De oficina y otros episodios

Hoy pasó por detrás de mi escritorio. Seguramente me vio como la niña que soy, en rojo y blanco, comiendo cereal de colores sin leche y encerrada en Winter de Qntal. De seguro me vio escribiendo sin parar y no dijo nada, sólo bajó la velocidad de su paso para que yo anticipara su aroma, fragancia de cuerpo y camisa rociada, para asomarse a mi escritorio y ver que en estos momentos estoy escribiendo sobre él y sobre su olor que me impregna la ropa y me ciega en los momentos de absoluta calma, cuando son después de las siete y puede decirme: “¿Cómo le va, Licenciada?”.

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