Sobre la pequeñez

Posted On 5 agosto 2009

Filed under bebé
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Güero viene a besarme los pies. Quiere atención. Busca que lo cargue, que le acaricie las orejas, que le diga cosas que no entiende pero que le gustan porque el tono de mi voz se torna dulce y le sonrío mucho, le hago cariños. Los cabellos rubios que le crecen cerquita de los ojos de avellana y sus bigotes transparentes me causan ternura. En esos momentos le perdono que se haga pipí en el piso de la cocina, que mate palomas en el balcón y deje un reguero de sangre y plumas que hay que limpiar, y hasta le perdono que le ladre a las sombras de los coches por la noche y no me deje dormir. Lo veo así, chiquito, del tamaño justo de mis brazos, con sus huesos frágiles y su incapacidad para hablar, y me dan ganas de llorar de lo bonito e inferior que es.

Güero pasea en coche

Güero pasea en coche

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