El pastel de chocolate

Posted On 6 febrero 2010

Filed under manías, miedos, Tomás

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Soy una persona muy distraída, mi mente anda muy rápido y por eso tiendo a ser olvidadiza, a veces parece que no presto atención pero es que en realidad escuché por un segundo y el resto de la conversación mis pensamientos saltaron de una cosa a otra: pensando, recordando, planeando, asimilando o no sé, no estoy muy segura haciendo qué cosa.

Por eso creo que cuando algo llama plenamente mi atención, me clavo muy fácil y muy rápido. Es un defecto que atormenta muchos aspectos de mi vida, mis pasatiempos, mis lecturas, mis amantes (parejas formales e informales), mis amistades, mis pasiones en general.

Clavarse, para mí, es una pasión exagerada volcada en un objeto, animal, persona o tema, en muy poco tiempo.

Yo no tengo control sobre mi clavadez y entonces me obsesiono de una manera malsana (¿existe esa palabra?).

Cuando pasa esto, me desconozco, yo ya no soy yo, otra cosa me posee y siento miedo. Tengo miedo de mí misma porque sé que clavarse tanto en una sola cosa no es bueno y eso precisamente es la raíz de la locura. Me aferro a la razón, pero en esa guerra que no se palpa nunca gana la razón, siempre vence el hedonismo, el abandono a lo que satisface mi pasión exagerada.

Estoy consciente de este rompimiento en lo profundo de mí y me pregunto qué es. Mi respuesta es casi siempre que en esos momentos de obsesión pierdo contacto con la razón, lo que es igual a estar un poco loco. No un ‘loco’ de manicomio, ni un ‘loco’ de extravagante, ni siquiera un ‘loco’ de ocurrente, sino un ‘loco’ de a alguien quien le fallan las hormonas o un químico en el cerebro. Temo que algo ande mal conmigo, clínicamente hablando.

No estoy ‘loca’ todo el tiempo, vaya, esos instantes de clavadez son espasmos de tiempo muy pequeños. Sé que la misantropía (defínase como una soledad autoaplicada de encierro mental), mi ‘independencia’ (ir al cine sola, ir a conciertos sola, hablar con poca gente durante muchas horas), mi falta de interés en las cosas que son importantes y mi interés por las cosas irrelevantes, agudizan este estado que cada vez es más frecuente.

Por ejemplo, el otro día mi hermano estaba preparando su cama para dormir en una habitación contigua a la mía.  Estabamos conversando, ambos acababamos de entrar cada quien a su habitación. Yo estaba a oscuras en mi cuarto, acostada ya en mi cama y pude escuchar que se le cayeron al piso dos cobertores.

El sonido desató una cosa que no puedo explicar.

De inmediato le pedí a mi hermano que fuera a la habitación de mis papás a buscar a una mujer asustada por la caída de un pastel de chocolate.

En mi espasmo (del que, como ya dije, no tengo control) le insistí a mi hermano que se asomara a la habitación de mis papás, que ahí encontraría a una mujer asustada por la caída de un pastel de chocolate.

No sé por qué mi hermano me hizo caso y entró a la habitación a verificar que por supuesto no había ninguna mujer. Yo estaba segura de que él la encontraría ahí, porque yo la estaba viendo desde mi habitación, viendo con la mente, no con los ojos.

Todo pasó tan rápido, y cuando mi hermano regresó directo a mi habitación a encender la luz, asustado por lo pendejo de mi petición, me di cuenta que no sabía por qué le había pedido eso.

 El sonido lo hizo todo.

El sonido de los cobertores cayendo me hicieron saber que en ese momento una mujer se había asustado, la mujer estaba en ese mismo instante al lado de la cama de mis papás (otra habitación de la casa), estaba de pie ahí al lado de la cama, pero no había estado siempre, la mujer apareció ahí al momento del sonido. Lo supe, pero no la vi con los ojos.  Supe que su temor había sido el sonido, porque ella asociaba el sonido de cobertores cayendo al piso con el sonido de un pastel cayendo al piso.

Luego reaccioné (un segundo después) y pensé: ¿por qué carajos le pedí a mi hermano que fuera a la habitación de mis papás a buscar a una mujer asustada por la caída de un pastel de chocolate? Fue como si hubiera tenido un corto circuito y de pronto otra vez mi mente volvió a trabajar normal.

No sé cómo inventé todo, no sé por qué dije lo que dije. Me da miedo porque siento que yo no lo dije. Fue el sonido de los cobertores cayendo.

El sonido me llenó y sentí.

Y así me pasa, a veces en menores dimensiones; invento cosas que no sé de dónde vienen, cosas que no tienen sentido ni siquiera para mí.

Oigo voces entre sonidos, no vocecitas lejanas o susurros, voces que dicen oraciones gramaticales enteras!!!! A veces me llegan nombres completos de gente que no conozco. Una vez estaba obsesionada con encontrar a un tal Ulises: no conozco a ningún Ulises, no sé quién es.

Una vez supe que en el clóset de una tía había una maleta, sabía exactamente en qué lugar del clóset estaba la maleta y sabía lo que contenía: fotografías de personas que habían viajado en secreto. O sea, una persona que estaba en esas fotografías había hecho un viaje a escondidas y no había querido que nadie viera esas fotografías. Obvio, la maleta no estaba, no existía!!!

A veces son cosas tan pequeñas que no les doy importancia, la última vez una voz me dijo cuando estaba despertándome:  “…Y en el ocaso de Lucrecia los nueve cerdos vestidos de gala morirán acribillados por las flechas de Sagitario”.  Güey, te lo juro que no tengo imaginación para inventar una cosa así.

Y así concebí a Tomás, al Coronel Cadmio Elfantasmo, a una marqueta marquesó, al surmeridian… el nombre de este blog sucedió de la misma manera!!!! “Buenas noches, galleta bebé” fue una de esas cosas que escuché de la nada.

Sé que la mente toma cosas de aquí y de allá, de lo consciente y de lo inconsciente, así se forman los sueños y la imaginación surge de lo que uno ve o lee y le da un giro irracional, pero tanta ‘imaginación’ junta no la estoy controlando yo, es una cosa que siento que es ajena a mí, derepente me vienen a la mente ideas así, solas, ya hechas, con lógica propia.

Me pregunto si los locos saben que están locos, y si yo lo estuviera… ¿me daría cuenta?

He tocado este tema con al menos tres personas de mi entera confianza, gente que yo sé que si les platico algo no se van a reír, que van a tomar en serio esto que parece de risa, y ellos no creen que esté loca pero no pueden decirme  de qué se trata.

Ahora, aquí va mi explicación más o menos racional:

Lo único que puedo más o menos hilar es que pueda ser que me ‘clave’ tanto en las cosas y que porque mi mente trabaja tan rápido, me den estos ‘espasmos de imaginación’ (llamémosle así por lo pronto).

Por ejemplo, últimamente he leído mucho sobre las constelaciones y los planetas, alomejor en algun momento del día pensé en la preparación de un pastel de chocolate, alomejor en un sonido, en un nombre personal, en cualquier cosa… puede ser que este ‘clavadismo’ me haga preparar ideas que ni siquiera mi mente (a su velocidad normal) puede comprender a qué hora fueron preparadas.

También he considerado el hecho de que esto le pasa a todo el mundo y que yo soy de los pocos ‘clavados’ que pueden darse cuenta de este proceso de pensamiento, pero no creo que yo tenga tanta capacidad para detectar un patrón de comportamiento mental.

Tengo miedo porque hasta ahora no había sido posible que tuviera la valentía (o el temor suficiente) para ventilar en un escrito uno de los miedos más arraigados en mí: el estarme volviendo loca.

2 Responses to “El pastel de chocolate”

  1. magenta

    Freud would be delighted. And no, I’m not laughing.

  2. Karen

    Espasmos? Orgasmos de imaginación.

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