“Ensayo de la retórica personal” o “Todo lo que no existe podría existir, tal vez, alomejor, pero no es seguro”

Posted On 20 agosto 2009

Filed under catársis, evasión crónica, manías
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Por Lix Gutiérrez192316
 
Liz siempre está buscando lo que no existe. No tiene la menor idea si lo que busca existe y duda de las veces que ha encontrado, porque alomejor ha sido por pura fe junta y bien comprimida en un sólo objetivo. Piensa que tal vez sus chingos de ganas de encontrar han removido lástimas de los universos y le han concedido tesoros mundanos y muy fugaces.
De no saber si existe lo que se quiere, Liz se la ha pasado buscando, confiada de poder reconocer lo que no sabemos si existe, justo en el momento en que lo vea.
Nunca le ha pasado por la cabeza que tal vez lo que busca no existe, por eso toma vuelos al oriente y hace arreglos para recibir aquello que (según ella) va a encontrar; por eso deja instrucciones específicas, hace listas y a veces disfruta de esperar, para ver si esa espera era “la espera” o “el momento justo antes de encontrar lo que buscaba”, el cual debe ser venerado ya cuando haya encontrado aquello que busca y que por ahora no sabemos si existe.
Se lanza (¡pobre!) a empresas arrojadas, a guerras de última hora, a planes que de seguro fracasarán y siempre regresa sin nada, todavía buscando lo que no sabemos si existe.
Difícil es entonces para sus colegas, sus contemporáneos, sus zapatos, sus padres, su cartera, sus compañeros de cama, su autito destartalado, incluso para sus pestañas, comprender de qué se trata tanta pesquisa, a dónde llevará tanta exploración, tanto abuso del método científico (observación-experimentación-hipótesis), tanta burla, tanto desdén hacia lo que en realidad sí existe.
En instantes, Liz ha podido vislumbrar lo que busca, en medio de momentos mucho mayores que la distraen, que le desenfocan el panorama y que (según ella) lo hacen a propósito para dificultar su cacería, para reírse un rato a sus costillas y para darle aliento de seguir buscando lo que no existe, porque en realidad sí existe.
La suma de esos instantes (que son vagos, rapidísimos y no muy claros) le dan una buena visión y por eso no claudica, por eso no se cansa de buscar lo que no existe, aunque sepa que sí existe o dude de que exista.
A veces ha querido abandonar la misión y quedarse en casa a ser una persona normal, a expandirse anclando, a crecer amarrándose a la tierra firme, pero al poco tiempo le inquieta esta cosquilla en los pies y vuelve a buscar redoblando los esfuerzos.
Liz piensa que si en realidad no existe lo que busca, puede que sus chingos de ganas de encontrarlo ya lo estén creando al otro lado del mar, en otra colonia, en una habitación lejana o bajo un cielo de otro color que no sea azul. Debería cantar por alegrías al saber que aunque no existe, lo que busca se va a crear de todas maneras para el único objetivo de su vida que es existir para ella, sin embargo, este escenario hipotético no le parece agradable.
Liz piensa que no tiene chiste que la fuerza de un anhelo pueda crear lo que uno quiere, le resta magia al manto estrellado que es la noche, a la caricia obscena que es el aire, a la novela que es la vida. Quisiera mejor (por orgullo), encontrar lo que no existe paraque al final valiera la enorme pena de tener que convencer a todos de que lo que parecía no existir, siempre estuvo existiendo y esperando a ser encontrado por Liz.

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