Obras primigenias del enamoramiento

Posted On 6 diciembre 2009

Filed under Libro Rojo, Manuales explicativos

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Hace mucho y con muchas razones para justificarlo, inicié mis anotaciones previas para un texto que se llamaría “Instructivo para desenamorarse”.

En mi libro rojo anoté algunas maneras que me podrían servir para obligarme a no estar enamorada. Según mis cálculos de mujer fatal, era posible ignorar el sentimiento de enamoramiento (OJO: no estamos hablando de “amar”, sino de estar “enamorado”) usando la razón y la lógica.

No estaba muy segura si se podía combatir los sentimientos (o sea, la entraña, el nervio, la pasión) utilizando el cerebro (o llámese, la razón), pero tenía fe (otra cosa estúpida igual que las anteriores, que ni se ve ni se toca). Como no estaba muy segura, quise adentrarme a investigar.

Primero comencé a escribir movida por el despecho, cada vez que me sentía la más estúpida de las enamoradas me entraba un coraje indescriptible y entonces anotaba lo que NO hay que hacer. En este caso, pude haber escrito algo como “Regla Número 56: La estupidez es inherente al enamoramiento, combátala siendo un monolito de piedra”, o algo por el estilo (obvio, esta regla la acabo de inventar, no es parte del instructivo).

Cuando notaba síntomas que no eran normales en Lizbeth, también los anotaba, algo como “Cuando sea acariciado usted sentira que su piel ya no es la misma después de que fue tocada por las manos de su amado; para este punto, si usted quiere desenamorarse querrá arrancarse ese pedazo de carne, querrá cercenar el miembro acariciado, usted querrá romperse la piel”. Tristemente, este último síntoma sí es parte del manual y me costó mucho tiempo encontrar la descripción exacta de lo que sentía.

Siendo como soy y quieréndome desenamorar pasé muchas agonías y contradicciones porque querer escribir este instructivo implicaba investigar muy bien lo que se siente estar enamorado y luego renunciar totalmente a ese estado.

¿Tienen idea de lo pinche que es eso?

Cuando uno descubre que se está enamorado de pronto quiere seguir por siempre enamorado, sintiendo pendejadas en el estómago, y sonriéndole a la nada cuando uno recuerda cualquier pendejada, esto es una droga. Entonces renunciar al mejor sentimiento del mundo fue para mí el intento de una empresa digna del Heróico Colegio Militar Mexicano (por ponerte un ejemplo, verdá).

El caso era que anotar todas las cosas chidas de estar enamorado y luego escribir una manera para sentir exactamente lo contrario era como destazar a un oso de peluche con un machete ensangrentado, o pegarle a tu mamá, o matar a un gatito, o decirle a un niño de tres años que Santa Clos es su papá, o sea: LO PEOR!  Me sentía de lo más mierda que te puedas imaginar, sin embargo, el libro rojo se fue llenando de reglas, pasos a seguir y a des-seguir, consejos, síntomas de enamoramiento y posibles curas, o sea, una ristra de pendejadas que no sé si seguir contando.

Sentía que no era justo que el final de mi trabajo consistiera en querer desenamorar a alguien, en quitarle lo más chido de este mundo que es alabar el ser de otro, contemplar por horas la posición de su cabello o soñar con los pliegues de su piel. Pero por otra parte sentía que me lo debía, que yo debía ayudar a unos pocos sacrificándome para enfrentar el sentimiento y la razón (toda mi vida se ha basado en este concepto, por eso creía que esta sería mi opera prima) y convencer al enamorado que si estaba en una situación donde era tratado como mierda, o no era correspondido, era menester renunciar al sentimiento para dar paso a la lógica.

Hice locas anotaciones que no tienen principio ni final, una frase me ha servido durante mi desintoxicación y reza así: “Some things were never there to begin with” (no voy a decir de donde la saqué, si alguien lo sabe, chido, cálleselo, es increíble que se pueda encontrar tanta sabiduría en un lugar donde a nadie se le ocurriría buscar). La frase me sirivó perfecto, funcionaba, me la repetía como un mantra cada vez que veía venir al objeto de mi afecto. No era magia, pero con el tiempo se ha ido clavando en mí con respecto a esa relación.

Yo juraba que una vez reuniendo toda la información posible del enamoramiento iba a poder sentarme a escribirlo, pero ya va al menos un año o dos y el instructivo sigue como fantasma en muchas páginas del Libro Rojo, todavía en su modalidad de notas e ideas sueltas.

Pensaba “¿por qué no puedo escribirlo?”, porque soy de esas escritorcillas que aseguran que el texto debe decidir cuando ser escrito, algo que consistía más o menos como el peyote, aquello que dicen que “Tú no debes buscar peyote, el Peyote te encuentra a ti”. Entonces yo estaba esperando a que el texto viniera a mi camino y me dijera cuándo era oportuno escribirlo.

Lo fui dejando (no lo abandoné), le fui dando su espacio. Conforme pasaban los días anotaba una u otra cosa más, hasta que ya no hice ninguna aportación.

Ahora siento que ya no puedo reunir más información sobre el enamoramiento, ahi está todo lo que debo desarrollar y pienso que el texto estaba esperando a que yo me terminara de desenamorar para ahora sí escribirlo.

Como que el texto quería que yo me desintoxicara de toda la pasión y el coraje para no escribirlo con sombras de mujer dejada o con rencor, el texto quería que yo estuviera consciente y hubiera superado mi enamoramiento para darle el valor real y no un valor opacado por el despecho que sentía por ya no ser una mujer correspondida en el amor.

No sé si ya es tiempo de retomar el texto y darle su forma. No estoy segura siquiera de que quiero escribirlo.

Sé que hay información valiosa ahí, sé que a muchos nos podría servir, que incluso podríamos copiar un manual y tenerlo en nuestros botiquines, lo sé… pero no sé por qué el texto sigue sin salir, ahí todavía estacionado.

Esta noche lo hojeé y encontré muy chistosa mi manera de descargar sentimientos, escribiendo todo y nunca diciendo nada.

El Libro Rojo quiere presentarles las obras primigenias del “Instructivo para desenamorarse”, por Lix Gutiérrez.

"Some things were never there to begin with". Chéquese que el NEVER está felizmente repintado y repintado.

 

El dibujo de las nubes y el campo verde me servía para desviar mi atención de la opresión que es estar enamorado.

Algunas veces la inspiración no me dejaba llegar al Libro Rojo, entonces escribía en donde se pudiera. En este caso en un evoltorio de cigarros, que luego pegué religiosamente al Libro Rojo.

2 Responses to “Obras primigenias del enamoramiento”

  1. As

    … y yo daria un montón de cosas por tener un manual asi en estos momentos…

  2. Anónimo

    :) Me gustó esto que escribiste, mmm… pero yo tengo otras técnicas

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