñar, me encanta ser niña cuando estoy con ellos, platicar cosas de bebés, regañarlos y luego contentarlos con dulces, escuchar lo que es importante para ellos… Uno como “adulto” se reconoce en ellos y las prioridades cambian, me vuelvo más sensible, evito preocuparme por pendejadas… Es increíble…

¿Cómo sería yo siendo una esposa abnegada y madre de tres? De verdad que no tengo la menor idea.

Antes nunca quería tener hijos, pero ya quiero. Algun día tendré uno porque es importante experimentarlo todo para luego saberlo en carne propia a la hora de escribir. Quizá sea tonto, pero hay que experimentar, echar a perder y enmendar. Tener una buena vida nunca fue tan crucial para ser escritor.

Estoy rodeada de todo esto, nada me cala ni me duele, pero me influye y me hace cuestionar cosas cuando estoy sola.

Estoy creciendo, ¿verdad? No quiero crecer.

No quiero llegar al punto en el que necesite tener un esposo… y tengo miedo.

El Sagrado Corazón está en mi escritorio, lo tengo a la vista y en un lugar privilegiado, la Tía Lupita me lo mandó con una hojita que paso a paso te indica cómo consagrarte al Doloroso en Inmaculado Corazón de María, cómo orar por protección a los Apóstoles y a San Miguel. Dijo que hay que platicarle cosas, que no era necesario ponerlo de cabeza como a San Antonio y que había que prenderle una velita de vez en cuando.

Yo es que cada que lo veo, siento que estoy viendo al baterista de Dead Meadow, Stephen Mc Carty, un hombre guapísimo y con una barba y un bigote que UFFFF!!!!! (perdón, sí tengo debilidad). Con este sí me caso.

Lo que trato de decir, Tía Lupita, es que no tengo prisa, si me ve suspirando es que me hace falta amorts, pero ese vacío amoroso se llena con otros amores en casa, en mis sueños y en mis spells para atraerlos.

Sí, lo acepto, tengo un poco de miedo de quedarme sola por siempre, de vivir en París en el último piso de un edificio, entre gatos y libros, con el síndrome de artista, enfisema pulmonar y principios de alcoholismo… pero quién sabe, alomejor incluso en ese estado seguiré recibiendo a mis amigos con un vaso de whiskey y noticias de Latinoamérica.

No sé si parezca que ya se me está yendo el tren, pero no me da vergüenza quedarme sentada en las bodas, ni que me digan “Señora” cuando ando con mis amigas y toda la bola de güercos.

Verás, Sagrado Corazón, me abrazo a la almohada y el día termina sin más problema, hay tiempo para todo, no me presiones. Ni tú, ni tu mirada sexy de Stephen McCarty, ni la presión social, ni mi reloj biológico podrán contra lo que ya está escrito. So, fuck off, thank you.

Ah, y gracias a la Tía Lupita por el amor incondicional y la preocupación sincera, eso no tengo con qué pagarlo… aunque ella dijo que sí había con qué: haciéndola madrina e invitada de honor a mi boda en Tromso, Noruega.

Por lo pronto este es el amor de mi vida, el dueño de mis quincenas, el que me trae cacheteando las banquetas, el sístole y diástole de mi corazón.

Ni modo, pretendientes, ninguno de ustedes supera a este guapetón.


2 Responses to “A Single Malt Whisky hidden in the bottom drawer”

  1. Shoe.ee

    Yo me quiero quedar donde estoy. La ciudad, la gente, etc. Aunque me falten cosas de la tierra que me vio nacer… sin embargo todo lo que has puesto me tiene con unas energías estilo bumeran (cómo demonios escribes eso??)que no me dejan estar… y sí, la family, los hijos, los planes de todo mundo a veces parecen que también son los de uno, pero luego ves y dices “ah chingá, pues creo que no” y la tarea canija es la ir al espejo y decir que me gusté y me sigo gustando jaja

    (por cierto, no me he duchado y ya es super tarde, no he siquiera mirado el espejote que tengo en el baño)

    Amé tu texto! Cuando podemos ver pedacitos de tu cabeza es un exitazo!!! Unas cheves heladas nos hacen falta! Te invito unas cañas porque ganas de ir ahorita por unas cheves me faltan aún jeje.. Besote!!

    • oxiborick

      Es que era muy temprano cuando leí tu mensaje y me puse a llorar un poquito ):
      Gusto que andes por el mundo lejano pero muy cerquita de aquí.
      Un beso, máximo, gracias de veras por estar.

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