Carta a un sicario

Posted On 10 agosto 2009

Filed under manías

Comments Dropped leave a response

cortando cartucho

cortando cartucho

Con frecuencia me preguntaba qué sentían los asesinados, los ejecutados cuando están en un charco de sangre, desesperados, viviendo el último segundo de vida.
Me da curiosidad la cantidad de miedo que uno puede sentir en su cuerpo en una situación de vida o muerte; el vértigo de no saber si uno va a sobrevivir a esta balacera, a ese momento de filo, al precipicio que se atisba.
Pero hoy me pregunté otra cosa, desde un personaje distinto, viviendo el papel protagónico del sicario, del matón, del que comete el homicidio: ¿Qué sientes cuando estás con el arma en la mano y aprietas el gatillo?
Sabes perfecto que esto es para matar, que tu empleo en este momento del día es acabar con todo lo que esté en tu camino, vas a matar.
Yo sé manejar armas, se usarlas, pero nunca las he accionado con violencia contra otro ser humano.
¿Qué se siente levantar la mano frente a tu pecho y darle un camino a tu bala?
Imagino que tu mano tiembla igual que la mía en el primer disparo, que sientes el calor del fuego en las venas, primero de los dedos, luego de la palma de la mano, el brazo, el hombro, un hormigueo de calor que te llega al pecho. Imagino que aprietas la mandíbula para contrarrestar la fuerza del arma, para que tu cuerpo no se mueva y no claudique.  Que obligas a tus ojos a no cerrarse por el estruendo, para ver el momento exacto en que la bala alcanza el cuerpo.
Tú quieres ver que el arma funciona, quieres constatar tu puntería y tu valentía para dar dos, tres o cuatro plomazos más.
Imagino que debe haber un momento, antes de disparar, en el que te arrepientes, en el que quisieras detener el tiempo por un segundo. Creo que tu mente debe estar fotografiándolo todo tan nítido, tanto que escuchas el zumbido del arma antes de accionarla, un vacío en el cerebro parecido hiperventilarse o a dormir. Tú también tienes miedo de que otro se atraviese, que un arma se anticipe a la tuya y contra ti.
Imagino que eres una persona que disimula, que sabe actuar; alguien que masca chicle, que bebé café, que se evade, que se suena la nariz con los dedos de la mano. Te veo como un excelente amante, con manías pequeñas que parecen inofensivas pero que no lo son, eres inteligente, pero juegas al pendejo, no te gustan los elogios, pero en el fondo los disfrutas enormemente.
Quizá amas a tu madre y no quisieras tener hijos, tal vez disfrutes el zacate mojado bajo tus pies descalzos, el rock, los estruendos de cuando las cosas se caen movidas por el aire.
Creo que podría admirarte secretamente, creo que podría aprender de ti.
Leería todas tus notas y le daría significado a la forma de tu letra, aprendería a hacer la pregunta correcta, no dudaría, pero estaría celosa de ti siempre; no podría nunca dormir contigo, no sé qué hacer con tus pesadillas y por las noches cuando te pegas a mi, pones tanta fuerza en tu abrazo que me duele el cuerpo.
¿Por qué matas?, te preguntaría en las mañanas de todos los días, y tú me recordarías que tu razón es tan simple, porque odiar es como amar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s