El pato y la muerte

Posted On 4 diciembre 2009

Filed under familia, obsesiones

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Cuando Frank era niño, antes de ser metalero y usar el cabello largo, mucho antes de que fuera estudiante de Artes, años atras de la primera vez que se puso unos Converse o decidió tomar una guitarra, tuvo su primer choque con la realidad.

Siento que es raro que siendo la hermana mayor recuerde su niñez tan clara.

Esa noche, yo habré llegado de no sé donde para encontrarme a Frank llorando. Él tenía como cinco años, tal vez. Se le acababa de morir un pato que le había comprado mi papá a un señor afuera de su kinder. El señor estaba sentado en la banqueta con una caja de jugos llena de patos amarillos que comían granos de elote. Mi papá se lo compró porque Frank lo quería, y el niño era chiflado, nomás.

El pato duró mucho más de lo que pensamos. Le dabamos agua en un vaso de hielo seco cortado por la mitad y comía pedazos de tortilla. Frank lo agarraba del cuello y le daba besos, y el pobre pato siempre parecía que se asfixiaba.

Aquel día pensamos que el pato ya había pasado a la pubertad porque le había cambiado el graznido, pensamos que estaba creciendo, pero no. Cuando volví me enteré de que el pato se había muerto (no recuerdo el nombre del pato, por cierto).

Frank lloraba, pero no lloraba por el pato enterrado en medio del patio, bajo un pino, sino porque mi papá le había explicado por fin cómo funciona la muerte.

Papá es torpe para decir las cosas, no tiene tacto y piensa que todos deberían entender su explicación a la primera, y sospecho que le ha de haber soltado un discurso sobre la soledad previa a la muerte, o el abandono de continuar otra vida solo, algo que no se le dice a un niño de cinco o seis años, sobre todo a alguien como Frank, el menor de tres hermanas, único hombre consentido, pero también muy sensible y llorón (cuando nació tenía una deficiencia en el corazón, imagino que de ahi le viene lo maricón <maricón en sentido figurado>).

Total que Frank lloraba a moco colgado. Me acuerdo que era más bien tierno ver a Frank llorar porque babeaba muchísimo, siempre, y hablaba mocho; había algo adorable en su cabello super liso y negro, y sus ojos que abría grandotes cada que se asustaba, y eso era muy frecuente. Le temía a la escalera, al sonido que hacía el carrito de los camotes cuando pasaba todas las tardes por la casa de los abuelos, a la ristra de chorizo de puerco que mi papá guardaba encima del refrigerador (Luego Frank explicó que se le figuraba una víbora o un animal rastrero).

Tomando en cuenta que Frank se asustaba por todo, creo que mi papá pudo haber tenido más conciencia a la hora de explicarle el significado de morirnos.

Como me enteré, es que papá le dijo que un día todos (sin excepción) nos ibamos a morir. Nos iríamos a un lugar a donde nadie podría acompañarnos y que ni modo, todos los que nacían se tenían que morir. Le dijo que nuestro cuerpo tenía que ser enterrado bajo tierra y que nos iríamos al cielo. Que un día, cuando él estuviera grande su mamá y su papá, y Liz, y Negro (un perro que teníamos, que por cierto, ya murió), todos nos ibamos a morir.

Morir, entonces era, para un niño de cinco años, lo peor de todo (y, bueno, lo es para muchos que tenemos 27, 34, 70 o incluso 100 años). Imagino que Frank se imaginaba enterrado en un lugar oscuro, sin su mamá, sin su hermana mayor, sin sus abuelos, sin su perro y obviamente le daba miedo y mucha tristeza.

Frank lloraba, como dije, a moco colgado, y nos abrazaba, y lloraba, y se limpiaba los mocos que se confundían con la baba, y nos abrazaba otra vez. Se quedó horas llorando en el regazo de mi mamá, inhabilitado para entender la separación, la oscuridad y todo lo que mi papá le explicó torpemente.

Yo, incluso, recuerdo el pavor que me causaba el concepto de la muerte cuando era niña. Mi temor estaba en que nunca más podría mover mi cuerpo y que gusanos se comerían mi carne, no comprendía para qué servía el transcurrir de los años (de hecho, todavía no lo comprendo), ni cómo era posible que algo que existía podía dejar de existir.

Lidiar con la posibilidad de morir a cada instante fue para mi un golpe muy duro a tan temprana edad, y alomejor para Frank también. Creo que esos días fueron los peores, yo siempre fui muy existencial y me interesaban cosas que no parecían reales, digo que tenía recuerdos tristes de otra vida, porque siempre fui muy spleen, muy vulerable, sin razón aparente.

Morir ya no me asusta.

Un día, no sé cómo, comprendí que si temía a la separación, a la oscuridad o al olvido, podía contrarestarlos con lo siguiente:

1. Combatir la separación disfrutándolo todo, para no extrañar nada. Exprimir todo de las personas para decir “bueno, ni viva ni muerta me puedes dar más de todo lo que ya me has dado. Chido.”

2. Combatir mi miedo a la oscuridad andando a oscuras, digamos que acostumbrando los ojos a lo negro.

3. Combatir el olvido, sin embargo, puede ser el más dificil de todos, pero pienso logicamente que un día va a venir en que ya no exista nadie en este mundo, ni más joven ni más viejo que yo, que pueda recordar algo de mí… ese día es inevitable. No lo puedes cambiar con dinero, ni con chantajes sentimentales, ni con poder, ni con nada. Un día nadie va a saber quién fuiste y si nadie lo sabe, quiere decir que nunca exististe.

Eso es lo más cabrón, creo yo: Si nadie te recuerda, quiere decir que nunca exististe. Y qué gacho que hayas vivido 60 o 90 años y hayan sido para nada, nunca hiciste ni madres, nunca exististe.

Estaba pensando en la muerte hace rato porque escuché a alguien decir que tiene miedo a morirse y creo que tener miedo a morirse es síntoma de que no nos hemos comrprendido lo suficiente como para asimilar que morir es inherente a vivir.

Uno debería nacer sabiendo que va a morirse, aceptándolo no con resignación, sino como algo natural. Todos sabemos que si comemos, vamos a cagar un día, que si leemos, vamos a aprender, que si nos enterramos un cuchillo en la mano, vamos a sangrar. Así de natural debería ser la conciencia de la muerte… no sé por qué no lo es.

Generalmente me da mucha pena escuchar que alguien tiene miedo a morir porque doy por hecho que esa persona no está viviendo como debe vivir: no trabaja en combatir la separación, ni en combatir la oscuridad, ni en combatir el olvido.

Yo es que no sé qué decir para explicar que soy tan conciente de que vivo, que todos los días siento que ya me voy a morir. Ni posts como este sirven.

One Response to “El pato y la muerte”

  1. magenta

    A mi no me importa morirme. Lo que no soporto y me provoca gran malestar es la idea de que los otros se mueran.

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